La ignorancia como bendición

Milei como mecanismo de preservación del sistema

Fotograma de la escena de Matrix que da título a esta nota.

 

En junio de 1999 —unos meses antes de que Fernando de la Rúa le ganara las elecciones presidenciales al candidato del PJ, Eduardo Duhalde— se estrenó en la Argentina Matrix (The Matrix en su versión original), escrita y dirigida por las hermanas Lana y Lilly Wachowski. La historia, cuyos protagonistas principales son Keanu Reeves, Laurence Fishburne, Carrie-Anne Moss y Hugo Weaving, describe un futuro distópico dominado por las máquinas, en el que la humanidad está atrapada en una ilusión, una realidad ficticia llamada Matrix (un “simulacro”, diría Jean Baudrillard). El objetivo de ese artificio descomunal es distraer a los humanos, haciéndoles creer que la vida es esa realidad inducida mientras son usados como fuente de energía en algo parecido a criaderos futuristas.

Como ocurre en Terminator de James Cameron —otra película distópica donde las máquinas han tomado el control—, una pequeña porción de la humanidad se rebela contra ese enemigo frío y técnicamente superior. El hombre providencial no es en este caso John Connor, sino Neo, interpretado por Keanu Reeves, un programador informático que de noche se transforma en hacker. Como suele ocurrir con los elegidos, Neo ignora que lo es. Quien debe convencerlo de su condición es Morfeo (Laurence Fishburne), el maestro que devendrá discípulo. La tarea del elegido es terminar con la Matrix y liberar a la humanidad, nada menos. El refugio es Sion, la última ciudad real. Aunque la realidad es un concepto con el que las hermanas Wachowski juegan permanentemente.

Una gran escena ilustra ese juego: Cypher, uno de los rebeldes, acepta traicionar a sus compañeros mientras cena en un restaurante sofisticado con el agente Smith, enemigo declarado de Sion. Mira el churrasco jugoso que está por comer, afirma que le da igual que todo sea una ilusión creada por las máquinas y concluye con una gran declaración de principios: “La ignorancia es una bendición”. Una clara referencia a la alegoría de la caverna de Platón: Cypher elige volver a la penumbra y seguir siendo prisionero; elige la ignorancia porque intuye que eso le dará felicidad. No es la única referencia a la filosofía: la historia nos recuerda el famoso sueño de Chuang Tzu, publicado en la Antología de la Literatura Fantástica de Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo y Jorge Luis Borges: “Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar, ignoraba si era Chuang Tzu que había soñado que era una mariposa, o si era una mariposa que soñaba ser Chuang Tzu”.

 

 

El éxito de Matrix impulsó una saga de tres películas más, que agregaron algún grado de confusión a la trama. Según Mariana Enríquez, “todas las lecturas que posee esta saga virtual-filosófica-religiosa no la salvan del más definitivo y contundente aburrimiento. Matrix Revoluciones es un plomo. Matrix Recargado, la segunda entrega, fue insoportable. Lástima, porque la primera película prometía de verdad. En realidad, nunca deberían haber hecho las secuelas. Matrix no las necesitaba. Para el gran final, Andy y Larry Wachowski (hoy las hermanas Wachowski) prometieron un cierre sorprendente, sorpresas deslumbrantes, despliegue técnico. Pero Matrix Revoluciones ofrece timidez, dificultades narrativas insoslayables y un juego de identidades cambiadas que, además de confuso, es innecesario. En pocas palabras: los Wachowski se enredaron”.

En Matrix recargado (The Matrix Reloaded en el original), la segunda entrega de la saga, nos enteramos de que Neo, “El Elegido”, no es un error del sistema, sino una función de control. El Arquitecto —el programa que creó la Matrix— revela que Neo es una anomalía prevista que sirve para purgar a los humanos rebeldes y reiniciar Sion, permitiendo que la Matrix siga funcionando. Su revolución es, en realidad, un mecanismo de estabilidad sistémica. Este plan de preservación impulsado desde el propio sistema nos recuerda al personaje O'Brien, de 1984, la novela distópica de George Orwell. O’Brien, compañero del protagonista Winston Smith en el Ministerio de la Verdad, se presenta como un miembro de la “Hermandad”, la resistencia secreta contra el Gran Hermano. Sin embargo, es en realidad un agente del Partido Interior cuyo propósito es atraer a los rebeldes potenciales para atraparlos, torturarlos y reintegrarlos al sistema. Es una estructura de preservación del propio sistema.

Hace unos días, Javier Milei, el Presidente de los Pies de Ninfa, tomó juramento a Juan Bautista Mahiques como nuevo ministro de Justicia. Mahiques era el jefe de los fiscales de la Ciudad de Buenos Aires y, accesoriamente, hijo del camarista de Casación Carlos Mahiques. Ambos, junto a los jueces Julián Ercolini, Pablo Yadarola, Pablo Cayssials, el ministro de Justicia y Seguridad porteño Marcelo D'Alessandro, entre otros, formaron parte del famoso viaje financiado por el Grupo Clarín a la mansión del magnate Joe Lewis en Lago Escondido. Apenas la opinión pública supo del escándalo del viaje, la alegre cofradía —que se bautizó a sí misma como Los Huemules— propuso la elaboración de facturas falsas para eludir la denuncia por el delito de dádivas. Por supuesto, como era de esperar, al no haber entre los viajeros kirchneristas o sospechados tal, la gran familia de la Justicia federal archivó la denuncia. Mahiques es un claro retoño de esa familia y su nombramiento culmina el loteo del gobierno con los factores de poder afines: la economía fue cedida a la casta financiera y al Tesoro de los Estados Unidos, la política exterior al Departamento de Estado y la administración de justicia a la casta judicial. 

Hoy tal vez muchos no lo recuerden, pero durante sus años de panelista sacado, Milei se presentaba como un elemento antisistema, un anarco-capitalista que prometía destruir el Estado, empezando por el Banco Central. Su discurso disruptivo fue festejado por los medios hegemónicos y logró seducir a un electorado joven, mayoritariamente varón. Al principio de su presidencia, algunos de sus entusiastas lo comparaban con el Joker. En realidad, “a diferencia del archienemigo de Batman, el papá de Conan sí tiene una agenda, un modelo detallado que busca implementar a como dé lugar, con una mayoría de perdedores y unos pocos ganadores. El caos generado —el que constatamos cada mañana frente a un nuevo aumento de tarifas, una nueva suspensión de trabajadores o un nuevo agravio desde el gobierno— no es sinónimo de descontrol, sino todo lo contrario: se trata de un caos planificado, un caos de diseño”.

El Presidente de los Pies de Ninfa no es un error en la Matrix, sino una anomalía impulsada desde la propia Matrix —en nuestro caso, la casta— para consolidar sus privilegios. No sólo no destruyó el Banco Central, sino que lo convirtió en un apéndice del Ministerio de Economía, evaporando cualquier sueño de autonomía. Se afirma libertario, pero controla desde el Estado las variables esenciales de la economía (las tasas de interés, el dólar y los salarios), además de entregarles poderes discrecionales a las fuerzas de seguridad, una decisión que limita la libertad individual de cada ciudadano que, como liberal, tendría que preservar. 

Milei es el flautista de Hamelin de quienes se sienten revolucionarios antisistema y, obnubilados por sus formas disruptivas, terminan consolidando aquello que sueñan con destruir. No hay nada nuevo en el modelo de miseria planificada que implementa: es un plan de negocios que ya padecimos en la última dictadura cívico-militar y en los gobiernos de Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri, “el primer tiempo” del gobierno de la motosierra. 

Se suman al apoyo al Presidente los llamados peronistas racionales, los que aportan gobernabilidad, como los gobernadores de Salta, Tucumán y Catamarca, entre otros. Esos peronistas —libres de gluten y de kirchnerismo— suelen reafirmar su credo justicialista para defender la justicia social, la salud pública y la universidad gratuita, mientras apoyan a quien promete destruir “esas aberraciones”. Como el personaje de Cypher, mientras admiran el churrasco jugoso que les promete el oficialismo, consideran que la ignorancia es una bendición. 

Milei no es ni un rebelde, ni un loco, ni un anarco capitalista, ni un error en la Matrix: es una estructura de preservación del propio sistema.

 

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 8.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 10.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 15.000/mes al Cohete hace click aquí