La necesaria sobrevida de HUMOR

Una muestra sobre la revista que hizo un poco menos infelices los años del horror

 

En los años más cruentos, oscuros y peligrosos de la Argentina la revista Humor se permitió la risa, la ironía, el sarcasmo para mostrar a su manera lo que todos sabían que estaba pasando, pero muy pocos se atrevían a reconocer. Una exposición, organizada por el Centro de Historieta y Humor Gráfico Argentinos, de la Biblioteca Nacional, pone en valor parte de los materiales publicados, todavía hoy de fuerte significado político y vigencia estética y periodística.

Desde junio de 1978 (fecha de su número inicial, con un Martínez de Hoz draculiano pero menottizado en tapa, por el inicio del mundial de fútbol en la Argentina) hasta la recuperación de la democracia, la revista creada y dirigida por Andrés Cascioli apareció –no sin sobresaltos, como intentos de censura, amenazas y violencias– en 119 ocasiones. A partir de la recuperación de la democracia publicó 447 ediciones hasta su adiós definitivo, ocurrido el 18 de octubre de 1999, seis días antes de las elecciones presidenciales que acercaron al poder a Fernando de la Rúa y con Duhalde y Ruckauf parodiados en tapa. Una digresión: durante sus dos presidencias la revista le dedicó a Carlos Menem y a tantos de los que llamaba los chupamenem centenares de dibujos, caricaturas y viñetas incendiarias. Sin embargo, el político de La Rioja siguió ganando elecciones e incluso fue testigo del entierro de la publicación. Como si fueran de amianto, muchos poderosos actores políticos son inmunes a las críticas más demoledoras. Esta apreciación coincide con un momento en que numerosos responsables de haber puesto al país en llamas en más de una ocasión vuelven al tapete como si no hubieran tenido responsabilidades.

Nada se pierde se titula la muestra con obras de 32 dibujantes (entre ellos cuatro mujeres: María Alcobre, Maitena, Petisuí y Patricia Breccia) que prueban lo que el curador José María Gutiérrez afirma en el catálogo: “Humor nunca fue una revista de chistes, aunque hizo reír y mucho. En tiempos del meme (forma del comentario que nos acostumbra al statu quo) es oportuno volver al humor gráfico que, por el contrario, lo cuestiona de distintas maneras”. Está la mano maestra, tozuda, valiente de Cascioli, pero también hay portadas memorables de Izquierdo Brown y Pérez D’Elías, así como otras muestras de consistente gracia conceptual de Tomás Sanz, Viuti, Sanzol, Trillo y Altuna, Fontanarrosa y Scafati. Mientras duró –21 años entre 1978 y 1999– fue un hermoso espacio y, como dicen los organizadores de la exposición, también fue “galería, refugio, trinchera, tribuna”. Alguna otra vez será el turno de los textos, porque esas sociedades entre redactor e ilustrador se integraron en una formidable usina de resistencia crítica.

En junio de 1982, cuando aún no se habían acallado los bombazos de Malvinas, Cascioli dibujó a un Costa Méndez sorprendiendo en una cama a Thatcher, Haig, Reagan, Pinochet y la Reina Isabel. En el número 94 el Tano retrata a Galtieri haciendo saltar las teclas de una máquina de escribir con la leyenda “Que best… seller”. En septiembre de 1982 el protagonista es un Martínez de Hoz-Nosferatu bebiendo de la cabeza de huevo del ministro Whebe: “Whebe frito, el FMI nos hizo tortilla”. Son apenas algunos de los brillantes jalones que la muestra exhibe y que, en su momento (y ahora también) hicieron un poco menos infelices a esos años de horror. Había que ser o muy loco o muy valiente para meterse con semejantes temas a los que muchos otros medios le decían ¡oleeee!

 

Mefistofélico de Hoz: bebiendo hasta la última gota (Cascioli, 1982).

 

El recordado Pedro Penizotto (Peni) dibuja a dos policías pegándole palazos a dos personas. “Este ya se me acabó –dice uno, y agrega: ¿No me prestás el tuyo un poquito?” Con el apodo de Lawry se publicó en enero de 1983: Viola duerme y sobre su cabeza ronda la clásica onomatopeya del sueño (la letra Z). Pero en el sueño interviene el diablo y las ZZ al darse vuelta se convierten en NN. Pertenece a Alfredo Grondona White el dibujo de un artista atormentado. Mirando al lector, dice: “Si me voy soy un cobarde; si me quedo un suicida. Y encima tengo que entregar cuatro páginas de humor el lunes”. Meiji, nacido Jorge Meijide, dibujante y médico, fue, junto a Ceo, el creador de La clínica del doctor Cureta, una serie de estampas que incluso se convirtieron en película y anticiparon en décadas en lo que se convertirían las prepagas. En la tira exhibida, la esposa de Cureta instaló un shopping en el hall de la clínica. “El pueblo en gratitud a los autores de la deuda externa”, apunta el dibujante Cilencio y, en la imagen, un gigantesco corte de manga de alguien a quien solo le quedan los brazos.

Cada tanto la Humor llegaba a los kioscos con tapas de una enorme audacia simbólica: militares que estrellaban un helado en la frente o que ni siquiera se podían mantener encima de una patineta o eran los pasajeros de un barco llamado Proceso que se iba a pique.

 

Bignone y la 97: la patineta del poder no es para todos (Cascioli, 1982).

 

Pero en otras ocasiones, les limitaban la circulación o directamente cancelaban su aparición, como ocurrió con el número 97. En la edición siguiente tres uniformados se tapaban oídos, ojos y boca con la leyenda “Y nos decían que no había más secuestros”. Junto a manifiestos rotundos de Fati (pelotas de fútbol intervenidas por cadáveres e imágenes de Videla y Massera), Fortín (el fresco titulado La evolución democrática, que arranca con la imagen de la República y su gorro frigio y termina con la de un gorila calzando una gorra militar), Rep (en las sutiles alegorías de El recepcionista de arriba) y figuras identificables de services violentos con anteojos oscuros en Picafeces, la crítica al sistema judicial de Grondona White.

 

Edición 98. Después del secuestro, Humor no se rinde (Izquierdo Brown-Cascioli).

 

 

Fue una proeza conseguir un ejemplar del número 97 (Eduardo Maicas).

 

Luego vendría la democracia. En 1984 Maicas, desafiante, traza a un militar que dice: “Jajajá. Sin nosotros están condenados a hacer chistes de náufragos”. En el cuadro siguiente el lápiz justiciero lo mete en una islita solitaria. En marzo de 1985 Daniel Paz escribe sobre un dibujo propio: “Vamos a sacar un libro que sirva de respuesta a ese panfleto, el Nunca más”, dice el cruzado. “¿Y cómo se va a llamar?”. “Se va a llamar Eso está por verse”. Gracias a las políticas de Memoria, Verdad y Justicia nada quedó sin verse. Los dibujos del mensuario cuyo slogan era “la revista que supera apenas la mediocridad general” (prueba de que también era muy capaz de reírse de sí misma) ayudan a evocar un pasado hasta hoy, en que retornan voces de tiempos lejanos dispuestas a convertirse en soldados de un ejército de negación.

La muestra se completa con más dibujos publicados en otras revistas de Ediciones de la Urraca. En el capítulo Humor y más allá se recuperan trabajos de Hurra, Superhumor, Sexhumor, El Péndulo y Humi. También se exhiben elementos de trabajo (lápices y plumines, tintas y témperas, rotring y pinceles, pasteles y Caran D’ache) que los dibujantes y familiares fueron dejando en manos del Centro de Historieta.

 

 

 

 

* La muestra podrá visitarse en la Biblioteca Nacional (Agüero 2502) hasta marzo de 2024, de martes a domingos de 14 a 20, con entrada libre y gratuita.

 

 

 

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