La película completa

Hundimiento y rescate

"Un barco naufragado", Carlos de Haes, 1883.

 

Durante estos años, la palabra volvió convertida en latiguillo político. Manuel Adorni terminaba con un seco “fin” sus exposiciones y sus cruces en las redes sociales. Era una forma de clausurar la discusión: después de esa palabra ya no quedaba nada por explicar ni responder. La verdad había sido pronunciada y el adversario debía guardar silencio.

Pero la realidad no termina cuando un funcionario dice “fin”. El gobierno quiso convencernos de que la pobreza había quedado atrás. Presentó su reducción como la prueba definitiva del éxito del programa económico, pero para hacerlo necesitó comenzar la comparación en el peor momento de la serie: el pico alcanzado durante los primeros meses de su propia gestión.

Milei recibió un país con la pobreza en aumento, pero no con la “herencia catastrófica” con la que su gobierno intenta justificarlo todo. 

A ese aumento se sumaron las expectativas generadas por el entonces candidato Milei, que agravaron la inestabilidad, más las decisiones que tomó como Presidente al asumir. Porque una cosa es reconocer los problemas existentes y otra muy distinta es atribuirle al gobierno anterior las consecuencias de la devaluación, la liberación de precios y el ajuste aplicados después del 10 de diciembre de 2023.

La pobreza tenía una tendencia ascendente, pero Milei no se limitó a recibirla: con sus propias políticas la empujó hacia arriba.

La secuencia reconstruida por la consultora ExQuanti, a partir de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, permite ver tres momentos: un aumento explosivo de la pobreza al comienzo del gobierno de Milei, un descenso importante durante 2024 y parte de 2025 y una nueva subida desde el último trimestre de 2025. La película completa.

 

Fuente: ExQuanti, sobre microdatos de la EPH-INDEC. Las cifras trimestrales deben compararse considerando el efecto estacional del aguinaldo.

 

El cuadro cuenta la historia con bastante claridad. Durante los primeros meses de Milei, la cantidad de personas pobres pasó de ser alrededor de 18 millones a 25,7 millones. Luego descendió hasta 12,8 millones en el tercer trimestre de 2025, pero volvió a subir y llegó a 14,4 millones durante el primer trimestre de 2026.

Entre el tercer trimestre de 2025 y el primero de 2026 se incorporaron aproximadamente 1,6 millones de personas a la pobreza. De ellas, unas 400.000 cayeron por debajo de la línea de pobreza solamente entre el cierre de 2025 y los primeros tres meses de 2026.

Aquí aparece la operación propagandística. El gobierno no comparó su desempeño con el punto de partida, sino con el pozo más profundo, producido después de sus primeras medidas.

Es como arrojar a 25 personas al agua, rescatar después a 13 y presentarse ante las cámaras para anunciar que se salvaron 13 vidas. La pregunta que falta es elemental: ¿quién las tiró al agua? Y queda otra, todavía más incómoda: ¿qué ocurrió con quienes no fueron rescatados o volvieron a caer?

La disminución posterior al pico fue real. Negarla sería tan engañoso como la lectura que hace el gobierno. Pero medir todo desde ese máximo extraordinario permitió anunciar que entre 12 y 14 millones de personas habían salido de la pobreza. Cuando la comparación se realiza desde el comienzo de la gestión y no desde el fondo provocado por su propio programa, se calcula que la reducción neta fue de alrededor de 3,6 millones de personas. Una mejora, sin duda, pero muy distante del milagro proclamado.

La discusión no es un juego de especialistas perdido entre porcentajes y decimales. El punto elegido para comenzar una comparación puede cambiar por completo la historia que se cuenta. Aquí se eligió el momento en que más argentinos se estaban ahogando para convertir cada cabeza que volvió a la superficie en una medalla del gobierno.

Ahora, además, la recuperación comenzó a mostrar sus límites. La pobreza aumentó durante dos trimestres consecutivos. En los primeros tres meses de 2026, la canasta básica total subió 9,6%, mientras que el índice salarial total avanzó 8,6% y los salarios registrados apenas 7%. La informalidad alcanzó al 44,2% de las personas ocupadas. Al mismo tiempo, las tarifas, el transporte y los alquileres crecieron por encima del nivel general de precios y de buena parte de los ingresos familiares.

No se trata de una advertencia tardía. Venimos señalando este proceso en dos artículos publicados en El Cohete a la Luna:La verdad de la milanesa”, el 15 de febrero de 2026, y “La V que nos nombra”, el 16 de agosto de este año. Allí advertimos tanto la manipulación de las comparaciones como los límites de una disminución de la pobreza que ahora comienza a revertirse.

El problema no consiste en que la pobreza nunca haya bajado. Bajó, y de manera importante. El problema es que esa disminución no logró consolidarse ni convertirse en una mejora estructural. La tendencia descendente fue real, pero se interrumpió: durante los dos últimos trimestres medidos, el número de personas pobres volvió a crecer.

Después de un duro ajuste presentado como la puerta de entrada necesaria a una nueva Argentina, la pobreza vuelve a acercarse peligrosamente a los niveles que el gobierno utilizó para justificar aquel sacrificio. Pero la sociedad que regresa hacia ese punto no es la misma: llega más castigada y con menos defensas.

Hay más informalidad, salarios debilitados, obra pública paralizada y una estructura productiva cada vez más desigual. Mientras avanzan sectores como el agro, la energía y la minería, retroceden o se estancan actividades intensivas en trabajo como la industria, la construcción y el comercio. El crecimiento, cuando existe, no se convierte necesariamente en empleo estable ni en mejores ingresos.

También aumentó el endeudamiento familiar y el peso de los gastos fijos. Muchas personas que estadísticamente consiguen quedar apenas por encima de la línea de pobreza continúan viviendo al borde del abismo. Un aumento del alquiler, una enfermedad, una cuota impaga o la pérdida de uno de los ingresos del hogar bastan para hacerlas caer nuevamente.

La inflación puede desacelerarse y, sin embargo, la vida sigue siendo impagable. Que los precios aumenten más lentamente no significa que bajen ni que los salarios recuperen automáticamente lo perdido. La estabilidad de una planilla no llena una heladera.

Al INDEC se lo puede presionar, cuestionar o intentar utilizar políticamente. Pero los datos oficiales continúan allí y hay que ir a buscarlos, como resulta de los aquí expuestos. Permanecen gracias al trabajo profesional de esos mismos trabajadores del Estado que el discurso libertario denostó, desacreditó y presentó como una carga. 

Por eso es necesario mirar la película completa y no una fotografía elegida por conveniencia. 

 

Se acabó, entonces, el chamuyo. Un modelo no puede evaluarse únicamente desde el fondo que él mismo produjo, ni mediante los indicadores que decide recortar. Debe juzgarse por el punto en el que recibió el país, por el daño causado durante el ajuste, por la calidad social de la recuperación y por el lugar hacia el que ahora nos conduce.

Si después de arrojar a millones de personas al agua, rescatar a una parte y celebrar el operativo como un milagro, el número de quienes vuelven a hundirse comienza otra vez a crecer, no estamos ante la prueba definitiva de un éxito económico.

Estamos ante el fracaso de una promesa.

 

 

 

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