Desde hace tres años, El Cohete es el único medio que ha informado sobre los tanteos estadounidenses con la Argentina para desplazar a Gran Bretaña de las Islas Malvinas. La semana última, la agencia británica Reuters difundió que "desde el Pentágono afirman que Donald Trump evalúa sanciones a sus aliados de la OTAN que no apoyaron las operaciones de guerra contra Irán". Pese a su vaguedad, es una confirmación de lo que venimos afirmando, esta vez de primerísima fuente. Implicaría que Estados Unidos le quitara su apoyo en la disputa con la Argentina por las Islas Malvinas. El desembarco de 1982 de la dictadura militar en las islas se produjo con la presunción de que el gobierno de Ronald Reagan recompensaría con su apoyo el del Ejército argentino a los contras en Centroamérica, en contra de la posición del presidente James Carter.
Leopoldo Galtieri se entendió con el Comando Sur a espaldas de Carter y entrenó en las tácticas de la guerra sucia a militares argentinos para que extendieran a los países de Centroamérica las tácticas genocidas aprendidas de los paracaidistas franceses de las guerras de Argelia e Indochina. Coordinada con la CIA esa intervención fue financiada por empresarios argentinos, como Francesco Macrì y Ricardo Zinn y por la logia italiana Propaganda Due. Cuando Ronald Reagan reemplazó a Carter, por el fracaso en el intento de rescate de los militares estadounidenses retenidos por la revolución islámica del Ayatolá Khomeini en 1979, los militares argentinos se pusieron en la cola de las recompensas. La expedición que el 2 de abril de 1982 desembarcó en Port Stanley, rebautizada como Puerto Argentino, no fue negociada previamente con Estados Unidos. Las principales personalidades de Inteligencia y Seguridad de Estados Unidos, como el jefe y subjefe de la CIA, William Casey y Vernon Walters, el Secretario y el subsecretario de Estado, general Alexander Haig y William Clark, la embajadora en Naciones Unidas, Jeane Kirkpatrick, eran católicos practicantes y tenían relación estrecha con los militares argentinos y con el Vaticano. El Nuncio Pío Laghi venía de ocupar el mismo cargo en Buenos Aires y argumentaba a favor de los dictadores argentinos. Junto con el Papa Juan Pablo II, combinaron sus actos contra los gobiernos comunistas de Europa y los populistas de Centroamérica. El cardenal Antonio Quarracino fue designado al frente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana y a pedido del Vaticano elaboró un informe lapidario contra el Arzobispo de El Salvador, Óscar Romero, que justificó su desprotección y asesinato. Luego asumió como Arzobispo de Buenos Aires y designó sucesor a Jorge Mario Bergoglio, el futuro Papa Francisco, que en cuanto se sentó en la silla apostólica cambió de semblante y de política. Cuando, también sin consulta previa, la primera ministra Margaret Thatcher despachó lo que quedaba de su flota a la reconquista de las islas, Reagan envió al general que manejaba sus relaciones exteriores, Alexander Haig, a gestionar una negociación que terminara el conflicto antes de que los buques británicos llegaran a las islas, cuando se avecinaba el temible invierno austral. En los combates, entre el 1° de mayo y el 14 de junio de 1982 murieron 255 británicos y casi tres veces más argentinos, 649. Contra lo que la Junta Militar daba por sentado, Reagan apoyó con inteligencia, logística y armamento a los británicos. La doctrina Monroe funcionó al revés de lo que correspondía.

Cuatro décadas después
La gestión sobre el status de las Malvinas ha estado en manos del Comando Sur, a través de sus últimos jefes: la generala Laura Richardson, el almirante Alvin Holsey y el general de Infantería de Marina Francis Donovan. Y tiene relación con el grave deterioro entre Estados Unidos y Gran Bretaña. O, mejor dicho, entre Donald Trump y el primer ministro de Inglaterra, Sir Keir Starmer. Holsey renunció cuando recién promediaba su mandato, en desacuerdo con los bombarderos a buques pesqueros en el mar Caribe, que prepararon el secuestro del Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Esta semana, la posición de Estados Unidos respecto del enclave colonial que Gran Bretaña estableció en la Argentina en 1833 fue mencionada por un cable secreto que se filtró a la agencia Reuters. Y que luego fue desmentido por el Departamento de Estado, en una típica confusión trumpiana.
La generala Richardson se reunió varias veces con la exvicepresidenta CFK y con el actual Presidente Milei, quien también departió con Holsey en la Casa Rosada. Cristina le solicitó a Richardson el apoyo de Estados Unidos para que la Argentina recupere la soberanía sobre las islas Malvinas. Como Galtieri entonces, Milei ahora se ilusiona con que su servicio incondicional a los deseos del presidente de Estados Unidos podría conducir al emplazamiento de una bandera azul y blanca en las islas arrebatadas por Gran Bretaña. Reagan y Trump, Milei y la Junta Militar tenían algunas coincidencias, pero también muchas diferencias. El apoyo a los contras contradecía políticas tradicionales de la Argentina pero coincidía con la política genocida de la guerra contra la subversión, y el premio ambicionado era una causa nacional. Hoy la identidad mileica con la política de Trump y del jefe israelí Benjamin Netanyahu no coincide con el interés nacional y puede tener un alto costo para la Argentina.
Eso es parte de lo que Milei conversó con Richardson, cuando viajó de madrugada a Ushuaia, disfrazado de militar, para que una banda de la Armada argentina maltratara el himno nacional de Estados Unidos. A Holsey al menos lo recibió en horario de oficina y en su despacho presidencial. El almirante visitó Ushuaia y la Antártida junto con el entonces Ministro de Defensa, Luis Petri, con quien analizaron el establecimiento de una base naval integrada. Petri también suprimió por una simple resolución el cuerpo legal, constitucional y convencional que prohíbe a las Fuerzas Armadas la detención de civiles, lo que provocó un extenso malestar en las filas, como consignó la publicación pro-castrense Zona Militar, para la cual esto constituye "la bananerización de la Defensa Nacional".

Pensar con los pies
Las declaraciones de los miembros del actual gobierno sobre el tema son erráticas. Milei declaró que la recuperación de las islas depende del éxito de su política económica, que haría deseable para los isleños la nacionalidad argentina. Es posible, pero decirlo así niega la soberanía sobre esa porción del territorio, lo cual tampoco es el camino para recuperarlas. Patricia Bullrich propuso durante el gobierno anterior, canjear las islas a Estados Unidos por acceso a la vacuna Pfizer contra la Covid-19. Los sucesivos cancilleres Diana Mondino, Gerardo Werthein y Pablo Quirno se han pronunciado en forma contradictoria, entre ellos y con las posiciones históricas de la Argentina, cuyas votaciones en Naciones Unidas alineada en forma acrítica con Estados Unidos e Israel, han afectado el apoyo de África y Asia a la reivindicación en el Atlántico Sur. La Argentina es el segundo país con mayores coincidencias en las votaciones de las Naciones Unidas con Estados Unidos, sólo precedido por Israel. Así lo indica el informe para 2024 del Departamento de Estado. La Argentina coincidió en el 82% de las votaciones con Estados Unidos. Si el registro se limita a las 19 votaciones que Estados Unidos define como importantes, la coincidencia alcanzó el 97%, por encima incluso de Israel.
Werthein y Mondino son grandes empresarios, agropecuarios y financieros. En 2024, Mondino acordó con su colega británico David Lammy reponer el pacto del Malbec, también conocido como Foradori-Duncan, que consolida el usufructo inglés de los recursos naturales, facilita su comunicación con las islas y desoye el mandato constitucional de propugnar su recuperación. Se negoció en la bodega de la embajada, y Duncan escribió luego que así consiguió que Foradori firmara lo que le pusieron delante. El en…tonshes vshecannciller lo nnnegó en…formaené rgica. Hic. Recién ahora que Estados Unidos parece contemplar la posición argentina, la línea de la Cancillería pudo retomar la posición tradicional en el reclamo de la soberanía, con los mapas y los libros de historia antes que con los zapatos.

En su audiencia de confirmación ante el Senado de su país, el actual embajador de Estados Unidos, el empresario Peter Lamelas, destacó la creciente importancia de la Argentina en el Atlántico Sur para contener la influencia china y rusa, su proyección antártica y el control del Estrecho de Magallanes. Mencionó como un éxito significativo para esta política estadounidense la adquisición por la Argentina de 24 aviones F-16, que Dinamarca está descartando para modernizar su Fuerza Aérea. De este modo, descartó los modernos JF-17 fabricados por China y Pakistán. El ex ministro de Relaciones Exteriores y de Defensa, Jorge Taiana, precisó que adquirieron máquinas construidas hace 40 años. Deliberadamente no serán equipadas con misiles ni radares que puedan alcanzar las islas Malvinas, que es la única disuasión que necesita el país. Ese fue otro tema del candidato a embajador: las llamó Falklands, dijo que Estados Unidos reconoce la administración británica de las islas pero es neutral respecto de su soberanía y alienta el diálogo entre ambas naciones. Después vino Irán y Milei se alineó con su amigo Trump. Para Trump. Milei es un gran líder, y el primer ministro británico un cobarde. El panorama mundial ha cambiado tanto, que fantasías como las de Galtieri y Milei, hasta pueden parecer viables, aunque sigue siendo difícil creer que la tierra se volvió plana.
También frecuentó la Argentina Kristi Noem, quien en julio de 2025 se reunió con quien entonces era su colega de seguridad nacional, Patio Bullrich. Ambas vestidas de cowboys, hicieron una cabalgata en el predio de una fuerza de inseguridad. Noem con menos kilos y más cirugías que Bullrich, se ocupaba de la cacería, arresto y expulsión de inmigrantes, política que Estados Unidos quiere extender a toda la región y a la cual es receptiva la Argentina. Pero muy pronto tuvo que desmontar: en una audiencia senatorial le cuestionaron haber gastado 200 millones de dólares en un spot en el que invitaba a la autodeportación. Respondió que lo había autorizado Trump. Pero él no tenía el menor recuerdo del tema y la fletó de un saque. Lo mismo hizo el mes pasado con los jefes del Ejército y de la Marina. Todo eso invita a creer en los trascendidos, pero a dudar de que se concreten. El entusiasmo del gobierno de los hermanos Milei es comprensible: igual que Galtieri, los Milei sueñan con que la ruta a Puerto Argentino conduzca a la reelección presidencial que hoy parece bien dudosa.
De acuerdo con el informe de Reuters del viernes 24, un correo electrónico interno del Pentágono contempla la suspensión del apoyo al Reino Unido en su disputa con la Argentina por las Islas Malvinas, en represalia por no haber apoyado las operaciones estadounidenses en la guerra contra Irán. Inicialmente Gran Bretaña se negó a que desde sus bases partieran misiles en acciones ofensivas contra Irán pero ante la insistencia de Trump accedió a que fueran defensivas, ante represalias iraníes contra residentes europeos. Este castigo también incluiría la expulsión de España de la OTAN, por haberse negado a conceder derecho a Estados Unidos de acceso, base y sobrevuelo para sus aviones y armas de combate en las bases naval de Rota y Aérea de Morón . "No es nuestra guerra", había dicho Pedro Sánchez. El memorándum se refiere en forma genérica a las posesiones imperiales europeas de larga data, como las Malvinas y el Peñón de Gibraltar. Trump se ha encontrado con frecuencia con Milei, con quien intercambian alabanzas en el estilo pomposo que ambos cultivan. Por el contrario, Trump comparó irónicamente con Winston Churchill a Sir Keir Starmer.

La primera respuesta oficial británica provino el mismo viernes de un vocero del propio Starmer. “No podríamos ser más claros sobre la postura de Reino Unido respecto a las islas. Es una postura de larga data y no cambió”, afirmó el portavoz. También el Departamento de Estado de Estados Unidos declaró que su postura no ha cambiado, seguiría siendo de neutralidad. Esto es una ficción. En 1982 la posición era más que de neutralidad, y no por ocurrencia de un Presidente caprichoso: era el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca el que obligaba a Estados Unidos a alinearse con el país americano en combate contra una potencia extracontinental. ¿Quién garantiza que hoy sucedería lo contrario? El argentino Rafael Grossi, en su segundo mandato como director del organismo de la energía nuclear de la ONU acaba de reunirse con representantes de Irán, Rusia y China, adelantándose a Estados Unidos y es el favorito para suceder al portugués Antonio Guterres al frente de las Naciones Unidas. Las otras candidatas tampoco parecerían obstáculos para el cambio de status de Malvinas, a pesar de Milei: la ex presidente chilena Michelle Bachelet y la costarricense Rebeca Grynspan, secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo.

Control social
Hace 22 años pude discutir en el programa de Andrés Oppenheimer en la televisión de Miami las propuestas del Comando Sur con su jefe de entonces, general James T. Hill, y con el responsable del Pentágono para Subamérica, Roger Pardo Maurer, un centroamericano-estadounidense que se ahogó el año pasado en Costa Rica. El general Hill defendió el proyecto de volver a utilizar a los militares latinoamericanos como instrumento de control social, sobre una región que según declaraciones del propio comandante al Congreso de su país, proveía un tercio del petróleo que importaba Estados Unidos, es decir más que todos los países del Medio Oriente juntos; implicaba un intercambio comercial equivalente al que Estados Unidos tenía con toda Europa y preveía que en 2010, superaría al que Estados Unidos tendría entonces con Europa y Japón juntos. Dos décadas más tarde, esto ayuda a entender el deterioro de las relaciones de Estados Unidos con Europa y su recrecido interés por América Latina, el petróleo venezolano, el litio y las tierras raras. El Comando Sur ya agitaba entonces en América Latina la amenaza de "los demagogos populistas", entre quienes englobaba a Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula. En una audiencia legislativa, Hill intentó asimilar el fantasma del populismo radical en América Latina con el terrorismo, el narcotráfico, la criminalidad organizada, el lavado de dinero, las pandillas urbanas. Es decir una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos frente a la cual trataba de profundizar el nexo con los militares al margen de los gobiernos y de las instituciones políticas del sistema interamericano como la OEA. En aquel debate de 2004, Pardo Maurer y el general Hill, agitaron el fantasma del populismo radical en América Latina e intentaron confundirlo con el terrorismo, el narcotráfico, la criminalidad organizada, el lavado de dinero y las pandillas urbanas, que “amenazan la seguridad de los Estados Unidos” (no la nuestra).
Les pregunté qué estaba haciendo el Ejército de Estados Unidos dentro de Estados Unidos frente a esos problemas. (Desde 1878 la ley Posse Comitatus prohíbe el empleo de Fuerzas Armadas en los estados provinciales). Pardo Maurer enfureció ante mi pregunta. Dijo que era una pregunta tendenciosa, porque Estados Unidos tenía "un sistema legal muy establecido, en el cual hay tareas explícitas para las Fuerzas Armadas, muy definidas para la policía, muy esclarecidas, con sistemas de mando, de control, de responsabilidad política". Pero que en muchos países de Latinoamérica "existe una confusión total. Nadie sabe cuál es el papel del juez, el de la policía, el de las Fuerzas Armadas". Objeté que la única confusión surge de la presión del Comando Sur para que nuestros militares participen en tareas de seguridad interior y el entrenamiento que están brindando militares norteamericanos a policías de América Latina. Dije que nosotros queríamos hacer como ellos.
Más inteligente que Pardo Maurer, el general Hill sostuvo que las amenazas a Latinoamérica ya no eran las mismas que en el siglo XX. Sugirió a militares y civiles "que observen con honestidad qué necesitan sus fuerzas de seguridad, militares y policiales, para el siglo XXI: qué tipo y número de fuerzas, con qué estructuras, cuánto pueden permitirse gastar y cuánto no, y cuáles son sus roles". Agregó que ese diálogo acerca de lo que las Fuerzas Armadas hacen en apoyo de la democracia era imposible cuando las Fuerzas Armadas no creían en la democracia y en muchos casos estaban en el gobierno. Declaró que "la mayor amenaza es la pobreza, y de ella se derivan la corrupción, la violencia y la frustración. Ello incrementa el narcotráfico, las actividades ilegales y las pandillas, el tráfico de personas y de drogas, el desasosiego en la población cuyas legítimas expectativas no han sido satisfechas. Si usted tiene unas Fuerzas Armadas de 100.000 hombres y sólo 15.000 policías pero la mayor amenaza es el crimen urbano, ¿necesita 100.000 militares o 75.000 policías? Como no puede mantener a ambos yo sugiero tomar algunos de esos militares y reentrenarlos para ser policías. Si la clave es la pobreza, como yo creo, los gobiernos no pueden continuar teniendo las Fuerzas Armadas y la policía actuales. Necesitan más policía". Macrì comenzó a hacerlo poco después, y su asesor en asuntos estratégicos Fulvio Pompeo proponía para las Fuerzas Armadas el modelo estadounidense de una guardia nacional.
Es muy interesante volver a escuchar hoy este debate, cuando el actual Presidente Trump envió 5.000 soldados del ejército para controlar movilizaciones en protesta por la política de deportaciones de inmigrantes, y un juez le ordenó retirarlas. Trump también criticó a los aliados de la OTAN por no enviar sus armadas para ayudar a abrir el estrecho de Ormuz, que quedó cerrado al tráfico marítimo mundial tras el inicio de la guerra. También declaró que está considerando retirarse de la Alianza. "¿No lo harías si estuvieras en mi lugar?", preguntó el republicano a Reuters en una entrevista el 1° de abril, en respuesta a una pregunta sobre si era posible que Estados Unidos se retirara de la OTAN.
Pero el correo electrónico no sugiere que Estados Unidos vaya a hacerlo, dijo la vocera del Pentágono, Kingsley Wilson. Tampoco propone cerrar bases en Europa. No obstante, no confirmó si las opciones incluían la retirada de algunas fuerzas estadounidenses de Europa. La vocera agregó que "como dijo el Presidente Trump, a pesar de todo lo que Estados Unidos hizo por nuestros aliados de la OTAN, ellos no estuvieron ahí para apoyarnos. El Ministerio de Defensa se asegurará de que el presidente cuente con opciones creíbles para garantizar que nuestros aliados dejen de ser un tigre de papel y, en su lugar, cumplan con su parte. No tenemos más comentarios sobre ninguna deliberación interna al respecto", dijo.

La música que escuché mientras escribía
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