La marca del mundo moderno

Una duplicidad inaceptable del gobierno ante el FMI y la oposición política

 

 

                                                “La marca del mundo moderno es, como nos enseña la historia argentina, que los                                                             inocentes son ejecutados por los aparatos y las organizaciones estatales y que los                                                         grandes criminales son los jefes políticos y sus sirvientes” .    
                     Ricardo Piglia (“Los casos del comisario Croce”, 2018)

 

“Los jefes políticos”

Mauricio Macrì declaró el jueves 29 de agosto que es su responsabilidad “liderar el país” y que, con “59 días hacia delante hasta las elecciones, que transcurra (ese período) de la mejor manera es mi responsabilidad como Presidente”.

Luego dijo querer “hablar acerca de lo que pasó [“pasaron cosas” suele decir en estos casos] hace poco más de dos semanas”, en referencia a los resultados de las elecciones (PASO) y su presunto impacto sobre la economía. Y señaló que “se ha generado una incertidumbre política que ha tenido consecuencias económicas”. [Como consecuencia de] “Unas PASO mal diseñadas, que fueron la encuesta más cara de todas y que han desencadenado una crisis como la que estamos teniendo”.

Por fin, MM dijo haber asumido “la responsabilidad de liderar este país hasta que logre la calma”… y que “nos hicimos cargo del tema de la deuda [sic] para defender la estabilidad cambiaria en el corto, mediano y largo plazo. Vamos a trabajar como siempre lo hemos hecho, sin especular”.

 

“Sus sirvientes”

El gabinete económico que reemplazó al de Dujovne/FMI expuso un día antes que el Presidente (el miércoles 28) acerca del conjunto de medidas adoptadas para intentar reestructurar (“reperfilar”, es el nuevo argentinismo que acaban de sumar al de “desaparecido”) la deuda impagable del Estado argentino.

En este abordaje “literario” del drama que vivimos los argentinos —una vez más— sólo importa destacar aquí la “asimetría comunicacional” adoptada por este equipo para el tratamiento previo de la información hecha pública ese día. Esta asimetría fue informada por su líder Hernán Lacunza, con total desparpajo, en la propia conferencia de prensa.

La información confidencial brindada acerca de las decisiones a ser tomadas fue distinta en el caso de los «técnicos» del FMI y en el de los representantes de la oposición política. Fue anticipada en detalle al FMI (sin admitir modificaciones, eso sí, señaló Lacunza), pero no se hizo lo mismo con los dirigentes de la oposición para evitar un eventual uso indebido, dada sus características ( de información con la que “se pueden hacer negocios»).

Visible doblez (doble standard, en lengua gringa) de la conducta oficial, que no pareció ser advertida para las decenas de periodistas presentes (todos mudos, al respecto).

Esta inaceptable duplicidad resulta natural para quienes creen que el mercado y las fuerzas institucionales externas son todo y el propio Estado nacional y las dirigencias políticas locales, nada.

 

 

 

 

 

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