La tergiversación de la doctrina

Monroe, Drago y las Islas Malvinas  

 

Hace casi cien años, José Nicolás Matienzo escribía un lúcido texto sobre la doctrina Monroe que mantiene actualidad y muestra algo de lo que era la política argentina.

Matienzo fue un gran jurista y político. En 1917 fue designado procurador general de la Nación por el Presidente Hipólito Yrigoyen. Se dice que la Corte no lo quería mucho. Luego fue ministro del Interior de Marcelo T. de Alvear, candidato a Vicepresidente de Juan B. Justo y senador por Tucumán. Su obra es muy interesante. Podría ser descrito como un culto defensor de las instituciones y del interés nacional, con ideas liberales en economía.

 

 

Si Monroe viviera

Decía Matienzo en 1929 que si James Monroe resucitara y viera lo que se había hecho a título de aplicación de los principios de política internacional enunciados por él en el célebre mensaje presidencial del 2 de diciembre de 1823, quedaría estupefacto por la “transformación sufrida por sus ideas” y los actos de los Estados Unidos realizados invocando su doctrina, que “él hubiera sinceramente condenado”. 

A su modo de ver, Monroe tuvo buenas intenciones, pero su doctrina, cuyo origen se vincula con la independencia de las excolonias españolas y el interés geopolítico de los Estados Unidos, fue tergiversada. 

En 1823, las excolonias españolas luchaban por la independencia, constituyendo gobiernos republicanos en América del Sur. Sin embargo, su futuro se vería amenazado si España lograba el apoyo de la coalición de monarcas que había vencido a Napoleón en 1814 bajo la forma de la Santa Alianza, formada por Austria, Rusia, Prusia y Francia.

Ante esa posibilidad, para prevenir esa operación, el ministro de Asuntos Exteriores inglés, Jorge Canning, propuso a su par estadounidense, John Q. Adams (luego Presidente), que ambas naciones declararan que consideraban irremisiblemente perdidas por España sus antiguas colonias, y que no podrían ser indiferentes si cualquier porción de ellas fuera transferida a otras potencias. 

Como dato del contexto, Rusia había rechazado a un embajador de Colombia. Además, le había expresado a Adams su satisfacción por la neutralidad de Estados Unidos respecto de las guerras de la independencia sudamericana, a lo que el estadounidense le respondió que esperaba la misma neutralidad por parte de Rusia.  

El Presidente Monroe consultó con los ex Presidentes Jefferson y Madison sobre la propuesta inglesa, y dio el famoso discurso donde declaraba que:

  1. América no era susceptible de colonización por las potencias europeas.
  2. Estados Unidos consideraba peligroso para su seguridad un intento de colonizar, reprimir o fiscalizar las repúblicas que antes habían sido colonias españolas.
  3. Estados Unidos no intervendría en los asuntos de las repúblicas hispanoamericanas.

En tales términos, dice Matienzo, la doctrina es “fácil de entender y merece el respeto de toda América”.

 

 

Post Monroe 

No es el caso analizar cuáles fueron las intenciones de Monroe. Lo indiscutible es que su doctrina fue usada (o tergiversada) hasta llegar a enunciaciones como la expuesta en 1928 por un profesor universitario en los Estados Unidos que sostenía que ella autorizaba al Presidente estadounidense a declarar la guerra a cualquier país latinoamericano sin autorización del Congreso, pudiendo retirarle el reconocimiento y desembarcar soldados si fuera necesario, a su criterio, para proteger intereses norteamericanos. 

Los exabruptos de Trump parecen gozar de antecedentes “académicos” centenarios.

 

 

Islas Malvinas

Para Matienzo, el primer renunciamiento de Estados Unidos a la doctrina ocurrió con la ocupación británica de las Islas Malvinas. 

En 1831, el mismo año en que falleció Monroe, el gobernador Vernet apresó tres buques norteamericanos que cazaban focas sin permiso. El Presidente Jackson envió un buque de guerra que liberó a los prisioneros, realizó actos de pillaje y reclamó a Buenos Aires el enjuiciamiento de Vernet. Se produjo entonces un incidente diplomático con reclamos cruzados y, en enero de 1833, Inglaterra ocupó las islas. Las Malvinas, luego de una disputa en el siglo XVII, habían quedado en poder de España desde 1774, pasando luego a ser parte de la Argentina cuando se declaró la independencia.

La violación de la doctrina Monroe era flagrante, pero Estados Unidos nada dijo. En 1841, ante un reclamo del ministro Alvear, el secretario de Estado Webster se negó a intervenir y lo mismo ocurrió en 1886 ante el pedido del ministro Quesada. 

 

 

Otros hechos

En 1895 hubo una disputa fronteriza entre Venezuela y la Guayana inglesa. Estados Unidos impuso el arbitraje. Durante la discusión con Inglaterra, el secretario de Estado Olney le remitió una nota a Lord Salisbury donde le hacía saber que “los Estados Unidos son prácticamente soberanos en este continente y su fiat es ley sobre los asuntos a que ellos concretan su interposición”. Nuevamente, las ideas de Trump no parecen ajenas a aquellas conductas. 

Como Estados Unidos no se percibía europeo, en México no se consideró limitado por la doctrina Monroe para apropiarse de Texas, California, Arizona, etc. Pero en 1863 Francia quiso cobrar por la fuerza ciertas deudas ocupando Ciudad de México, depuso el sistema republicano y nombró un emperador, Maximiliano de Austria, quien firmó un tratado con los ocupantes en el que reconocían las deudas y se obligaban a pagar los costos de la expedición. 

Estados Unidos estaba ocupado con su guerra interna, pero cuando concluyó, concentró tropas en la frontera con México y le hizo saber a Francia que no veía con buenos ojos la presencia de tropas europeas en América. El ejército francés se retiró, los mexicanos derrocaron y fusilaron a Maximiliano y repusieron la república.

 

 

Doctrina Drago

En 1902, la Argentina volvió a invocar la doctrina Monroe, pero en beneficio de toda América y, en particular, de Venezuela, que era sometida a un bloqueo por Alemania, Inglaterra e Italia, que reclamaban el pago de créditos en poder de sus súbditos. 

La posición argentina se gestó por iniciativa del ministro de Relaciones Exteriores Luis María Drago, mediante su memorable nota del 29 de diciembre de 1902.

Cuenta Matienzo que Drago le mostró los borradores de la nota, y le comentó que, por consejo del presidente Julio A. Roca, había consultado con Bartolomé Mitre, mereciendo el elogio de este.

La nota de Drago informaba que la Argentina sostenía que en Venezuela debía aplicarse el principio ya aceptado enunciado por los Estados Unidos respecto de que no podía haber expansión ni opresión europea en nuestro continente, por más que una desgraciada situación financiera llevara a una nación americana a diferir el cumplimiento de sus compromisos. 

Así, pues, la primera versión de la doctrina Drago habría sido expuesta como un corolario de la doctrina Monroe. 

Sin embargo, la administración Roosevelt en los Estados Unidos dio una respuesta evasiva indicando el arbitraje como medio de resolución de la controversia.

Esa actitud estadounidense contrastó con la enorme repercusión y simpatía con la que fue recibida la nota por las naciones latinoamericanas. Por ello, Drago decidió emancipar su doctrina de la de Monroe o de aquellos principios que ya habían sido tergiversados. 

Aprovechó para ello el inicio de las sesiones del Congreso en mayo de 1903 y fue expuesta en el discurso presidencial de Roca. 

Se dijo entonces que la Argentina defendía el derecho indiscutible de las naciones a crecer al amparo de la ley internacional, y que el derecho de gentes no reconocía primacías, rechazando “cualquier acto de colonización o de conquista en una región del continente”.

Como es sabido, el Presidente Roosevelt no siguió las ideas de Drago y, como referí, apoyó el arbitraje, aunque presionando a Alemania para que lo aceptara. El tribunal de La Haya condenó a Venezuela y dio prioridad de cobro a las potencias bloqueadoras que obtuvieron beneficios de su actitud beligerante. 

Para que no quedaran dudas, en 1904 Roosevelt atribuyó un alcance claramente imperialista a la doctrina Monroe. Dijo que ella autorizaba a los Estados Unidos respecto de las naciones americanas en casos “flagrantes de… mala conducta o impotencia” a ejercer “un poder de policía internacional”. 

Bajo esas ideas, Estados Unidos ocupó Santo Domingo y anunció que solo ejercería la autoridad para recaudar la renta y lograr la “rehabilitación financiera” del país ocupado, entregando una parte al gobierno local para la administración y que la otra se distribuiría a prorrata entre los acreedores de esa república “sobre una base de absoluta equidad”.  

Cuenta Matienzo que algo similar sufrió Haití, de donde se llevaron una cantidad de pesos en oro. Advierte con ironía que, sin embargo, nunca el gobierno federal de la Unión se consideró con facultades para exigir que sus propios Estados honraran sus deudas.

La similitud con lo que vive Venezuela desde hace unas semanas es notable.  

 

 

Ayer y hoy

No hay que ser muy agudo para advertir que 100 o 200 años atrás ya se imponían las ideas que Trump hoy expresa respecto de Latinoamérica. 

Tampoco para notar la diferente actitud de la clase dirigente de la Argentina respecto de la triste actitud de Javier Milei. Ello, aun de aquellos gobernantes argentinos que gestionaron el Estado antes de la consagración del voto secreto que permitió que los partidos populares accedieran al gobierno.

  

 

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 8.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 10.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 15.000/mes al Cohete hace click aquí