LA PUERTA DEL INFIERNO

No podemos dejar que la malicia de pocos abre una puerta que ponga en riesgo a todos

 

Sueños selectos: al infinito y más allá

El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ha pasado a representar la nueva visión liberal dominante frente a las estrategias de aislamiento y distanciamiento social preventivo ante la pandemia. Esa visión que procura ir abriendo más actividades laborales, comerciales, educativas y recreativas, apela al hacerlo a una meseta aunque alta en el número de casos infectados confirmados, a un sistema de salud sin supuestas dificultades porque dice mantener un porcentaje de camas disponibles siempre mayor al 30%, a una economía paralizada, y a una población cansada y demandante.

La visión del gobierno de la Ciudad se ve acompañada por personas que salen a reclamar una libertad supuestamente vulnerada por el gobierno nacional, y un pequeño grupo de intelectuales, artistas, y activistas opositores que sin vergüenza alguna en el abuso del lenguaje, en su momento hablaron de infectadura, ahora hablan de terror sanitario.

Hasta Bárbara Diez, la mujer del jefe de gobierno de la CABA, empresaria de organización de fiestas y eventos, celebró la apertura para reuniones al aire libre de hasta 10 personas y escribió: “Ya nos están llamando desde el viernes (28 de agosto) para celebrar cumpleaños y festejos de 10 personas en parques, jardines, terrazas y patios. VAMOS que de ahora en más, si DIOS lo quiere, se irán sumando invitados y volveremos a cumplir sueños. Empecemos por sueños para 10 selectos invitados. ¡VAMOS! Al infinito y mucho más allá”. (Perfil, 1 de septiembre).

Un par de días después, en una Carta Abierta a la Sociedad Argentina, la Facultad de Medicina de la UBA decía: “Es necesario aumentar nuestra conciencia de riesgo, como individuos y como sociedad. Todos queremos creer que lo peor ya pasó, pero no es así, y no pasará como en los cuentos o en los sueños, que las cosas suceden por solo desearlas.”

 

 

¿Cómo se dispersó el virus?

¿Por qué lo peor no pasó ni dejará de pasar, si no se actúa racionalmente, aunque a alguien se le ocurra ir contra toda evidencia? ¿Qué es lo que ha pasado y pasa con la pandemia que los “libertarios” y los que cierran los ojos para no ver la verdad niegan?

El coronavirus SARS-CoV-2 no es más que un ultramicroscópico segmento de material genético (ARN-Ácido RiboNucleico) cuya única actividad es replicarse. Para hacerlo debe entrar en contacto con seres vivos. Cuando lo hace por transmisión de un ser humano infectado a uno sano, invade sus células y  se multiplica por miles. Esto causa un gran daño celular y orgánico. No hay intencionalidad ni direccionalidad alguna en esa actividad. No es un parásito que busca a otro ser vivo para vivir de él. Sólo tiene una enorme capacidad potencial de multiplicarse cuando puede entrar a una célula. No “sabe” hacer nada más. Y de repente encontró la posibilidad de expandirse por la totalidad de seres humanos en el mundo. A eso llamamos pandemia.

Pero, ¿por qué este virus que invadió al primer ser humano en Wuhan, China, pudo invadir a millones de personas en todo el mundo? ¿Por qué no se lo pudo aislar y  detener allí mismo siendo que los seres humanos sabemos más cosas que el replicarnos? Una de las respuestas es por los viajes y movimientos. Primero por los viajes dentro de China. A la vez por los vuelos internacionales desde China a diversos aeropuertos del mundo. Y por último, por los viajes nacionales, provinciales y locales en los diversos países. Finalmente, por los movimientos (o “viajes”) de cada persona de un lugar a otro en cualquier medio.

 

 

https://www.nytimes.com/interactive/2020/03/22/world/coronavirus-spread.html

(Espere a que su computadora suba la versión española o cliquée idioma en la ventana superior.)

 

 

¿Cómo nos ganó el virus en su expansión?

La Sociedad Argentina de Terapia Intensiva sacó esta semana una solicitada diciendo: Sentimos que estamos perdiendo la batalla. (…) Observamos en las calles cada vez más gente que quiere disfrutar, que reclama sus derechos, la gente que se siente bien por ahora. ¿Qué pasará con ellos y sus familiares mañana? (…) ¡No desafiar al virus, porque el virus nos está ganando! El personal sanitario está colapsado, los intensivistas están colapsados, el sistema de salud está al borde del colapso”. 

Esta advertencia ha venido a recordar una situación de otros países. Tomemos al que está siendo más derrotado: los Estados Unidos. ¿Por qué perdió su batalla contra el virus en modo catastrófico? Los primeros casos en Seattle y Chicago eran de viajeros procedentes de China. Pero se demoró mucho en cancelar los viajes. Y aunque a fines de febrero ya se sabía que había que establecer el distanciamiento social, el Presidente Trump no lo hizo y permitió seguir con las actividades habituales. Millones de personas se movieron sin restricciones por todo el país. Del 1 al 14 de marzo se hicieron 4,3 millones de viajes desde el área del primer foco en Seattle. Las muestras genéticas del virus del tipo del brote de Seattle aparecieron en 14 Estados. ¿Por qué el poder político no se asoció a las evidencias del saber científico?

Para el 1 de marzo había un solo caso en Nueva York, pero hoy se estima que entonces ya había 10.000 infectados. El alcalde Bill de Blasio dijo el 2 de marzo: “Estoy animando a los neoyorquinos a que sigan con sus vidas y salgan de la ciudad”. Los viajes se multiplicaron por miles. La variedad genética del virus de Nueva York tuvo un mayor poder de expansión. Se dijo entonces que Nueva York había actuado como una Gran Estación Central para la difusión del virus.

 

 

https://www.nytimes.com/interactive/2020/us/coronavirus-spread.html

https://www.nytimes.com/interactive/2020/03/21/us/coronavirus-us-cases-spread.html

 

Es lo que puede decirse de la Ciudad de Buenos Aires, epicentro de la mayor cantidad de viajes de conexión con otros países y con otras provincias, que pasó a ser la Gran Puerta abierta a la pandemia. Y sin embargo, aunque hoy sigue siendo un foco mayor de dispersión para todo el país, se propone para ella la mayor liberalidad y flexibilización de las normas sanitarias.

 

 

¿Cómo está el virus hoy?

 La Facultad de Medicina de la UBA afirmó que “los aumentos de casos en el interior del país y ‘las mesetas con números altos’ en algunas ciudades, solo preanuncian nuevos casos de enfermedad (…) No es posible que la necesidad de la libertad de tomar un café, nos exponga a más pérdidas de vidas. Necesitamos que la sociedad visibilice estas situaciones de ‘falta de cuidado individual y comunitario’ como problemática. Por ahora, el mejor remedio que encontramos fue el distanciamiento y las medidas de protección”

Ahora bien, si observamos la situación de la pandemia en el mundo al día 4 de septiembre, el país que tenía el mayor promedio de casos diarios por cada 100.000 habitantes era Argentina con 23 y un promedio de 10.129 casos diarios.

 

 

https://www.nytimes.com/interactive/2020/world/coronavirus-maps.html

 

 

La curva epidémica de casos confirmados y acumulados en el país no se ha detenido en su ascenso. Hasta el 2 de septiembre, esa curva registraba al 24/8 como el día con mayor cantidad de casos con 9.508, pero en el informe diario del 4 de septiembre, el Ministerio informó que el 3/9 se habían confirmado 12.026 casos nuevos. La curva seguía en ascenso sin meseta alguna a nivel nacional. Y se sabe: a más infectados más enfermos, más enfermos graves y más muertes.

 

 

 

https://www.argentina.gob.ar/informes-diarios/septiembre-de-2020

 

 

La Universidad Nacional de la Plata advirtió: “Parece haber dos realidades. Una es la de los hospitales con la lucha brutal y desigual contra la enfermedad y la muerte. Otra, la de las calles y las plazas con cada vez más gente que quiere disfrutar, que reclama sus derechos, la gente que se siente bien por ahora, que no guarda las distancias y no se protege. Parecen ignorar el riesgo que existe para ellos y sus familias”.

 

 

La Ciudad y el País

En la Ciudad de Buenos Aires, la política de apertura y flexibilización prescindía de esos y otros datos duros que la colocan en el peor de los escenarios. Considerando la incidencia acumulada de casos confirmados cada 100.000 habitantes (3.198), la Ciudad es la que más casos de personas infectadas acumula en modo proporcional a su población triplicando al promedio país (968). O sea, es la población que más se infecta en el país que hoy tiene el mayor promedio de casos diarios en el mundo. Se pondrán excusas, pero sólo la irresponsabilidad política puede alentar medidas de flexibilización si tenemos en cuenta a la población de la Ciudad y a la población de otras jurisdicciones a las que puede propagarse ese gran foco.

 

 

https://www.argentina.gob.ar/informes-diarios/septiembre-de-2020

 

Si consideramos la tasa de mortalidad (757) pasa lo mismo. (La tasa de mortalidad surge de multiplicar el número de fallecidos por un millón y luego dividirlo por la población total.) La Ciudad tiene la tasa más alta que es tres veces y media mayor a la tasa de mortalidad promedio país (201). A su vez la tasa de letalidad (número de fallecidos dividido por el número de infectados y multiplicada por 100) es de 2.5% en la Ciudad que también es más alta que la tasa promedio país (2.1%). Y no sabemos si la variedad genética del virus dominante en la Ciudad es más letal y de mayor expansión que otras variantes que puedan estar circulando en el país.

 

 

https://www.argentina.gob.ar/informes-diarios/septiembre-de-2020

 

Frente a esto, el gobierno de la Ciudad habla de meseta alta de casos con un promedio de 1.400 casos diarios, pero pronostica que está por llegar el descenso. Más allá de su idoneidad predictiva, debe recordarse que la curva epidémica que hemos mostrado antes para la Argentina no presupone que iniciado un descenso esto siga así hasta la desaparición de la pandemia. Las curvas actuales de España y Francia comparadas con la de Argentina ilustran bien la posibilidad de un futuro que el arte adivinatorio del gobierno porteño no vislumbra. Cuando insiste tanto con abrir escuelas debería tener en cuenta que Francia acaba de cerrar 22 de las escuelas reabiertas. El futuro no es un sueño ni una profecía.

 

 

Dónde aumentan los casos nuevos. Casos totales.

https://www.nytimes.com/interactive/2020/world/coronavirus-maps.html

 

 

Nosotros y los otros

Hay tres condiciones con las que todos nacemos: vulnerabilidad, ignorancia e imposibilidad de distinguir lo bueno de lo malo. De la vulnerabilidad nos protegemos, al principio, con el cuidado de los otros, y después con el saber y el acceso a gozar de las realizaciones materiales de ese ingenio. Pero como no todos accedemos de igual modo a esas realizaciones, hay quienes somos más vulnerables que otros. Son los determinantes sociales o la necesidad, eso contrario a la libertad. De la ignorancia salimos con la educación y nos pasa lo mismo. Pero de la ceguera para distinguir lo bueno de lo malo, aunque es posible salir con la moralidad y con la reflexión ética, somos libres de hacerlo o no. Y hay quienes usan esa libertad con intención maliciosa. Así hay quienes hoy parecen querer gozar la libertad de mirar el sufrimiento de los otros.

Me consultan desde San Luis por una familia con los padres y los dos hijos infectados e internados. La mamá está muy mal. El padre pide para verla. Hay que evaluar el respeto individual a su pedido y la protección de los niños como sujetos del derecho a tener una familia. Si los dos padres murieran, los chicos quedarían sin su familia de origen. No sabemos quién de ellos se infectó primero y contagió a los otros, ni tampoco cómo se contagió. Pero sabemos que ese contagio amenaza con destruir a ese grupo humano. Por eso es que la responsabilidad que tenemos ante nosotros mismos y ante los demás es muy alta como para dejar que la malicia de unos pocos ponga en tan gran riesgo a los demás. Esas conductas maliciosas, de verdadero terror sanitario, deben cambiar.

 

 

 

15 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimado Juan Carlos:
    Excelente análisis.
    Una humilde digresión, si me permite:
    Erasmo de Róterdam, autor de “Elogio de la locura”, dijo: “La existencia más placentera consiste en no reflexionar nada” y “Opónense a la razón dos antagonistas formidables: la cólera, que la tienen la sade de su imperio en el corazón, en los orígenes mismos de la vida, y la lubricidad, que extiende su preponderancia hasta más abajo de la región abdominal.”
    Como si supiera que un día surgiría el PRO, dijo: “Con la cara más dura que una piedra, hemos depuesto todo pudor, abandonado todo sentido de la vergüenza e imitamos, igualamos, dejamos atrás a los paganos en avaricia, ambición, lujo, fasto, tiranía.” y, a los potenciales votantes que, siendo parte del pueblo (no de la oligarquía), premonitoriamente les advirtió “La mente humana está formada de tal manera que es mucho más susceptible a la falsedad que a la verdad.”.
    Para el caso que nos ocupa, dijo “¿Qué sentido tiene, expuestos como estamos a tan gran número de males, echarse encima voluntariamente otro más, como si no tuviéramos bastante?”.

  2. HERNÁN DE ROSARIO dice

    “El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ha pasado a representar la nueva visión liberal dominante frente a las estrategias de aislamiento y distanciamiento social preventivo ante la pandemia. Esa visión que procura ir abriendo más actividades laborales, comerciales, educativas y recreativas, apela al hacerlo a una meseta aunque alta en el número de casos infectados confirmados, a un sistema de salud sin supuestas dificultades porque dice mantener un porcentaje de camas disponibles siempre mayor al 30%, a una economía paralizada, y a una población cansada y demandante”.

    Con este párrafo el doctor Tealdi comienza su artículo. Más allá de la cuestión específica, muy grave por cierto, de la visión liberal del gobierno de la CABA en materia de combate al coronavirus (que, dicho sea de paso, está ganando la guerra), emerge una cuestión mas general que es la concepción neoliberal de la medicina en su conjunto, es decir, la consideración de la medicina como un negocio (¿negociado?) que permite a una élite de médicos/empresarios obtener pingües ganancias explotando a colegas que trabajan por un sueldo muchas veces paupérrimo.

    A continuación me tomo el atrevimiento de transcribir gran parte de un artículo escrito por Cecilia Molina (Universidad Nacional de Cuyo-Argentina) y Federico Tobar (Fondo de Población de las Naciones Unidas) titulado “¿Qué significa neoliberalismo en salud?” (RevIISE-vol. 12, año 12, artículos Dossier-agosto de 2018).

    El divorcio entre la política y la administración en la Nueva Gestión Pública

    La transformación del papel del Estado que impulsa el proyecto neoliberal sitúa como asunto central de la agenda política la reorientación de servicios de atención médica y reconoce entre sus orientaciones teóricas a la Nueva Gestión Pública (NGP). De allí la cruzada gerencialista (Jiménez Martín, 2014), que pugna por incorporar herramientas del ámbito privado para modernizar los servicios de salud, en especial los hospitales públicos, y por esa vía modificar las relaciones entre aseguradores y prestadores. La NGP recupera la separación de funciones, promovida por la teoría económica del principal/agente, para impulsar la creación de mercados internos. Se autopresenta como un modelo estandarizado de desempeño apto para reemplazar el modelo burocrático que orientó el desarrollo de las organizaciones del Estado de Bienestar y para “liberar” a las organizaciones públicas de interferencias de la política (Díaz Canepa, 2010; López, 2005). Caracterizada como una guía prescriptiva de implementación (Guerrero, 2004) a partir de un discurso que contrapone eficiencia privada con ineficiencia pública (López, 2005), la NGP prioriza el criterio de eficiencia sobre el de justicia y los instrumentos por sobre los fines del gobierno (García Delgado, 2013). El efecto de esta huida hacia el Derecho Privado es divorciar la política de la gestión. E incluso sustituir la primera por la segunda. Supone el riesgo de desligar la actividad de los hospitales públicos de decisiones de política sanitaria más amplias. Entre otras cosas, porque considera la política una interferencia para la gestión, y refuerza, en los servicios médicos, la tecnocratización de la salud. Parte de estas premisas están siendo revisadas. Por ejemplo, desde el enfoque de redes, se asume que más que “competir”, los hospitales deben “cooperar”. Sin embargo, las políticas de atención médica inspiradas en la NGP gozaron en sus albores de mucho consenso en todo el espectro político. Los gobiernos conservadores entendían que someter los servicios de salud a la competencia del mercado sería una solución para controlar el gasto público. Al mismo tiempo, los gobiernos progresistas interpretaron la descentralización de los servicios que les confería mayor autonomía como una forma de expandir la democracia (Tobar, 2006).

    Orientados por la NGP, buena parte de los gobiernos europeos modificaron la forma de asignar recursos y de gestionar los hospitales sin afectar sustancialmente el financiamiento público de la asistencia ni las relaciones laborales de los médicos en el Estado. En contraste, en América Latina, experiencias de ampliación de autonomía de los servicios de salud desplegadas en el contexto de la epidemia descentralizadora (Tobar, 2006) han mostrado resultados controversiales en materia de eficiencia en la asignación de recursos, disminución de inequidades (Riutort y Cabarcas, 2006), responsabilización por los resultados de las políticas (Ugalde y Homedes, 2005, KolehmainenAitken, 2004), adecuación a las expectativas locales y democratización social (Ugalde y Homedes, 2008, Homedes & Ugalde, 2005). La consigna de separación de funciones que promueve la NGP, cuando fue aplicada a los hospitales, adquirió diferentes nombres según los países: hospitales de autogestión (Argentina), establecimientos de autogestión en red (Chile), empresa social del Estado (Colombia), organizaciones sociales de salud (Brasil). Bajo la misma impronta, los niveles centrales de gobierno ceden competencias a los servicios de salud para que a través de organismos colegiados tomen decisiones que antes se reservaba la autoridad política. Hacia adentro de los servicios, la NGP promueve la incorporación de valores y herramientas procedentes del ámbito privado, refuerza el rol de los gerentes, apunta a estandarizar procedimientos y propicia la rendición de cuentas como mecanismos para orientar las actividades hospitalarias hacia el cumplimiento de objetivos de política. Subraya la eficiencia y, para alcanzarla, se propone capturar formas de autogobierno médico. En suma: el paradigma gerencial en el que se inscriben las transformaciones hospitalarias recientes supone reacomodamientos de poder entre los niveles centrales de gobierno y los hospitales y, al interior de los centros, entre las autoridades hospitalarias y los servicios, en especial los servicios médicos (Molina,2015).

    El impacto de la NGP sobre los profesionales

    La empresarialización de los servicios de salud públicos genera crisis de sentido en el seno de las profesiones tradicionales de salud (Jiménez Martín, 2014) y tiene consecuencias importantes en las relaciones entre especialidades y en los vínculos laborales con el Estado. En un primer momento, los servicios de salud son organizados orientando la oferta a criterios de necesidades sanitarias que siempre eran interpretados por los especialistas. Ello otorgaba influencia al saber médico sanitario. Conjuntamente con el giro hacia el gerencialismo, la organización de los servicios pasa a orientarse hacia la demanda. El lugar de los sanitaristas e incluso el de los jefes de servicios médicos resulta desplazado. En su versión posterior, aparece la figura del contrato de gestión. El interés por aumentar la eficiencia se traduce en la introducción de sistemas de información centralizados y de mecanismos de rendición de cuentas bajo el nombre de contratos de gestión. Las tensiones resultantes han llevado a que los responsables políticos busquen nuevas formas de involucramiento de los profesionales en la gestión de servicios y a las ciencias sociales a intentos por explicarlas. Las aproximaciones inspiradas en teóricos de las profesiones como Eliot Freidson interpretan que la irrupción de nuevas tecnologías de gestión, la fijación de responsabilidades presupuestarias y otras medidas de control acotan márgenes de autogobierno profesional. Los análisis orientados por los estudios anglofoucaultianos sobre la gubernamentalidad neoliberal sostienen, en cambio, que las transformaciones en las prácticas de las profesiones de la salud y de las profesiones sociales en general deben pensarse en el contexto mayor de las transformaciones en las racionalidades y tecnologías de gobierno, que se arraigan de forma gradual y persistente en las democracias liberales avanzadas (Rose, 2012, 2007). El paradigma gerencialista supone redistribuciones de poderes, procesos de disciplinamiento y tensiones en el gobierno de los servicios de salud que son más que meras restricciones a la autonomía médica, tal como ha teorizado la sociología de las profesiones (Irigoyen, 2011:288).

    Las auditorías, el uso de estándares y de mediciones soninstrumentos para modernizar la gestión, controlar los costos o mejorar la rendición de cuentas de los servicios de salud, que incorporan una nueva manera de administrar a los profesionales. Rose (2007) postula que mientras la lógica de las decisiones sanitarias asumida en el Estado de Bienestar funcionaba como un freno del juicio experto de los profesionales de la salud a las intromisiones de los políticos, las nuevas tecnologías de gestión otorgan ese poder a contadores y gerentes. La gubernamentalidad neoliberal contempla racionalidades y técnicas que buscan gobernar sin gobierno, esto es: gobernar a través de la autorregulación de los sujetos (Rose, 2012:26). Como consecuencia, el paradigma de la gestión puede entenderse como una nueva forma de poder que persigue la intersección entre la conducta personal y los objetivos de gobierno, fomentando la persuasión y la seducción y minimizando la coacción explícita (Irigoyen, 2011:287). Los juicios sobre los impactos de esta forma de gobierno en los profesionales de la salud están divididos. Por un lado, se plantea que tropiezan con el control de los profesionales en la formación y la definición de las prácticas asistenciales, que son criterios que históricamente han regido el gobierno de los servicios de salud (Irigoyen, 2011). Por el otro, se postula que hay cierta afinidad entre la gubernamentalidad neoliberal y el gobierno de las organizaciones sanitarias con base en criterios profesionales. Evetts (2010), por ejemplo, sostiene que el discurso de la competencia, de atención al cliente, innovación, autonomía y el control de calidad puede interpretarse como promoción de la profesionalidad y por lo tanto puede ser utilizado para promover la gestión de las organizaciones. Lo cierto es que las exigencias de los seguros de salud públicos y privados desafían a los profesionales: Los médicos perdieron el monopolio de la mirada diagnóstica y el cálculo terapéutico: el juicio clínico del médico tratante se ve limitado y restringido por la demanda de la medicina basada en datos y la exigencia de usar procedimientos de diagnóstico y prescripción estandarizados y elaborados corporativamente (Rose, 2012:38). Más allá de las claves a las que se recurre para leer las transformaciones, hay cierto consenso en el debate académico en torno a la idea de que el neoliberalismo desafía el autogobierno de los médicos en los niveles micro pero no pone en cuestión la autoridad política de la Medicina, porque no afecta el paradigma biomédico dominante del cual deviene esa autoridad: Los profesionales incorporan progresivamente controles y aceptan la supervisión clínica de sus pares y otras técnicas de vigilancia clínica que desafían su autonomía porque se ajustan a los focos individualistas y curativos […] comparten las premisas epistemológicas y metodológicas positivistas propias del modelo biomédico (Lewis, 2004:13-14).

    Causas y efectos de la despolitización de la salud

    En el contexto neoliberal, las políticas de salud son presentadas como asuntos técnicos, como fórmulas estandarizadas para afrontar los desafíos del reacomodo de la intervención del Estado en lo social, las crisis de financiamiento público y los criterios que deben orientar la configuración de los servicios. Este enfoque tecnocrático pasó por alto las implicancias de las transformaciones en la mercantilización de la salud (Tobar, 2012; 2006; Correia, 2009) y oscurece la dimensión política de la actividad del Estado (Vilas, 2011; Augusto, 1989). Permite entender también por qué los cambios se presentan y en general son adoptados por gobiernos neoliberales como procesos neutrales, a dirimir entre expertos. Una publicación del Health Policy and Systems Research considerada bisagra en el análisis de las políticas de salud objeta el abordaje tecnocrático de las transformaciones sectoriales impulsadas en los países de ingresos medianos y bajos a partir del ajuste estructural de la primera parte de los 90: quienes abogaban por las reformas políticas tendían a percibirlas como técnicas: los expertos internacionales negociaban sus programas de reforma con los responsables de elaborar las políticas a nivel nacional. Aunque mucha gente aceptaba cierta necesidad de reforma, no se tuvo en cuenta factores importantes, como las diferencias en culturas e instituciones políticas, la influencia de las ideologías o escuelas de pensamiento y las tradiciones históricas de los países (Walt y Gilson, 1994:5).

    Esta concepción despolitizada de las reformas no se ha limitado a los países en desarrollo ni al sector salud. Boas y McNeill (2004) sugieren que los mecanismos de distorsión tecnocrática son inherentes al neoliberalismo que, convertido en una especie de “sentido común”, se apoya en la Economía y presenta a esa disciplina como objetiva y libre de valores. Para esos autores, la tecnocratización es el proceso por el cual cuestiones controversiales y por lo tanto políticas se plantean y defienden como técnicas y tiene lugar cuando asuntos que son inevitablemente políticos se definen de tal modo que se vacían de contenido político. Boas y McNeill (2004) postulan que bajo la lente de la economía, las definiciones de los problemas y programas de desarrollo se exhiben como decisiones basadas en datos y en análisis y no como cuestiones que implican visiones del mundo y asunciones en torno al cambio social, por lo que necesariamente involucran controversias y disputas políticas. La tesis de apoliticidad trasciende la asunción de que las políticas implican saberes y especificidades técnicas. La función de este tipo de planteo es clausurar autoritariamente la discusión sobre la filiación de las políticas a proyectos políticos específicos (Vilas, 2011). Y aunque conceptos como democratización, participación social, respeto por la interculturalidad aparezcan como justificativos de muchas reformas, de manera sistemática se elude la deliberación sobre los valores que las orientan, su adscripción a proyectos políticos conservadores y la deliberación de actores con injerencia histórica en la configuración del sector (Laurell, en González y Nin, 2018 Tobar, 2012; Fleury, 2008; Homedes & Ugalde, 2005).

  3. Flavio dice

    Impecable artículo estadístico, al igual que sus opiniones, vivo en Soldado de la Independencia a 40 mts. de Fco. Lacroze, – Las Cañitas – CABA, lindante a mi edificio hay un pequeño café, que colocó mesas y sillas en el espacio que ocupa su local, y lo extendió hasta la superficie de mi edificio, donde agregó más mesas y sillas en veredas de 2 metros, las mismas los fines de semana se extienden al edificio lindero al mío, para entrar debo pasar entre medio de gente sin barbijos ni distancia social, estacionan en doble fila, y los controles no existen ello con la anuencia de los encargados de contralor del gobierno de la Ciudad y los administradores de consorcios, se comenta- no lo puedo asegurar – que los dueños son allegados al alcalde porteño.-

  4. Jorge ghersa dice

    Se trata de una accion premeditada y persigue que haya mayores contagios y que el sistema colapse. Es una estrategia que ademas incluye la violencia golpista en la calle y la ausencia del pro del parlamento.
    No nos podemos dar el lujo de la ingenuidad.
    No atender la situacion de pandemia con conductas que favorecen los contagios es una conducta punible. En suma, hay que denunciarlos, implementar la intervención de los tribunales, que algunos hay, y meterlos presos.
    No se puede combatir a los antidemocráticos con persuasión

  5. Ricardo Comeglio dice

    Vivo en Mendoza y está considerada como zona sísmica, lo cual es verdad porque ocurre a menudo movimientos telúricos que «sentimos», pero resulta que grandes seísmos o terremotos ocurren en realidad muy esporádicamente o quizás pasan muchos años sin que ocurra alguno.
    Esto llevaría a que quienes son negacionistas puedan afirmar de que no hace falta una construcción antisísmica en esta zona porque en realidad los terremotos no ocurren casi nunca y entonces gastar tanto dinero en ese tipo de construcción no es lógico.
    La supuesta libertad a la que aluden e invocan para decidir por sí mismos si un virus es malo o bueno para la especie humana, equivaldría a que pudieran decidir también si construyen o no bajo reglas y leyes de construcción antisísmica.
    Una estupidez total.
    También podrían oponerse a construir edificios bajo leyes de la física y acorde a lo decidido en los planos por ingenieros y arquitectos. Y todo en pos de su declamada libertad.
    Podrían invocar esa misma libertad para decidir que la potabilización del agua no es necesaria. También para decidir que los gases arrojados a la atmósfera por un aparato construido por el hombre no es nocivo para la salud y que ellos son libres de utilizarlos.
    Si hay hongos venenosos ¿por qué prohibir venderlos para consumo masivo? ¿No es que somos libres para hacer lo que queremos?
    ¿Se oponen también a la venta libre de todo tipo de drogas? ¿Acaso se podrían oponer a la prostitución y a la trata de menores de edad para prostituirlas? Si el tema es que somos libres de hacer lo que queramos y no nos importa lo que dicen los expertos, científicos y profesionales de toda índole ¿quién me impide usar esa libertad para pegarles un tiro en la cabeza porque considero que el hacerlo no afecta en nada mi vida ya que prohibirme hacerlo es ir en contra de, justamente, la libertad?
    ¿Por qué no cruzar semáforos en rojo, verde o amarillo sin importar las reglas? ¿Por qué ir por la derecha conduciendo un vehículo y no por donde yo quiera? ¿Por qué hacerle caso a la diagramación del sentido de marcha de las calles?
    Estos energúmenos negacionistas deben ser puestos en su lugar. Los psiquiátricos.

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