La muerte del campesino Corvalán

"La ley no está conmigo", les había dicho a quienes fueron a sacarlo de su casa

 

«Amigos y amigas muy queridas, les comunico una triste noticia: hace unos instantes ha fallecido el campesino de Suncho Pampa, Héctor Reyes Corvalán, el que había sufrido la violencia en una orden de desalojo». De esta manera el cura Sergio Lamberti comunicó el lunes 22 lo ocurrido en el hospital de Tucumán. Corvalán estuvo internado durante poco más de una semana entre la vida y la muerte. «Una plegaria por él que ya descansa en paz, seguramente desde el cielo nos ayudará a lograr la justicia largamente esperada. Una plegaria por su esposa María Rosa y por todos sus hermanos y sus hijos, unidos a todos los campesinos».

Durante el día también hubo una pronunciación del MOCASE. El movimiento de campesinos volvió a denunciar por estos sucesos a los vértices del triángulo que están impulsando los desalojos en distintos territorios. «Recordamos que la orden que dio lugar al desalojo y a los hechos que determinaron la muerte del compañero campesino fueron ordenados por la jueza María Cecilia Paskevicius del Juzgado Civil de Tercera Nominación y ejecutado por la Policía de la Comisaria de El Mojón con el Oficial Inspector José Francisco Corvalán, el Oficial Ayudante Leonel Moreno, Cabo primero Roberto Corvalán, División de Prevención de Nueva Esperanza, el Agente Roldan», un total de diez policías. También responsabilizaron al encargado de ejecutar la orden judicial, el Oficial de Justicia Luis Rodolfo Scillia, y al empresario Néstor Quesada que entró al territorio con dos camionetas y personas a su cargo, luego de años de hostigar a la familia con grupos de tareas a sueldo.

Corvalán permanecía internado desde el 12 de octubre cuando fuera violentamente desalojado de su tierra. «Luchó por su tierra, por su vida y su familia en estos últimos días con toda la fuerza que tenía», dijeron. «El compañero Héctor Corvalán con sus 56 años es otra víctima más junto a aquellos compañeros y compañeras que entregaron su vida en la lucha por la tierra en Santiago del Estero. Denunciamos y hacemos responsables al poder Judicial y a la Policía de la Provincia por el trágico desenlace».

Exigieron en ese sentido, una urgente detención de los responsables y que se suspendan las sentencias de desalojos que afecten familias campesina e indígenas de la Provincia.

Las últimas palabras con las que Corvalán defendió ese pedazo de tierra que sostenía la vida de cinco familias, circularon en un video.

—¡Este hombre hace lo quiere! —se llegó a oír en las imágenes. Y Corvalán hablaba de Quesada—: La ley no está conmigo. Ya llevo siete años así. Tanta amenaza.

—Usted está ocupando el lote dos —le dijo el oficial de Justicia.

—Ya llevo más de treinta años aquí y pago las boletas de este lote. Y la Cámara de Diputados lo ha declarado zona cultural, o lugar cultural. ¡Y de nada sirve!

De nada sirve, les dijo con el corazón en las manos cuando se escuchó el disparo que terminó conmoviendo a quienes todavía escuchan esos gritos en este país. Al disparo le siguieron las llamas. Y el cuerpo incendiado del campesino.

—Ellos utilizan a la gendarmería y a la policía para que hagan estragos con el campesino —decía pocos minutos antes—: nosotros no tenemos ley. Por mas que vengan los peritos y vean hace cuántos años está esto, ¡de nada me sirve! Ni me sirve a mí, ni a cualquier campesino.

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