La partida de Farinello

El hijo cura de una sirvienta y un verdulero analfabetos

“El padre Luis” construyó una militancia social desde la iglesia caracol, un edificio con techo en forma circular ascendente que sería icónico y referente en el centro de Quilmes, en la que fue nombrado el 22 de junio de 1968.

Para entonces, ya había participado de las primeras reuniones de lo que sería el Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo (MSTM). Así lo recordó para El Cohete, en lo que sería una de sus últimas entrevistas:

“Empezamos en una parroquia de Avellaneda. Miguel Ramondetti llamó; André Lanzón fue a La Paternal; Rodolfo Ricciardelli tipeó las invitaciones. Para el 20 de diciembre del ‘67 éramos 270. A la reunión en el (Colegio) Sanford, vinieron (Carlos) Mugica, Alejandro Mayol, que tocaba la guitarra en la tele, Raúl Berardo y un tipo muy piola por entonces, (Antonio) Quarracino… Así fijamos un encuentro nacional para el 1° de mayo del ‘68”.

Su firma quedó al pie del documento redactado por Ramondetti en el que afirmaban que “violencia es el desamparo, hambre y subdesarrollo…”.

De ese colectivo humano que habría de demostrarse minoritario frente a la corporación de obispos, se elevó una voz cercana a los humildes, hijo de “un verdulero y una sirvienta analfabetos”, en la Villa Domínico industrial de la década del ’30, ¿qué otra opción hubiera tenido ese hijo de italianos y españoles?

Tres lustros después de su ingreso a la Iglesia (contemporáneo a la llamada Revolución Libertadora), habría de comenzar su compromiso de opción por los pobres a la par de su prédica, tomó la pala y la cuchara de albañil al igual que con otros oficios lo hicieran sus pares Luis Emilio Sánchez, Eliseo Morales o José Tedeschi en la Diócesis de Jerónimo Podestá.

Abrió las puertas del edificio caracol al líder de la CGT de los Argentinos, Raimundo Ongaro, como en años posteriores lo haría con Deolindo Bittel, Carlos Menem u Oscar Alende.

Había sido asesor de la Acción Católica en Avellaneda cuando conoció al futuro diputado de Montoneros Armando Croatto, y estuvo entre quienes más defendieron a su par Alberto Carbone, detenido por el Aramburazo, ya que guardaba la máquina con que tipearon los comunicados de su secuestro.

Su parroquia recibía visitas de marxistas que iban a misa porque las celebraba él y porque, después, veían la clandestina película de Octavio Gettino y Pino Solanas La Hora de los Hornos. Quién sabe, haya sido por eso o porque estaba con los que portaban el cartel “las FF.AA. torturan”, en Plaza de Mayo, lo que motivó que él y Mugica, entre otros, fueran demorados; o porque fuera a solidarizarse con cuatro sacerdotes detenidos en Rosario el 3 de agosto de 1971, lo que al mes siguiente también a él lo dejó golpeado y preso con Natalio Jovanovich, Luis Sánchez y Luis Alderts. Liberados el 3 de octubre, concelebraron misa en Quilmes junto a Roberto Zardini, Burguete y Armando Dessi. En esa sucesión de hechos fue que, el 20 de noviembre, sintió a su parroquia de Luján estremecerse ante un petardo que voló los vidrios y motivó un posterior abrazo solidario con otros feligreses.

Con el “engorde” que nutrió a Montoneros después de 1973, varios de sus feligreses jóvenes le comunicaron que optarían por las armas. El cura se agarró la cabeza. Discutieron, mucho; soportó gritos, que lo trataran de cagón, hasta que uno le escupiera a la cara.

Aunque Luis no veía la violencia como solución, creía en la honestidad de esos jóvenes a quienes bendijo, bautizó, casó y hasta improvisó misa en una cocina.

En pos de defender los derechos humanos, se sumó a la APDH fundada el año previo al Golpe. Luego del 24 de marzo, cuando una compañera le recomendó salir del país debido a su exposición, él respondió: “Me quedo. Aunque más no sea para compartir la angustia”.

La recuperación de la democracia en 1983 lo encontró en el mismo lugar de siempre, desde donde hizo tarea pastoral, social y ayudaba a darle de comer a quienes no tenían trabajo. Con los años amplió esa tarea a la creación de una cooperativa de vivienda y una radio comunitaria (FM Compartiendo). Una noche en el programa Hora Clave dejó a todos mudos, cuando preguntó a voz en cuello si alguien había sentido hambre.

Con el arribo del Frepaso a parte del gobierno nacional, Farinello recibió un espacio en los estatales Canal 7 y Radio Nacional para conducir El Kairós del Padre Farinello, que llegó a ser centro de parodias en programas de humor, lo que aumentó su popularidad.

Esa exposición nacional no lo alejó de las pequeñas contiendas con los barones del conurbano que le reprochaban que se pusiera del lado de quienes reclamaban contra la Municipalidad.

El sentía que nada de eso alcanzaba, que los pobres eran cada vez más y mayor su nivel de petición, casi exigencia, que lo abrumaba. Sabía que las condiciones que determinan la pobreza eran consecuencia de decisiones políticas y, si bien, insistía desde hacía años con candidatearse, por fin quebró la resistencia de la Iglesia y se presentó a senador previo a la crisis de 2001 con el apoyo de Francisco ‘Barba’ Gutiérrez y Hugo Moyano.

Fue entonces que dejó de ser “casi un santo” para pasar a ser poco menos que un abusador de chicas que regenteaba prostíbulos que mantenía con la venta de drogas que hacía pasar a través de sus fieles desocupados.

A pesar de esas infamias, fue quien más votos cosechó por fuera de la dupla de profesionales como Eduardo Duhalde y Raúl Alfonsín. Quedó tercero, con más votos que el ARI de Elisa Carrió a pesar de que le inventaron tres boletas similares a las del Polo Social pero que, en letras pequeñitas, llevaba a los candidatos duhaldistas.

Ingresó un par de concejales en su Quilmes y en ciudades vecinas. No logró que todos ellos le permanecieran fieles y ya no quiso reincidir.

En 2007, junto a Luis D’Elía, fue invitado por el gobierno de Irán a conocer el país y contribuir a llevar periodistas que revirtieran la propaganda contraria a la que eran sometidos desde los Estados Unidos. “¡Irán! –profería con ojos vivaces– ¡El lugar donde nació el imperio persa!”.

Pero no fue el asombro ni la emoción sino sus declaraciones lo que motivaron un quite de apoyo de monseñor Luis Teodorico Stöckler: «las opiniones políticas del presbítero Farinello en ocasión de su viaje a Irán, no expresan el parecer oficial de la Iglesia Católica ni del Obispo de Quilmes».

De la céntrica Quilmes pasó a Florencio Varela, donde siguió haciendo lo de siempre. Allí, hacia 2012, sufrió dos accidentes cerebro vasculares de los que fue recuperándose poco a poco. Fue víctima de asaltos en 2013 y 2015 por parte de gente tan humilde como la que siempre protegió.

No obstante, se lo vio bien en la Plaza de Mayo para otro aniversario del Golpe. Hasta sus últimos días perseveró en su defensa de los ideales de ayer sin olvidar las necesidades concretas del hoy.

En eso pensaba en los últimos días previos a su ingreso al hospital de Quilmes, cuando el corazón pidió una última ayuda que no llegó a salvarlo en el atardecer del sábado 2 de junio.

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