La izquierda encontró a su Macri ideal

Aunque parezca sorprendente, este artículo apareció originalmente en el diario La Nación

 

Por el momento en que se dieron, las protestas de los metrodelegados tuvieron esta semana una dimensión más abarcadora de la habitual. Los cortes de servicio, los incidentes y los 16 detenidos no solo asomaron como los primeros movimientos de un conflicto sectorial cuyo desenlace se desconoce, sino también como señales de una dificultad más de fondo que podría acompañar al Gobierno durante todo el año: la presencia, en la calle, de dirigentes más radicalizados que los clásicos sindicales.

Puede haber sido un llamado de atención surgido a partir de condiciones reales y hasta simbólicas: la última corrida, la devaluación, la suposición de que ambas tendrán un impacto en el nivel de actividad o el consumo y el pedido de auxilio al Fondo Monetario Internacional son un escenario que parece soñado por agrupaciones de izquierda con ganas de crecer y manifestarse. Un caldo de sobreentendidos y profecías cumplidas que no atenuó el guiño oficial para discutir el aborto en el Congreso y que el martes, a propósito de la detención de Néstor Segovia, secretario adjunto de los metrodelegados,La Izquierda Diario compendió en la bajada de un texto: “Felipe Miguel, jefe de Gabinete de la ciudad de Buenos Aires, justificó la represión a los metrodelegados y confirmó que atacarán abiertamente el derecho a huelga. Como lo debe estar pidiendo el FMI”.

Varios partidos intentan que estos reclamos confluyan en un paro general. Durante la visita del jefe de Gabinete al Congreso, Nicolás del Cañodefinió el miércoles la propuesta como el fin de “la tregua”. Una alusión a la supuesta pasividad de la CGT . “Toda esta política no pasa sin represión”, dijo el diputado del PTS, que insistió en una huelga que expresara “toda la bronca que tiene este gobierno que gobierna para los ricos”. Algunos de estos postulados fueron expuestos el sábado, durante un encuentro en Neuquén al que convocó el Sutna, sindicato de los neumáticos, el único nacional en que la izquierda llegó a la conducción.

Para el Gobierno todo supone un dilema explosivo. Si reprime, como se hace en las democracias occidentales, no solo estará abonando las profecías, sino que se expondrá a incidentes más serios, como ocurrió en diciembre con la reforma previsional. Si decide no hacerlo, obtendrá el fastidio de una ciudad convertida en caos. No es una encrucijada nueva en Cambiemos. Hace dos años, con el microcentro paralizado por piquetes,Horacio Rodríguez Larreta intentó contener la impaciencia de Macri con este argumento: los mismos que piden el despeje de la calle serán los primeros en condenarlo ante el mínimo derramamiento de sangre. Nadie olvida en el Pro los incidentes por las dos hectáreas que Macri quiso utilizar en 2013 del Hospital Borda. El gobierno municipal hizo entonces un sondeo que lo sorprendió: una abrumadora mayoría de los porteños objetaba el modo en que había actuado la Policía Metropolitana.

Para los empresarios es también una pesadilla. La izquierda no solo supera ya el 10% de la base sindical en sus diferentes vertientes, sino que tiene una lógica muy distante de la del sindicalismo tradicional. La más visible es ética: salvo excepciones, no pesan sobre estas ramas denuncias de pedidos de sobornos. Y la más importante es estructural: en las corrientes más ideologizadas la premisa no es tanto la resolución de un problema como la persistencia en el conflicto y, con él, la demostración de fuerza.

Son peculiaridades de facción preexistentes a la llegada de Macri a la Casa Rosada. Hace varios años, en el Ministerio de Trabajo, que entonces conducía Carlos Tomada , fueron testigos de una negociación salarial que ya estaba pactada de antemano entre directivos de Metrovías, concesionaria del subte, y representantes de los metrodelegados . “Necesitamos que la audiencia sea larga”, dijeron los líderes gremiales, mientras un grupo de manifestantes esperaba abajo. La reunión, que incluyó un pedido de empanadas, se extendió casi cuatro horas y cerró en las condiciones que se habían acordado antes de entrar.

En el caso de los metrodelegados, el protagonismo incluye además una paradoja doctrinal: empezaron a forjarse en 1994, con la privatización del subte, después de un plan de retiros voluntarios y cuando Metrovías advirtió que debía incorporar empleados jóvenes, sin las ineficiencias de los anteriores. Allí nació una dirigencia que incluye varios graduados universitarios. Por ejemplo, César Palacio, conductor de la línea A, uno de los abogados que asesoran a la agrupación. O Manuel Compañez, también de la línea A, economista, docente de la UBA, que atiende una de las boleterías de Caballito. O Flavio Baigorria, licenciado en Historia, de la misma línea y también conductor.

Todo indica que, pese a todo, el Gobierno intentará mantener el orden. Hay un Macri más parecido a sí mismo desde la última corrida cambiaria. “No tengamos prejuicios, vamos a hacer lo que tengamos que hacer”, les dijo anteayer a sus funcionarios en la reunión de gabinete ampliado. Que haya empezado hablando de seguridad es toda una señal: habían pasado solo 48 horas del día de furia en el subte. “La gente nos está apoyando, pero no podemos cometer el mínimo error”, se oyó durante esta semana en la cartera que encabeza Patricia Bullrich. Al día siguiente de la detención de los metrodelegados, ese ministerio publicó en el Boletín Oficial una resolución que ofrece una recompensa de un millón de pesos para quien aporte datos de Sebastián Rodrigo Romero, el militante que se hizo famoso por dispararles a los policías con un mortero en los incidentes de diciembre.

Romero, que sigue prófugo, pertenece al Partido Socialista de Trabajadores Unificados (PSTU), que en su página web tiene publicadas adhesiones internacionales al manifestante. “Expresamos nuestra profunda admiración y respeto a quienes resisten el embate de la tiranía del capital al otro lado de los Andes. Vaya a ellos nuestra solidaridad de clase, pues así como el capitalismo extiende sus tentáculos en la lógica globalizadora, no deben existir fronteras para la causa de los trabajadores”, escribieron desde el sindicato La Reina, de Chile. “Viva la resistencia obrera internacional”, agregó la agrupación Académicos Precarizados y Organizados de México. “Exigimos el cese de la persecución a los luchadores argentinos, entre ellos, Sebastián Romero, por el derecho a una jubilación digna y contra los recortes a las pensiones, el derecho a la protesta y el derecho legítimo de la autodefensa, ante la violencia policial y desproporcionada del gobierno represor de Mauricio Macri”, envió la Corriente Unidad Estudiantil del Partido Socialista de los Trabajadores de Colombia.

Si la economía se enfría, y con la CGT deshilachada, lo más probable es que la discusión vuelva a estar allí donde la izquierda se siente más cómoda: en la calle. El Gobierno intentará transitarla como le gusta a Macri, con la convicción de que la sociedad se exaspera con los cortes. Será un año arduo: también rechaza los ajustes.

4 Comentarios
  1. Marta Lacour dice

    Ricardo:

    Sobre la base del acuerdo en gran medida con lo que Ud. expresa, le escribo como correntina viviendo en la cabeza de Goliat, como definiera Martínez Estrada a la capital de la Argentina. Sin duda la porteñidad, en los términos en que Ud. hace referencia a ella, es un componente negativo cuando se erige como parámetro y patrón de la “sociedad”. Por otra parte, el concepto de patria es siempre discutible. ¿Quiénes conforman la “patria”? ¿Cuáles son sus confines? Mi viejo, que pudo volver a su pueblo después de veinte años de vivir aquí y luego en Misiones, no se cansa de decir que su única “patria” es Corrientes, y a mí se me arruga el corazón cuando me siento lejos… ¿de quién o de qué? De mis viejos, claro. Pero además, de una noción de lo que pudo haber sido si no nos hubiéramos visto en el trance de migrar. Prolongada diáspora sufre el correntinaje en busca de mejores posibilidades, saliendo de una provincia expulsiva de sus hijos, sin trabajo, con miseria, con mortalidad infantil altísima… llenando las villas de la capital y del conurbano con los expulsados de la tierra… ¿De quién es la responsabilidad? Estimo que la clase propietaria correntina no es ajena a este proceso…

    Este largo prólogo para decirle, con total respeto, que así como la porteñidad en su manifestación negativa deprecia la provincianía, conozco también la inversa. Y dentro de la provincia misma, conozco también a sus dueños y sé de su desprecio por los “abá” correntinos. Como la patria es también donde uno deposita sus amores, quería contarle que Buenos Aires está llena de “nosotros” (inclúyase a quien corresponda), y que yo también quisiera verla llena de piquetes, marchas y pueblo que dieran fin a lo que vivo como pesadilla: la entrega permanente al mejor postor.

    Le diría más, en lo personal, encuentro mi “patria” donde hay lucha. Abrazo provinciano y porteño.

    1. Ricardo Alberto Comeglio dice

      Marta: no hacemos más que coincidir. No me molesta su pensamiento porque es el mío también, pero me refiero a los significantes que se utilizan por los que ponen la voz a las opiniones del poder cuando señalan que “la sociedad” esto o “la sociedad” aquello y sólo se refieren a los que habitan en la Ciudad de Bs.As. La patria, tomando su definición, no sólo son los afectos y el terruño, sino, tal como alguien más importante que nosotros dijo no hace mucho, “la patria es el otro” y eso sólo determina que “la sociedad” no es quien habita la Ciudad de Bs.As., al menos no únicamente, sino que ese otro, somos todos y que si la lucha para defender la patria, que somos todos, se debe desarrollar en la Ciudad de Bs.As., porque así corresponde en virtud de que desde allí salen las decisiones, entonces la lucha se librará allí sin pensar en lo que le afecte eso a los que viven allí, que por algo viven allí, entonces los costos por vivir allí, son, entre otros, el tener que participar de esa lucha, sea como activista o en forma pasiva, pero como actores en todos los sentidos.
      No estoy en contra de la sociedad porteña, sino en creer que eso sólo es la sociedad o que esa parte de la sociedad de la patria sea la importante para tomar las decisiones.
      Y tampoco estoy en contra de la gente como ud. que vive allí, sino que les aviso que no nos interesa el que tengan que padecer los costos por vivir allí, ya que la patria está en peligro.
      Cuando la patria esté bien y todos seamos felices, la Capital será grande, con esplendor y vivir allí será un placer, pero si la patria está en peligro no es para nada lógico que un adulto pueda pensar que en la capital de dicha patria se pueda vivir tranquilo, pero sin embargo hay periodistas estúpidos que sí creen que tienen derecho a vivir tranquilos en la capital de un país hecho mierda.

      1. Marta Lacour dice

        En los años que llevo viviendo, y como testigo de la política argentina, como todos, no hubo nada más maravilloso de escuchar de la boca de un presidente que la frase “la patria es el otro”. Se podrán discutir muchas cosas, pero el sentido de esa expresión vuelto bandera es sin duda algo con lo que me identifico plenamente! Su contenido es absolutamente humanista.
        Abrazos

  2. Ricardo Alberto Comeglio dice

    Lo que no entiendo es por qué se asocia “sociedad” con la gente que vive en la Ciudad de Bs. As. Ya sé que en el interior no somos nada y que nos tienen de relleno en su definición de “patria”, pero al menos sepan que no nos interesa un corno los problemas que tenga la “sociedad” de la Capital del país, sino que nos interesa el país, algo absolutamente superior a la “sociedad” porteña.
    Por si no se han enterado, la batalla de Caseros aún no terminó.
    La vamos a concluir pronta y definitivamente, en democracia y culturalmente y no nos dará ninguna vergüenza el ver las calles de su “país-ciudad” llena de piquetes, marchas y pueblo.
    ¿O se creen que vivir en la capital del país es gratuito?
    El país está en peligro, no la Ciudad de Bs.As., que bien puede ser el escenario de la lucha popular, pero para nada es el país.

Dejá tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.