La nueva normalidad

Inflación y endeudamiento de Estados Unidos, que agrega combustible a la confrontación con China

 

Los festejos por la llegada del verano y el fin de las restricciones impuestas a la circulación de la población anticipan en los Estados Unidos la vuelta a la normalidad. El virus, sin embargo, sigue dando pelea y su lucha contribuye a descarnar la esencia del capitalismo global monopólico que domina al mundo. Amenazado de muerte por una crisis sistémica, busca reproducirse concentrando salvajemente más ganancias y más poder.

La normalidad que los Estados Unidos dicen haber alcanzado es distinta a la de antaño. El laberinto que oculta al Minotauro se ha resquebrajado y las relaciones de poder global que lo constituyen han salido a luz del día. La legitimidad de las instituciones democráticas se ha erosionado brutalmente y estas exponen hoy la avaricia y la violencia de un endeudamiento ilimitado que, radicalizando los conflictos globales, lleva a la militarización de la vida cotidiana.

La brutal competencia entre monopolios por acaparar más ganancias y poder, su avance sobre los Estados y la pugna de las potencias por dominar al mundo muestran que la ruptura de pactos de reciprocidad esenciales a la vida social conduce a la destrucción de la vida humana y del planeta. En este contexto, los ciudadanos de a pie, aislados y fragmentados en su individualidad, empiezan a olfatear las causas de los problemas que los aquejan y expresan su descontento frente a la esclerosis y corrupción de las instituciones, a la creciente desigualdad económica y social, y a las discriminaciones de distinto tipo.

El peligro de una explosión social lleva a las elites dominantes a desplegar nuevas formas de autoritarismo para matar a la rebelión en el huevo. En esta guerra de nuevo tipo, los monopolios tecnológicos manipulan la información, las interacciones, las acciones y los deseos para maximizar las ganancias y el control sobre la sociedad. Sustituyendo a la realidad por las fake news, los medios y las redes sociales contribuyen a estimular un “sentido común” basado en la competencia de los unos contra los otros, en el oscurantismo, la confusión, el miedo y el odio hacia un enemigo siempre presente. Este sentido común busca borrar las huellas de empatía y solidaridad, de intereses comunes y colectivos, que desde los orígenes del tiempo han hecho posible la vida social.

En los tiempos que corren, las rebeliones en Bolivia, Chile, Colombia y Perú muestran que el desafío a los poderes establecidos va pariendo en nuestro continente nuevas formas de organización social que, desde abajo hacia arriba y tejiendo horizontalmente, buscan articular consensos y concretar una mayor participación de los ciudadanos de a pie en las decisiones que se toman, tanto en relación a la vida cotidiana como a las políticas de orden nacional y global.

En este contexto, las preguntas sobre el origen de la pandemia y la índole de la nueva normalidad conducen a desentrañar las causas de la militarización de los conflictos geopolíticos. Remiten, además, a cuestionar nuestros orígenes y nuestro futuro, a preguntarnos de dónde venimos y hacia dónde vamos. Esto no es poca cosa. Implica empezar desarticular los límites que nos autorreferencian y nos impiden ver que, sin el otro y sin respeto por la naturaleza, no hay vida humana posible.

 

 

Pandemia y tensiones militares

Desde que asumió el gobierno, Joe Biden intensificó las sanciones económicas impuestas por el ex Presidente Donald Trump a China, envió barcos y aviones de guerra a patrullar el Mar del Sur de la China y la región de Taiwán, y endureció la retórica oficial definiendo a China como una “amenaza inminente” para la paz mundial y el orden establecido (zerohedge.com 15 6 2021). Este contexto político contribuye a desinflar la polémica sobre el origen del virus y las implicancias de las investigaciones de científicos norteamericanos que, en colaboración con investigadores chinos, manipularon genéticamente a un virus (gain of function) en un laboratorio vinculado a las Fuerzas Armadas de China y situado en Wuhan, donde se originó la pandemia.

Esta semana, los encuentros de Biden con los representantes del G7 y de la OTAN en Europa agregaron combustible a la definición de China como enemigo del orden mundial. El G7 anunció medidas económicas destinadas a frenar la influencia económica de este país en el mundo y convocó a realizar en territorio chino una exhaustiva investigación sobre el origen de la pandemia. La OTAN, a su vez, advirtió sobre la amenaza militar de China para la paz mundial y para “áreas relevantes a la seguridad de la OTAN” (reuters.com 13 6 2021, zerohedge.com 9,15/ 6 2021).

La respuesta del gobierno chino no se hizo esperar: mientras enviaba 28 aviones de guerra a sobrevolar el espacio aéreo de Taiwán, el Ministerio de Relaciones Exteriores acusó a la OTAN y al G7 de interferir en los asuntos internos chinos y reafirmo la voluntad china de “defender su seguridad y su soberanía nacional hasta sus últimas consecuencias”. Paralelamente, el jefe de enfermedades epidemiológicas del principal centro de investigación médica de China reiteró la demanda del gobierno de investigar a los “múltiples laboratorios norteamericanos que desarrollan armas biológicas” (zerohedge.com 15, 17 /6 2021).

 

 

Pandemia, inflación y endeudamiento

Los intentos del gobierno de Trump por desacoplar a la economía norteamericana de la china provocaron cuellos de botella en las cadenas de valor global, afectando gradualmente a los precios de los bienes que se comercian internacionalmente y a los fletes. La parálisis de la economía global como consecuencia de la pandemia agudizó estos problemas.

La política monetaria y cambiaria de China fue muy diferente a la adoptada durante la pandemia por los Estados Unidos y otros países centrales. Esto despertó el interés de grandes fondos de inversión y grandes bancos (BlackRock y JP Morgan, entre otros) en aumentar sus inversiones financieras en China. En consecuencia, durante la pandemia se produjo un flujo masivo de capitales hacia el sector financiero chino (cnbc.com 21 5 2021).

La inflación mundial también golpeó a China: hacia principios del mes en curso el índice de precios al consumidor llegaba al nivel más alto desde la crisis de 2008 y el gobierno chino impuso controles de precios para “garantizar la oferta de bienes y asegurar a su población una vida digna” (zerohedge.com 14 6 2021). Al mismo tiempo, controló la suba del valor del yuan que había llegado a su punto más alto desde 2007 en relación al valor del dólar. La pandemia puso así al desnudo el impacto que pueden tener las políticas financiera y cambiaria de China sobre la política de la Reserva ante la inflación. Como hemos visto en otras notas, la Reserva esta encerrada en una trampa que le impide aumentar las tasas de interés para enfrentar a la inflación y la obliga al endeudamiento ilimitado, erosionando así el valor del dólar y amenazando su status como moneda de reserva internacional.

Si se profundizan las sanciones económicas y políticas hacia China y aumenta la tensión militar es posible que este país desate con éxito una guerra financiera y cambiaria aumentando la presión sobre la Reserva para que suba sus tasas de interés, con el consiguiente impacto sobre el endeudamiento norteamericano. China puede incluso liquidar parte de sus tenencias en Letras del Tesoro norteamericano (más de 1 billón —trillion— de dólares) acelerando el derrumbe del valor del dólar y la presión sobre la Reserva para que suba las tasas de interés. Si esto ocurre, tendrá un enorme impacto sobre el endeudamiento norteamericano, sobre el valor del dólar y sobre el sistema financiero internacional. De este modo, y más allá de las consecuencias que esta liquidación de letras del Tesoro norteamericano pueda tener sobre la economía china, pareciera que este país tiene la capacidad de detonar el endeudamiento norteamericano y provocar la debacle del dólar en el mundo.

La pandemia, al agudizar las contradicciones de esta dinámica, ha contribuido a colocar al endeudamiento norteamericano y al JP Morgan en el centro de la escena financiera internacional. Como ocurriera en 2008, este mega-banco está hoy en el ojo del huracán: por su oculta fragilidad puede ser el eslabón que detone una nueva crisis financiera. De ocurrir, tendrá consecuencias inéditas debido a la magnitud del endeudamiento financiero global.

Según el perfil del riesgo sistémico de los bancos norteamericanos elaborado por el Centro de Información Nacional del FFIEC (Federal Financial Institutions Examination Council) en base a datos de la Reserva Federal, al 31 de diciembre del 2019 el JP Morgan era el banco norteamericano más grande y con mayor cantidad de activos interconectados en el sistema financiero. Esto implica que sus problemas pueden afectar inmediatamente al conjunto del sistema financiero. Al 31 de diciembre de 2020, el JP Morgan tenía 43,5 billones (trillions) de dólares en deuda con derivados (deuda con activos que derivan su valor de otros activos, por ejemplo las “hipotecas basura” que desencadenaron la crisis financiera de 2008). Esta estimación, sin embargo, no refleja la dimensión real del problema. En abierta violación de la reforma financiera Dodd-Frank de 2010, que obliga a los bancos a declarar sus tenencias de derivados, sólo un 35% de la misma es declarada por las instituciones financieras (wallstreetonparade.com 16 6 2021).

Así, la nueva normalidad implica que la Reserva tiene cada vez menor margen para combatir a la inflación. En circunstancias en que arrecia la tensión militar con China, este país tiene capacidad para presionar a la Reserva a subir drásticamente las tasas de interés arriesgando con detonar al endeudamiento norteamericano. La fragilidad de la situación financiera y la exposición de los grandes bancos obligan a la Reserva a buscar una salida. Pareciera que esto la lleva hacia una digitalización del dólar controlada por la propia Reserva. Esto le permitiría hacer una reforma radical de la estructura financiera y concentrar en un puñado de directivos de la Reserva el control total y el seguimiento al instante de todas las transacciones financieras realizadas en dólares, sean locales o globales.

 

 

La normalidad argentina

Esta semana la campaña de vacunación continuó con ímpetu mientras Macri y su tribu se peleaban como perros y gatos, para definir no sólo las elecciones de medio término sino lo que ocurrirá en 2023. Macri empieza a preocuparse. Sabe que sobran las pruebas para enviarlo a la cárcel por los múltiples ilícitos cometidos durante su gestión de gobierno. Siguiendo los consejos del periodismo de guerra, ahora conspira para “formatear a la democracia”. No le queda otro camino. Teme que Horacio Rodríguez Larreta concrete un “parricidio” y que “si perdemos tendré que irme del país.” (lpo.com 17 6 2021, pagina12 18 6 2021).

Mientras tanto, sus seguidores se rasgan las vestiduras porque el Papa Francisco “promueve el odio y la envidia que es un pecado capital” y encima le da malas ideas al gobierno. Esto es muy peligroso pues “la mitad de la población es pobre porque hay 20 millones de personas recibiendo planes sociales… un placebo para la pobreza. Dejan allanado el camino para la usurpación de tierras por parte de los pobres o la confiscación por parte del Estado” (infobae.com 18 6 2021). Siguiendo los dichos del ex Presidente Duhalde, todo indica que el país “esta listo para la guerra civil”.

Estos desvaríos intentan construir un sentido común basado en el miedo y el odio a las hordas populistas. A partir del lema “estamos a 7 diputados de ser Venezuela” reinterpretan todos los actos de gobierno. Esta semana CFK propuso aprender de las experiencias dejadas por la pandemia e integrar al sistema de salud para volverlo más eficiente en el futuro. Esto se leyó como incitación a liquidar los pingües negocios de las privadas poniéndolas en pie de guerra contra el gobierno. Mientras tanto un intendente del PRO, internado con Covid en el hospital de su municipio, ejemplificó la osadía de la tribu PRO y la ineficiencia de las privadas: partió con un ventilador de su hospital municipal debajo del brazo y se internó en una clínica privada de otro municipio. Esta era tan buena que carecía de ventiladores.

El mismo espíritu inspira a los grandes empresarios, que esta semana desplegaron sus alas de buitre e hicieron vuelos rasantes en torno al ministro Martín Guzmán, graznando “que nos cuide, que no nos dejen desprotegidos, que no nos sigan estigmatizando… que envíen mensajes de algún reconocimiento al sector empresario” (ámbito.com 16 6 2021). Pocos días antes habían apretado sin piedad a dirigentes de la Unión Industrial Argentina para imponer sus candidatos en las elecciones. Paolo Rocca, el rey de los monopolios locales, quiere asegurarse el control total de la entidad y convertirla en una fuerza de choque para imponer al gobierno políticas que son la antítesis de las que el pueblo votó. En esta ocasión, el ministro confesó que “compartía su preocupación” y no encontró la oportunidad para preguntar a sus interlocutores por qué:

  • no invierten productivamente;
  • no ponen el hombro para paliar la pandemia, siendo que han recibido una ayuda estatal considerable para mantener a sus operarios y seguir operando;
  • no ayudan a terminar con el flagelo del hambre en el país;
  • tanta codicia para formar precios y producir una inflación que hoy es 25 veces superior a la que tienen los países vecinos a pesar de que los empresarios han concertado acuerdos de precios con este gobierno y los sindicatos; el dólar esta pisado; las tarifas y combustibles, que estuvieron congelados por un año, sólo registraron un incremento muy inferior a la inflación registrada durante la pandemia; los salarios y prestaciones sociales continúan arrastrándose penosamente sin superar el deterioro de la capacidad adquisitiva registrada en los últimos años e incluso durante la pandemia.

Estas cuestiones y muchas otras quedaron en el tintero del ministro. Una pena, pues lo que está en juego ahora y en los meses que vienen es mucho más que una elección. Es la credibilidad de las promesas del gobierno de cambiar esta “normalidad” argentina. Es la legitimidad del mandato del gobierno en el período posterior a las elecciones, algo que puede ser muy difícil dado que ya se advierten las turbulencias de un viento norte embravecido.

 

 

 

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