LA MENTE UNIVERSAL DE BILL EVANS

La música que escuché mientras escribía

 

Desde que comenzó la navegación del Cohete,  hace ya cuatro años, varias veces hablamos de Bill Evans. Presentamos sus extraordinarias versiones acompañando a Tony Bennett, que produjo el cantante en la década de 1970 con su propia compañía grabadora, cuando la beatlemanía reinante lo relegó de los catálogos de las grandes discográficas, porque no se plegó a la moda e insistió en seguir haciendo lo suyo. Esta debe ser la tercera o cuarta vez que publicamos el video que ambos hicieron presentando el segundo de esos trabajos, Together Again. El esquema es tan simple como perfecto: comienza Evans con el tema, luego canta Tony Bennett y terminan juntos o cierra el piano.

 

 

 

 

Pero sería absurdo considerar a Bill Evans como el acompañante de Tony Bennett. Cuando grabaron esos dúos extraordinarios, el pianista llevaba tres lustros en la primera línea de los músicos de Estados Unidos. a partir de su participación en el disco más vendido de la historia del jazz, Kind of Blue, de 1959, como parte del quinteto del trompetista Miles Davis, con John Coltrane en el saxo. Evans reemplazó en el piano a Red Garland, luego de vencer algunas resistencias, por ser el primer blanco en el sexteto, que completaban el robusto Cannonball Adderley, Paul Chambers y Jimmy Cobb.

 

 

 

Evans. Miles, Adderley y Coltrane en el estudio.

 

 

 

Entonces tenía 30 años. Miles le dedicó uno de sus temas, Nardis, título irónico que remeda el habla cerrada de Evans, quien intentaba decir «Soy un artista», o sea I’m an artist = Nardis, que aquí toca acompañado por el bajo de Eddie Gómez.

 

 

 

 

Grabó una versión muy distinta dos décadas después con Phily Joe Jones en la batería y Marc Johnson en el bajo.

 

 

 

 

Casi al mismo tiempo de Kind of Blue grabó con otros dos fantásticos músicos, el trompetista Art Farmer, y el saxofonista Benny Golson.

 

 

 

 

Al año siguiente, lanzó otro álbum que hizo historia, Portrait In Jazz, con el bajista Scott LaFaro y el baterista Paul Motian, que fijó para siempre el canon para un trío de jazz. No me acuerdo si alguna vez te conté que ese disco era la música de fondo que se oía siempre en casa de María Elena Walsh, que amaba a Bill Evans.

 

 

 

 

Nacido en New Jersey, se formó musicalmente en Louisiana. Al principio, a la sombra de su hermano mayor, Harry, luego por sí mismo, con estudios rigurosos de música clásica. Un músico y presentador popular de la televisión estadounidense, Steve Allen, le dedicó un programa, en el que los hermanos Evans dialogan sobre el proceso creativo, y Bill lo ejemplifica al piano. Es imperdible.

 

 

 

 

Allí se lo ve peinado a la gomina, de traje gris y corbata, aunque si te fijás bien, ya se pueden intuir en su dentadura los primeros efectos de la cocaína. Todo sería peor más adelante, cuando pasó a la morfina y la heroína, lo cual lo ayudó a vivir apenas 51 años. También liberó su cabellera, se dejó una barba espesa, puso color a sus sacos, sobre los que dejó caer las solapas enormes de sus camisas. Pero en cualquier configuración, se concentró siempre en la música, con una atención y una intensidad notables.

 

 

 

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