La Groenlandia del sur

El estrecho de Magallanes en la geopolítica actual

El estrecho de Magallanes en la mira.

 

“Los hermanos sean unidos,
porque esa es la ley primera;
tengan unión verdadera
en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos pelean,
los devoran los de ajuera”

José Hernández, La vuelta de Martín Fierro

 

En las últimas semanas, aunque existen antecedentes de hace algunos años, una cadena de errores y sinsentidos puestos en palabras altisonantes de funcionarios de Chile y de la Argentina intentan construir un conflicto inexistente que desde el 10 de Downing Street y Washington D.C. están disfrutando con scones con clotted cream y Earl Grey.

Repasemos.

El 29 de abril de 2024, la Armada Argentina instaló un “Puesto de Vigilancia y Control de Tránsito Marítimo (PVYCTM) Hito 1”, cuya energía es provista por unos paneles solares que fueron donados por la Fundación Mirgor y Total Energies. El 17 de junio de ese mismo año, el Presidente de Chile, Gabriel Boric, sostuvo desde París: “Tomamos conocimiento hace un tiempo de que la Argentina, al instalar una base militar en la región de la Patagonia, instaló unos paneles solares en territorio chileno. Recibimos una disculpa por parte de la Cancillería argentina, pero me gustaría manifestarles [que] deben retirar esos paneles solares a la brevedad o lo vamos a hacer nosotros”.

Días antes, se produjeron declaraciones alarmistas en Chile que buscaron presionar al gobierno de centroizquierda chileno para que adoptara una posición más firme con la Argentina. Por ejemplo, el presidente de la Comisión de Defensa de la Cámara Baja chilena, Francisco Undurraga, añadió: “Lamentablemente, cuando estamos hablando de límites y fronteras, el gobierno tiene que ser sumamente riguroso en exigir la no violación de la misma”.

Finalmente, los paneles fueron reubicados para respetar el límite fronterizo, el 18 de junio de ese año.

 

 

Estrecho de Magallanes

El estrecho de Magallanes es completamente chileno, pero malas interpretaciones de think tanks, funcionarios y militares chilenos han puesto en marcha una comedia de enredos en la que también tenemos responsabilidad los argentinos.

En primer lugar, la República Argentina publicó la Directiva de Política de Defensa Nacional (DPDN) 2021. La primera parte de esta efectúa un análisis de los escenarios global y regional. La segunda define la postura estratégica del país y la tercera delinea los objetivos que deben cumplir las diferentes instancias que componen el Sistema de Defensa Nacional. Si bien fue elaborada por el Ministerio de Defensa, la Cancillería argentina la revisó durante casi cinco meses y esta versión revisada y corregida fue la que se publicó en julio de 2021. No fue producto del trasnoche de una gestión, sino de muchos meses de trabajo y, por ello, requiere ser leída de forma integral.

En efecto, la Argentina afirma que sostiene una postura y posicionamiento estratégico defensivo, rechaza cualquier política de proyección de poder y que su política de defensa tiene, además, una dimensión autónoma y otra cooperativa. En relación con esta última, la Directiva manifiesta los antecedentes y posibilidades de cooperación con los países amigos. Allí nuestro país sostiene que la relación con Chile “es crucial” y que ese “vínculo bilateral muestra una de las trayectorias más destacadas de la región en lo que hace a la disminución de tensiones (…), que ha dado lugar a una relación bilateral fuerte e institucionalizada en materia de defensa”.

A continuación, la DPDN 2021 señala, por ejemplo, el desminado de la frontera en la Isla Grande Tierra del Fuego, la Patrulla Antártica Naval Combinada (PANC), ejercicios combinados como el “Viekaren” y la creación de la Fuerza de Paz Binacional “Cruz del Sur”. Asimismo, se destaca “la generación de condiciones de creciente confianza mutua y agendas cooperativas que ha cumplido el Comité Permanente de Seguridad (COMPERSEG)” y del mecanismo “2+2” que “involucra a los Ministros de Defensa y de Relaciones Exteriores de ambos países”, el cual ha producido significativos resultados, “constituyéndose en uno de los principales ámbitos sectoriales sobre los que se erige y fortalece el vínculo argentino-chileno”. Es en el marco de esta argumentación que se propone “que uno de los espacios compartidos que resulta fundamental continuar fortaleciendo es el de la exploración, estudio y control conjunto sobre el estrecho de Magallanes y el mar de Hoces”. Claramente, la intención era y es que ambos países colaboren: la Argentina desde el océano Atlántico y Chile desde el estrecho de Magallanes para controlar el tránsito marítimo que circula entre los océanos Atlántico y Pacífico. Es decir, la propuesta, “a definir”, era que la Argentina monitoreara lo que entraba y salía del estrecho, y Chile hacía lo propio, y ambos países compartían información. Asimismo, la Argentina define a Gran Bretaña como su única hipótesis de conflicto, debido a la ocupación ilegal e ilegítima de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, y espacios marítimos concurrentes, y por la continua agresión que ejerce la potencia colonial sobre los intereses vitales y estratégicos de la Argentina. Por ello, la DPDN 2021 ordena efectuar el planeamiento, el diseño del instrumento militar y adecuar el despliegue en función de esta hipótesis.

Por lo expuesto, la interpretación que han hecho algunos chilenos es antojadiza y errónea. Asimismo, la sobreactuación de algunos argentinos en relación con la DPDN 2021, pidiendo su derogación, es hipócrita e improcedente. Más aún cuando debió ser reemplazada por la DPDN 2024 y cuando es el actual gobierno el que comete los desaguisados en materia de política exterior.

En efecto, y en segundo lugar, el jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, brigadier Gustavo Valverde, afirmó erróneamente, en una entrevista en La Fábrica del Podcast, el pasado 23 de agosto, que "lo otro que tenemos muy importante, como dijeron ustedes, Magallanes, el sur, el Drake, todo eso es soberanía".

Como consecuencia de esas palabras, se le está pidiendo firmeza al gobierno de José Antonio Kast. Creen ver en las declaraciones del jefe militar argentino la indudable muestra de planes expansionistas de nuestro país, como si fuera una combinación de Napoleón Bonaparte y Gengis Kan. En realidad, se trata sólo de un émulo berreta del dictador de Costa Pobre, que debió haber sido pasado a retiro bastante antes de estas afirmaciones.

 

 

La “cuestión Malvinas” y Chile

Por otro lado, resultó totalmente inconducente a las relaciones de paz y amistad que han construido ambos países desde 1984 la declaración del ministro de Defensa de Chile, Fernando Barros Tocornal, a un medio de comunicación, en la cual sostuvo que “Chile ha señalado que apoya la pretensión argentina, su reclamo de soberanía sobre las Malvinas o Falkland, pero hay una situación de hecho (…). Un país amigo, ¿no es cierto? Está hace 200 años, ejerce soberanía”. Acto seguido agregó que “una cosa es apoyar un reclamo frente a la posición de un país amigo. [Pero] de acuerdo al derecho internacional, respetando la voluntad e interés de las personas involucradas y por la vía pacífica (…) No repitamos situaciones de conflicto”.

Esta declaración, innecesaria e inoportuna, se produjo a fines de septiembre, casi un mes después de que el Presidente argentino Javier Milei decidiera poner en la agenda la “cuestión Malvinas” por motivos mezquinos domésticos. Por ello, no sorprende que durante todo este tiempo, la gestión libertaria colabore, por acción u omisión, en fortalecer la posición británica, al no aplicar sanciones a las empresas que operan ilegalmente en nuestras islas a través de la Ley Nº 26.659 del año 2011, no sancionar a las empresas pesqueras que explotan nuestros recursos en nuestro mar con apoyo logístico de Montevideo y comprar aviones para la Fuerza Aérea Argentina con el beneplácito británico, entre otras incoherencias.

 

 

La maniobra británica

Mientras el Presidente argentino Javier Milei cantaba loas al dictador Augusto Pinochet por haber derrocado al “comunista Allende” el pasado 3 de septiembre de este año, Gran Bretaña ya había maniobrado para que las insensatas disputas de dos países hermanos jugaran a su favor. Ese día el alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, anunció que “la Corporación de Desarrollo de Islas (…) [había cerrado] un contrato con la naviera chilena Eastern Island” para que conecte nuestras islas con dicha ciudad.

Sin embargo, este acuerdo desoye la “Declaración de los Estados Partes del MERCOSUR y Estados Asociados sobre Buques que Enarbolen la Bandera Ilegal de las Islas Malvinas”. En efecto, este documento, firmado también por Chile, establece que los firmantes se comprometen a “adoptar, de conformidad con el Derecho Internacional y sus respectivas legislaciones internas, todas las medidas susceptibles de ser reglamentadas para impedir el ingreso a sus puertos de los buques que enarbolen la bandera ilegal de las Islas Malvinas”. Además, “aquellas embarcaciones que hubiesen sido rechazadas previamente en su acceso a algún puerto de la región evitarán solicitar el ingreso a otros puertos de los demás Estados Parte del MERCOSUR y Estados Asociados mientras sean portadoras de dicha bandera. En caso contrario, se aplicará a esa nave igual medida que la contemplada en el primer párrafo de la presente declaración, de conformidad con el Derecho Internacional y la respectiva legislación interna”.

Este enlace entre Punta Arenas y Puerto Argentino ha alentado a que, por ejemplo, el senador por Magallanes, Karim Bianchi, declarara que “si la Argentina pretende interceptar un buque chileno, yo llamo a nuestro gobierno y a la Armada a hacer lo mismo. Con todos los buques de bandera argentina, ejercer el principio de reciprocidad, el derecho internacional. Y no sólo por la vía marítima, sino que también puede ser por la vía terrestre, donde Argentina tiene mucho más que perder”. Asimismo, “se aprobaron siete resoluciones legislativas (…) exigiendo más firmeza diplomática con la Argentina, el reequipamiento de la Fuerza Aérea y una política más activa para defender [dicha] ruta marítima” durante la primera semana de octubre. También en respaldo de estas declaraciones, y a raíz de la falsa controversia sobre el estrecho de Magallanes, Chile realizó ejercicios militares en la región.

Por último, y de este lado de la cordillera de los Andes, el diputado nacional Guillermo Michel (peronismo) presentó —en otro acting innecesario— un proyecto de ley para quitar beneficios fiscales a las empresas chilenas que operen en el país.

Mientras tanto, el embajador británico en Chile se hizo un tiempo para visitar Punta Arenas; el secretario de Asuntos Exteriores de ese país, Ed Miliband, anunció medidas para proteger a las empresas que inviertan en nuestras islas y dicho país colonialista efectuó ejercicios militares en Islas Malvinas, simulando la recuperación de estas.

 

 

¿Tierra del Fuego como Groenlandia?

En paralelo, el martes 22 de septiembre, y luego de varias amenazas, Estados Unidos logró doblegar al Reino de Dinamarca para que firmara un acuerdo por el cual se modifica el del año 1951, estableciendo que:

  • Estados Unidos podrá establecer una zona de defensa adicional en Narsarsuaq y Mestersvig.
  • Ningún Estado que no sea miembro de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) podrá establecer sus propias instalaciones militares, tripuladas o no tripuladas, en Groenlandia, ni se le permitirá una presencia permanente de fuerzas militares en ella.
  • Estados Unidos podrá modernizar y ampliar sus actividades en la Base Espacial de Pituffik.
  • Groenlandia permanecerá en la OTAN si se independiza del Reino de Dinamarca.
  • Las aeronaves de Estados Unidos podrán sobrevolar y aterrizar en cualquier parte de Groenlandia.

Previamente, Estados Unidos ya había suscrito el Memorándum de Entendimiento en Materia de Seguridad con la República de Panamá el pasado 9 de abril de 2025. Este le permite a la potencia norteamericana incrementar su presencia militar, el uso compartido de las bases Rodman, Howard y Sherman y un trato preferencial o con costo neutro para buques militares estadounidenses.

De esta manera, la potencia norteamericana ha logrado obtener el control del flanco norte (y de la potencial Ruta del Noroeste) y del canal de Panamá. Sólo falta el sur y estos dos antecedentes pueden ser predictores de lo que podría suceder. Para ello, debemos poner las acciones británicas y estadounidenses en contexto.

En primer lugar, el gobierno dispuso mediante la Resolución MD Nº 704/2026 el reinicio de las obras de la nueva Base Naval de Ushuaia, a la que seguro tendrá acceso preferencial Estados Unidos. En función de lo expuesto, habrá que agregar no sólo el radar de LeoLabs en Tolhuin, sino también a Ushuaia en el siguiente mapa que muestra el despliegue británico y que le permite a este país y a Estados Unidos proyectar poder en todo el mundo.

 


Fuente: Eissa, Sergio & Díaz, Araceli (2025). El Tablero Estratégico del Atlántico Sur (2008-2022). Una mirada argentina. Rosario. Laborde Editor, p. 53.

 

En efecto, el mapa que sigue a continuación confirma que se considera a las islas Malvinas como una base militar, desde la cual ambos países anglosajones podrían proyectar poder sobre el territorio continental argentino, los pasos bioceánicos y la Antártida. En consecuencia, se puede sostener que Estados Unidos, de concretarse la hipótesis sobre la Base Naval de Ushuaia, tendrá dos nodos sobre los cuales pivotear para salvaguardar y alcanzar sus intereses estratégicos hacia el Continente Blanco y las rutas que le permiten mover sus flotas tanto hacia el océano Pacífico como hacia el Índico. Por lo expuesto, resulta altamente improbable que las manifestaciones del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cristalicen en hechos concretos en favor de nuestros derechos soberanos en el Atlántico Sur. Es más, Gran Bretaña no sólo es uno de los puntos donde los estadounidenses pueden pivotear en el sur, sino que también las islas británicas son el “portaviones” más importante que tienen los estadounidenses en Europa.

 

Fuente: Rogers, J. & Simon, L. (2009), “The status location of the military installation of the member states of the European Union and their potential role for the European security and defense policy”. Bruselas: Parlamento Europeo.

 

Finalmente, en el próximo mapa se muestra la Carta Náutica británica de 1908, en la cual se incluía como territorio propio a toda la Isla Grande Tierra del Fuego. En la actualidad, como lo demuestran los casos de Groenlandia y Panamá, no se necesita la soberanía territorial para tener acceso y control de los recursos, las rutas comerciales, pasos bioceánicos y a la Antártida.

Tanto Gran Bretaña como Estados Unidos le otorgan una relevancia estratégica al Atlántico Sur, tanto ahora como en el pasado. Si entre 1939 y 1959 hubo enfrentamientos entre militares argentinos y británicos en el norte de la Península Antártica, los chilenos también tuvieron que hacer frente a la Operación Tabarín. Por ello, frente a las pretensiones británicas, la cooperación entre la Argentina y Chile resultó esencial. En el medio de esos conflictos, fríos y calientes, Estados Unidos no reconocía las soberanías en la Antártida, aunque se inclinaba en favor de la postura británica. Por ello, los gobiernos chileno y argentino rubricaron la Declaración de la Antártida Sudamericana el 4 de marzo de 1948. En línea con esta postura, el Presidente de Chile, Gabriel González Videla, sostuvo que “resabios de antiguos imperialismos europeos amenazan con la violencia armada arrebatar a Chile y América la posesión de estas tierras nuestras (…) Pero América no vive hoy desarmada”.

 

Fuente: Fontana, Pablo (2014). La pugna antártica. El conflicto por el sexto continente. 1939-1959. Buenos Aires: Guazuvirá Ediciones.

 

Finalmente, la alianza sudamericana quedó en evidencia cuando los británicos atacaron la base argentina en la isla Decepción el 15 de febrero de 1953. En esa ocasión, el Presidente chileno, Carlos Ibáñez del Campo, se solidarizó con el gobierno argentino, acordó con el Presidente argentino, Juan Domingo Perón, reunir buques militares en la región y afirmaron que “la acción bélica de la escuadra inglesa contra cualquiera de las escuadras, la chilena o la argentina, sería repelida por ambas en la forma más enérgica posible”. Obviamente Estados Unidos intentó “sin éxito convencer al chileno de no actuar en conjunto con el argentino”.

En definitiva, a Estados Unidos sólo le falta la llave de la Isla Grande de Tierra del Fuego con sus pasos bioceánicos (el estrecho de Magallanes, el canal de Beagle y el mar de Hoces) y su lugar privilegiado en relación con la Antártida. Sólo falta que Chile y la Argentina lo entiendan y dejen de lado estas rencillas —construidas domésticamente y estimuladas externamente— y cooperen para no perder el Continente Blanco, rutas y recursos en manos de los estadounidenses y los británicos.

 

 

 

 

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