Los mejores suelos fértiles destinados a la producción de alimentos de las provincias de Río Negro y Neuquén están en riesgo por el avance de la frontera inmobiliaria asociada a los servicios de la industria de los hidrocarburos y loteos urbanos, así como por el aumento de la explotación de los no convencionales en Vaca Muerta. Allen, localidad rionegrina que antes del fracking fue la principal productora y exportadora de pera del país, está en el centro de un debate político e institucional por el destino de sus chacras. Su conflicto es, en realidad, el conflicto de todo el cordón conocido como Alto Valle de los ríos Negro y Neuquén, unas 48.000 hectáreas asediadas por el modelo extractivista de la matriz energética dominante en esta etapa.
Fernández Oro, otra localidad de ese cordón, aprobó la emergencia de la zona rural irrigada para proteger del avance inmobiliario a cerca de 2.000 hectáreas bajo riego. Al mismo tiempo, el gobierno provincial de Neuquén supera dificultades en la Legislatura local para su proyecto de prohibición de loteos en tierras frutihortícolas. En Río Negro, organizaciones de los productores promueven una ley similar.
La retracción de la actividad frutícola “ha generado impacto ambiental negativo, destacándose la reducción de la capacidad de secuestro de carbono de los suelos agrícolas y el incremento de la emisión de los gases de efecto invernadero” por los nuevos usos industriales y urbanos. Así lo planteó un equipo de investigación científica durante la última edición del Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo, realizado en abril de este año en Bariloche.
El proceso de pérdida de tierras productivas tiene distintas etapas; en los últimos años estuvo marcado por la irrupción del fracking (2011 en Allen) y la ampliación de la frontera de los hidrocarburos con los no convencionales. En esa trayectoria, en agosto se definió una medida de protección en Fernández Oro; y, el mes pasado, se desató el conflicto en la vecina localidad de Allen, el que podría definirse los próximos días. En este caso, se conjuga con el futuro del primer intendente de La Libertad Avanza en Río Negro, un hombre elegido en representación de la UCR que dio el salto en 2024. Antes de fin de año debería realizarse el referéndum que defina su eventual destitución del cargo por supuesta administración fraudulenta, peculado y negociaciones incompatibles con el ejercicio de la función pública.
Caso Allen
Esta localidad está asentada al norte del río Negro, cuyo valle fértil está delimitado al norte por una barda. El ejido municipal tiene casi 13.000 hectáreas, espacio donde se libran todo tipo de batallas, algunas estructurales, otras coyunturales.
El 8 de octubre, el Concejo Deliberante local aprobó por unanimidad una reforma a su plan rector urbano vigente desde hacía diez años para desafectar del área rural más de 100 hectáreas, regularizando loteos hechos y abriendo la puerta a otros nuevos. La Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén, junto con el Consorcio de Riego local, se opusieron en defensa de las tierras productivas irrigadas.
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El intendente local Marcelo Román, policía retirado y afiliado a LLA, vetó esa reforma. El Concejo Deliberante tiene hasta el martes próximo para volver a insistir en la medida. De los doce concejales, los tres libertarios ahora dudan de su posición llamativamente en favor de una medida proteccionista.
La tensión entre el Concejo Deliberante y el Ejecutivo surgió en 2024, con el paso de Román a LLA y el abandono total de su alianza con el partido del gobernador Alberto Weretilneck. En julio de este año, el Concejo aprobó la suspensión preventiva del intendente. Acudió a la Justicia y el Superior Tribunal de Justicia lo restituyó en el cargo, que reasumió un mes después, a fines de agosto. A la par, sectores de la sociedad activaron la recolección de firmas para impulsar el referéndum que aprobó el Concejo.
En esa disputa se da el debate de la ampliación del área urbana en desmedro de tierras de chacras bajo riego.
Entre 2010 y 2020, la superficie destinada a la fruticultura de pepita en Allen se redujo de 6.545 hectáreas a 4.870, según los registros estatales oficiales. En ese mismo período, la cantidad total de pozos en la Estación Fernández Oro (EFO) experimentó un crecimiento sostenido, con la construcción de 184 nuevos pozos durante la década, ocupando 141 hectáreas, de acuerdo con un trabajo de investigación.

La ordenanza en debate no explicita la superficie en juego, ya que habla de ampliar la zona urbanizable comprendida entre la ruta nacional 22 y la provincial 65, que corre en forma paralela.
Fabián Figueroa (UCR), presidente del Concejo, aseguró que la reforma al plan rector urbano no fue sorpresiva, sino que desde el año pasado se realizaron consultas y reuniones para poner fin a la vía de la excepción. Es más, cuestionó la falta de control por parte del Ejecutivo que permitió construcciones clandestinas que, como hechos consumados, tramitan una excepción a las normas urbanísticas ante el Concejo. Un mecanismo habitual en la expansión urbana y la lógica inmobiliaria, que hemos descripto en otras notas.
En diálogo para esta nota, Figueroa aseguró que la ampliación involucra a algo más de 100 hectáreas cercanas al núcleo urbano consolidado y que rechazaron al menos dos loteos grandes, para los que es imposible garantizar obras de infraestructura esenciales. Además, indicó que un loteo de 2015 quedó fuera de la ordenanza aprobada el año siguiente, así como el fraccionamiento de más de 300 hectáreas de las propiedades que vendió Expofrut (de la belga Univeg) hace diez años.
Momentos del proceso hormiga que se come fracciones de un territorio con características medioambientales de las mejores en el mundo para la producción de alimentos, aseguró Agustín González, investigador de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue. Los servicios ecosistémicos de las chacras son insustituibles, enfatizó.
Caso Fernández Oro
Al oeste de Allen, siempre al norte de la costa del río Negro, está asentada Fernández Oro, espacio regado por las aguas del Neuquén retenidas por el dique Ballester, obra realizada hace 116 años. Allí nace la red de 130 kilómetros de canales de riego y hay 60.000 hectáreas irrigadas. De esa infraestructura histórica, permanecen en producción 40.000 en todo el Alto Valle rionegrino, de acuerdo con el relevamiento que maneja González. De allí la importancia de discutir hectárea por hectárea, municipio por municipio, en las dos provincias vecinas.

En agosto, la intervención oportuna de la Federación de Productores y la flexibilidad del gobierno local revirtieron la intención de incorporar al mercado de suelo urbano 83 hectáreas del total de 1.885 bajo riego con que cuenta la localidad y declararon en emergencia las tierras bajo riego. En reuniones con concejales locales, los chacareros informaron: “Estamos trabajando en un proyecto de Ley en Defensa de la Protección de las Tierras Rurales Irrigadas de la Provincia de Río Negro, cuyo objetivo es preservar estas áreas mediante políticas sanitarias y desarrollo productivo que beneficien directamente a los productores agropecuarios”. A la vez, rechazaron urbanizaciones en zonas rurales irrigadas que, en el caso de esta ciudad, cuentan con 400 hectáreas para desarrollar el casco urbano, según la información que maneja la institución.
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González en un capítulo de Semillas de futuro. Diálogos para la transición energética y agroalimentaria en Norpatagonia (Observatorio Petrolero Sur, 2024, obra de acceso libre) plantea: “[La vida cotidiana en el territorio suele hacer olvidar que] para tener tierra productiva deben conjugarse tres elementos clave, que no siempre encontramos en simultáneo: un suelo apto y en condiciones; un clima que genere el ambiente propicio; y disponibilidad de agua en cantidad, calidad y a costos razonablemente accesibles. Acá tenemos agua de deshielo con una calidad muy buena por su baja salinidad. La contaminación de los recursos hídricos todavía no está en un punto que complique la actividad agrícola. También contamos con un clima benigno para una gran cantidad de cultivos, no solamente para producir manzanas y peras. Podemos hacer otros frutales, hortalizas, pasturas o cereales. Nuestro clima brinda un gran abanico de alternativas. La conjunción de estos tres subsistemas es una rareza. Cuando miramos una imagen satelital y nos alejamos de lo que nos circunda, lo que se observa es aridez. Hay suelo, pero no es fértil; hay clima, pero no tenemos agua. Si no se dan las tres condiciones, no encontramos suelo agrícola, que es la única posibilidad para obtener producción en calidad y en cantidad. Esto es lo que se pierde, lo que se rifa, cuando se migra hacia un uso que no es agrícola. Lo primero que hacen la urbanización y el uso industrial es reemplazar ese suelo y volverlo irrecuperable”, como plantea
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