La intimidad en terapia intensiva

La visión de Dos Justicias sobre la Operación Puf y la justicia en campaña electoral

“El sistema no castiga a sus hombres: los premia. No encarcela a sus verdugos: los mantiene”
“Quién mató a Rosendo”. Rodolfo Walsh.

 

Con una mezcla de perplejidad y avidez estamos en medio de la circulación de las escuchas vinculadas a la llamada «Operación Puf”. Luego de ello, nos preguntamos cómo se realizaron y si son legalmente aptas para generar una causa judicial.

Después de muchas averiguaciones y chequeo, hay algunas certezas pero también muchas dudas. Esta es la historia reconstruida —hasta ahora— de las escuchas que, vale aclarar, nadie puede asegurar con certeza por qué están donde están.

Hay un juez de Lomas de Zamora que ordena intervenir teléfonos en el penal de Ezeiza donde está detenido Mario Segovia, el Rey de la Efedrina, y otras personas a quienes investiga en una causa de narcotráfico. Esos teléfonos también son usados por presos vinculados al anterior gobierno, pero el magistrado considera que esas conversaciones no están relacionadas con su causa y las destruye. Aquí yacen dos conclusiones. Los teléfonos de las cárceles están intervenidos por sospechas de narcotráfico y con esa excusa todos los reclusos están bajo el panóptico.

Luego una diputada recibe un anónimo con las transcripciones de una parte de esas escuchas. Después se filtran y presenta la denuncia ante otro juez de Comodoro Py. Este, a su vez, no se conforma con las transcripciones y quiere las escuchas de verdad. Entonces le pide autorización a su par que había intervenido los teléfonos en la cárcel para acceder a las copias que tiene la Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos y Crimen Organizado (DADUJECO). Lo autoriza y finalmente los soportes llegan a Comodoro Py.

Pero, igual que las transcripciones, las escuchas se filtran. Llegan a la televisión y desde allí se derraman en múltiples operaciones y generan interminables debates.

Lo que no sabemos es por qué la Justicia tenía en su poder las charlas de toda la cárcel y no sólo las de Segovia y por qué no se destruyó en tiempo real todo aquello que no tenía que ver con el tráfico de drogas. La pregunta final es por qué el Estado archiva esa información. No importa qué parte del Estado, aunque todos lo sospechamos. Importa que esos archivos existen.

Casualmente, hace tan solo unos días, el Relator Especial sobre el derecho a la privacidad de las Naciones Unidas, que es un experto independiente designado por el Consejo de Derechos Humanos para examinar e informar sobre un tema específico de los derechos humanos, visitó la Argentina y puso el foco en el espionaje local.

El 17 de mayo publicó un informe en la página de la ONU para la prensa sobre lo que observó en relación a las escuchas y el espionaje.  Algunas de sus conclusiones son alarmantes. Veamos.

En primer lugar dijo estar «convencido de que las salvaguardas establecidas en DAJuDeCO son adecuadas y preservan la privacidad del individuo. Sus responsables me han presentado pruebas de que, tanto en lo que se refiere al personal que trabaja allí como al diseño institucional y a los protocolos de trabajo, están haciendo todo lo posible para minimizar la intervención humana, garantizar la protección de los datos personales y que las únicas personas que tienen acceso al contenido de las interceptaciones son los beneficiarios legales de una orden de vigilancia emitida por el Poder Judicial”.

Pero, advirtió el relator, todas las fuerzas de seguridad de la Argentina, así como los organismos de asistencia (por ejemplo, DAJuDeCO), deberían invertir un esfuerzo serio para aumentar su transparencia y debería crearse un organismo de control específico, más allá de la Comisión Bicameral de inteligencia del Poder Legislativo

“Considero que el sistema de vigilancia de la Argentina también tiene varias vulnerabilidades inherentes que se derivan de: a) el uso excesivo de las interceptaciones, tratadas como una medida ordinaria de investigación para todos los tipos de delitos y no como el último recurso para los delitos graves; b) la debilidad de los controles en la cadena de custodia sobre el acceso al contenido de las interceptaciones, y c) la falta de un control independiente sobre el uso de las interceptaciones”. (Declaración a los medios de comunicación del Relator Especial sobre el derecho a la privacidad, al concluir su visita oficial a la Argentina del 6 al 17 de mayo de 2019).

El trabajo del experto explica lo que pasa. Hay leyes. Hay controles pero las escuchas se filtran. Paradójicamente, hasta el momento ningún miembro de la Justicia habló públicamente sobre la situación de gravedad institucional que nos rodea por estos días. No podemos salir de la incógnita hasta que el Estado hable claramente a través de sus funcionarios.

Por ahora sabemos que hay escuchas. No sabemos con claridad si efectivamente conservan la legalidad con la que nacieron cuando fueron ordenadas o si en algún momento debieron ser destruidas. Lo que sí conocemos con certeza es que el Estado interviene teléfonos para escuchar a una persona, que bajo esa circunstancia escucha a muchas y que archiva esas charlas.

El derecho a la intimidad está en terapia intensiva.

 

La justicia en campaña

Se acercan los días decisivos de la campaña electoral. La justicia es arena de disputas cada vez más agudas. Las escuchas de la “Operación Puf”, el juicio por la obra pública y el perito tuitero “anti K”, la citación del Consejo de la Magistratura al juez Alejo Ramos Padilla, el uso del expediente real o ficticio para afectar la imagen de las personas, los contactos entre los teléfonos de Patricia Bullrich y Marcelo D’Alessio, el arrepentido de arrepentirse Manuel Vázquez que llevó tranquilidad al primo presidencial Ángelo Calcaterra.

Son muchos expedientes atravesados por un mismo vector: la sensación de que hay algo más que lo que conocemos públicamente. No interesa si existe ese algo más. Ya con el hecho de que solamente esa sensación exista es un síntoma muy complejo para medir la calidad de nuestra democracia.

Muchos ciudadanos sentimos que por debajo de lo que vemos existen choques de intereses invisibles para la gran mayoría. En consecuencia, reflexionamos, intervenimos y decidimos en base a información parcial pese a que la democracia debería distinguirse por la claridad de sus movimientos.

El affaire de las escuchas de la “Operación Puf” es elocuente, puesto que ninguna autoridad explicó con claridad cuál es su origen. El cuadrado que forman el juzgado de Lomas de Zamora, la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) de la presidencia, la oficina de escuchas de la Corte Suprema y el juzgado de Comodoro Py parece no tener salida y permanece la sospecha de que debajo de lo que conocemos existen luchas duras.

Esa sospecha se extiende, inevitablemente, a gran parte de la producción judicial y, en consecuencia, se proyecta sobre resoluciones y sentencias que recaen o van a recaer en juicios muy sensibles para una sociedad que reclama saber si hay culpables o inocentes y “saber de qué se trata”.

Otro caso paradigmático viene de la mano de la citación a dar explicaciones del juez de Dolores Alejo Ramos Padilla. El Consejo de la Magistratura tiene en su poder numerosas presentaciones que reclaman una inspección sobre el comportamiento de algunos jueces. Escoge sacudir su modorra con quien tiene en sus manos una investigación de múltiples dimensiones y consecuencias imposibles de prever.

Es cierto que todos los funcionarios deben brindar explicaciones, pero es llamativa la selectividad de un cuerpo que se caracteriza por sus tenues movimientos para cubrir vacantes y más tenues aún para analizar algunos casos emblemáticos de Comodoro Py.

Si hacemos el ejercicio de alejarnos unos momentos de la contingencia para retrotraernos unos meses hacia atrás, vemos que las tensiones políticas se agudizan, que se juegan bajo los solemnes modos judiciales y que rebotan en los medios de comunicación bajo la modalidad de verdades parciales. Asistimos a batallas simbólicas demasiado virulentas y sospechadas que se despliegan lejos de la luz pública, pero dentro de expedientes judiciales.

De este modo, la política se reduce a un juego de procedimientos. La Justicia se convierte en árbitro de un juego en el que no debería intervenir y la vida democrática flota sobre la sensación de que lo verdadero es invisible a los ojos.

 

 

Publicado en dos entregas sucesivas del blog Dos Justicias.
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1 comentario
  1. Luis Juan dice

    Estimada Catalina:
    Como digresión a su artículo me permito referir algunos conceptos del mexicano García Jiménez:
    “En realidad uno de los aspectos novedosos de éste tipo de sociedades que evoluciona a la par del desarrollo tecnológico será la combinación de su mayor intensidad y sistematización de las tecnologías, donde fundamentalmente la vigilancia será la estrategia que reemplace progresivamente a la coerción física como un medio para mantener el “orden” y la armonía de los individuos, buscando coordinar las diversas actividades de los grandes sectores de la población.”
    “Este salto evolutivo de las formas de control social fue estudiado y descrito magistralmente por Michel Foucault en su libro de “Vigilar y Castigar” (1980).”
    “Lo sorprendente del modelo de control social que descubrió Foucault, es que comenzó siendo una trágica historia de pérdida de libertad e intimidad, donde hoy es aceptado voluntaria y gustosamente por los sujetos. Se trata de una forma “suave” de persuadir y de hacer que se acepte esta invasión a la intimidad, ayudando a controlar y disciplinar las conciencias de los individuos y de los grupos.”
    “En esta sociedad de la vigilancia propuesta por M. Foucault podría llamarse también sociedad panóptica. Esta se caracteriza por reproducir la estructura y funcionamiento del poder económico, político, social y cultural. La sociedad panóptica es un símil de una prisión ideada que el arquitecto J. Bentham y que retoma Foucault en su esbozo social, donde la prisión tiene como finalidad maximizar la eficacia y minimizar la economía del sistema carcelario con el propósito de domesticar las almas.”
    “Según M. Foucault, «el panóptico (…) debe ser comprendido como un modelo generalizable de comportamiento; una manera de definir las relaciones de poder en la vida cotidiana de los hombres (Foucault, Vigilar y Castigar: 1980).”
    “En la arquitectura del panóptico, la mirada (su ausencia o presencia) es poder, en eso reside el secreto de su éxito.”
    “El panóptico, según Foucault, es “una construcción … [de celdas y espacios] donde cada prisionero es perfectamente individualizado y constantemente visible [a los ojos de quien observa], mientras que, desde la celda, el reo no puede observar quien lo observa si es que lo observa alguien” (Foucault, Vigilar y Castigar: 1980).”
    “De esta manera, el individuo que forma parte de la estructura panóptica se sabe en un estado de permanente vigilancia y eso garantiza su pasividad y control de sus movimientos. En el panóptico la inspección (desde la posición del poder, o sea de quien vigila) funciona sin cesar. La mirada está por doquier, aún sin estarlo realmente, ya que el diseño del dispositivo induce a aquel que está dentro de él a “un estado consciente y permanente de visibilidad”. Poco importa quien es el sujeto o el objeto de esa mirada, la garantía de su posible existencia alcanza para poner en marcha el engranaje de la relación dominante-dominado.”
    “En las sociedades actuales donde la multiplicación y complejización de las relaciones interindividuales puede atentar contra el normal desarrollo y convivencia de los individuos ubicados en el sistema, es importante garantizar el orden social, es ahí que el esquema de poder disciplinario propuesto por el panóptico cobra importancia, debido a sus mecanismos de observación que son capaces de penetrar en el comportamiento de los hombres determinando sus tareas y sus conductas, asegurando con ello orden y adhesión social.”
    “No es de extrañar, entonces, que sea la sociedad moderna, más precisamente la sociedad capitalista, el reflejo del esquema panóptico ya que esta exige el máximo rendimiento al menor costo posible.”
    “Desde una óptica marxista, si se dan cambios en la infraestructura económica (modo de producción, fuerzas productivas, etc.) estos cambios determinan también transformaciones en la superestructura social, y es en esta fase donde se exige una sociedad disciplinada y específica para evitar la desintegración social, al respecto Foucault señala: “nuestra sociedad no es la del espectáculo, sino la de la vigilancia; bajo la superficie de imágenes, se llega a los cuerpos en profundidad (…) se persigue el adiestramiento minucioso y concreto de las fuerzas útiles (…) estamos en la máquina panóptica, dominados por sus efectos de poder, que busca prolongar en nosotros mismos, ya que somos uno de sus engranajes” (Foucault, Vigilar y Castigar: 1980).”
    “La mirada panóptica cuenta con numerosos aliados que garantizan su eficacia. Los ojos que vigilan se han multiplicado, para ello los medios de comunicación, las telecomunicaciones y la computación han contribuido a afirmar esa fuerza de homogeneización que envuelve a los individuos en las sociedades contemporáneas.”
    “En ese sentido, el poder panóptico asegura la docilidad y la utilidad de todos los elementos del sistema capitalista, pero sobre todo el más importante, el proletario.”
    “En los espacios cerrados (casa, escuela, fábrica, sindicato, iglesias, hospital, cárcel, universidades) el individuo es vigilado en todo momento y desde todos los ángulos posibles, el sujeto está inserto en un lugar fijo de la estructura social productiva y ante el menor de los movimientos se halla vigilado, controlado y registrado. En este BIG BROTHER, el control del (los) individuo (s) se muestra y mantiene permanente.”
    “Una sociedad de vigilancia puede ser definida como una sociedad del orden y como tal de progreso (ya que sólo en el orden es posible el progreso, reza el positivismo), pero de un progreso que, sin embargo, parece no haber traído grandes ventajas y beneficios para los individuos, sino, sólo para los dueños de los ojos vigilantes.”
    “Asimismo dentro de una sociedad de vigilancia la burocracia es la cara visible del poder. Poder que no es detentado por nadie, poder que asegura su presencia a través de redes por donde circula información de los individuos y que mantiene en alerta al sistema ante alguna señal de sentimiento, emoción o pensamiento propio.”
    “Este sistema reviste una importancia capital, ya que el esquema de vigilancia permite un pleno control y conocimiento de los individuos que deben ser deshumanizados. El poder se nutre de esa información diseminada en la “Gran Red”, ya que mediante ella puede perpetuarse y afianzarse apoyándose en las máquinas (computadoras), cámaras de video y monitores.”
    “Para M. Foucault, el individuo forma parte del engranaje del poder, quien lo afianza con su presencia y labor. En palabras de Foucault: “el poder marca, caracteriza y tipifica al individuo dentro del sistema, determinando quien es normal y quien no lo es y de acuerdo con ello, establece pautas de conducta general a seguir”.”
    “En este sentido se cumple la predicción foucaultiana de que el poder panóptico automatiza (a los empleados como trabajadores autómatas que esperan a que la mirada de mando desaparezca para evadirse por un instante, consumiendo imágenes que el poder -los medios- proveen) e individualiza; el poder es siempre visible en sus efectos (la burocracia, los grandes edificios, la televisión, el radio, el jefe, el capataz, el policía, el soldado, el juez, etc.) pero nunca verificable concretamente, en tanto no hay una persona que lo ejerza, alguien que se responsabiliza por ese aparato. En suma, es una mirada que no tiene dueño.”
    “En una sociedad panóptica, el poder basado en modalidades disciplinarias, la mirada impone una fuerza de homogeneización que garantiza su efectividad, borra las singularidades, paradójicamente multiplicándolas. El poder define la individualidad de las personas en tanto las clasifica, las jerarquiza, les otorga una utilidad, un lugar dentro del sistema, pero al mismo tiempo, les niega cualquier posibilidad de vivir esa singularidad que les concede.”
    “Por lo tanto, la organización reemplaza a los nombres por números (los prisioneros son un número, el contribuyente es un número, el alumno es un número, el ciudadano es un numero como el CURP), y a los rostros por máscaras (las cirugías estéticas deforman los rostros, los torturadores usan máscaras, los detenidos son encapuchados, las fuerzas de seguridad esconden su rostro dentro de un traje negro o gris).”
    “Esa fuerza homogeneizante se impone no sólo sobre las almas (a través de la imposibilidad de afirmar la singularidad), sino también sobre los cuerpos y mentes.”
    “De acuerdo con lo expuesto hasta el momento, a diferencia de un sistema tradicional (la sociedad del espectáculo), los términos de la eficacia de un sistema de poder se miden por su presencia y por su invisibilidad. De ahí su éxito.”
    “En la sociedad de la vigilancia los individuos sufren un cambio trascendental y se definen solo por su anomia, su ausencia, por su invisibilidad o, lo que es lo mismo, por su presencia ausente.”
    “El panoptismo “hace de modo que el ejercicio de poder no se agregue desde el exterior, como una coacción rígida o como un peso, sobre las funciones en las que influye, sino que esté en ellas lo bastante sutilmente presente para aumentar su eficacia aumentando al mismo tiempo sus propias presas” (Foucault, Vigilar y Castigar: 1980).”
    “El poder circula, decide, actúa, pero el individuo al que somete no es capaz de identificarlo concretamente. Su presencia es evidente en todos los niveles de la vida social, su profusión de redes lo convierte en una ausencia aparente y le otorgan un estatuto de inaccesibilidad que garantiza su eficacia y existencia.”
    “Concluimos que:
    • Los nuevos mecanismos de vigilancia de tipo panóptico tienden a difundirse cada vez más y a medida que estos mecanismos se vuelven más sutiles, se tornan también más amplios, ejerciendo más control que antes, sin que las personas lo perciban y se molesten.
    • El panóptico es una forma de vida en la medida que las personas aceptan que el seguimiento es inevitable, sus hábitos cambian. El dominio privado se estrecha; parece irónico alarmarse porque ahora sea invadido, cuando en realidad habría que preocuparse por determinar cómo se redujo tanto.
    • Cuando el panóptico se convierte en característica de la vida en comunidad, la diferencia entre el espacio “público” y lo “privado” se hace difuso.
    • Uno puede decidir no recurrir a la utilización de tales tecnologías, evitando así que se le restrinja su libertad personal.
    • Pero, se corre el riesgo, a la vez, de perder otros tipos de libertades y oportunidades que esas nuevas tecnologías ponen a su disposición.
    • Al respecto, hay quienes afirman que, «hay pocas dudas de que dentro de una gama sorprendentemente amplia de actividades las personas eligen perder su intimidad por su seguridad».
    • Lo anterior definiría un “Pacto con el Diablo”: la intimidad que se intenta “proteger”, pero hace tiempo que está restringida.”
    García Jiménez, R.: El panoptismo: nuevas formas de control social, , en Contribuciones a las Ciencias Sociales, diciembre 2009, http://www.eumed.net/rev/cccss/06/rgj2.htm

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