La Mentira del Déficit Cero

Sölo la hechiceria comunicacional ha podido convertir el peor fracaso en el espejismo de un éxito

 

Muy pocos días atrás el ex presidente del principal bloque de oposición en el Senado, quién súbitamente cambió de bando y pasó al oficialismo, afirmaba: “Ningún país del mundo medianamente razonable trabaja sin equilibrio fiscal” (https://www.perfil.com/noticias/politica/miguel-angel-pichetto-dijo-ningun-pais-del-mundo-medianamente-razonable-trabaja-sin-equilibro-fiscal.phtml). Cambiemos (ahora Juntos por el Cambio) parece justificar las penurias materiales que padece la mayoría de la población en la idea de que es el costo a pagar por atender desequilibrios que una vez normalizados permitirán un crecimiento sostenible. No es real: la caída de los salarios y del consumo, la falta de inversiones, la caída de la producción, la falta de inversiones, la pérdida de empleos y el crecimiento de la pobreza y la desigualdad están acompañados, además, de un indiscutible deterioro de las cuentas públicas.

El laboratorio comunicacional de la administración Macri parece haber conseguido colocar en la agenda pública que el gobierno ha alcanzado ese equilibrio en las cuentas fiscales que menciona el tránsfuga. A continuación intentaremos dejar claro que esto está completamente alejado de la realidad. No solo no es cero el déficit fiscal, sino que Cambiemos es responsable de la peor gestión de las finanzas públicas de los últimos 25 años. ¿Por qué ha prosperado entonces este acto de hechicería? La verdad es que bajo un riguroso prisma de teoría política, uno no podría culpar a un conjunto de políticos de mentir o de seccionar una parte de la realidad y de disfrazarla. Si la mentira –nos guste o no– es inherente a la política, que esta falacia del déficit cero haya prosperado es principalmente responsabilidad de aquellos que deberían haberla desnudado y no tanto de los que la diseñaron y utilizaron políticamente. Lo anterior, sin embargo, no responde del todo al interrogante planteado. La hipótesis del autor: los interlocutores económicos del oficialismo han conseguido edificar en los vericuetos y tecnicismos de las finanzas públicas, un espejismo. Tratemos entonces de traducir en un lenguaje simple estos tecnicismos y ulteriormente exponer la trampa.

La diferencia entre los ingresos y gastos del sector público se refleja en la llamada cuenta ahorro-inversión-financiamiento, que tiene por propósito ordenar las cuentas públicas de modo de permitir su análisis económico. Surge de relacionar la clasificación económica de los recursos públicos con la clasificación económica de los gastos públicos, permitiendo determinar diferentes resultados: resultado económico, resultado financiero, resultado primario.

En el cuadro de abajo pueden observarse la evolución de estas tres cuentas (resultados) desde el año 1995 hasta 2018. En azul el económico, en verde el financiero y en rojo el primario. La línea horizontal en cero marca el equilibrio.

 

 Cuenta Ahorro-Inversión-Financiamiento

 

Fuente: ASAP, Observatorio Presupuestario (INDEC, Secretaría de Hacienda)

 

El resultado económico refiere a la diferencia de los ingresos y gastos corrientes, es decir aquellos producidos con habitualidad y que solo son necesarios para financiar el normal funcionamiento gubernamental, excluyendo así las inversiones que implican adiciones al patrimonio público (como proyectos de construcción de rutas, escuelas y hospitales) o los ingresos extraordinarios que pudiera provenir, por ejemplo, de privatizaciones como en los ’90 o de la venta de terrenos, edificios y otros activos como ha hecho el actual gobierno. La importancia en el equilibrio del “resultado económico” es tal, que la ciencia de las finanzas ha denominado “regla de oro” a su cumplimiento e incluso países como Alemania en algún momento la incorporaron a su Constitución como mandato.

El resultado financiero (o resultado total) incluye todos los gastos del Estado: los económicos, los de capital y los de intereses. De esta manera veremos que el mentado gasto primario surge de restar al resultado financiero la cuenta de gastos de intereses. Hay que reconocer que la nomenclatura internacional de las finanzas públicas no es de lo más clara y así la aprovecha el actual gobierno para confundir. Pues el denominado déficit financiero no solo involucra el déficit por pago de intereses, sino también incluye al primario. Es decir que, a pesar de su denominación, no solo incluye gastos estrictamente financieros.

Pasando en limpio: el déficit (o superávit) financiero es el resultado total de las cuentas públicas y el resultado económico el del “día a día”. Y son las variables principales que observan los acreedores o potenciales acreedores a la hora de evaluar la salud de la finanzas públicas. En el cuadro queda claro por qué la Argentina en 2018 entró en virtual default y debió recurrir al FMI y queda también claro que no fue por “falta de credibilidad”, “mala cosecha” o “efecto Cristina”. Fue simplemente porque el endeudamiento externo exponencial que generó la administración Macri llevó la deuda de intereses a un nivel tal, que deterioró completamente el total de las cuentas públicas (línea verde).

Volvamos al gráfico. ¿En qué otro momento podemos observar un deterioro de esta magnitud de la cuentas públicas? Del orden de los 6 puntos del PBI como en 2016-2018 en ninguno, pero el antecedente más próximo son los poco más de 4 puntos de fines del año 2001. Mejor no sacar conclusiones.

En materia de matemática financiera no hay izquierdas y derechas. No hay demasiado encuadre político, ético o moral que pueda afectar el resultado de una suma o de una resta. Por caso, José Luis Espert evalúa la performance fiscal de Cambiemos de la siguiente forma: “En materia fiscal genera más déficit que Cristina. En realidad, diverge, no converge algo razonable. Así que, el ajuste gradual es en tarifas, en lo que es la inflación, pero no así en la parte fiscal” (https://tn.com.ar/economia/espert-macri-va-tener-su-veranito-economico-pero-ojala-que-cambie_799027). En el mismo sentido, unos meses atrás el ex ministro de Economía Axel Kicilloff sostenía: “Para hablar de déficit, empecemos por los hechos. En sus casi tres años de Gobierno, Macri hizo crecer notoriamente el rojo fiscal” (https://www.infobae.com/opinion/2018/09/09/el-verso-tramposo-del-deficit-cero/).

Así las cosas, es indiscutible que la performance fiscal de la gestión del actual gobierno es cuantitativamente peor que la que Macri encontró al asumir, en diciembre de 2015. Pero es, además, cualitativamente peor. ¿Por qué? El déficit primario –algo más elevado en el gobierno de CFK– estaba compuesto casi exclusivamente por pesos que se debían a empleados públicos, jubilados y proveedores. En cambio, el déficit por intereses está compuesto mayoritariamente por dólares y euros que se deben a acreedores externos multilaterales y privados sobre los cuales rigen “contratos” en tribunales externos o internacionales. Nótese además que el grueso de la recaudación fiscal está compuesta por pesos. Es decir, que cualquier devaluación de nuestra moneda – a la que desgraciadamente ya estamos acostumbrados – aumenta casi en la misma proporción el esfuerzo en pesos que hay que hacer para pagar esas deudas en dólares, retroalimentando negativamente el resultado de las cuentas fiscales. Y por supuesto, en lo que a independencia económica y soberanía política se refiere, no es lo mismo deberle pesos a empleados públicos y proveedores locales que dólares a fondos de inversión radicados en guaridas fiscales (con contratos expuestos a juzgados neoyorkinos) o a organismos multilaterales de crédito.

Con no poco dolor para aquellos que valoramos una apreciación técnica y científica de los problemas, esta situación no puede menos que causar irritación. Que el ilusionismo comunicacional de Cambiamos haya conseguido con relativo éxito no solo neutralizar los efectos políticos de un fracaso económico, sino –increíblemente– convertirlos en una suerte de logro, resulta inadmisible.

 

 

 

* Licenciado En Economía. Profesor de Historia del Pensamiento Económico. Socio de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera (ASAP)

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