A días del cincuentenario del golpe, surgen impensadas iniciativas para recordarlo. Las más originales provienen de las nuevas generaciones. Tal es el caso del grupo periodístico Buena Data, de jóvenes entre 16 y 21 años. Generaron una serie de videos explicativos con la historia de lugares señeros para presentar resistencia a los autoritarismos. Esta serie fue creada a instancias del Centro de Estudios Legales y Sociales.
El CELS presentó esta semana "Acá dejamos huella", su cartografía de la memoria, con una señalización en color lila y una flecha blanca que señala un código QR para escanear en pos de conocer dónde se está parado y qué historia de lucha hay para considerar.

Los especialistas del organismo de derechos humanos confeccionaron una lista de “lugares de lucha y organización desde 1976 donde crecieron acciones colectivas para resistir la violencia estatal y para construir democracia, igualdad y derechos”.
En una primera etapa presentaron treinta lugares cuyo QR aporta fotos de archivo y videos que cuentan lo que pasó. Durante 2026 colocarán la señalética que identifica a esta acción a lo largo del país en procura de federalizar el mapa.
Los jóvenes de Buena Data pusieron el cuerpo y la locución a sus filmaciones de lo más variadas: en la cancha de Ferro, donde Charly García representó una versión escénica de la canción "No bombardeen Buenos Aires"; en la de Chicago, cuya hinchada de fútbol fue arriada por cantar una marcha partidaria en plena dictadura proscriptiva; en el hospital en que nació el Banco Nacional de Datos Genéticos; en los boliches desde los cuales la comunidad homosexual organizó sus primeros encuentros y marchas; en los sótanos que ocultaban a los universitarios que estudiaban lo inconveniente para los poderosos.
A ello se suman los lugares de las Madres de Plaza de Mayo, de los organismos y de las feministas que dieron génesis al Encuentro Nacional de Mujeres; de los gremios que le hicieron la primera huelga a la dictadura; los espacios culturales, desde la música al teatro o las librerías; los de cortes de ruta, todas “estrategias para la dignidad, donde se imaginó el carácter político de la vida por venir”.
Entre el público estuvo Víctor De Gennaro, recordado como un partícipe de luchas gremiales y movidas sociales con epicentro en Lanús. También Luis Calegari, del Centro Angelelli de Florencio Varela, con un enorme trabajo territorial contra la trata, la explotación sexual y el narcotráfico barrial en una zona que también ha sido incluida en la cartografía de las luchas populares. Fue muy aplaudido cuando lo destacaron junto a otros colectivos, como los Encuentros de Memoria, Verdad y Justicia de Berazategui y sus pares de Quilmes. Estos son ejemplos del Conurbano sur, la zona del AMBA con mayor pobreza, donde se formó la primera organización de familiares contra la violencia policial después de la masacre de Budge, un famoso caso de gatillo fácil en Lomas de Zamora.
Por supuesto que la cartografía no puede limitarse ni a treinta ni a cincuenta simbolismos. Desde que se corrió la voz, llegan propuestas desde remitentes lejanos del centro porteño para sumarse, por lo que el CELS invita a seguir armando el mapa que ayude a “recuperar memorias y construir las que queremos recordar”.
Otros de los temas incluidos son el Congreso de los chicos de la calle, en la CGT y la novedad de FM La Tribu. También se incluye la Resistencia villera, en la 31 y la Marcha a San Cayetano bajo el lema “Pan, Paz y Trabajo”. Además, se incluye el Teatro Abierto, en El Picadero, a comienzo de la década de los ‘80 durante la dictadura.
Ante esta sala se dio el primer acto de la cartografía en el atardecer del miércoles pasado. Allí, El Cohete contó a un centenar de personas que cortaron el pasaje curvo entre las calles Corrientes y Lavalle, cerca de Callao, para oír a algunos protagonistas contar cómo la dramaturgia hizo su aporte a la resistencia.
Antes, Paula Litvachky explicó: “Como CELS, elegimos contar la historia del Informe Prohibido, redactado luego de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (1979), con testimonios e información de esa visita, tan importante para empezar a pensar y difundir lo que pasaba. El texto se ingresó al país de forma clandestina. Los fundadores del CELS lo fotocopiaron en distintos lugares, de forma parcial, para que no se supiera qué estaban haciendo. Eso sirve para entender parte de la historia del CELS y del movimiento de derechos humanos”.
Otra de las expositoras del CELS reconoció el aporte de Liliana Herrero con la canción El tiempo está después, de Fernando Cabrera: “Tendremos suerte si aprendemos que no hay ningún rincón que pueda disolver en su escondite lo que fuimos”.
Teatro Abierto
Para dar cuenta del aporte del arte teatral, hablaron Manuel Callau, Lorena Vega y Roberto Perinelli, del Teatro del Pueblo.
Callau destacó que el incendio sufrido en la sala de estreno no fue un siniestro: “Los bomberos nos contaron que fue una bomba de fósforo que nos pusieron los servicios de inteligencia de la Marina”.
El más puntilloso recuerdo partió de Perinelli, con experiencia como director de la Escuela de Teatro, cuando era municipal, y profesor de la materia Historia del Teatro. “Antes del incendio, esto se enmarcó en lo que era: un suceso político”, planteó.
Ejemplificó su carácter alterativo a partir de un par de indicios: cuando la Escuela Nacional de Arte Dramático quitó del programa la historia del arte dramático contemporáneo y cuando Kive Staiff declaró (en una entrevista de la que parece no haber registros) que no programaba autores argentinos “porque no existen”.
Ante esos embates y la falta de empleo para quienes estaban en las listas negras, mientras los canales de televisión y los espacios culturales estaban en manos militares, la comunidad teatral se planteó: “Algo hay que hacer”.
Empezaron con media docena de participantes en la casa de Carlos Gorostiza. Se propusieron subir tres obras cada día durante dos meses en el infrecuente horario de las 18.30. El crecimiento fue hijo de la necesidad.
“En esta sala cabían 300 personas. Se calculó que con 150 por función se cubrían las necesidades”, resumió antes de aclarar que todos actuaban gratis, pero había que pagar gastos como los de imprenta. De las reuniones de martes y jueves se pasó a otras en Argentores. Al principio fue difícil sumar a 21 autores, porque algunos se negaron al saber “que nos portábamos mal”. También hubo actores y actrices que “desertaron cuando el movimiento empezó a tener cierto color”. Pesaba el miedo a la respuesta del poder a poco de empezar: “Los militares nos dieron el carácter que teníamos: un movimiento político contra la dictadura”, cerró.

Callau rememoró que, a pesar de los miedos y las defecciones, la resistencia se impuso, al punto que Teatro Abierto pasó a tener dimensiones de “movimiento” luego de una histórica asamblea en el Teatro Lasalle, a la que asistieron Ernesto Sabato y Adolfo Pérez Esquivel, además de contar con una carta de adhesión de Jorge Luis Borges. El actor minimizó las versiones de que la experiencia fuera motorizada por el PC: “Yo era comunista por entonces y cuando planteaba cosas en el partido, nadie sabía nada” (risas). “Teatro Abierto era independiente de los partidos, los patrones y los gobiernos. Y lo fue hasta el final”, definió.
Ambos protagonistas coincidieron en que “ese teatro popular sin censura ponderaba el fortalecimiento barrial, en defensa de la democracia, la liberación nacional y la unidad latinoamericana. Eso engendró un fenómeno que aún existe”, relataron a dúo.
Una actriz nacida en 1975, Lorena Vega (la psicóloga Fernanda en la serie Envidiosa), recordó a Luis Ziembrowski (el Florentino Ameghino en los documentales de Encuentro El Loco de los Huesos), otro participante de Teatro Abierto, que permaneció entre el público durante todo el acto. Actual directora y dramaturga, docente del circuito teatral independiente, Vega cree que gracias a Teatro Abierto hubo en el campo artístico una construcción y una conciencia de comunidad que implicaba un armado en red, parte de la memoria en términos de compromiso político. Al incluirse como parte de la generación de los hijos de desaparecidos, Vega destacó que cada función de Teatro por la Identidad incrementaba llamados a las Abuelas de Plaza de Mayo. En su experiencia, las luchas contra la dictadura tuvieron su correlato en democracia, en respuesta a las declaraciones de Darío Lopérfido, quien minimizó la cifra de 30.000 desaparecidos, o al recorte de becas a manos del Estado, o las clausuras del gobierno de la Ciudad sobre obras presentadas en locales en desuso, tipo garaje, por no estar contemplados en la ley de teatro independiente. Destacó, en contraste, que durante la pandemia surgió la agrupación de docentes independientes de teatro que organizó bolsones de comida para quienes carecían de trabajo y no podían ni dar clases.
Más acá en el tiempo, se generó “el Club Paraíso, una agrupación surgida ante el vaciamiento cada vez más progresivo del apoyo estatal al teatro independiente, al Instituto de Teatro, Proteatro, lugares destinados al fomento de nuestra actividad. Hubo que armar un club donde espectadores y hacedores aportaban a un fondo de dinero para artistas que producen obra”.

La más reciente generación
Si Vega vivió la dictadura en su infancia, la generación que ni siquiera conoció la posguerra sucia vino a hacer su aporte con nacidos en este siglo. Tales jóvenes de entre 16 y 21 años inician su camino profesional desde la agencia Buena Data (Chicos.net), “una organización de la sociedad civil que busca mejorar el vínculo de jóvenes con la tecnología”. Una de sus voceras esta semana se sinceró: “Si me decían en 2024 que íbamos a producir una campaña para el CELS, no me lo creía”. Antes de filmar, debieron aprender sobre historias ocurridas cuando no habían nacido. “La historia la vamos escribiendo entre todos”, entienden, por eso tomaron el caso de “los 12 de Córdoba”, que son un avance enorme para la búsqueda de la memoria, la verdad y la justicia”.
A esta y a todas las generaciones, el CELS los invitó a marchar con pancartas y/o fotos el próximo 24 de marzo. Luego de agradecer a la Fundación Teatro Picadero, a Buena Data, a fotógrafos/as e historiadores, compartieron un brindis junto a una pantalla para ver la primera serie de videos en cuya producción participaron Jazmín Llorente, Elías Ivanoff, Theo Giraron, Pilar Santos Azconzabal, Mora Caamaño Jara, Fernando Brovelli, Emma Jamardo, con la coordinación de Ulises D'Atri y la edición general de Matías Máximo, bajo dirección de Marcela Czarny. Algunos adelantos pueden ser vistos en sus redes:
Buena Data
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