La ¿inteligencia? de la coalición "Epstein"

Claves para entender la guerra del Golfo

 

“La historia ha demostrado que alcanzar la victoria militar por sí misma no ha sido el equivalente a lograr el objetivo de la política [y] los hechos han revelado que la voluntad de combatir hasta las últimas consecuencias representa el mayor obstáculo y la más grande dificultad para los planes de conquista de cualquier agresor en potencia”.

Florentino Díaz Loza, en Geopolítica para la Patria Grande.

 

Desentrañar el curso de la III Guerra del Golfo a partir de las declaraciones de varios funcionarios del régimen de Trump, como su vocera de prensa Karoline Leavitt y su secretario de Guerra Pete Hegseth, o por las del propio Presidente, es una tarea para psicólogos y no para politólogos e internacionalistas. Para muestra, basta un botón.

  • 10 de marzo: “La muerte, el fuego y la furia reinarán. Pero espero y rezo para que no suceda".
  • 21 de marzo: “Si Irán no abre totalmente, sin amenazas, el estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas a partir de este preciso momento, Estados Unidos atacará y arrasará con sus diversas centrales eléctricas, ¡empezando por la más grande!”.
  • 26 de marzo: "A petición del gobierno iraní, por favor, dejemos que esta declaración sirva para informar que suspendo el período de destrucción de la planta de energía por diez días, hasta el lunes 6 de abril de 2026”.
  • 1 de abril: “Vamos a atacarlos con muchísima fuerza en las próximas dos o tres semanas. Los haremos retroceder a la Edad de Piedra, que es el lugar al que pertenecen”.
  • 7 de abril: “Esta noche morirá toda una civilización, para no volver jamás. No quiero que eso suceda, pero probablemente ocurrirá”.

Faltando una hora y media para que se cumpliera el ultimátum, Pakistán y el Presidente Trump anunciaron un cese el fuego durante dos semanas que incluía, según el primero, al Líbano. Al respecto, el Presidente estadounidense sostuvo: “Ya hemos cumplido y superado todos los objetivos militares”. A estas palabras se sumaron las de la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, que afirmó: "El Presidente Trump y nuestras poderosas fuerzas armadas lograron que Irán aceptara reabrir el estrecho de Ormuz y las negociaciones continuarán".

Por su parte, Teherán anunció que las condiciones para un plan de paz eran las siguientes:

Garantía de no agresión; control del estrecho; derecho al enriquecimiento de uranio; levantamiento de todas las sanciones; resoluciones de la ONU anuladas; resoluciones del OIEA anuladas; pagos compensatorios por daños de guerra; fuerzas estadounidenses fuera de la región, y un alto al fuego entre Israel y Hezbollah.

El cese del fuego apenas duró 12 horas, debido al ataque de Israel al sur del Líbano. Frente a estos hechos, el Vicepresidente J.D. Vance sostuvo que el acuerdo no había incluido a ese país, lo cual fue desmentido por el embajador de Pakistán en Estados Unidos. Por su parte, el Presidente del Parlamento de la República persa sostuvo que no solo se había atacado a la población libanesa, sino que también ellos habían sufrido ataques aéreos y que se les continuaba negando la posibilidad de avanzar con su plan nuclear.

Al cierre de esta nota (9 de abril de 2026), el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, anunció la ocupación de Gaza, del territorio al sur del río Litani y el gabinete de ese país aprobó la construcción de 34 nuevos asentamientos en Cisjordania. Por su parte, la vocera estadounidense informó que la propuesta de diez puntos de Irán había sido “arrojada a la basura”.

Frente a este desmadre queremos detenernos en dos manifestaciones. La primera —ya citada— es la referencia que hizo Donald Trump a que “se habían cumplido y superado todos los objetivos militares”. La segunda fue las declaraciones de hace unos días del secretario de Estado Marco Rubio, en las cuales señalaba que la guerra terminaría en semanas y manifestó sobre los objetivos de esta: “Destruir sus fábricas de misiles, cohetes y drones, [la] armada, [la] fuerza aérea y vamos a destruir de manera significativa sus lanzamisiles para que nunca puedan esconderse tras ellos para conseguir un arma nuclear”. Además, agregó que los objetivos podrían ser alcanzados sin desplegar tropas en el terreno.

Analicemos algunas de estas cuestiones de la III Guerra del Golfo Pérsico al día de la fecha.

 

 

¿La inteligencia?

La inteligencia no es lo mismo que la información o la investigación. Sherman Kent [1] definía la inteligencia no como un misterio de espías, sino como una forma especial de conocimiento. Para él, la inteligencia estratégica era "el conocimiento que nuestros hombres, civiles y militares, que ocupan cargos elevados, deben poseer para salvaguardar el bienestar nacional". Asimismo, y en cuanto a la relación entre el analista y el político, el autor sostenía que la inteligencia debía estar lo suficientemente cerca del poder para ser relevante, pero lo suficientemente lejos para no verse corrompida por la política o los deseos de los gobernantes. Por su parte, hace más de 2.000 años, Sun Tzu afirmaba que "si el príncipe clarividente y el general competente logran la victoria cada vez que pasan a la acción y consiguen resultados fuera de lo común, es gracias a su capacidad de previsión. La capacidad de previsión no se obtiene ni de los dioses ni de los espíritus, ni por analogía con eventos pasados, ni por conjeturas, sino antes bien, de las informaciones de quienes conocen el estado real del enemigo” [2]. Y, casi presagiando los hechos de estas semanas, agregaba que “un gobernante infatuado y un general necio escucharán solo lo que quieren oír, y serán engañados causando su ruina, la del Ejército y la de su pueblo” [3].

Habiendo precisado este concepto, consideramos que cada día que pasa toma más cuerpo la hipótesis de que fue un error de inteligencia o la interpretación de esta lo que llevó a Estados Unidos a atacar Irán sin haber definido un objetivo/s político/s.

En primer lugar, este error de inteligencia es atribuido al inefable servicio de inteligencia de Israel, el Mossad (cuya mayor capacidad es hacernos creer que es imbatible), cuando sostuvo que la eliminación de los líderes iraníes más el bombardeo de instalaciones críticas y de la Guardia Revolucionaria llevaría al colapso del gobierno de Irán. Un resultado que, hasta ahora, no se ha producido.

En segundo lugar y, más grave aún, es el mal uso que se hizo de la inteligencia disponible. Y acá intervienen los llamados sesgos cognitivos. Los sesgos cognitivos son un efecto psicológico que distorsiona nuestra percepción de la realidad [4]. Estos se producen cuando nuestro cerebro distorsiona sus evaluaciones, percepciones, procesos de toma de decisiones y de la propia memoria. Por un lado, en el caso de Donald Trump tenemos una terrible disonancia cognitiva, es decir, “un estado que sienten las personas cuando se enfrentan con evidencias que amenazan su modo de concebir la realidad (...) incluso muchas veces estos datos o hechos que van en contra de nuestras creencias, lo que ocasiona es el refuerzo de las opiniones preestablecidas y el convencimiento de nuestras opiniones o verdades”. En el marco de un proceso de toma de decisión, el decisor puede: “a) comenzar a mentir para luego creerse sus propias mentiras e intentar convencer a muchos más sobre sus puntos de vista a través de comunicación y propaganda; y/o b) alterar o evitar la información que sirve para refutar sus teorías”. En síntesis, a “un individuo no le resulta fácil cambiar de creencias porque cambiar y repensar los supuestos es difícil y crea disonancia cognitiva (...). El cerebro tiende a tomar el camino fácil (...). Así que si se encuentran hallazgos o hechos que vayan en contravía de nuestras creencias u opiniones, se prefiere descartar de plano dichos hallazgos antes que enfrentar sus implicaciones”. Esta es una plaga de la toma de decisión militar de la cual hay incontables ejemplos. El más conocido se puede apreciar en la película Un puente demasiado lejos, en la que, por una cuestión de ego, el comandante británico descarta información sobre la capacidad de ataque de las divisiones Panzer alemanas en Arnhem (Países Bajos), por lo que sufren una memorable derrota.

Por otro lado, y en el caso de su grupo de asesores, motivados por el miedo a ser echados, nos encontramos con la paradoja de Abilene. Esta se refiere a situaciones donde un grupo de actores toma una decisión colectiva que ninguno de ellos desea individualmente, simplemente porque cada uno cree, erróneamente, que los demás sí están de acuerdo con ella. Esta se produce particularmente en el momento en el que los límites de una situación particular presionan a un grupo de personas para actuar de una forma que es opuesta a sus deseos individuales. El fenómeno ocurre cuando un grupo continúa con acciones desacertadas que ningún miembro de tal grupo desea, pero sobre las cuales ningún miembro está dispuesto a expresar objeciones.

En tercer lugar, apreciamos que Israel tiene objetivos políticos en la región, a diferencia de Estados Unidos y diferentes de la potencia norteamericana. No estaría tratando de provocar un cambio del régimen político en Irán, sino degradarlo para que deje de ser una potencia regional y, asimismo, afectar a las potencias regionales emergentes (Arabia Saudita y Turquía) y una posible alianza entre ellas, afectando su principal fuente de recursos del mundo árabe. Asimismo, el Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, declaró que había que estudiar rutas alternativas a los estrechos de Ormuz y el de Bab el-Mandeb, lo cual sería beneficioso para su país. En efecto, el mandatario israelí afirmó: “Con oleoductos y gasoductos que atraviesen la península arábiga hacia el oeste, hasta Israel, hasta nuestros puertos del Mediterráneo, se eliminarían para siempre los puntos estratégicos (…), Veo esto como un cambio real que seguirá a esta guerra". Además, el Primer Ministro reafirmó recientemente —como veremos más adelante— la ocupación de territorios palestinos y libaneses.

Trump y sus asesores parecen haber confundido objetivos militares con objetivos políticos —Clausewitz y Rattenbach dixit—, aunque la mirada complaciente de algunos analistas argentinos que suelen brindar en la Embajada cada 4 de julio responsabilice únicamente al Presidente.

 

 

Siempre volvemos a Clausewitz

La guerra es un hecho social, un acto político y, como tal, tiene objetivos políticos. Los objetivos tácticos, operacionales y/o militares son contribuyentes para alcanzar los objetivos políticos. Estos fines que busca la política a través de la guerra se denominan "estado final deseado" y sirven para orientar a los medios militares. En la doctrina de la potencia norteamericana, más precisamente en el DOD Dictionary of Military and Associated Terms, en su página 74, se define al "estado final" como “conjunto de condiciones que definen el logro de los objetivos del comandante”. Dado que ello depende de todo el planeamiento estratégico militar y operativo, no se puede decir un día que el "estado final" es el cambio de régimen, apoyar a Israel y neutralizar el programa nuclear iraní; a la semana hablar de una rendición incondicional; y dos semanas más tarde decir que el "estado final" era destruir a la fuerza aérea y a la armada iraní (nivel táctico), neutralizar la ayuda iraní a grupos insurgentes (nivel estratégico nacional) y neutralizar su capacidad misilística (nivel operativo).

Esta falta de definición del "estado final" más la mescolanza de condiciones tácticas, operativas y estratégicas fue la causa del error fatal en la determinación del "centro de gravedad estratégico".

Este concepto era definido por Carl von Clausewitz [5] como el punto de equilibrio del sistema. Atacado este, el sistema colapsa. Por su parte, el JP 5–0 Joint Planning del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos lo define en su página GL–5 como “la fuente de poder que provee fuerza moral o física, libertad de acción y voluntad para actuar”.

Actualmente, y en resumen, se entiende como la fuente de poder y de libertad de acción de un actor. Si al centro de gravedad se lo ataca en forma directa, se llama aproximación directa; si se lo hace de manera indirecta, se denomina aproximación indirecta. Por ejemplo, esta última la aplicó Escipión contra Aníbal en las Guerras Púnicas —que se desarrollaron en distintas etapas entre el 264 y el 146 a. C.— y sobre la cual Liddell Hart escribió un libro.

Si Trump hubiera dicho que el "estado final" era “neutralizar la capacidad de Irán para desestabilizar la región, impedir el colapso del Estado iraní y compeler al gobierno iraní a aceptar un acuerdo favorable a la región”, inmediatamente los planificadores militares hubieran pensado en Ormuz como fuente de poder y libertad de acción de Irán. A continuación, hubieran determinado la capacidad crítica del centro de gravedad (bloqueo), sus requerimientos críticos (sistemas de armas en capacidad de ejecutar el bloqueo) y su vulnerabilidad crítica [6] (los sistemas de armas deben estar en alcance). No hay que ser muy sagaz para darse cuenta de que, de haber realizado un análisis serio como lo dice la propia doctrina estadounidense, hubieran concluido que la fuente de poder y de libertad de acción (el "centro de gravedad") de Irán es el estrecho de Ormuz y no el ayatolá ni la armada iraní ni los misiles ni los desarrollos nucleares. Tan obvio que Trump no lo vio.

 

 

¿Negociaciones o negocios?

Sería una perogrullada decir que las negociaciones son para ganar tiempo y poder concentrar fuerzas para un ataque anfibio sobre Irán. Pero esto no es todo: cuando Trump anunció conversaciones con Irán, el precio del petróleo Brent bajó de 108 dólares a 96 dólares. Acá lo explican más detalladamente.

 

 

Cuando los iraníes lo desmintieron, volvió a subir. Asimismo, cuando el Presidente del régimen de Washington hizo este anuncio, el índice Standard & Poor's se incrementó en dos trillones de dólares y, luego de la desmentida iraní, perdió un trillón.

 

 

Algo parecido ocurrió cuando Donald Trump anunció que se abstendría de bombardear la infraestructura energética de Irán. Las finanzas no son nuestro fuerte, pero pareciera que algunos están haciendo fortunas mediante la especulación financiera contando con información privilegiada y no nos extrañaría que esos algunos fueran el clan Trump.

 

 

Situación bélica

Respecto al plano estrictamente militar, se han producido bombardeos durante algo más de cuatro semanas, por un lado, de la coalición de Epstein con ataque de misiles y bombardeos.

Por el otro lado, Irán ha respondido con diversos tipos de misiles y drones y cuya intensidad no ha disminuido.

Cabe destacar que la semana pasada tuvimos la confirmación de la destrucción en una base de Arabia Saudita de un E3 Sentry, un avión de alerta temprana (Estados Unidos cuenta con 16), cuya importancia es vital para el control del espacio aéreo, la conducción de operaciones y la alerta temprana.

Por último, cabe resaltar que, por primera vez, Israel ha dañado infraestructura que forma parte de la “iniciativa china Belt and Road”, país que fue uno de los que colaboró con Pakistán para alcanzar el cese del fuego. Por otro lado, Estados Unidos sufrió: en “una sola noche, dos C-130 Hercules, cuatro AH-6 Little Bird, dos MQ-9 Reaper y cuatro helicópteros modelo UH-60 Black Hawk fueron derribados”. Al respecto, si bien la potencia norteamericana anunció que se había rescatado con éxito al piloto del F-15 derribado, existen muchas dudas de que ese haya sido el objetivo militar.

Más allá del daño material, hay que resaltar el efecto sobre la reputación de Estados Unidos, que es lo primero que se pierde en combate. Además, el efecto sobre las operaciones aéreas estadounidenses deberá alejar dichos aviones del alcance de los drones iraníes, lo que conlleva una menor capacidad de cobertura del espacio aéreo.

Algunos analistas de la embajada (no la rusa) destacan la asimetría en el gasto de defensa entre Estados Unidos e Irán o afirman que esta potencia ha encontrado límites a su poder militar. Al respecto, cabe recordar que “los fierros” no se traducen automáticamente en capacidades y que el poder siempre fue multidimensional y que no asume solamente “la forma de una coerción (…). Cuanto más poderoso el poder, con más sigilo opera” [7]. En cambio, si un Estado, tiene que expresarlo reiteradamente de manera violenta, es porque ya está debilitado. Por tal motivo, Sun Tzu considera que “el buen estratega somete a las fuerzas enemigas sin combatirlas (…), desmedra Estados rivales sin permitir que las campañas militares se prolonguen [y] si el general no es capaz de vencer su ira (…), perderá un tercio de sus efectivos sin haber logrado conquistarlo” [8].

 

 

Prepararse para la guerra

Esta semana se debatió también sobre las ciudades misilísticas iraníes, que son bases de misiles subterráneas protegidas por 500 metros de roca sólida y diseñadas para ser a prueba de bombas. Este tema puede englobarse en lo que en la doctrina militar se denomina la preparación territorial del país.

 

       

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No debe sorprendernos. Un Estado serio se prepara para la guerra y no solo a sus Fuerzas Armadas, sino a todos los componentes del potencial nacional, porque la defensa nacional no es solamente un asunto de las Fuerzas Armadas. En cierta época, durante el peronismo, se tomaba en serio la defensa nacional; entonces se hacían cosas como terminales ferroviarias dentro de los cuarteles o rutas nacionales con tramos rectos, nivelados y más anchos para usar de pistas de aterrizaje.

Irán se ha estado preparando para esta guerra —en especial si se produce un desembarco de tropas [9] en territorio iraní— desde 1979. Pese a ello, Estados Unidos e Israel y muchos analistas parecen sorprendidos.

 

 

 

*Ivan Sidorienko es un seudónimo; no es de un espía ruso.

 

[1] Sherman, Kent (1986). Inteligencia estratégica para la política mundial norteamericana. Buenos Aires: Pleamar, p. 9.
[2] Sun Tzu (2017 [siglo V A. C.]). El arte de la guerra. Madrid: Editorial Trotta, p. 201.
[3] Esta frase fue insertada por un comentarista clásico (Cao Cao o Li Quan) que estaba incluida en las traducciones medievales que se tomaron como base hasta los años '70 para la traducción al español. A partir del descubrimiento en 1972 de los manuscritos de Yinqueshan, se eliminaron los añadidos posteriores. El agregado que hemos citado aparece en la traducción editada por la editorial Prometeo en el 2014 en la página 104.
[4] Entre otras obras, se puede consultar a Jervis, R. (1976). Perception and misperception in international politics. Chichester: Princeton University Press.
[5] von Clausewitz, C. (1999 [1832]). De la guerra. Madrid: Ministerio de Defensa del Reino de España.
[6] JP 5 – 0 Joint Planning Pag IV – 24.
[7] Byung-Chul Han (2017). Sobre el poder. Buenos Aires: Herder, pp. 11-12.
[8] Sun Tzu, Op. Cit., p. 121.
[9] John Keegan (2021) afirma que “la infantería era (es) la única fuerza que podía (y puede) mantener el terreno (la ocupación física vale por diez puntos en la ley de la guerra, y la infantería es la administradora)”. En: El rostro de la batalla. Una historia militar desde el “punto de máximo peligro”. Madrid: Turner Noema, p. 168.

 

 

 

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