Quienes siguen esta columna saben de mi gusto por el fado, que es la música nacional (y popular) de Portugal. Varias veces hemos escuchado a Ana Moura, que es la fadista actual que más me gusta. Pero no tiene sentido hablar del fado sin nombrar a Amalia Rodrígues. Moura partió del fado y amplió su repertorio a lo que se denomina Música del Mundo. Amalia viajó por todo el mundo y en cada presentación incluía algún clásico local, ya sea en francés, italiano, español o ingles. Pero eran gestos de simpatía ante un público que adoraba a la Reina del Fado. David Byrne, el rockero de Talking Heads cuyas investigaciones derivaron en la creación de esa Música del Mundo, contó su impresión cuando escuchó por primera vez una de las grandes voces del siglo XX. “Esos fados hablaban sobre la tristeza del universo, no solo sobre una pena personal o sobre alguna tragedia en la vida de la intérprete o en la del autor de la canción. Lo que ella expresaba era la tristeza de la existencia”. Y Borges, bisnieto de un portugués, dijo después de escucharla, según recordó Adolfo Bioy Casares: “Cada vez que a uno le gusta una cosa cree que la belleza queda agotada. Pero tenía razón Cansinos, en pedir a Dios que no hubiera tanta belleza”.
Otras fadistas han cantado en castellano, como Misia, pero han perdido la gracia que tenían en su propia lengua. No es el caso de Amalia, cuya belleza me recuerda la de la actriz y cantante argentina Egle Martin.

Nacida en 1920 en la humilde familia de un zapatero, en uno de los barrios más pobres de Lisboa, quinta entre diez hermanos, trabajó desde los 12 años, como costurera, bordadora y en una fábrica de chocolate, con el azúcar hirviente que le quemaba los dedos y el polvo de cacao que impregnaba sus pulmones. Absoluta autodidacta, cuando en las casas clandestinas de fado de su barrio de Alfama empezó a cantar las canciones más populares, esa muchacha de 19 años fue escuchada por el empresario Vasco Morgado, que le ofreció un contrato. Los detalles de su vida son contradictorios. Un biógrafo dice que su abuela analfabeta la crío en forma estricta, incluyendo la escuela. Pero otro sostiene que la analfabeta era ella, al menos en su adolescencia, por lo cual firmó aquél contrato con una cruz. Quedó sometida a una dictadura, que además del repertorio y el vestuario, se inmiscuía en todos los aspectos de su vida privada. Tampoco podía dar entrevistas. Actuaba en los mejores teatros, pero seguía viviendo en un conventillo, donde se compartía el baño entre cinco familias. Después de cada recital comía en los lugares de moda con personalidades de la cultura, pero en casa sólo había pan y salame. Ni siquiera tenía permitido enamorarse, porque su amo decía que para cantar bien una fadista tiene que sufrir. En 1943 conoció al guitarrista Francisco Cruz. Cuando compartían el escenario, el público lloraba. Quisieron casarse, pero Morgado se negó, porque los fadistas no deben ser felices. Llamó a sus amigos en la policía política, que citaron a Francisco. Cuando volvió, dos días después, le habían roto dos dedos. Cruz no volvió a tocar como antes, y Amalia comenzó a grabar en secreto cada conversación.

Eran los años de la dictadura de Oliveira Salazar, precursora del nacional catolicismo que en 1936 se extendería a España. Salazar fue el Domingo Cavallo de los militares que tomaron el poder en 1926 y que, sin dominio de la economía recurrieron a un técnico austero, que en pocos años se convirtió en dictador absoluto. La consigna de Salazar era las Tres F: Fado, Fátima y Fútbol, que a veces se reemplazaba por Familia, y tomó a Amalia como emblema nacional.
En la década de 1950, Amalia conoció al compositor, pianista, poeta y activista político francés Alain Oulman, hijo de judíos que escaparon de la Alemania nazi. Comenzó a componer para ella fados de resistencia. La popularidad de Amalia ya la había puesto fuera del alcance del régimen, que odiaba su nuevo repertorio. Oulman era miembro clandestino del Partido Comunista e introdujo a Amalia en la resistencia, para esconder perseguidos en el sótano de su casa, mantener a familiares de presos políticos y pasar mensaje secretos, mientras en público seguía declarando fidelidad al dictador, que asistía a todos sus recitales. En 1966, Alain Ouman fue detenido, y Amalia recibió el mensaje de que sería la próxima si intentaba ayudarlo. El efecto fue paradojal. Amalia llamó por teléfono a la central de la policía política y dijo pocas palabras:
—O lo sueltan o no vuelvo a cantar.
En junio de 1966 tenía programado un recital. Cuenta un asistente: se vistió de negro, sin joyas ni maquillaje. Parecía una viuda. Tomó el micrófono y dijo:
—Voy a cantar por todos los que no pueden hacerlo.
El tema que eligió era Barco negro.
Dijo sin decir, que Portugal era una prisión, un barco negro a la deriva. El público lloraba. Los agentes secretos distribuidos en la platea se escabulleron. La ovación de la audiencia duró 15 minutos, que Amalia recibió de pie en silencio desde el escenario. A la mañana siguiente Alian Oulman quedó en libertad. Sin explicaciones. Torturado durante cuatro meses, con 15 kilos menos preguntó:
—¿Por qué? ¿Que pasó?
Un guardia le contestó:
—Amalia pasó.

Comenzó a recibir amenazas anónimas, a ser llamada traidora. Un periódico preguntó: "¿Reina del fado o de los rojos?". Decidió marchar al exilio y el régimen la autorizó, aliviado. Antes, Alain Oulman le entregó una canción que había compuesto para ella: "Extraña forma de vida".
Fue por voluntad de Dios
Foi por vontade de Deus
Que yo vivo en esta ansiedad
Que eu vivo nesta ansiedade
Que todos los males son míos
Que todos os ais são meus
Que es mía toda nostalgia
Que é toda a minha saudade
Fue por voluntad de Dios
Foi por vontade de Deus
Qué extraña forma de vida
Que estranha forma de vida
Tiene este mi corazón
Tem este meu coração
Vive de vida perdida
Quien le daría el don
Quem lhe daria o condão?
Qué extraña forma de vida
Estranha forma de vida
Corazón independiente
Coração independente
Corazón que no controlo
Coração que não comando
Vives perdido entre la gente
Vives perdido entre a gente
Obstinadamente sangrando
Teimosamente sangrando
Corazón independiente
Coração independente
Yo no te acompaño más
Eu não te acompanho mais
Para, deja de latir
Para, deixa de bater
Si no sabes adonde vas
Se não sabes onde vais
Porque insistes en correr
Por que teimas em correr?
Yo no te acompaño más
Eu não te acompanho mais
Si no sabes adonde vas
Se não sabes onde vais
Para, deja de latir
Para, deixa de bater
Yo no te acompaño más
Eu não te acompanho mais
Cuando la revolución de los claveles terminó con la dictadura, Amalia fue proscripta porque la consideraban la principal propagandista de Salazar. El dictador le había impuesto un trato siniestro. Con todas las pruebas de su colaboración con la resistencia y los comunistas le dio a elegir: te dejo seguir haciendo todo eso en secreto, si en público cantás para mí y mi gobierno. Pasaron varios años hasta que se encontraron los documentos secretos del espionaje oficial, que exponían todo lo que ella había hecho contra el régimen.
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