La gloria según Noriega

El negacionismo mezclado con los anticuarentena abre preguntas: ¿repudiar o judicializar?

 

El pasado domingo, Carlos Alberto Noriega se ganó la atención de la prensa del país. Salió a manifestarse en la capital mendocina contra el gobierno nacional, luciendo una remera con la inscripción de la fecha de inicio de la última dictadura: 24/03/76, y la leyenda Día de Gloria. La pantalla de TN le dio un lugar especial. “Yo sabía que me estaba exponiendo. Pero son mis opiniones y yo las defiendo”, dijo días después a un cronista con curiosidad antropológica.

Noriega, de 66 años, manifestó primero que “a mediados de los ’70” permaneció durante 140 días como conscripto en Tucumán, en el marco del Operativo Independencia, y que luego habría pasado “a otro sector”. “Teníamos que perseguir gente, tipos que estaban con las ideas del Che Guevara y esa manada de insurrectos”, contó. Al día siguiente aclaró en otro medio que participó en los secuestros de Enrique Nacif, María Josefina Casado y Guillermo Ravé, los tres sobrevivientes. “Lo buscamos varios meses y lo detuvimos”, dijo sobre Nacif.

Su raid mediático por medios como Los Andes, Mendoza Online y Radio Nacional no fue inocuo: despertó el rechazo y la preocupación en organismos de derechos humanos, fue detectado por el radar de los estudiosos del negacionismo y activó las actuaciones de oficio de los fiscales federales. Una pregunta sacudió rápidamente las conciencias: ¿se debe permitir este tipo de apologías ominosas?

 

 

Actuaciones de oficio

En distintas notas periodísticas, Noriega fue consultado sobre las posibles consecuencias de su accionar público. Se le informaba que organismos de derechos humanos en Mendoza estaban preparando una demanda en la justicia provincial. “Sólo expreso lo que es mi sentimiento y mi verdad”, respondió, y agregó que habían intentado iniciarle acciones judiciales por apología del delito, que quedaron en nada.

También se informó que la fiscalía federal de Mendoza había iniciado acciones legales contra Noriega. Pero los fiscales explicaron a El Cohete el sentido. El fiscal auxiliar de la Oficina para delitos de lesa humanidad, Daniel Rodríguez, señaló que apenas conocieron las posiciones públicas de Noriega remitieron notas a las fiscalías de San Juan y Tucumán para informarlas sobre lo dicho. No iniciaron acciones contra el ex conscripto por las expresiones apologéticas, muy suelto de cuerpo.

El fiscal general de San Juan, Francisco Maldonado, explicó por su parte que iniciará las investigaciones preliminares correspondientes. Pero también contó lo siguiente: en el último juicio por delitos de lesa humanidad realizado en esa provincia (Megacausa II), Noriega fue un testigo importante. Declaró en dos oportunidades: en instrucción, en 2009, y en el debate oral y público, en 2018. Su declaración, valoró Maldonado, contribuyó a la formulación de imputaciones y a la elaboración de las condenas de los jefes de los operativos de secuestro en los que participó.

Durante sus declaraciones, Noriega no hizo manifestaciones ideológicas explícitas. Se limitó a responder preguntas sobre los operativos. Pero ahora, las nuevas actuaciones judiciales pretenden averiguar si Noriega sabe algo más. Hasta ahí lo que está bajo la competencia del fiscal Maldonado, aunque explique que “como ciudadano, a uno lo enervan estas manifestaciones”.

En Tucumán, el fiscal ad hoc para derechos humanos, Pablo Camuña, confirmó que ya inició las investigaciones preliminares para conocer quién es Noriega y cuál fue su participación concreta en el Operativo Independencia.

 

 

Los Noriega

Matías Perdomo Larrea describió al sujeto con precisión en el diario El Otro. En su cuenta de Facebook, Noriega refleja reiteradamente su orgullo por el Operativo Independencia, expresa su amor por Gendarmería Nacional, sus simpatías por José Luis Espert y un reiterado sentimiento antiperonista, movimiento político que vincula directamente a la categoría de la subversión. Entre sus reivindicaciones apologéticas se encuentra el posteo de una fotografía donde se puede observar a un grupo de soldados con el siguiente epígrafe: “Hace 45 años… Preparando para llegar a los ‘30.000’… Lástima que no llegamos”, en clara alusión a las y los secuestrados, torturados y desaparecidos a partir de 1975. La nota se titulaba: “El defensor de la dictadura deberá dar explicaciones a la Justicia”.

En Mendoza Online, Facundo García intentó un interesante acercamiento antropológico: ¿Quién es y qué piensa el hombre que marchó defendiendo la dictadura? El cronista “respira hondo” para bucear “en la mente de una parte de la sociedad”. Allí relatan que Noriega nació en San Juan, pero vive en Mendoza. Posee un título de técnico y se gana la vida fabricando pan. Destaca su filosofía de vida: “No tengo ningún empleado porque es para quilombo». Ello se basa en una trayectoria coherente: “En agosto de 1990 me vine a Mendoza para trabajar en Pescarmona, y una de las primeras cosas que hice fue desafiliarme del sindicato y empezar a negociar mi sueldo solo». García le preguntó si eso no le había quitado poder de negociación: “¡Sin duda! Pero no les dejé mi plata a los sindicalistas corruptos”, fue la respuesta de un hombre en edad de jubilarse, pero que no junta los aportes suficientes y espera una moratoria o una amnistía, como la llama, mezclando viejos anhelos dictatoriales con el espíritu patronal.

En varias notas, entre ellas del programa Temprano es Mejor que conduce Rodrigo Sepúlveda en Radio Nacional Mendoza, Noriega dio cuenta además de una marca registrada: cuenta que tiene otra remera para lucir, que enseña un pañuelo de Madres de Plaza de Mayo, el signo $ y la palabra “farsante” en el centro; que el 24 de marzo de 1976 se defendió la libertad; que en la dictadura se secuestraron y desaparecieron personas, que en el Ejército no eran “santos” pero que eran “abusos” y que “los subversivos también torturaban” y “ponían bombas”. “Ahora, háganse cargo de la parte que les toca”, dice, y le hace un pedido al cronista: “Por favor poné que los marxistas son súper cagones”.

La línea es conocida y gira entre la abierta defensa de las atrocidades y el negacionismo: fue una “guerra” pero no fue lesa humanidad ni genocidio.

¿Nos sorprendería Noriega frente a un eventual cuestionario sobre otros tristes eventos de la historia nacional, uno que repase las matanzas de indígenas y las tomas de tierras que hicieron el Ejército y las clases dominantes en el país, las represiones del primer Centenario y las de fines de la década de 1910 y comienzos de la siguiente década, sobre la dictadura de 1930 y sobre el golpe de 1955 al gobierno peronista, el plan Conintes y los inicios de la lucha contrasubversiva? Hace poco me referí a las derechas de los años ’20 y ’30 del siglo pasado, poniendo foco en “los machos de Uriburu”, los niños bien de una derecha reaccionaria, elitista y antidemocrática. La trayectoria, no siempre lineal, llega a los Noriega.

 

La parte y el Estado

Frente a esta expresión de una “partecita” de la sociedad (hablar de “parte” como hace Mendoza Online parece más que exagerado), en el mundo de los derechos humanos se plantea la pregunta: ¿repudiar o judicializar?

En sintonía con las actuaciones de la fiscalía de Mendoza, organismos de derechos humanos de la provincia lanzaron un llamamiento a la sociedad mendocina y al conjunto de las fuerzas democráticas a sostener y defender el Nunca Más y reclamaron “ejercer una condena social, legal y cultural de toda forma de manifestación pública que, utilizando la palabra Patria y sus símbolos, intente legitimar o justificar los delitos más aberrantes de los que se tenga memoria”. Aclaran que la condena legal refiere a su posible participación o conocimiento de crímenes de lesa humanidad.

En el comunicado, para dar cuenta de los hechos que defiende Noriega, recuerdan que casi un millar de personas fueron condenadas por las masivas violaciones a los derechos humanos cometidas durante el terrorismo de Estado: secuestros, detenciones ilegales y bajo violencia extrema, torturas, violaciones y abusos sexuales, desaparición forzada de personas, secuestro de bebés, personas arrojadas al mar desde aviones militares, exilio forzado. “Todo esto y más significó el plan de aniquilamiento ejecutado y por el cual más de 560 causas continúan abiertas y 3.315 personas son investigadas”, concluyen.

El camino de la judicialización de las opiniones como las de Noriega es más complejo, porque se vincula a derechos como la libre expresión y las responsabilidades personales de quién la emite, y no es lo mismo la opinión de un particular que un funcionario público, por ejemplo. Por eso resultó distinto el tuit posteado por el Ejército hace dos semanas que reivindicó el Operativo Independencia, en cuyo marco se cometieron numerosos crímenes que fueron y siguen siendo juzgados en Tucumán.

El tuit fue retirado de inmediato y reemplazado con otro que decía: “El Ejército argentino ha decidido retirar un tweet que ha ofendido a ciudadanos argentinos. La única intención del mismo fue recordar a los soldados muertos”. La preocupación, en particular por el tipo de formación que reciben las fuerzas armadas, no cejó en los organismos de derechos humanos, quienes fueron recibidos esta semana por el ministro de Defensa, Agustín Rossi, y el nuevo titular de la Dirección Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario del Ministerio, Eduardo Jozami.

Rossi explicó que el tuit fue rápidamente retirado, comentó sobre las nuevas resoluciones en materia de derechos humanos y que van a reconstruir los equipos para investigar los archivos de las fuerzas armadas. Los anuncios fueron bien recibidos. Nota de color: el ministro recibió un pedido para reivindicar institucionalmente el protagonismo que tuvieron negros e indígenas en las luchas independentistas; también, para condenar las masacres indígenas cometidas por el Ejército durante las ocupaciones de tierra de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, hechos que se abren camino recién ahora en el campo de los juicios de lesa humanidad.

 

 

 

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