La música y el agua

La música que escuché mientras escribía

 

En un momento, Quincy Jones dice que hay dos cosas sin las cuales no es posible vivir: el agua y la música. Se sabe, más de la mitad del cuerpo humano está hecho de agua. La prodigiosa revelación de Quincy es que la otra mitad está hecha de música. Obvio. ¿Cómo no nos dimos cuenta antes?

También dice que sólo conoce dos tipos de música: buena y mala. Por eso no tuvo inconvenientes para producir desde Count Basie hasta Michael Jackson.

El documental con su nombre que vi en Netflix es bello pero triste. A sus 88 años, Jones padece la soledad que tan bien describió Borges: es muy difícil ser un hombre casi sin contemporáneos. Sobre todo cuando sus amigos más próximos fueron Ray Charles, Frank Sinatra, Dinah Washington, Miles Davis, Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Michael Jackson, ausencias que lo atormentan.

Es en todo sentido un sobreviviente. Del Chicago miserable de la década de 1930, donde nació en un barrio privado como el de Maradona, de las pandillas, de la heroína, de la esquizofrenia de su madre, de la segregación racial contra la que luchó con enorme éxito, abriendo lugares que antes estaban vedados a quienes tuvieran la piel oscura.

Comenzó a sus 14 años, como trompetista en la gran orquesta de Lionel Hampton. Tenés que cliquear para verlo en YouTube. Al minuto empieza la toma del joven Quincy.

 

 

 

 

Pero lo que quería era componer y arreglar, y viajó a París para estudiar con Nadia Boulanger, la amiga de Stravinsky que también fue maestra de Gershwin, Leonard Bernstein y Piazzolla. Ella le dijo que desde hace siglos, toda la música se compone sobre doce notas. Era todavía un chiquilín cuando hizo los arreglos para un album de Dinah Washington, cuyo enorme éxito le permitió elegir qué cosas hacer.

 

 

 

 

 

Poco después produjo para Mercury un album de Sarah Vaughan. La versión de Misty con orquesta de cuerdas es una de las cosas que vale la pena escuchar si pensás en el amor.

 

 

 

Tanto Dinah Washington como Sarah Vaughan habían grabado dos álbumes maravillosos con Clifford Brown. Este es el homenaje que Quincy le rindió cuando a los 25 años se estroló con el auto en una carretera.

 

 

 

También consiguió que Frank Sinatra pareciera un cantante de jazz.

 

 

 

 

En 1991, luego de años recluido, Miles Davis volvió al escenario, a instancias de Quincy Jones. Lo hicieron en el festival suizo de Montreux, que QJ ama. Jones dirigió la orquesta, sobre los arreglos que tres décadas antes había hecho Gil Evans. Su hijo, Miles Evans, nada menos, estuvo en la línea de las trompetas. Esa última versión del Nacimiento del Cool fue el testamento de Davis, quien murió tres meses después.

 

 

 

 

Su mejor amigo fue Ray Charles, quien le dedicó este tema.

 

 

 

 

En una onda totalmente distinta, fue el productor de los devastadores éxitos de Michael Jackson, que por entonces era negro.

 

 

 

 

También compuso para cine y televisión, cosa que antes de él sólo estaba reservada a los blancos. Obtuvo un centenar de postulaciones para el premio Grammy y lo ganó 28 veces, sólo superado por el director de orquesta George Solti.

El documental también muestra su activismo por la igualdad racial y la difusión de la cultura afroamericana. Esto provocó una fuerte controversia, cuando el rapero Tupac Shakur le recriminó sus relaciones con mujeres blanca y su progenie mestiza. No una, ni dos, ni tres. Todas sus esposas conocidas, las madres de sus seis hijas y un hijo, sus flirts más ostensibles lo fueron.

 

 

Sus esposas Jeri Caldwell, Ulla Andersson y Peggy Lipton.

 

 

Sus amigovias Nastassia Kinsky y Kimberley Conrad.

 

 

Rashida Jones, una de sus hijas con Peggy Lipton, le respondió con una carta abierta furiosa en la que defendió a Quincy por abrirse paso a fuerza de talento y trabajo duro desde su humilde origen. «¿Dónde diablos estarías si negros como él no hubieran abierto el camino para que tuvieras la oportunidad de expresarte? No te veo luchando por la raza. En mi opinión la estás destruyendo y cagándote sobre tu gente».

 

 

 

 

El giro más asombroso se produjo cuando Tupac Shakur se cruzó en un club con Kidada Jones, la hermana de Rashida, se disculpó por lo que había dicho de su padre y la invitó a salir. Vivieron cuatro meses juntos hasta que un desconocido mató al rapero por la espalda.

—Fue el amor de mi vida— escribió Kidada.

 

Rashida, Kidada y Tupac Shakur.

 

 

Rashida pensó que nunca podría perdonar a quien atacara de ese modo a su familia. «Pero estaba equivocada», escribió cuando ya todos eran íntimos. Tupac también se disculpó con su suegro, y terminaron abrazados. Ella es la directora del documental.

Nadie entendió mejor que Quincy la dimensión de esa tragedia:

«Su prematura muerte es representativa de lo que sucede con demasiados jóvenes negros en este país. Si hubiéramos perdido a Oprah Winfrey a los 25, habría sido la pérdida de una poco conocida presentadora local de TV. Si Malcolm X sólo hubiera llegado a los 25, sólo hubiéramos perdido a un vivillo apodado Detroit Red. Y si yo hubiera dejado el mundo a los 25, hubiéramos perdido a un trompetista de jazz, aspirante a compositor, apenas una astilla de mi potencial de vida».

 

 

 

 

 

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