La máquina de ser feliz

Charly García se reencontró con su público y con el hit del verano

 

La avenida Corrientes 857 tuvo una nueva cita con Charly García. Pasadas las nueve de la noche del martes 28 comenzó la cuarta presentación que realizó el músico en el año. Más de 3.000 personas asistieron al Gran Rex, donde sonó una lista de veinticinco canciones que recorrieron la carrera del artista. En el intervalo estallaron los cánticos contra el Presidente de la Nación. El artista invitado fue el ex Serú Girán, David Lebón.

El telón se abrió y Charly, ubicado en el costado del escenario con un blazer de lentejuelas azules, entonó: “Este es mi lugar, aguante el aguante”. Las ovaciones no tardaron en llegar. Rosario Ortega situada en el centro fue la encargada de las voces. Detrás de ella se ubicaron el guitarrista Kiuge Hayashida, el baterista Toño Silva y el bajista Carlos González. Zorrito Von Quintiero, el inquieto tecladista y guía del orden de las canciones, ocupó el costado opuesto del escenario. Instituciones, Cerca de la revolución y No soy un extraño fueron los temas que siguieron. Entre canciones, un agite de Charly hizo reír a sus fans al grito de “¡Vamos que esto no es cumbia!” Al igual que en los últimos recitales, sonaron acordes del reciente álbum titulado Random. La máquina de ser feliz, Lluvia, Otro y Rivalidad fueron los elegidos para este encuentro. Mientras tanto, imágenes de las películas King Kong, Psicosis y Toro salvaje se mostraron en las pantallas del teatro.

“Un brindis por el Flaco Spinetta. La gente decía que nos odiábamos, pero al final entendieron, ¿no?” expuso y en un acto inconmensurable de amor comenzó a tocar Rezo por vos. Al finalizar, una lágrima de mercurio en las pantallas anunció el inicio de Fax u. Teletransportación. García no sería Charly sin Mercedes Sosa. El homenaje al son de Cuchillos fue para ella y logró el llanto en más de uno. Pero la fascinación de la noche llegó en el momento menos pensado. Charly invitó a su compañero de ruta a subir al escenario. Era David Lebón. «Estoy feliz de estar acá, aunque nos veamos poco, te amo siempre», dijo emocionado. Tocaron No llores por mí, Argentina y Peperina, canción que sorprendió porque hacía mucho tiempo que no la incluía en sus shows.

Durante los veinte minutos del intervalo, el público aprovechó para dejarle un mensaje al Presidente de la Nación. El hit del verano no pasó de moda y el Gran Rex se vino abajo. También sonó a cappella “unidad de los trabajadores y al que no le gusta, se jode, se jode” y “aborto legal, en el hospital”. Una lluvia de consignas fogonearon el entretiempo.

 

 

“Chau, gracias hasta la próxima”, dijo y se levantó sin ayuda del asiento. Pasan los gobiernos, pasan las modas. Mientras vemos las nuevas olas, Charly ya es parte del mar. Hace rato que ningún espectáculo musical es tan predecible y sorprendente a la vez como el de Charly García. ¿Será que nadie vivo puede ser tan moderno y tradicionalista a la vez? ¿Cómo se hace para revivir y renovarse, sin perder la esencia? Sabemos que su creatividad no se puede clonar. Quizás la máquina de ser feliz pueda.

 

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