La relación con Estados Unidos

El difícil arte de discernir si el apriete viene del gobierno o de los intereses económicos

 

La relación con Estados Unidos tiene una vertiente política y otra económica, y desde que Macrì dejó el gobierno no tienden a coincidir. Accionista mayoritario del FMI, Washington tiene la capacidad de decisión sobre la deuda externa argentina. Al mismo tiempo, reclama un alineamiento acrítico con sus posiciones respecto de Venezuela o Bolivia, cosa que el gobierno argentino no comparte. Una de las grandes dificultades consiste en discernir cuándo un apriete viene del gobierno del Presidente Donald Trump, de los tenedores de títulos argentinos o de los medios. Alberto Fernández procura manejarse con calma pero firmeza en ese terreno resbaladizo.

—Ya hay algunos consultores que han mejorado sus pronósticos. Siguen planteando que el año 2020 va a ser negativo, pero en menor proporción.

AF: Creo que eso va a pasar. No quiero aventurar nada, hablar de semestres ni nada de eso. Porque además estamos en un mundo tan convulsionado que en cinco minutos puede cambiarte toda la historia. Pero creo que hemos encarrilado la economía en el buen sendero, y que los ruidos que se escuchan son interesados.

—¿En qué sentido?

AF: El otro día, según la agencia Bloomberg, un funcionario de la Casa Blanca le dijo a Nielsen que iban a condicionar su apoyo en el Fondo Monetario a la posición ante Venezuela y Bolivia. Le pregunté a Nielsen y me dijo que nunca hablaron de eso. Llamé al funcionario y también me dijo que no se habló de eso.

—El funcionario, ¿era Claver?

AF: Sí. Y, ¿por qué dicen eso? Porque en el mundo también están los operadores bursátiles, que compran bonos…

—Está bien. Claver lo negó. Pero Chris Andino, que es un funcionario de tercera línea de la embajada, les dijo a Felipe Solá, Gustavo Béliz y Jorge Argüello que, si la Argentina no modificaba su posición respecto de Evo Morales en Bolivia, esto podría tener consecuencias en la relación bilateral.

AF: Sí, y recibió la respuesta que nosotros le dimos. Evo es un refugiado político y para nosotros no hay nada más que explicar, tiene los derechos de cualquier ciudadano argentino. Y no vamos a condicionarlo en nada. Yo me ocupé de que Evo salga vivo de Bolivia, no le voy a negar ahora la posibilidad de vivir en mi país.

 

 

 

Chris Andino (derecha).

 

 

 

 

 

 

 

—Excelente posición. Pero yo te preguntaba por la de Chris Andino, que dice lo mismo que la nota de Bloomberg. Lo de Bloomberg es una operación, ¿pero de quién?

AF: Yo creo que de los tenedores de bonos argentinos, que con esas cosas hacen subir y bajar su precio y hacen su propio negocio. Eso al margen de lo que creo que fue un exceso de la embajada en la Argentina con nuestros funcionarios, porque no era eso lo que debía plantearse.

 

 

 

La capacidad ociosa de la industria

—Se sabe que la industria está produciendo al 50 y 60 por ciento de la capacidad instalada. Lo que no se sabe es en qué estado se encuentra la parte ociosa. ¿Ustedes tienen alguna medida de cuánta de esa capacidad ociosa está lista para producir y cuánta está oxidada y ya no sirve o ya está tecnológicamente obsoleta?

AF: La capacidad ociosa es la que se puede hacer funcionar en el momento. La otra ya se considera perdida.

—Pero, ¿hay medida de eso?

AF: Sí, hay medida. El dato escalofriante es no solamente que se usa el 50 o el 60 por ciento de la capacidad instalada. Cuando vos decís que se usa el 60 por ciento de la capacidad instalada en autos, a uno le preocupa mucho. Pero cuando vos escuchás que el 50 por ciento de la capacidad instalada en materia agroalimentaria está ociosa, ahí te preocupás mucho, y cuando a eso le sumás que se vende un 30 por ciento menos de leche y se produce un 30 por ciento menos de leche porque no hay demanda, ahí te preocupás muchísimo. El problema no es solamente la capacidad ociosa, sino qué tipo de capacidad ociosa tenemos. Ese es un dato tremendo. Si es del 50 por ciento, de dos máquinas para producir, una funciona; la otra, no. ¿Por qué? Porque no hay demanda de alimentos.

—Algunas de las grandes lácteas están en grandes dificultades, en venta.

AF: Además, esto trae aparejada una consecuencia no querida, que es la gran concentración del mercado. El 80 por ciento de la industria de la panificación está en manos de una empresa. La industria láctea está en manos de dos o tres empresas. Eso sí es muy grave. Ahí generar competencia es un conflicto. Hay algunos desarrollos y algunos proyectos que son muy interesantes. Por ejemplo, en La Pampa que han generado su propio producto lácteo, y lo ha hecho el Estado.

—Algunos municipios en la provincia de Buenos Aires, como San Antonio de Areco…

AF: Exactamente. Nosotros tendríamos que impulsar ese tipo de cosas porque, primero, no hay motivo para que la leche salga de General Rodríguez y termine en Salta, si en Salta se puede hacer leche.

 

 

Después de la emergencia

—¿Cuándo creés que la emergencia habrá dejado lugar para pensar en todas estas cosas?

AF: Yo confío que en 180 días. Pasado el 31 de marzo vamos a tener un escenario más estable, y espero que no necesitemos prorrogar más esos 180 días, pero, si hiciera falta prorrogarlos, los prorrogaremos.

—Vos sos el primer Presidente de la historia argentina que llega conociendo cómo funciona todo. Pero, ¿21 ministerios es una cantidad razonable?

AF: Sí. Es exactamente el mismo gasto que teníamos, y un poquito menos.

—Yo no me refiero al gasto.

AF: Lo agilizás mucho. Cuando la secretaría de Salud dependía de Desarrollo Social, para sacar una decisión necesitabas la firma de otro ministro y la intervención de otro ministerio. Eso hoy desaparece, y, en términos de costos, es exactamente el mismo. Cuando Macri dijo que achicó el Estado, fue toda una ficción.

—Achicó algunas cosas y agrandó otras.

AF: No quieras saber además los gastos. Ayer hablaba con Sergio Massa y me comentaba algo que Malena había detectado en AYSA y yo pedía que lo cuente, que son los sueldos y lo que se pagaba por despidos de gente que simplemente se iba porque había terminado su mandato político. Se iban despedidos y cobraban indemnizaciones increíbles y la cantidad de funcionarios que contrataban como asesores externos con sueldos de 150.000 o 200.000 pesos en todos los ministerios. Ahí está el verdadero dispendio.

—Yo no te lo planteaba desde el punto de vista del gasto sino del funcionamiento, porque se aprecia una cierta demora en poner en marcha toda la estructura estatal. Hay en todos los ministerios secretarios que todavía no han asumido.

AF: Ahí hay algo de lo que asumo mi culpa. Traté de controlar las designaciones que se hacían por debajo de los ministros en todos los ministerios, y controlarlas no solamente en lo que hace a la calidad personal y técnica de cada uno, sino también en lo que hace a los equilibrios políticos, porque yo nunca me olvido que soy el Presidente de un frente. Yo no soy el dueño de nada. Es un gobierno de todos. Entonces particularmente me ocupé de que los equilibrios no se vuelquen para un lado o para el otro, y en eso fui muy cuidadoso. Eso reconozco que genera una demora en las designaciones. Fue así. Después hay otro tipo de problemas con los que nos encontramos. Por ejemplo,  toda la firma ahora es electrónica y funciona con un pendrive que vos autorizás y decís «va mi firma». Pero el sistema cada dos por tres se cae, desaparece, demora muchísimo. Yo le he pedido ayuda al Ministerio de Ciencia y Tecnología para que vean cómo funciona ese sistema. Ese, aunque no parezca, sí es un problema burocrático. La cantidad de ministerios me parece que no está mal.

—No sólo la cantidad de ministerios, la cantidad de secretarías y la jefatura de Gabinete. Hay un Presidente que conoce cómo funciona, pero hay un jefe de Gabinete que está aprendiendo.

AF: Pero la jefatura de Gabinete tiene exactamente las mismas tareas que yo tenía, sumado a lo que se llama ahora Modernización.

—Que es lo que desordena todo.

AF: Pobre gente. No estoy en condiciones de juzgarlos, porque no es mi fuerte el tema tecnológico. Pero la jefatura tiene exactamente lo mismo que tenía.

 

 

 

El carcelero de Milagro Sala

—Te vas a ver con el gobernador de Jujuy, el contador Morales, el carcelero de Milagro Sala. ¿De qué van a hablar?

AF: Cada vez que hablamos, sale el tema Milagro Sala, porque él sabe lo que yo pienso. Fue la primera víctima de un sistema que después iba a terminar encarcelando preventivamente a todos los opositores. Y no lo digo ahora, lo digo desde hace muchos años y he tenido gestos elocuentes en ese sentido.

—Pero ahora sos Presidente.

AF: Y seguramente lo hablaré también. La vez que me reuní con él se lo planteé. Él me planteó que había sentencias judiciales. Yo me he ocupado de la causa y de seguirla, sé que ha habido procedimientos cuestionables, así que le volveré a plantear mi preocupación. Siempre nos queda la tranquilidad —entre comillas— de que eso va a tener una revisión última de la Corte Suprema. Y, si lo que digo es correcto, la Corte podrá resolver las arbitrariedades que se han cometido. Lo que sí Morales sabe que ese tema no está ausente de las charlas porque lo hablamos cada vez que nos hemos visto.

—¿Y cómo lo toma?

AF: Él tiene su tesis, que la Justicia funciona independientemente.

—La justicia que él armó, aumentando de cinco a nueve miembros el Superior Tribunal y designando entre los nuevos a dos de los diputados que votaron la ampliación, que votan a la mañana y asumen al mediodía.

AF: Él sabe lo que pienso sobre esos temas y que, para mí, sigue siendo una preocupación Milagro. Lleva más de cuatro años presa.

—Cuatro años se cumplen esta semana.

AF: Es una cosa increíble. Un periodista me preguntaba si a mí no me llamaba la atención que recuperen la libertad, y yo le decía: «Lo que me llama la atención es que ustedes no se hayan preocupado porque estuvieran tantos años presos sin condena, y nunca se preocuparon ustedes por eso». Esas son las cosas que me afectan de cómo funciona el Estado de derecho en la Argentina y cómo muchas veces los medios lo reflejan y lo toman.

 

 

 

 

—La Corte Suprema de Justicia tuvo oportunidad de intervenir porque hubo ya varias veces que llegaron recursos, y no mostró mucho interés.

AF: ¿Pero la Corte no fue la que dispuso la detención domiciliaria?

—Fue la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Suprema lo ratificó.

AF: Sí, que, dentro de todo fue un alivio.

 

 

 

Qué hacer con la Corte Suprema de Justicia

—¿Y con la Corte Suprema, qué pensás ? La última vez que hablamos no eras partidario de la ampliación, y yo creo que no hay solución sin ampliarla porque está trabada la situación interna entre distintas personalidades muy conflictivas entre sí. ¿Cuándo te vas a ocupar del tema?

AF: Nosotros nos estamos ocupando ahora de la reforma de la Justicia Federal. Hay un segundo punto que me preocupa, que es poner en marcha el sistema acusatorio cuanto antes, porque creo que eso va a ser muy bueno. Estoy viendo cómo encarar el tema de la Corte. Yo entiendo que las personalidades de los miembros de la Corte quizá hacen dificultosa la obtención de fallos, pero también es justo decir que la Corte se ha expedido en 24.000 casos el último año. No es poco.

—¿Cuántos 280?

AF: Deben ser la mayor parte. Pero igual son 24.000 casos analizados.

—O no analizados. Con el 280 hay un tema de constitucionalidad. ¿Cómo se puede rechazar un recurso sin explicar por qué?

AF: Básicamente el 280 lo aplican siempre pensando en una idea, que es que no hay sentencia definitiva. Entonces en el medio hay un montón de planteos por arbitrariedad en los procesos y dicen: «No, como no hay sentencia definitiva, no lo voy a analizar». Mi opinión (voy a hablar como abogado, porque acá me empiezan a decir que como soy Presidente no puedo opinar de estas cosas)…

No, opinar podés, lo que no podés decir es que lo hacés como abogado. Ahora sos el Presidente y tenés que hacerte cargo…

AF: …me parece que la historia demuestra que es necesario que se analicen las arbitrariedades en los procesos, porque si no ocurre que reciben procesos a 23 años de iniciados —caso Menem— y se producen enormes injusticias, como el fallo que la Corte sacó el mes pasado, que eran dos mujeres condenadas por un homicidio y que las absolvió la Corte por carencia total de pruebas, después de once años de prisión. Eso es lo que me lleva a mí a decir: «Señores, no pueden ustedes decir que no van a intervenir por arbitrariedad, cuando en el proceso se producen irregularidades manifiestas». Y es lo que francamente creo.

—¿Modificar el 280 implica una modificación del Código procesal civil y comercial?

AF: La ley de recurso extraordinario tendríamos que modificar. Pero también tendríamos que ver varias cosas.

—Esa sería una transformación muy importante.

AF: Ampliar el número también supone un montón de temas. Pensemos que tenemos cinco miembros que, según decís vos, por su personalidad son difíciles de conciliar y que incorporamos cuatro más, ¿qué nos garantiza que nueve van a conciliar sus personalidades? Poco y nada. Si la dividiéramos en salas, ahí tengo un artículo de la Constitución que me hace un poco de ruido. La Constitución dice: una Corte Suprema resolverá.

—Sería una Corte Suprema dividida en salas, lo que no prohibe…

AF: ¿Qué quiere decir? ¿Una sala opina y todos adhieren? ¿O que una sala resuelve? Son todas cosas que tenemos que ver. Lo que sí creo es que deberíamos revisar si es el mejor modo de funcionamiento el que hoy la Corte tiene. Eso creo que deberíamos pensarlo.

—El ejemplo que diste del 280 es clarísimo. Además hay un tema de fondo, que es que el 280 es una sentencia sin fundamentos y eso es anti-republicano, una sentencia tiene que tener fundamentos.

AF: El fundamento implícito es que no es sentencia definitiva.

—No siempre. Hay 280 que se aplican con sentencias definitivas

AF: El 280 generalmente se aplica porque las condiciones del recurso extraordinario no se dan, y generalmente la condición implícita es que no es sentencia definitiva. Pero esto no va en desmedro de lo que vos decís. Lo cierto es que terminás con esas realidades, con juicios de 30 años y como esperás la sentencia definitiva en el año 30 tenés que revisar lo que se hizo el primer día.

 

Los miembros de la Corte con la ministra Losardo.

 

 

 

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21 Comentarios
  1. Unomás dice

    «Una de las grandes dificultades consiste en discernir cuándo un apriete viene del gobierno del Presidente Donald Trump, de los tenedores de títulos argentinos o de los medios.» Sr Verbitsky: ¿acaso no son lo mismo?

  2. Unomás dice

    Y porque a la relación con los EEUU concierne,insisto: importante que AF no altere el orden de los homenajes, besando primero la mano de Netanyahu y dándole después palmaditas en la espalda a Francisco.

  3. Shaban dice

    America is very volatile right now and he is right to be hesitant when giving answers in this subject.

  4. apico dice

    Por las respuestas dadas AF, parece mas otro respetable miembro de la familia judicial Argentina, que puede tolerar sin que se le mueva un pelo, que haya presos políticos , y una Corte re trucha,siendo,como bien lo señala HB,presidente. Si no se anima allí, donde mas sabe, que nos espera en economía,donde sus saberes parecen escasos. Algunos periodistas amigos lo quieren comparar con Nestor,me parece una clara exageración, uno sabía lo que quería y como hacerlo, este solo habla de lo que le gustaría hacer. C. Pavesse decía : Una cosa e parlare de morir, e otra morir. Un saludo peronista

    1. Rosa Crespo dice

      Muy buen reportaje Horacio

  5. Carla dice

    Hola compas. Buen año.
    Insisto con una idea que nos evitaría muchísimos dolores de cabeza, por ser suave. Hay un modo relativamente simple de salir por abajo del «dilema» de medios, lo escribo acá por la enorme cantidad de comentarios de la otra nota, aunque igual la relacion con los «medios» está íntimamente ligada con la relacion con Usa/Israel.
    Si hiciéramos un debate semanal en tv pública para que llegue a todo el país, acompañando al gabinete itinerante cuando entre en funciones la «itinerancia» y que incluya distintxs integrantes del gabinete cada semana, donde se debatan los temas de relevancia de la semana dando prioridad a destruir las faknews hermanas putaivas del lawfare. Para que instale agenda y suba el nivel de debate e interpretación y análisis de las noticias y los hechos, además de participar distintxs integrantes del gabinete, deberían participar integrantes de todos los ámbitos de la vida social de cada lugar, con la única condición de comprometerse a debatir por el BIEN GENERAL, con HONESTIDAD INTELECTUAL, BUENA FÉ Y BUENA VOLUNTAD. Creo que elevaría el nivel de debate inexorablemente, destruyendo fake news y enseñaría a la opinión pública a hacer interpretación y análisis lenta pero sistematicamente. Obviamente debería ser un programa de 2 o 3 hrs bien acompañado de videos ejemplificando los asuntos semanales que fueran debatidos, o algo que dianmizara un poco el debate de modo que no fuera solo para quienes todas las semanas podemos pasar horas debatiendo o charlando sobre estas cuestiones. Cariños y gracias por esta revista virtual a Horacio y todo el equipo de trabajo.

    1. Leticia dice

      Adhiero.

  6. Claudio dice

    ¿Alguien podría explicarnos a los neófitos qué es el 280?

    1. Amarux dice

      Un artículo por el cual la Corte rechaza un recurso que le llega sin explicar por qué

  7. HERNÁN DE ROSARIO dice

    A comienzos de los ochenta el eminente constitucionalista Germán J. Bidart Campos publicó un libro titulado “La Corte suprema. El Tribunal de las Garantías Constitucionales”. Como colofón escribió lo siguiente: “El poder que tiene y ejerce la Corte, ¿es mayor que el del Congreso y el del Poder ejecutivo? Nos apresuramos a contestar que sí, porque la Corte es el único órgano que, en última instancia, puede declarar que la Constitución ha sido violada, y al hacerlo tiene la palabra definitiva: ningún otro poder puede discutir su pronunciamiento, ni dejarlo de cumplir; tampoco lo pueden los particulares (…) ¿Qué nos está revelando todo esto? Que la Corte tiene “mucho” poder, pero sólo dentro del marco limitado en que ella se mueve: necesita la oportunidad de causa judicial, necesita petitorio de parte interesada para ejercer el control de constitucionalidad, necesita que-conforme a su propia jurisprudencia-la cuestión propuesta en la causa y en el petitorio sea justiciable, etc. Fuera de este contorno, la Corte es muda. Muy bien, pero nosotros estamos valorando lo que la Corte dice dentro del marco en que puede hablar, en que puede decir algo. Y en ese marco, nadie está en condiciones de retacear importancia a la palabra de la Corte (…) Pero en el juego que juega la Corte, las cosas a las que ella atiende tienen una envergadura que nos da pie para decir que allí juega con más poder que los otros poderes (…) Por decisión de la Corte, una persona privada de su libertad, puede quedar en libertad. Por decisión de la Corte, un contribuyente puede quedar exonerado de pagar un tributo (…) Por decisión de la Corte el estado puede quedar obligado a levantar la clausura de un diario. Por decisión de la Corte, el estado puede quedar obligado a indemnizar al particular perjudicado en un derecho adquirido a causa de una determinada medida de política económica (…) La Corte Suprema es un poder con “más” poder que los otros poderes. Si su poder está destinado a alcanzar la justicia, y los demás valores de la sociedad argentina, el ejercicio de ese poder es benéfico. Si se descarrila; ¡tremenda frustración y tamaña responsabilidad! El poder con más poder se habría desviado de su fin”.

    Lamentablemente, a lo largo de nuestra ajetreada historia constitucional la Corte Suprema se desvió de su fin fundamental de alcanzar la justicia. Desde aquella recordada y nefasta decisión de avalar el golpe de estado cívico-militar que derrocó a Hipólito Yrigoyen en septiembre de 1930, la Corte Suprema dejó de ser el Tribunal de las Garantías Constitucionales para pasar a ser un apéndice del gobernante de turno. La Corte Suprema se politizó ya que su fin fundamental fue la de servir de manera incondicional a los intereses del poder. Con la asunción de Raúl Alfonsín en 1983 la Corte Suprema recuperó su dignidad, su independencia, su honorabilidad. En 1989 el metafísico de Anillaco la convirtió en una unidad básica al permitir que cinco “juristas” formaran parte de la Corte con un solo objetivo: decir “amén” al saqueo de la Argentina ejecutado desde las más altas esferas del poder. La tristemente célebre mayoría automática se adueñó de la Corte hasta que Néstor Kirchner asumió como presidente el 25 de mayo de 2003. Una de sus primeras y transcendentales decisiones fue la de obligar a los cinco supremos menemistas a renunciar. Su primer blanco fue Julio Nazareno, un impresentable que llegó a ocupar la presidencia de la Corte porque era amigo de Carlos Menem. Con el tiempo ingresaron al máximo tribunal juristas del prestigio de Carmen Argibay y Eugenio Zaffaroni, entre otros.

    Pero Carmen Argibay falleció y Zaffaroni, por su edad, renunció. La Corte era presidida por un hábil político, el doctor Ricardo Lorenzetti. En diciembre de 2015 asumió Mauricio Macri. En el verano de 2016 intentó un desatino jurídico: que dos juristas, los doctores Rosenkrantz y Rosatti, ingresaran a la Corte por la ventana. Afortunadamente ambos juristas finalmente llegaron a la Corte siguiendo los mecanismos previstos normativamente. Lamentablemente, la Corte volvió a parecerse a la Corte menemista. Más que el máximo Tribunal de las Garantías Constitucionales pasó a ser un nido de víboras, un ring donde los supremos dirimieron sus egos y ambiciones. Pues bien, esa Corte es la que hoy está vigente. Con esa Corte deberá lidiar Alberto Fernández, salvo que promueva un incremento del número de sus miembros. La tarea es muy compleja y delicada porque, en última instancia, no se trata de que la Corte sea más grande, tenga más Salas o lo que fuere, sino que sus miembros estén a la altura de la circunstancias, posean idoneidad técnica y ética, que sean conscientes que de ellos depende que los argentinos vivamos en un Estado de Justicia.

  8. Ricardo Alberto Comeglio dice

    1) Corte Suprema. No puede dejarse de hacer cambios porque se duda sobre la constitucionalidad de esos cambios ya que sólo los Jueces pueden decidir sobre esa constitucionalidad, por lo que hay que hacer los cambios y dejar a la propia Corte Suprema decidir sobre su constitucionalidad. Solución a): Una Corta Suprema de 15 miembros dividida en 5 Salas de 3 miembros cada una como distribución administrativa. Las Salas resuelven planteos relativos a la temática y elevan al Plenario de la Corte para que emita la resolución. Con esto se cumple la manda constitucional de una Corte que resuelve. Solución b): Una Corte Suprema de 10 miembros, los 5 actuales siguen en lo que hacen pero sin merituar cuestiones constitucionales y los 5 nuevos integran una Alzada Constitucional, resolviendo sólo las cuestiones constitucionales. Lo que resuelvan los 5 integrantes actuales y los 5 de esta Alzada Constitucional se eleva al Plenario de la Corte y de ahí se emite la resolución.
    Todo constitucional.
    «Plenario de la Corte» – Reunión de los 15 ó 10 integrantes a efectuarse 2 veces por semana de forma obligatoria y en la que se lee el Orden del Día, que será, ni más ni menos, que las sentencias puestas a consideración y en las que será obligatorio leer la parte resolutiva. El Plenario sesiona, debate y emite la resolución plenaria que le da efecto de resolución de la Corte al tema tratado.
    No es tan complicado en la práctica ni se necesita mucho tiempo de más, sólo ganas de trabajar de los cortesanos que es para lo que se les paga y muy bien.

    2) Relación con USA: Para relacionarse con alguien primero hay que conocerse a uno mismo y saber qué se necesita del otro. La Argentina debe saber qué quiere hacer respecto de Venezuela, Bolivia y de cualquier otro tema, por lo que la relación con USA no debería ser un problema en tanto se manifieste seria, coherente y determinadamente nuestra posición y actuemos en consecuencia.
    No es válida una posición neutra por cuanto hay acciones que se ejecutan que determinan la inexistencia de esa posición neutra. Si estamos dispuestos a dar refugio a Evo Morales entonces tenemos una posición tomado y lo que menos podemos hacer es ser firmes ante la decisión de tomar esa posición. Lo mismo con Venezuela.
    Argentina debe saber a qué juega, por qué juega a lo que juega y cómo juega, después recién nos paramos ante USA y les decimos lo mismo que hacemos. Nada complicado y más efectivo que jugar a las escondidas o al no te dije lo que te dije.
    ¿Acaso podemos estar en contra de la democracia, la libertad y el fluir de los negocios en un ámbito de respeto y reciprocidad? Claro que no. Entonces ¿cómo podría USA ponerse en contra de nosotros si nosotros defendemos esos principios que son los mismos que defienden ellos?
    ¿Que USA cree que tal o cual persona no representa esos valores en Venezuela o Bolivia? Bueno, eso es una cuestión de «pareceres», lo importante es que nosotros defendemos los mismos valores que USA y sólo podemos diferir en cuestiones accesorias como la persona más adecuada para que esos valores se repliquen en esos países, pero esto no es materia de examen entre USA y la Argentina, sino de un vínculo bilateral entre Argentina y Venezuela, Argentina y Bolivia y Argentina con USA.
    Que USA trate a Venezuela como USA quiera no significa que nosotros debamos hacerlo de la misma forma porque eso compete sólo a esos 2 países. A Argentina sólo le importa cómo se relaciona con Venezuela en relación a los hechos venezolanos, cómo se relaciona con Bolivia en las cuestiones bolivianas y cómo se relaciona con USA en las cuestiones estadounidenses, pero no le puede importar cómo se relaciona USA con Venezuela o con Bolivia.
    El mismo trato se pretende para con la Argentina de cualquier país del mundo.
    Las relaciones bilaterales son entre 2, no entre más y las multilaterales se plantean en el contexto de los órganos multilaterales y no entre países individualmente.
    Claridad y decisión. No es muy complicado.

  9. HERNÁN DE ROSARIO dice

    La relación con Estados Unidos será, qué duda cabe, la cuestión central de la política exterior del gobierno de Alberto Fernández. No estamos hablando de cualquier país sino, como bien lo expresó Raymond Aron, de la “república imperial”. En efecto, Estados Unidos funciona internamente como una república pero en el ámbito de las relaciones internacionales actúa como un patrón de estancia. Sin alejarnos demasiado en el tiempo, la Argentina posdictadura militar mantuvo una relación cambiante con el coloso del norte. El presidente Raúl Alfonsín desafió a Ronald Reagan en los jardines de la Casa Blanca pero al mismo tiempo no dudó en aplicar severos planes de ajuste (austral, plan primavera) que fracasaron estrepitosamente. Ideológicamente Alfonsín estaba lejos del neoliberalismo duro de Reagan y Thatcher pero fue lo suficientemente pragmático para abrazarse al ajuste en el área económica. Con Carlos Menem en la Rosada la Argentina se abrazó a las “relaciones carnales” con la república imperial. Consciente de lo que estaba aconteciendo a nivel mundial (caída del Muro de Berlín y desmoronamiento de la URSS) el metafísico de Anillaco no dudó un segundo: aplicó una política exterior de alineamiento incondicional con los Estados Unidos de Bush primero y luego de Clinton, quienes no se cansaron de alabarlo. Ello le valió el apoyo total de los organismos multilaterales de crédito que se tradujo en miles de millones de dólares durante los noventa. Fernando de la Rúa trató de continuar la política exterior menemista pero su incapacidad política y la impericia económica de Domingo Cavallo provocaron la crisis institucional más severa de la Argentina contemporánea. Eduardo Duhalde intentó seguir el ejemplo de De la Rúa pero se estrelló contra la desconfianza de Estados Unidos y del FMI. El enviado del FMI, Anoop Singh, llegó en 2002 al extremo de presionar al parlamento para que legislara en función de los intereses del FMI.

    Las “relaciones carnales” fueron sepultadas por Néstor Kirchner. Una de sus decisiones más audaces fue la de pagarle al FMI la deuda contraída y la otra fue la de desafiar al presidente W. Bush en la Cumbre de las Américas celebrada en Mar del Plata a fines de 2005. A raíz de ello la república imperial situó a la Argentina en el grupo de países “no confiables”. El paradigma kirchnerista en relaciones internacionales se intensificó durante las dos presidencias de Cristina Kirchner, a tal punto que Barack Obama acusó a la presidente de enarbolar posturas antiestadounidenses en política exterior. Con Mauricio Macri en el poder el país retornó a las “relaciones carnales”. La sumisión del gobierno de Cambiemos a Estados Unidos fue total, lesiva de la dignidad del país. Dicha genuflexión quedó obscenamente de manifiesto durante la reunión en Buenos Aires del G-20 cuando Donald Trump maltrató a Macri en la conferencia de prensa conjunta. En mayo de 2018, acosado por los problemas de caja, Macri no tuvo más remedio que implorarle al FMI la ayuda financiera que le permitiera sobrevivir. A partir de entonces comenzó una crisis económica que aún padecemos.

    El presidente Alberto Fernández está decidido a mantener con Estados Unidos una relación cordial pero también firme, basada en el respeto mutuo. Le ha demostrado a Trump su disposición a negociar con el FMI el pago de los intereses de la deuda, sin que ello atente contra los intereses del pueblo argentino. Al mismo tiempo, no está dispuesto a decirle amén a cada decisión tomada por Trump en materia internacional, especialmente en el caso Venezuela. El problema es que Trump no admite términos medios: o se está con él o con Maduro. Alberto Fernández no se priva de criticar algunos métodos poco democráticos empleados por Maduro en el ejercicio del poder, pero al mismo tiempo enarbola la bandera del principio de autodeterminación de los pueblos. Se verá en el futuro si este estilo de política exterior resulta beneficioso para el país, si el presidente logrará mantener con Estados Unidos una relación que resulte beneficiosa para ambas naciones.

  10. María Inés BT dice

    No puede admitir que el Poder Judicial es sólo cobertura para los privilegiados porque Poder Legislativo y Poder Ejecutivo son cueva de privilegiados. Tanto a nivel nacional como provincial y municipal. Pasamos de la democrácia de baja intensidad de los ’90 a la líquida del nuevo milenio a la volátil de la actualidad. Resulta humillante ir a votar. https://mentirlealpueblo.wordpress.com/2019/12/16/la-cruzada-de-ninos-de-greta-dirigida-a-la-privatizacion-de-la-naturaleza/

  11. Juan dice

    AF demasiado tibio, típico de profesor de derecho e hijo de juez.

    ASI….PIERDE Y somos derrotados todos, en breve

    1. gerardo senderowicz dice

      Clarisimo el entrevistador, tibio y dubitativo el entrevistado, espero no tengas razon

    2. Roberto Pintos dice

      Juan, puede parecernos demasiado tibio, pero, ¿no te pusiste a pensar que los ciudadanos de a pie no tenemos en realidad, la mas remota idea de las presiones que AF está recibiendo de todos lados? Imaginate un boxeador parado en el centro del ring que tiene 5 o 6 rivales que quieren pegarle todos una trompada al mismo tiempo. Opinar de afuera es cómodo y fácil para todos nosotros. Pero estar ahí, seguro es algo mucho mas delicado y distinto.

      1. Eduardo dice

        Gran reportaje de H.V- Aprendan periodistas mediocres- Una verdadera leccion de Como preguntar sin ser agresivo Ni bobo tipo Majul- Respecto a Las respuestas del Sr. Presidente las considero serias, firmes y solidas. Otra leccion Para que se formen Una idea de que tenemos un Primer Magistrado con Las ideas claras y con el temperamento justo Para la hora que vive nuestro pais. Saludo cordialmente al Presidente y al Director de El Cohete a la Luna.

    3. cacho dice

      estimado Juan. Tibio es un sinónimo de moderado, cauto. No significa debilidad ni que sea pusilánime. Debe mantener equilibrio en cada una de sus respuestas porque la opinología vernácula es implacable cuando se trata de defender oscuros intereses. Además calificar de tibio a un presidente que en 30 días tuvo una dinámica en el ejercicio de la Presidencia que superó por lejos al de Macri, con todo respeto, es poco serio.

  12. pablo dice

    …que quilombo es la justicia argentina. acá ni Kafka hubiera podido escribir, porque este coto de caza privado lleva décadas bordando mañanitas sólo para para nuestra BOSTA.OLIGARQUÍA, gracias HV cap, 2 (Milagro será nuestra próxima gobernadora)

  13. Héctor dice

    Impecable entrevista, clara en las preguntas y por eso claras las respuestas.

  14. eduardo dice

    Alfonsin armo su corte, Menen tambien,Kirchner tambien,Macri a los trompazos, y Fernandez……..

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