LA NUEVA IZQUIERDA CHILENA

Compatibilizar la esperanza con la responsabilidad es el gran desafío para renovar la utopía

 

Enzo Traverso en Melancolía de Izquierda (FCE) señala que el siglo XXI nació marcado por un eclipse general de las utopías. Mientras que en el siglo XIX la Revolución Francesa había sentado la idea de que era posible una ruptura radical con el pasado —concepción que fue adoptada por los primeros marxistas—, fue luego la Revolución Rusa de octubre de 1917 la que estableció una nueva utopía que fue abrazada por la izquierda como un dogma religioso. El siglo XXI se abre tras el derrumbe de esa utopía cuando la izquierda descubrió “que las revoluciones habían engendrado monstruos totalitarios” (Traverso dixit).  Desde entonces la izquierda viene buscando denodadamente una nueva alternativa, que le permita hacer compatible el “principio de esperanza” de las primeras utopías, con el “principio de responsabilidad”, que le obliga a reconocer la complejidad de las sociedades modernas. Una complejidad descripta por Daniel Innerarity en Una teoría de la democracia compleja (Ed. Galaxia Gutenberg) como “la escasa docilidad de las sociedades a los imperativos de la planificación, su caprichosa imprevisibilidad y, en el peor de los casos, una sospechosa proclividad a organizarse por sí misma”. Dada la dificultad que entraña esta tarea, todavía es pronto para saber si el rotundo triunfo electoral de Gabriel Boric en Chile marca una nueva senda para la izquierda latinoamericana, pero hay que reconocer que su forma de construir poder para alcanzar esa mayoría electoral necesaria para gobernar ha sido inteligente y ejemplar. Su programa electoral y sus definiciones públicas marcan ciertas pautas que deberían servir para una renovación en las ideas tradicionales de la cultura de izquierda.

 

 

El programa de Boric

Gabriel Boric se presentó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Chile con un programa negociado en el último tramo de la campaña con los candidatos del Partido Progresista, Marco Enríquez-Ominami, y de la Democracia Cristiana, Yasna Provoste, que habían quedado eliminados en la primera vuelta. En este Acuerdo de implementación programática  se fija un programa de profundas reformas en materia educativa, de salud, previsional, medio ambiente y fiscal pero elaborando un cuidado itinerario de transición para evitar cimbronazos en la macroeconomía. Paralelamente, sigue sesionando la Asamblea Constituyente, encargada de redactar una nueva Constitución que permita renovar la tradicional estructura institucional. Según las últimas informaciones, la Asamblea estaría debatiendo la posibilidad de introducir nuevas instituciones propias del régimen parlamentario. La reforma constitucional fue producto de un pacto entre Boric y el senador de la derecha Juan Antonio Coloma, que permitió sortear la crisis política abierta por las protestas del año 2019 con un acuerdo que implicaba cambiar la Constitución de Pinochet vigente desde 1980. Estos antecedentes muestran a Boric como un líder resuelto, pero también flexible, para contar con los apoyos necesarios para llevar a cabo su ambicioso programa reformista.

Sin duda el mayor desafío que tiene por delante es la reforma del sistema privado de pensiones que fue instaurado durante la dictadura de Augusto Pinochet y que se basa en un plan de ahorro privado por el que los trabajadores están obligados a ingresar el 10% de su salario en cuentas individuales que luego gestionan las Administradoras de Fondos de Pensiones. El sistema se ha revelado como un enorme fiasco, puesto que en 2019 la mitad de las personas que se jubilaron no superaron una pensión de unos 60 dólares. La propuesta programática de Boric consiste en crear un nuevo pilar contributivo de carácter público, y mixto en su diseño, que se financiará con cargo a las cotizaciones obligatorias de los trabajadores y empleadores que se establecerá gradualmente, aumentando de la misma forma el tope imponible. El pilar contributivo contará con un componente de contribución definida en cuentas de ahorro personales, las cuales se invertirán y cuya rentabilidad será colectiva entre generaciones y un tercio de la contribución irá a un componente de reparto. En la transición del sistema los nuevos flujos de pensiones ingresan todos al nuevo sistema, mientras que los afiliados antiguos podrán decidir dejar o no sus fondos en el antiguo sistema. Para implementar el nuevo sistema se propone crear una institución pública a cargo de su administración. Entre sus funciones estará la de recaudar cotizaciones, administrar cuentas, atender a los afiliados y beneficiarios y pagar pensiones. Este órgano será autónomo, descentralizado, paritario, con nominaciones a su directorio que sean ajenas al ciclo político y participación tripartita en las estructuras de su gobierno corporativo.

La reforma del sistema de salud aspira a avanzar hacia un sistema público y universal de salud centrado en la atención primaria. A estos efectos se propone la creación de un Fondo Universal de Salud (FUS) que se financie con el 7% de cotización obligatoria de todos los afiliados más los aportes del Estado. Por sobre la cotización obligatoria y cobertura universal del FUS, las personas que así lo decidan, podrán contratar seguros privados voluntarios complementarios de salud. Estos seguros privados voluntarios estarán regulados por la Superintendencia de Salud. El FUS financiará el acceso de atención de salud tanto en instituciones públicas como privadas, de modo que las instituciones privadas participarán con las mismas reglas que las instituciones públicas aunque el énfasis será puesto en el fortalecimiento de la red pública. De esta manera se prevé la incorporación de prestadores privados bajo reglas públicas a una red integrada de atención público-privada con financiamiento del FUS. El programa añade que dada la importancia de modernizar el sistema de salud hacia una perspectiva de largo plazo, el proceso de implementación se considerará una política de Estado, con participación amplia de sectores políticos, sanitarios y la ciudadanía, y será guiado por los acuerdos alcanzados en salud en el proceso constituyente. Añade que la reforma mantendrá la libertad de elección por parte de las personas, mejorando las condiciones actuales, con reducción de los copagos en particular medicamentos y atención hospitalaria. De igual forma, se mantendrán los beneficios y coberturas en uso hasta lograr convergencia entre ambos subsistemas de financiamiento y aseguramiento.

En materia de planificación económica el programa prevé transitar desde una economía extractivista de recursos agotables, hacia una economía renovable, impulsando políticas que fomenten la sustentabilidad, la inclusión y la innovación. Contempla desplegar medidas que fomenten especialmente que más mujeres puedan insertarse de buena manera en el mundo laboral y ofrecer medidas de apoyo y fomento de la actividad productiva a las minipymes, que den paso a la creación de empleos de calidad y con mejores salarios, así como también políticas de capacitación y reconversión laboral que se hagan cargo de los cambios que ha experimentado el trabajo en estos años de pandemia.

 

 

Reforma tributaria

El Acuerdo se propone elevar la carga tributaria en relación con el PIB a los estándares de los países de la OCDE. Bajo un compromiso de consolidación fiscal, se espera aumentar la recaudación fiscal para financiar las medidas propuestas y asegurar las condiciones para reducir el déficit fiscal y conseguir la estabilización de la deuda pública. Para mejorar la progresividad del sistema tributario se fija como objetivo que las rentas del capital tributen de forma similar a las rentas del trabajo y, además, el sistema tributario debe alcanzar el objetivo de que aquellos que tienen más contribuyan proporcionalmente con más. En cuanto a la implementación de un impuesto al patrimonio de los súper ricos, se reconoce que existen muchos desafíos de implementación de los que es necesario hacerse cargo, en particular, la existencia de estructuras jurídicas “sin Estado” y “sin dueños”. Se añade que una de las dificultades que tienen los impuestos a la riqueza es el uso de estructuras en el exterior como trusts y entidades similares, que no se encuentran reguladas ni reconocidas bajo la ley chilena. En tal sentido, se incorporará una regulación particular respecto de este tipo de vehículos a la legislación chilena, junto con un tratamiento tributario específico. En materia de los royalties que abona la gran minería se propone avanzar en la tributación puesto que el año 2023 terminan los contratos vigentes de invariabilidad tributaria sobre la mayoría de la producción de cobre.

 

 

El compromiso con los derechos humanos

Fuera del Acuerdo de implementación programática, Gabriel Boric ha tomada clara posición en el tema del respeto a los derechos humanos. La crisis de derechos humanos que se vivió durante las manifestaciones del año 2019 pusieron en evidencia que en Chile, si se quiere abordar el problema,  es inevitable una reforma profesional de las Fuerzas Armadas y del cuerpo de Carabineros en donde prima un espíritu autoritario que no se ha modificado desde la caída de Pinochet. En materia internacional, en los debates que Boric mantuvo con el candidato del Partido Comunista, Daniel Jadue, se evidencia el choque entre la nueva izquierda defensora de una cultura universal de los derechos humanos, de las posiciones ancladas en los términos de la guerra fría del candidato del PC. La condena de Boric a la violación de los derechos humanos tanto en Israel como en Cuba, Nicaragua y Venezuela ha sido rotunda y no dejan lugar a duda sobre la posición del nuevo Presidente electo.

Junto con una demanda por los derechos humanos, existe también una demanda de derechos sociales frente a situaciones de vulnerabilidad que se producen con la pérdida de empleo o la enfermedad. Chile ha mantenido un nivel de desigualdad muy alto desde el retorno de la democracia, pero cada vez son menos los que toleran esa situación. Existe una opinión generalizada de que la Concertación, esa alianza entre sectores de centro izquierda del Partido Socialista con sectores de centro derecha de la Democracia Cristiana, fue cediendo posiciones en materia de desigualdad hasta caer en el inmovilismo. El programa de Boric, basado en la construcción de un Estado de Bienestar, se acomoda a las tradiciones socialdemócratas, pero la voluntad de llevarlo a cabo parece más firme. El problema va a ser sostener ese programa apoyándose en una coalición amplia de partidos que funcionan en base a consensos programáticos. No cabe otra opción que tejer con paciencia los acuerdos necesarios para sacar adelante el programa de reformas.

Boric ha comentado que muchas de sus concepciones teóricas parten del análisis crítico de la experiencia de Podemos en España. En el ensayo Construir pueblo (Ed. Icaria) escrito por Íñigo Errejón y Chantal Mouffe, se hace una crítica a las ideas esencialistas características de la izquierda tradicional. Como dice Mouffe, “si uno acepta el enfoque teórico según el cual las identidades nunca son dadas de manera esencialista y que son siempre producidas a través de una construcción discursiva, hay que reconocer que ese proceso de construcción es un proceso de representación. Es a través de la representación que los sujetos políticos son creados, no existen de antemano”. La consecuencia de este enfoque es que hay que trabajar bajo el supuesto  de que siempre se está de paso, nada está garantizado de antemano y que “las conquistas sociales deben ser consolidadas y profundizadas, para lo que hace falta gestión, eficacia y reforma intelectual y moral”. En esta labor, es imprescindible abandonar las retóricas  tradicionales de la izquierda de las que se ha apropiado el populismo de derecha. Las dicotomías, los maniqueísmos, el daltonismo que impide percibir los matices, la incapacidad para el diálogo, la simplificación del discurso político, la aspereza en el lenguaje, son actualmente las señas de identidad de la derecha populista representada por Kast en Chile y por Milei en la Argentina. Las retóricas de la intransigencia no son compatibles con los programas de reformas profundas que demandan una labor de orfebrería incompatible con la rusticidad del populismo.

 

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 250/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí