La oscura caja del 601

Una trama que puede conducir a un sitio que atesora muchos secretos

 

El 13 de septiembre de 2007, el general retirado Daniel Manuel Reimundes se sentó en la computadora de su casa, ubicada en la calle Catamarca de Olivos, para escribir un email. Abrió la casilla de correo [email protected] compartida con el Tata Juan Bautista Yofre. Y le dejó un mensaje: Pedido Inoportuno, puso en el asunto. Y tecleó: Le pregunté al amigo RG por vos y me dijo que estabas más en la PC que dando vueltas paseando. Esto me permite hacerte un pedido inoportuno ya que perturba tu viaje. El agregado de Brasil, me está pidiendo algunas encuestas para las próximas elecciones. Buenos Aires y General. Si tenes algo y tenes oportunidad de mandarme, me permitiría quedar bien con el hombre. Animo y gracias. Abrazo.

Ese mismo día, el ex secretario de general del Ejército con Fernando de la Rúa, escribió otro mensaje: Interrogante. Fijate si te llega alguna comunicación que desde Buenos Aires (Augusto R.L.) le envía a nuestro amigo cónsul haciéndolo responsable del ‘operativo’ de declaración de civiles que apoyaron el gobierno militar. Ayer le tiré un poco los caballos encima y es probable que reaccione de esa manera. Abrazo.

Luego de escribir los mensajes en los que aludía, entre otros, al entonces cónsul Héctor Timerman, hizo lo que acostumbraba a hacer, según describe la causa que tramitó en la fiscalía federal de San Isidro. Entró a su cuenta personal [email protected] y mandó un correo a la cuenta personal de Yofre, [email protected], para avisarle del mensaje. Esos avisos siempre sugerían de alguna manera el nombre de pamela. Podían ser: Te manda saludos Pam o PAM WAITING FOR YOU. Esta vez escribió: Una abrazo a tu amiga.

General de Brigada Daniel Reimundes. Revista de la Sociedad Militar Seguro de Vida. Editorial.

 

Por la existencia del robo de correos realizados entre agosto de 2006 y junio de 2008, Reimundes fue procesado por la jueza Sandra Arroyo Salgado en septiembre de 2012. Fue uno de los imputados en la causa por espionaje a ministros y primeras líneas del Estado de la organización conducida por el ex titular de la SIDE y por la que fueron procesados además Héctor Guillermo Roberto Alderete, Carlos Orlando Pagni, Edgar Walter Mainhard y entre otros Roberto Ángel García. Pero lo que hacía, o pedía, Reimundes no se conoció con detalle en aquel contexto porque el peso del escándalo hizo poner el foco en otra parte. Reimundes siguió correos de Timerman; la agenda de encuentros de Néstor Kirchner con Bill Clinton en Estados Unidos y más acá intercambios de Alejo Ramos Padilla cuando se iniciaban las investigaciones sobre Jaime Smart y de los civiles involucrados en la dictadura militar, correos que luego aparecieron en la casilla personal de Roberto Durrieu, abogado, lobbista de los civiles y subsecretario de justicia de Nación en dictadura. Arroyo entendió que Reimundes recibió los correos electrónicos sabiendo que eran interceptados de forma ilegal a distintos funcionarios a través de los cuales transmitían información política, social, militar y económica que debía permanecer secreta en función de la seguridad, de la defensa y de las relaciones exteriores del país. Y decretó su procesamiento por encubrimiento agravado. Sabido es que después de la muerte de Alberto Nisman, la causa dio un giro completo. Arroyo aceptó una nulidad, sobreseyó a los acusados y el expediente ahora espera resolución de la Corte Suprema de Justicia de Nación. Pero el problema más importante no es nada de eso, sino el lugar de personajes como Reimundes en tiempos del gobierno del Gran Hermano. El hombre del PAM WAITING FOR YOU volvió a ser una de las figuras de lobby en el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas y aparece como presidente de la Sociedad Militar Seguros de Vida, una mutual siempre misteriosa, que guarda secretos de los militares en cajas de seguridad nunca allanadas, mesa de dinero con mucha plata y escritorio de contención de los retirados de las fuerzas. La casa de la familia militar, como le gusta decir a Reimundes, donde acaban de condecorar a por sus cincuenta años en la institución  al partero de la ESMA, Jorge Luis Magnacco.

En 2018, la SMSM condecoró a 248 socios, y les dio un subsidio de 21.100 pesos. Entre ellos a Magnacco.

 

El misterio de las cajas militares
En su edición del domingo 1 de abril, El Cohete a la Luna terminó de publicar una serie de entrevistas a hijas e hijos de genocidas. Entre ellas, Bibiana Reibaldi, hija de Julio Reibaldi, integrante del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército, entrenado en Estados Unidos y numerario en las listas de personal civil de inteligencia de la dictadura. Bibiana dijo en aquella ocasión que iba a visitar a su padre al edificio de Callao y Viamonte desde donde él decía que salía a cazar subversivos. Julio Reibaldi murió en 2002, pero antes de su muerte, ella lo acompañó a retirar documentos secretos de una caja de seguridad ubicada en la avenida Córdoba 1674 del edificio de la Sociedad Militar Seguro de Vida (SMSV).

«Lo acompañé a cerrar la caja», dice ella. «No sé desde cuando la tenía, pero estaba abierta hacía tiempo. Yo le pedí acompañarlo. Él ya estaba muy mal de salud. Y lo único que tenía era una carpeta con recibos del Servicio de Inteligencia del Ejército, que aparentemente no tienen importancia y son comprobantes de la información que él había entregado entre el ’83 y el ’85. Yo saqué copias de todos los recibos. Cuando lo sacamos de la caja, me acuerdo que él no me dijo ni una palabra. Nada. Fuimos medio a los tironeos. Me había dicho que no tenía nada que ocultar. Y mientras él sacaba la carpeta y cerraba la caja, yo le dije: dame esto, me lo quedo yo.»

Bibiana entregó una copia de los papeles a la Conadi y ella se quedó con los originales. No son solo documentos de la democracia. Hay informes sobre partidas de dinero firmadas por Carlos Alberto Lacoste, primo de la esposa de Jorge Rafael Videla, capitán de navío a cargo de la organización de la Copa del Mundial 1978. Hay también informes del seguimiento a integrantes del Congreso en los primeros años de democracia. Material sensible del que acostumbra a buscar la comunidad de inteligencia.

Uno de los documentos de la caja de seguridad del integrante del 601 Julio Reibaldi.

Pero Bibiana no es la única integrante de estos nuevos colectivos que habló de las cajas de la Sociedad Militar. La dirección de avenida Córdoba aparece una y otra vez evocada entre hijos o nietos de los genocidas como lugar cotidiano. Un nieto acompañó a su abuela a retirar la herencia de su abuelo genocida: una medalla de condecoración. Analía Kalinec supo hace muy poco que su madre tenía una caja de seguridad en ese mismo lugar. Ella es hija del represor Eduardo Kalinec, el doctor K para los sobrevivientes del circuito de centros clandestinos Atlético, Banco y Olimpo. Y hombre previsor que al quedar detenido e inhibido de sus bienes, puso todo a nombre de su esposa.

«Cuando mi mamá murió, me enteré que ella tenía una caja de seguridad en la Sociedad Militar compartida con una de mis tres hermanas. Yo les pregunté a ellas qué había en esa caja, pero me dijeron que no sabían. Dos de ellas son policías. Y no hablamos desde hace tiempo por la situación de conflicto a partir de la posición que yo asumí frente a mi padre. En aquel momento también supe que mi madre tenía unos bonos. Mis hermanas iniciaron la sucesión para cobrarlos. Y yo decidí presentarme como heredera, una situación que aún se está resolviendo, pero en medio de ese trámite, la jueza pidió a la Sociedad Militar información sobre el contenido de la caja de seguridad».

Cuando se inició la sucesión, Analía declaró la existencia de la caja de seguridad, de una cochera, de un departamento en Mar del Plata y de los bonos. El juzgado envió un oficio a la Sociedad Militar que confirmó la existencia de la caja y dijo que fue cerrada a pocos días del fallecimiento de su madre pero no dio cuenta del contenido.

Además de cajas, hay rastros sobre movimiento de plata en la sede de la avenida Córdoba. Florencia Lance, por ejemplo, la hija de un aviador de Campo de Mayo y nieta de un integrante del GOU, acompañaba a su abuela a cobrar una pensión en la sede de la calle Luis María Campos. Y más atrás, lo que aparece son datos que señalan a aquel lugar como banco de confianza, obviamente, de la comunidad militar. Las memorias de la web recuerdan un diálogo entre Domingo Bussi, entonces gobernador suspendido de Tucumán, y su esposa, producto de escuchas telefónicas del menemismo. Era el año 1998. Y en el diálogo Bussi ordena extracciones y depósitos en dos entidades bancarias, una es la Sociedad Militar Seguro de Vida.

— Pero Antonio, está todo anotado en el seguro, a medida que saco y pongo lo dejo todo anotado en el seguro. Me olvidé de hacerte un resumen del seguro.

— Pero de lo que llevaste, ¿no dejaste diez más ahí vos?

— Sí dejé –le dice ella–. Pero acordate que saqué cuatro mil… eh… pesos…

— No, eso no tiene nada que ver con eso…

— Ah, pero yo deposité treinta.

— ¿Cuánto?

— Mañana deposito treinta. Sin contar esos treinta…

— Entonces, ¿cuánto decís que hay?

— Sin contar esos treinta, que ya los separé para mañana… quedan veintisiete, en dólares. Pero los dejé en la caja separada. O sea treinta que tengo separado, y además quedan veintitrés novecientos.

Desde hace años, los organismos de derechos humanos se preguntan quién financia a los militares prófugos. Quién paga a sus abogados particulares. Y tal vez ahí, puede haber una respuesta. Quienes trabajaron en el ministerio de Defensa, saben que ese es un lugar clave. Que funcionó como sigiloso espacio de lobby cuando se reabrieron las causas de lesa humanidad para conseguir prerrogativas como las domiciliarias. También fue un lugar de recepción de dinero del Instituto de Ayuda Financiera (IAF) del ministerio de Defensa, en épocas en las que Nilda Garré cuestionaba un préstamo de 85 millones de pesos con avales dudosos. Y también estuvo ligada al financiamiento de los prófugos en 2012, cuando una denuncia de Abuelas de Plaza de Mayo detectó que el general (R) Eduardo Alfonso, otro ex secretario del Ejército de Fernando de la Rúa, antecesor en el cargo de Reimundes, buscado por la justicia desde mayo de ese año por una causa de lesa humanidad, en octubre continuaba recibiendo sus aportes transferidos desde el IAF al SMSV y de ahí al banco Macro, pese a que supuestamente estaba prófugo.

Para entonces, Stella Segado estaba a cargo de la dirección de Derechos Humanos de Defensa. Y alguna vez, ella misma comenzó a preguntarse por un dato que solía ver una y otra vez: la dirección de la avenida Córdoba 1.674. «Me llamaba la atención que esa dirección aparecía como domicilio de varios militares que estaban prófugos, y cuando enviábamos un pedido, nadie respondía nada».

La mesa de dinero del Ejército
De acuerdo a su página web, la Sociedad Militar Seguros de Vida existe desde 1901. Es una institución integrada por las tres Fuerzas Armadas, Policía Federal, Gendarmería, Prefectura y Servicio Penitenciario. La Bonaerense no participa pese a que hace tiempo quiere entrar. Esa suerte de Estado mayor conjunto ampliado, con fuerzas que además de todo son selectivas, no existe en ninguna estructura burocrática del Estado salvo en las mesas de reunión de información de la comunidad de inteligencia a las que concurría un integrante por fuerza. Esa es una de sus curiosidades y tal vez una de sus mejores fortalezas, un lugar de articulación en el campo de los secretos con las cajas de seguridad y de los negocios.

Dice tener como misión «contribuir a mejorar la calidad de vida de todos aquellos que pertenezcan a las Fuerzas Armadas, Fuerzas de Seguridad y sus familiares, por medio de los servicios mutuales que ofrecemos, a lo largo de todo el país. Con las ventajas y accesibilidad que sólo Sociedad Militar ‘Seguro de Vida’ puede generar por el espíritu mutualista que la guía en todas sus acciones, a través de uno de los valores más importantes que posee, su personal.» En términos históricos, ancla su linaje a Julio Argentino Roca «un veterano de la Expedición al Desierto, con la experiencia que esto supone y las inquietudes propias de una persona sensible ante las necesidades de sus camaradas, logra su objetivo y se crea la Sociedad Militar ‘Seguro de Vida'». Y entre sus múltiples servicios hay de todo: desde préstamos personales, hipotecarios, asesorías para inversiones inmobiliarias y acceso para inversiones en bolsa y para operar en la transferencia, administración, custodia, compra y venta de títulos públicos y privados.

 

Un dato curioso es la expansión de servicios de 2003. Cuando comienza la reapertura de las causas de lesa humanidad, abren una serie de servicios de asistencia a las familias.

* Con fecha 24 de junio se crea la Fundación «Teniente Coronel Ricardo Cornell», con el objeto de cubrir necesidades especiales y asistir a las familias, instituciones y organismos del sector de Defensa y Seguridad a fin de mejorar la calidad de vida e integrarlos a la comunidad;

* El 2 de mayo se crea la «SMSV Cía. Argentina de Seguros de Vida S.A.», con el objeto de brindar tranquilidad y protección al asociado y su familia mediante óptimos servicios de seguros de vida;

* El 11 de junio se crea «SMSV Asesores de Seguros S.A», a fin de asegurar vidas, bienes y patrimonio de personas, empresas e instituciones, en las mejores condiciones que el mercado puede ofrecer.

Como sea, en épocas de las cuentas de Bussi a la Sociedad Militar se la nombraba como la quinta entidad financiera del país por el importante movimiento de fondos. Y en 2001, Horacio Verbitsky resumió la cuestión presentándola como la mesa de dinero de los retirados del Ejército al dar cuenta del affaire de los Trusso y la curia de Antonio Quarracino en el Banco de Crédito Provincial de La Plata, donde también tenían los pies los hombres de la mesa de dinero militar.

 

La casa de la familiar militar

Quienes trabajaron en la causa de los correos dicen que quienes pertenecieron al mundo de la inteligencia, jamás se retiran, aunque aparezcan como generales retirados. La SMSV estuvo presidida por Ernesto Bossi, segundo de Fernando de Santibañez en la jefatura de la Secretaría de Inteligencia durante el gobierno de De la Rúa. Y ahora está presidida por Reimundes.

Minga.
Escena de familia, imágenes del general sin gomina en un acceso público de Facebook.

Nacido el 5 de febrero de 1945, Reimundes es hijo del coronel Manuel Ramón Reimundes, conocido como el Dragón Verde, nombre que explica por qué le dicen dragoncito verde. Es abogado, empresario, pero sobre todo un tipo de la inteligencia militar. Técnicamente tuvo puestos clave en el Ejército. Fue jefe del departamento de política y estrategia institucional con Martín Balza. Agregado militar en Washington, un lugar que según explicó alguna vez Sergio Moreno le resultó decisivo no solo en el ámbito empresarial sino también en lo político, porque aprovechó para dejar organizada allí una futura estrategia empresarial vinculada a las telecomunicaciones, inversiones financieras y a grupos internacionales que transpiran opacidad. Más tarde fue el operador político de Ricardo Brinzoni desde el estratégico puesto de secretario general del Ejército, cuando operaba para cerrar las causas por los crímenes de la dictadura ante la CSJN a través de los obispos más duros de la Iglesia católica. En aquel momento Reimundes bregó además para habilitar la intervención de las FFAA en seguridad interior, un eje que a mil años de aquel momento, ahora vuelve a poner en agenda.

Su nombre volvió a aparecer en los diarios en diciembre pasado, luego del hundimiento del ARA San Juan. Apareció como vocero de un trabajo presentado en el Centro de Estudios para la Nueva Mayoría de Rosendo Fraga, durante el cual se dijo que Argentina era el país de la región con menos inversión en Defensa. En el seminario levantado por Clarín e Infobae pronunció frases como esta: “No tenemos el control absoluto del ciberespacio y mucho menos del control terrestre. En este sentido, en Defensa nada se improvisa y es fundamental recuperar este control para saber a qué nos enfrentamos.” El nombre de la SMSV apareció también en la órbita del ARA San Juan, en este caso como lugar de contención y de información para las familias. Invitación que también expande la revista.

 

 

Reimundes fue eyectado del Ejército con Brinzoni en la primera purga militar ordenada por Kirchner. Era mayo de 2003. Un año más tarde apareció operando en la parte de atrás. Un informe de la Casa Rosada lo situó como el organizador de la cena que se hizo en el Regimiento Patricios en mayo de 2004, con invitados como el Coti Enrique Nosiglia y el dueño del diario Nueva Provincia, Vicente Massot. La cena con 70 comensales se hizo a espaldas de la Rosada pero la fiesta se avinagró cuando llegó Pampuro enviado por Kirchner.

—Ojo que no estamos conspirando —le dijo Nosiglia.

—Eso que decís me garantiza que sí —repuso Pampuro.

El 1 de septiembre de 2007, Reimundes aparece leyendo un correo de Timerman enviado por Yofre. En este caso era un mensaje destinado a Alberto Daloto, jefe de gabinete de Cancillería sobre una reunión privada que iba a mantener Néstor Kirchner con Bill Clinton en su visita a Estados Unidos y que resultaba de «particular importancia», según recuerda la causa. Yofre le avisó a Reimundes que tenía el mensaje listo con una de las claves habituales a su cuenta personal: en este caso puso Buena suerte. Feliz día. El 25 de septiembre Yofre mandó otro correo avisándole de un envío. Esta vez le dijo: Saludos anticipados. Para tu amigo el brasilero. Para entonces ya había leído correos de Alejo Ramos Padilla a Timerman sobre la actuación del personal civil en la última dictadura. Y para cuando se acercaban las elecciones, accedió a un correo entre Alberto Fernández y Juan Manuel Abal Medina, uno jefe de gabinete de ministros y otro secretario de gestión pública, con un mensaje en el se pasaban la plataforma electoral del Frente para la Victoria. Lo mismo ocurrió con correos en los que aparecía el nombre de Cristina o el español Baltasar Garzón.

A esta altura se sabe que entre Yofre y Reimundes sucedió lo mismo que con otros clientes: con la ayuda de dos hackers de inteligencia de la PSA, hoy conocidos, el ex militar Ivan Velázquez y Pablo Carpintero, Yofre seleccionaba y cargaba correos a pedido. Reimundes, revisaba, imprimía y luego borraba las pruebas. El 23 de abril de 2012 fue convocado a prestar declaración indagatoria, Reimundes dijo que efectivamente poseía la cuenta compartida con Yofre y que efectivamente su cuenta personal era aquel hotmail con su nombre, un correo que usaba desde 1990.

Este hombre a quien los investigadores de aquella causa –de la que llegó a decirse que tenía entre sus clientes a la CIA—, mencionan como un hombre del 601, es la persona que maneja la puerta trasera de los retirados con sus cajas de secretos. Pero la persona que en el gobierno del saberlo todo es mencionada como el hombre en las sombras del jefe del Estado Mayor Conjunto es Bari del Valle Sosa.

 

2018. Firma de convenio para acelerar entrega de antecedentes penales. Del lado del gobierno, el secretario de Justicia Santiago Otamendi. Del lado de la SMSV, Reimundes.

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