La noche del cardenal

Carlos Blaquier, la fascinación por lo sórdido y el revés en su intento de ser declarado incapaz

 

 

 

“Perito: –¿Quién es la señora Nelly Arrieta?

Respuesta de Blaquier: –Era mi esposa…

Consultado que fuera sobre su colección de cuadros, se le pregunta:

Perito: –¿Conoce estos nombres? –se le mencionan tres pintores–

Respuesta de Blaquier: –Usted hace muchas preguntas…”

Fragmento del expediente “BLAQUIER, Carlos Pedro Tadeo y otros s/ Privación Ilegítima de la Libertad

 

Hace tiempo que conozco uno de las obsesiones de Carlos Pedro Tadeo Blaquier: hacerse de cuadros del pintor holandés Stephen Robert Koekkoek (se pronuncia “cucuc”). Incluso hasta hoy. Todo lo que se mueva por el mercado de arte atribuido a este pintor es captado por sus esbirros de galerías, que se lo llevan para su goce.

Blaquier atesora una de las mayores colecciones de este pintor nacido en 1887 en Londres, hijo de una dinastía de 15 artistas flamencos, que se vino a la Argentina a principios del siglo XX y pululó en el mundo bohemio de conventillos y prostíbulos, generando un halo de misterio y malditismo que nunca se pudo sacar de encima. Con una breve internación en el Borda, donde llegó a creerse el mismísimo Napoleón, más tarde sumido en el alcohol y la locura, se suicidará en un hotel miserable de Valparaíso allá por 1934.

Por esto, ha sido considerado por los entendidos como «el Van Gogh del Río de La Plata», generando un mito entre los conocedores de arte local, que elevan la cotización de sus telas sobre un piso de 100.000 dólares, siempre que se verifique que no se trate de un falso Koekkoek, de los que hay muchos dando vueltas y se consiguen en Mercado Libre.

En 1973 se publicó un libro en el que el pintor Adolfo Maeder recogía sus vivencias sobre el pintor, titulado Resurrección de Koekkoek 1887-1934 (Ediciones Lesague). Pedro Blaquier fue mecenas y prologuista del mismo. Allí deja expuesta su obsesión con el pintor y su predilección por lo sórdido en la serie de “Las Procesiones” y “Cardenales” (el recuerdo de los Bischop –obispos– anglicanos), de la época más oscura de Koekkoek, donde se aprecia el estilo del último Goya, las figuras de cardenales cubiertos de capas rojas inmersos en la oscuridad y la antorcha que los sigue.

Como extraña coincidencia, las imágenes representan un mundo que se apaga de repente mientras las figuras espectrales se pasean en una escena como la que ocurrió en Jujuy la noche del 20 de julio de 1976, en el marco de cortes deliberados del suministro eléctrico en los que se desató el secuestro y represión a trabajadores, trabajadoras, activistas y militantes vinculados y vinculadas con los procesos de organización en el ingenio Ledesma.

Blaquier está acusado por este hecho junto a su ladero y capataz Alberto Enrique Lemos, como cómplice primario del delito de privación ilegítima de la libertad agravada en perjuicio de 23 personas, entre las que permanecen desaparecidas Tomás Córdoba, los hermanos Miguel Ángel y Horacio Garnica, Johnny Vargas Orozco, Salvador Cruz y Román Patricio Rivero.

El proceso contra Blaquier es a esta altura un símbolo de la impunidad de la responsabilidad civil-empresaria con la dictadura. Sobran las razones para que los organismos de derechos humanos lo exhiban como el típico ejemplo de complicidad judicial y burla hacia las víctimas: farragoso trasuntar del proceso, costosos abogados del empresario azucarero que han movido cielo y tierra para encontrar resquicios legales a fin de postergar y hacer caer el procesamiento.

La dilación de años en la Corte Suprema de Justicia, que tuvo parado el expediente en tratamiento del recurso extraordinario, se suma a las nuevas triquiñuelas para inventar un caso de demencia senil a partir de los dichos de defensores y peritos en base a informes que fueron efectuados –prácticamente– de manera virtual y sin mayor control, y que padecen ostensibles fallas metodológicas en su confección.

 

Usted hace muchas preguntas

Al menos eso es lo que entendió en la semana que pasó el titular de la Fiscalía 4 ante la Cámara Federal de Casación, Javier De Luca, quien solicitó anular la resolución del Tribunal Oral Federal de Jujuy que –por mayoría– dispuso la suspensión del juicio seguido contra Blaquier debido a su supuesta incapacidad mental sobreviniente.

En su dictamen, De Luca consideró arbitraria la decisión de desprocesar al empresario imputado ante lo que consideró una errónea valoración de los hechos y pruebas vinculados a los exámenes médicos y a la capacidad para estar en juicio efectuada por los camaristas. Vale la pena leer completo el dictamen del fiscal De Luca, pues allí queda expuesta la maniobra burda de la Justicia para que un símbolo de la complicidad civil y empresaria de la dictadura siga intocado.

En los argumentos de la apelación del fiscal de Jujuy, Federico Zurueta, junto al Comité para la Defensa de la Salud, la Ética Profesional y los Derechos Humanos (CODESEH), ya sostenían que no se le realizó una pericia oficial en base a parámetros objetivos por parte del Cuerpo Médico Forense que no fuera una mera interpretación valorativa de lo hecho por los peritos pagados por Blaquier, quien estaría simulando demencia. Eso se infiere en especial por negarse expresamente (al menos en dos oportunidades) a responder preguntas de los profesionales intervinientes.

Una de aquellas preguntas giraba en torno a tres pintores falsos y a su colección de arte. La respuesta de Blaquier fue: “Usted hace muchas preguntas…”.

Para el Ministerio Público Fiscal es llamativa aquella respuesta. Difícilmente pueda contestar de ese modo quien se encuentra senil y no comprende la pregunta. La respuesta sería claramente voluntaria y expondría la farsa.

 

Koekkoek. El juego Goyesco de luces y sombras. Colección Blaquier.

 

La noche de Pedro Blaquier

En concordancia con el dictamen de De Luca, este viernes a última hora se conoció la decisión de la Sala IV de Casación que hizo lugar por mayoría (el juez Guillermo Yacobucci votó en disidencia) a los recursos del Ministerio Público Fiscal y del CODESEDH. De este modo, Casación decidió anular la resolución del Tribunal Oral Federal jujeño y devolvió las actuaciones “a fin de que, previa realización de nuevos informes médicos con los parámetros señalados, dicte una nueva resolución”.

Al igual que en el dictamen del fiscal De Luca, los jueces Mariano Borinsky y Javier Carbajo determinaron que en la entrevista realizada por los especialistas del Cuerpo Médico Forense se valoraron los estudios médicos realizados previamente por la defensa de Blaquier, en octubre de 2021, en contraposición a lo que dispone la Acordada 47/09 de la Corte que establece necesario “contar con estudios e informes médicos actualizados e integrados del Cuerpo Médico Forense y de los peritos de parte que permitan determinar el verdadero estado de salud”.

Es la misma provincia, Jujuy. Pero a diferencia de Milagro Sala (presa hace años, postrada y con una custodia degradante a la espera de una decisión salomónica de la Corte), hoy el acaudalado Blaquier continúa encontrando resquicios para postergar el juicio en su contra. Mientras tanto puede gozar de las mieses de su fortuna y de su colección de pinturas más exquisitas, de las que no quiere acordarse.

Vuelvo a esa extraña superposición de la serie “Cardenales” de Koekkoek, que son de su propiedad, con aquellas imágenes de “La Noche del Apagón” y el recuerdo de la marcha de las antorchas que se hace año a año pidiendo Justicia. Por alguna razón, esa breve coincidencia me produce una sensación verdaderamente aterradora.

 

Koekkoek. Cardenal y procesiones. Oleo, colección Blaquier.

 

* Julián Axat es escritor y abogado.

 

 

 

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