La Industria que se apaga

Cierre de industrias estratégicas en el sur de Santa Fe

 

El cierre de industrias estratégicas en el cordón industrial del sur de Santa Fe refleja una pérdida de capacidades productivas que trasciende a las empresas y reabre el debate sobre el modelo de desarrollo nacional.

La fortaleza industrial de una nación no se mide únicamente por la cantidad de fábricas en funcionamiento, sino por su capacidad para transformar recursos naturales en bienes de mayor valor agregado, generar conocimiento, desarrollar tecnología y crear empleo calificado. Cuando una planta industrial deja de producir, no desaparece solamente una empresa: también se debilitan proveedores, capacidades de ingeniería, innovación y autonomía económica. En definitiva, se pierde una parte del patrimonio productivo nacional.

Esta reflexión adquiere especial relevancia al observar la evolución del cordón industrial del sur de la provincia de Santa Fe. Durante décadas, localidades como Fray Luis Beltrán, Capitán Bermúdez, San Lorenzo y Puerto General San Martín constituyeron uno de los complejos manufactureros más importantes de América Latina. Allí convivieron industrias petroquímicas, químicas, energéticas, metalúrgicas, cerámicas y agroindustriales que abastecían al mercado interno, exportaban productos con valor agregado y sostenían miles de empleos.

Sin embargo, durante la última década ese entramado comenzó a deteriorarse de manera progresiva. Analizados en conjunto, los cierres industriales registrados permiten identificar un proceso de pérdida de capacidades estratégicas que trasciende la situación particular de cada empresa.

El primer caso emblemático fue AirZinc, en Fray Luis Beltrán. Su cierre, en 2016, significó la desaparición de la única productora nacional de zinc metálico, insumo esencial para la galvanización del acero, la fabricación de autopartes, estructuras metálicas, baterías y numerosos componentes industriales. Además de aproximadamente 400 puestos de trabajo perdidos, la Argentina pasó a depender de importaciones para abastecer un producto estratégico.

Entre 2017 y 2020 dejó de operar Bravo Energy, en San Lorenzo, una de las principales plantas dedicadas a la regeneración de aceites lubricantes usados. La empresa transformaba residuos industriales en nuevas bases lubricantes, constituyendo un caso destacado de economía circular y recuperación de derivados del petróleo.

En 2018, la quiebra de Oil Combustibles paralizó una importante refinería ubicada en San Lorenzo. Allí se producían naftas, gasoil, asfaltos y otros derivados del petróleo indispensables para el transporte y la producción. El cierre implicó alrededor de 400 despidos y redujo la capacidad nacional de refinación.

En 2019, Pampa Energía cerró su planta de etileno, materia prima fundamental para fabricar plásticos, envases, cañerías, películas agrícolas, aislantes eléctricos y numerosos insumos utilizados por la industria automotriz y la construcción.

En 2021, Aceitera Buyatti cesó sus operaciones industriales en Puerto General San Martín. La planta procesaba soja y otras oleaginosas para producir aceites, harinas proteicas y subproductos destinados al mercado interno y a la exportación. El cierre dejó 84 trabajadores desvinculados y redujo la capacidad de agregar valor a la principal cadena agroindustrial del país.

La tendencia continuó en 2024 con el cierre de la planta de polioles y poliuretanos de Dow Chemical, insumos utilizados para fabricar colchones, heladeras, paneles térmicos, viviendas industrializadas, autopartes, calzado, muebles y equipamiento médico.

Durante 2026, Porcelanas Verbano, histórica fábrica de Capitán Bermúdez inició un proceso de retiros voluntarios para reducir aproximadamente la mitad de su plantilla, reflejando las dificultades que enfrentan industrias manufactureras intensivas en energía y mano de obra.

Ese mismo año, Pampa Energía anunció el cierre de la única planta argentina de caucho sintético, ubicada en Puerto General San Martín. La medida afecta aproximadamente 200 trabajadores y elimina la producción nacional de un insumo indispensable para neumáticos, autopartes, maquinaria agrícola, minería y transporte ferroviario.

Más allá de las particularidades de cada empresa, el denominador común es evidente: la Argentina perdió capacidades industriales que difícilmente puedan reconstruirse en el corto plazo.

Empresa Capacidad perdida Consecuencia
AirZinc Única productora de zinc Dependencia de importaciones.
Bravo Energy Regeneración de aceites Menor capacidad de economía circular.
Oil Combustibles Refinación de petróleo Menor producción nacional de combustibles.
Pampa Energía Etileno Debilitamiento de la petroquímica.
Buyatti Industrialización de oleaginosas Menor agregado de valor.
Dow Chemical Polioles y poliuretanos Mayor dependencia de insumos industriales importados.
Porcelanas Verbano Producción de porcelana Retroceso de una industria histórica.
Pampa Energía Caucho sintético Desaparición de un insumo estratégico nacional.

 

Los datos disponibles permiten identificar al menos 1.084 puestos de trabajo industriales afectados en los casos con cifras verificadas. Sin embargo, el impacto real es mucho mayor. Cada empleo industrial sostiene una red de proveedores, contratistas, empresas logísticas, comercios y servicios especializados. Cuando una planta deja de operar, se debilita todo un ecosistema productivo.

Este proceso comenzó antes de la actual administración nacional y responde a múltiples factores: problemas de competitividad, transformaciones tecnológicas, cambios en los mercados internacionales, inestabilidad macroeconómica y decisiones empresariales. No obstante, el contexto económico vigente plantea un interrogante central: ¿cómo compatibilizar la estabilidad macroeconómica con una estrategia de desarrollo industrial?

El gobierno del presidente Javier Milei ha priorizado el equilibrio fiscal, la estabilización monetaria, la desregulación y la apertura económica. Se trata de objetivos orientados a corregir desequilibrios estructurales que durante décadas limitaron el crecimiento argentino. La estabilidad macroeconómica es una condición necesaria para recuperar previsibilidad e inversión.

Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que la estabilidad, por sí sola, no garantiza el desarrollo industrial. Estados Unidos, Alemania, Corea del Sur, Japón y China combinan disciplina fiscal con políticas industriales activas, incentivos a la innovación, financiamiento productivo y fortalecimiento de sectores estratégicos. En ninguna de estas economías el mercado actúa en soledad cuando se trata de preservar capacidades tecnológicas e industriales.

La discusión, por lo tanto, no debería reducirse a una dicotomía entre Estado y mercado. El verdadero desafío consiste en construir un modelo de desarrollo que permita sostener la estabilidad macroeconómica sin resignar la capacidad de producir bienes con mayor contenido tecnológico y valor agregado.

El caso del cordón industrial santafesino constituye una señal de alerta. La pérdida de plantas dedicadas a producir zinc, etileno, poliuretanos, caucho sintético, combustibles refinados o productos derivados de oleaginosas no representa únicamente una disminución del empleo. Significa también una mayor dependencia de importaciones, una menor integración de cadenas de valor y una reducción del contenido tecnológico incorporado a la producción nacional.

La Argentina necesita estabilidad macroeconómica, pero también una estrategia de desarrollo productivo que promueva inversiones, innovación, infraestructura, financiamiento y competitividad. Ordenar la economía es indispensable; preservar y ampliar las capacidades industriales es igualmente estratégico.

La pregunta que subyace detrás de cada uno de estos cierres es sencilla, pero decisiva: ¿qué estructura productiva pretende construir la Argentina para las próximas décadas?

Porque cuando una planta industrial cierra no desaparece solamente una empresa. También se pierde una parte de la capacidad de una Nación para producir su propio futuro.

 

 

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