La grieta es moral

Las dificultades de convivir con un Poder Judicial que es el primero en descreer de la justicia

 

Sábado tempranísimo.  Hoy se casa una de mis mejores amigas. Un poco, estoy conmovida. Está tan feliz y se lo merece tanto. Lucía... Tal es el nombre de mi amiga, que ha recorrido un larguísimo camino para encontrar la posibilidad de ser feliz. Hace poco menos de 20 años que es mi amiga. Y debe hacer casi una decena de años que una tarde se apareció en casa y me contó que creía estar enamorada de una mujer. Ella, la que se reía del amor y de las cursilerías a las que yo soy tan adepta.

No fue con esa mujer, ni con la que siguió con quien se casa. Porque como la mayoría de las personas, encontrar a la persona con la que querés pasar el resto de tu vida es un extraño, divertido y a veces doloroso juego de encuentros y desencuentros. Que Lu ha sabido jugar con humor y dignidad. Y sin dejar de ser la amiga leal que siempre ha sido. Aquel viaje en ambulancia, para ganarle a la muerte con ella al lado. La tarde en que me dijo que no estaba de acuerdo con mi propio casamiento, pero que me iba a acompañar igual. La infinita cantidad de noches que me dio refugio cuando yo me escapaba de mi casa, o, mejor dicho, del dolor y el miedo de ese lugar al que llamaba casa. Lucía, la que me manda tuppers con comida cuando me preparo para un juicio importante. La reflexiva Lucía. La que pasó noches en vela en mi oficina mientras yo terminaba algún trabajo. La que se ríe a carcajadas. La que dice aquello que piensa con las palabras precisas, para que lo entiendas sin lastimar ni humillar. La burlona y la inteligente. Y sin duda la siempre paciente Lucía. Hoy se casa y vamos a celebrar su felicidad y la de Paola.

En la mesa del Dark Side, ese grupo de amigos desquiciados y variopintos que compartimos con Lucía desde hace más de una década, vamos a brindar por la vida y la felicidad. Y la lealtad. Y el afecto que no juzga. Todo lo que es Lucía. Y la fortuna infinita de cruzarla en nuestras vidas.

Y además yo brindaré por las segundas oportunidades, las redenciones y por la libertad. Algo que aprendí de Lu y que veré transmutado en alegría esta noche. ¡Que seas muy feliz, amiga! Es justo, porque el camino ha sido largo y lo recorriste con sabiduría y dignidad. Y mucho, muchísimo sentido del humor.

Pero mientras somos todos felices en este sábado final de febrero, el mundo sigue girando. Y pienso en una frase que me gusta mucho que suele cantar Mollo: “Memoria hostil de un tiempo de paz sin paz”, y que asocio al gobierno de Mauricio Macri. Que fue eso, un tiempo de paz sin paz. Y una memoria hostil.

Me acordé de esa frase ayer, cuando leí la nota de Patricia Blanco en la que contaba que la Cámara Federal había sellado la suerte de una causa fraudulentamente reabierta contra el ex juez Eduardo Freiler. He contado ya parte de esa historia en otras columnas, porque me parece una de las historias paradigmáticas del Poder Judicial en tiempos de Macri.

Por empezar desde algún lugar, voy a contarles que el jueves 22 de marzo de 2018, el entonces Presidente Mauricio Macri le dio una entrevista a Mariana Fabbiani en la que declaró: “Necesitamos una justicia ágil, que nos defienda, que nos cuide, que haga sentir al ciudadano de a pie que el poderoso es el primero que tiene que cumplir con la ley, es el que menos impunidad tiene, sobre todo en la Argentina con lo que pasó hace unos días que todos sentimos, de vuelta, un revulsivo de decir: 'No, esto no es lo que habíamos acordado'”.

¿A qué se refería el Presidente con: “No, esto no es lo que habíamos acordado”? A la liberación de Cristóbal López y Fabian de Sousa, ocurrida en marzo de 2018. Estaban presos en prisión preventiva dictada por el juez Julián Ercolini. Con quien o en qué términos había acordado el Presidente la continuidad de la prisión preventiva de López y de Sousa es un misterio. El cómo lo había acordado, no. Es un delito. Porque el Poder Ejecutivo no puede inmiscuirse en competencias especificas del Poder Judicial. Y disponer de la libertad de las personas es, sin lugar a dudas, una competencia especifica del Poder Judicial. Lo era cuando Macri acordaba con Comodoro Py para que López y de Sousa siguieran presos y lo es hoy cuando muchos le reclaman a Alberto Fernández que intervenga para liberar a los presos políticos. Y a mi me dan muchísimas ganas de decirles: “Señores, dejen de pedir que Alberto haga macrismo”

Pero volvamos al pasado hostil. Unos meses antes de la liberación de Cristóbal López, el macrismo había dado el puntapié inicial para colonizar al Poder Judicial, luego de nombrar dos jueces de la Corte por Decreto.

Ese puntapié fue comenzar con la colonización de la Cámara Criminal y Correccional Federal, que es la que revisa las decisiones de los 12 jueces de Py. Porque el sistema de Comodoro Py incluye jueces que a veces toman decisiones de mierda y tomadas en contra de la ley y un sistema de control de esas decisiones en manos de la Cámara. Los pocos limites que se le pusieron a Bonadío, se los puso la Cámara. Yo aun tengo el modelo de recurso ante la Cámara, para cada vez que Bonadío no me dejaba acceder a los expedientes en los que mis defendidos estaban siendo investigados.

La segunda víctima —la primera fue el Estado de Derecho— del plan sistemático del macrismo para apropiarse del Poder Judicial, fue fabricar una vacante en esa Cámara. Lo hicieron a través de un operativo de pinzas que merece algún reconocimiento por lo bien pensado que fue. Comenzó a finales del 2015, cuando en lugar de hacer lugar al pedido de reemplazo del consejero de la magistratura que le correspondía al Frente para la Victoria, bloque mayoritario de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó decidió hacer lugar al pedido conjunto del interbloque del PRO junto con el Bloque del Peronismo Federal de Massa y designar a un consejero del macrismo, Pablo Tonelli. Literalmente se robaron una banca que correspondía a otro espacio político. Curiosa UTE (unión transitoria de empresas), que se reedito este jueves con el tema de las jubilaciones de los jueces

Cuatro años después el Frente para la Victoria le devolvería la cortesía en algo que celebré porque era justo, pero que me dejó un gusto amargo. Porque el precedente lo había creado el macrismo, es cierto, y había sido considerado legal por la propia cámara de Diputados, pero es horrible en términos éticos.

Mientras en la Cámara de Diputados ese diciembre de 2015 se robaban la banca del Frente para la Victoria, en la Cámara de Senadores sucedían otras cosas. Entre ellas que el abogado Alejandro Fargosi se había presentado para reclamar la inconstitucionalidad de la designación del senador Ruperto Godoy, del Frente para la Victoria en el Consejo de la Magistratura, por no ser abogado. El requisito de ser abogado para ser consejero se había derogado por ley, pero a quién le importa la ley cuando es amigo del juez. A Alejandro Fargosi y su indignación antiperonista sempiterna, claramente no.

Como sea, el Frente para la Victoria, frente a la sentencia que ordenaba que Ruperto Godoy cesara como miembro del Consejo de la Magistratura, se apresuró a designar al senador Mario País en su reemplazo. El día que Mario País debía jurar como miembro del Consejo de la Magistratura, también se discutía en el consejo si se le iniciaba juicio político a Eduardo Freiler, argumentando que el entonces juez no podía justificar su incremento patrimonial. Freiler había sido ya sobreseído en una causa por enriquecimiento ilícito el 11 de marzo de 2016… Pero, ¿a quién le importa un sobreseimiento firme, cuando querés quedarte con un lugar en la Cámara de Apelaciones de Py? Al macrismo sin duda que no.

Todo lo que sucedió debería contarse con la música de la escena final de El padrino. El 16 de agosto salió la sentencia que ordenaba la remoción de Ruperto Godoy. El 17 de agosto de 2017 Mario País se presentó a jurar como miembro del Consejo de la Magistratura en la mañana. El entonces presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, le dijo a País que fuese a tomarse un cafecito por ahí y volviese en un rato. Porque justo estaba resolviendo la Claringrilla. Mientras País se tomaba el cafecito, el Consejo de la Magistratura comenzó a sesionar aprovechado la mayoría circunstancial de 1 miembro que tenía, porque Mario País no había asumido aún. Y dispuso la suspensión de Freiler como juez y el inicio del Jury de enjuiciamiento para removerlo de su cargo. Para cuando Mario País pagó el café que se había tomado, la historia ya se había escrito. Ya en aquellos días de agosto, todos sabíamos que a Miguel Angel Pichetto, entonces jefe de bancada del Frente para la Victoria en la cámara de Senadores, también disfrutaba de colaborar con la resolución de las Claringrillas del día.

Unos meses después de haber sido suspendido se presentó un nunca identificado abogado llamado Maximiliano Goetzner y como cuenta Raúl Kollman  “dijo que conocía que la causa estaba radicada allí, [en el juzgado donde había tramitado la causa por enriquecimiento ilícito  y se había dictado el sobreseimiento de Freiler], pese a que estaba cerrada. El individuo aseguró ser asesor del senado de la Provincia de Buenos Aires, pero resultó imposible ubicarlo allí. Dijo entonces que vio un programa de televisión en el que aparecía una hostería, supuestamente de Freiler, en Quequén, y que eso nunca había sido investigado. En verdad la hostería Costa Bonita era de los padres del camarista y sí había sido investigada. Aun así, la maniobra consistió en reabrir la causa para evitar que Freiler alegara en el Consejo que ya estaba absuelto. El aparato de Comodoro Py fue parte de la maniobra".

El 17 de noviembre de 2017 se removió a Eduardo Freiler como juez de cámara. Votaron afirmativamente para removerlo la camarista Inés Cantisani; los senadores Walter Barrionuevo (PJ de Jujuy), Silvia Giacoppo (Cambiemos); el diputado Hugo Marcucci (UCR) y el juez Mario Márquez. El representante de los abogados en esos días, Raúl Piaggio, votó en disidencia parcial su destitución. La diputada Diana Conti (FpV-PJ) fue la única que votó en contra. Cuando Mauricio Macri se enteró de la destitución, cuenta Kollman, “estaba cenando con un funcionario internacional en la Quinta de Olivos e hizo saber su satisfacción por lo que decidió el Consejo. Su frase debería quedar en la memoria: "Gracias a esto, van a venir inversiones al país".

Las inversiones no llegaron y el Poder Judicial no mejoró. Pero entre el cafecito de Mario País y la destitución de Freiler pasó algo más. El 17 de octubre de 2017 se dicto el fallo que consagró lo que llamamos la doctrina Irurzun y que, como relatara Capiello sin demasiados pudores en una nota celebratoria de la detención de Amado Boudou publicada en La Nación, el 4 de noviembre de 2017, “Irurzun estableció en ese fallo nuevas pautas para meter presos a los funcionarios acusados de corrupción e inauguró una jurisprudencia más amplia, que debería preocupar a otros ex funcionarios que enfrentan causas y gozan de la libertad”.

Ese mismo día, Héctor Timerman había sido sometido a una verdadera sesión de tortura por Claudio Bonadío y Eduardo Taiano, al hacerlo declarar en una indagatoria que terminó con Héctor internado por una crisis cardíaca provocada por el dolor físico de tener que afrontar esa indagatoria sin la medicación para el dolor que le provocaba un cáncer feroz que se extendía implacable por su cuerpo, mientras brindaban los verdugos.

Después de la detención de Amado Boudou, ese diciembre de 2017 fue prodigo en detenciones. Entre ellas la de Fabian de Sousa y Cristóbal López. Cuando en marzo de 2018, la Cámara de Comodoro Py dispuso su libertad, el infierno que se había desatado en  2017 arreció con mas fuerza.

Mauricio Macri clamó enardecido contra esa liberación. Los jueces que la habían dispuesto se fueron. Jorge Ballestero terminó jubilado. Eduardo Farah pidió su traslado al fuero penal económico. Y no había terminado 2018 cuando la cámara de Py quedó conformada con dos jueces trasladados por el Consejo de la Magistratura y un juez designado por concurso. Eso sí, Martin Irurzun siguió en soledad en la Sala II de esa Cámara. Disponiendo prisiones preventivas arbitrarias y tomando cafecitos con Pepín Rodríguez Simón.

Tan circular es a veces la historia que, en el juicio de Oil Combustible por el que estuvieron presos Cristóbal López y Fabian de Sousa, esta semana declaró un testigo llamado Jorge Schiaffini, jefe del departamento de investigaciones de grandes contribuyentes de AFIP. Este hombre reconoció que el macrismo creó un "Grupo de Tareas" para voltear las empresas de Cristóbal López y Fabián de Sousa, integrado por Rodríguez Simón, Daniel Angelici y José Torello.

¿Habrán sido ellos con quienes “acordó algo distinto” el macrismo, como le señalaba Macri a Mariana Fabbiani? Aunque no sé la respuesta, escribiendo esta nota se me ocurrió la hipótesis.

Pero sí quiero señalar algo: la causa que reabrieron fraudulentamente contra Eduardo Freiler, con el denunciante nunca identificado y que tenia por objeto impedir que Freiler pudiese decir que, de los cargos que lo acusaban para removerlo, había sido absuelto, ayer comenzó a morir. Porque la Cámara de Casación, en una de sus salas menos horribles, ordenó dejar sin efecto la reapertura fraudulenta de la causa por enriquecimiento ilícito de Freiler. Porque esa reapertura vulneraba garantías constitucionales. Y le ordenó a la cámara de Py, Sala I, hoy compuesta exclusivamente por jueces puestos ahí por el macrismo, que dicte un nuevo fallo. Resulta difícil que la Sala I pueda fundar la cuadratura del círculo en esta ocasión y sostener esa reapertura. Lo tremendamente circular de la historia es que en esa Sala, los jueces que allí se desempeñan como camaristas, son precisamente los que ocupan las vacantes que dejaron Freiler, Ballestero y Farah.

Repaso estas historias  horribles  y comprendo por qué jueces y fiscales renuncian antes de aceptar jubilarse de modo no privilegiado. Porque muchos de ellos hace rato se olvidaron del valor justicia. Integran el Poder Judicial por motivos que nada tienen que ver con cumplir las leyes y la Constitución.

El Poder Judicial no imparte justicia. Claro que hay quienes dan la pelea para que se imparta. Pero es muy difícil impartir justicia cuando aceptás como legal y justo que un jubilado de la mínima cobre, con el último aumento $15.891 por mes. Y la jubilación promedio del Poder Judicial sea $ 293.107 mensuales. Es decir que un juez que se jubile cobre por mes casi el doble de lo que va a cobrar en todo un año un jubilado de la mínima.

Eso no es justo. Y no puedo creer que defiendan esa injusticia. Voy a resguardar la conducta correcta de Alberto Lugones, representante de los jueces en el Consejo de la Magistratura, que sostiene posiciones que no comparto pero que son racionales y comprensibles desde una representación corporativa. Pero no lo son desde el valor justicia. Disculpe, doctor, se lo digo con muchísimo respeto que no siento por muchos de sus colegas pero sí por usted, atendiendo al modo en que ha dado la discusión.

De la oposición sólo puedo decir culebras y demonios. El 20 de diciembre de 2019 votaron en contra del proyecto que suspendió por inaplicable la movilidad jubilatoria que había implementado el macrismo. Dice el comunicado que Juntos por el Cambio rechazaba la suspensión entre otras cosas porque el congelamiento no se aplicaría a los regímenes especiales “como diplomáticos y jueces”.

 

 

 

 

 

En forma coincidente, el 3 de enero de 2020 Juntos por el Cambio presentó un proyecto en el que proponía derogar el régimen especial de las jubilaciones del Poder Judicial.

 

 

 

 

Odio fuerte la suspensión de la movilidad. Porque siempre estuve orgullosa de formar parte de un gobierno que cuida a los jubilados. Entiendo los motivos y sé que es necesario. Y también veo que el gobierno intenta como puede compensar esta medida. Pero digámoslo, es una mierda tener que tomar esas medidas y ojalá resolvamos el desastre económico que nos dejaron Macri y compañía, para poder garantizar una jubilación digna a ese sector tan desprotegido. Porque cuidarlos es justo.

Esta semana que pasó, mientras los personajes de Juntos por el Cambio intentaban que fracasara la sesión en Diputados, donde se le dio media sanción al proyecto que modifica el régimen de jubilaciones propuesto por el Poder Ejecutivo, Juntos por el Cambio señaló que “mediante la excusa del proyecto de regímenes especiales se esconde el verdadero objetivo: vaciar de jueces y fiscales los estamentos judiciales y colonizarlos con jueces propios”.

 

 

 

 

 

Nosotros queremos reformar al Poder Judicial para que los dignos sean reconocidos como dignos. Pero por eso vamos a enviar un proyecto de Reforma Judicial. No vamos a apretar a nadie. Vamos buscar aprobar una ley. Que honre al Poder Judicial que ustedes, señores de Juntos por el Cambio, degradaron. Para que los buenos jueces y los buenos fiscales no tengan que obedecer nunca más a ninguna mesa judicial de impresentables como los que tenían ustedes. Nosotros no apretamos jueces, les damos la presidencia del Consejo de la Magistratura, aun teniendo diferencias. Nosotros no creemos en las prisiones preventivas ni el lawfare. Nosotros no acordamos con nadie. Quienes conformamos el Frente de Todos, creemos en la Democracia y en la República y en la separación de poderes. Y leímos la Constitución, para recordarla y respetarla y no para olvidarnos. Nosotros creemos en el Valor Justicia.

Y ustedes, señores de Juntos por el Cambio, no solo no creen en nada de eso, sino que además exhiben su indecencia y su cinismo político. Lean sus comunicados y háganse cargo por una vez en la vida de su hipocresía.

Porque por milésima vez voy a decirlo: la grieta, la verdadera grieta no es política, es moral. Y yo agradezco y estoy orgullosa de estar de este lado.

 

 

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