La transición energética

Impacto en el cambio climático y potencialidad en la industrialización argentina

 

Comencemos con un axioma. Desde la perspectiva de la ciencia y la tecnología (CyT), la transición energética en la Argentina, a contracorriente de la presión sistémica, debe maximizar la participación de industria y tecnología nacional. Y aquello que haya que importar debe maximizar procesos de transferencia de conocimiento. La transición energética debe ser palanca de industrialización liderada por el Estado y movilizar la asociatividad público-privada, el enraizamiento del sector de CyT en las actividades productivas y la inversión privada en la generación de capacidades tecnológicas.

Cuando se analiza el perfil de capacidades nacionales, la transición energética involucra: energía eólica de potencia, energía nuclear en un rango amplio de desarrollos, energía hidroeléctrica en todos sus rangos de potencia, energía termosolar de concentración, biorrefinerías –cadenas oleoquímica y sucroalcoholera–, biomasa, biocombustibles, equipos para energía undimotriz y de corrientes marinas, cadenas de valor del litio y del hidrógeno (azul y verde), entre otros segmentos tecnológicos (Roger, 2019).

Movilidad sustentable, eficiencia energética, almacenamiento, distribución, gestión del sistema eléctrico, entre muchos otros temas, acompañan esta agenda con demandas de tecnologías digitales, electrónica, nuevos materiales, etcétera. En este escenario, el sector de hidrocarburos, que explica el mayor porcentaje de la energía primaria consumida en el país, puede ser un puente de corto plazo para descarbonizar el transporte vía gas. Asimismo, potenciar las capacidades industriales y tecnológicas demandadas por este sector es un componente necesario para la creación de empleo y la mejora de la competitividad del conjunto de la economía.

 

 

La naturaleza como commodity

A comienzos de los años ’90, el mundo de las grandes corporaciones recibió el cambio climático con acciones y estrategias de descrédito y cuestionamiento de las evidencias científicas. Mientras los grandes usuarios y productores de energía vieron amenazados sus posiciones y modelos de negocio, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, en junio de 1992, se inició un proceso de conversión de la naturaleza en “una mercancía más que entrará a fluir ‘libremente’ en los mercados financieros en distintas formas: bonos verdes, bonos azules, pago por servicios ecosistémicos” (Sala, 2021). El Protocolo de Kioto, en 1997, inició un cambio de actitudes en algunos sectores de los negocios, que comenzaron a buscar beneficios en los mecanismos de mercado diseñados para especular con el carbono.

Luego de la megacrisis financiera de 2008-2009 se aceleró el proceso de catalización del calentamiento global como oportunidad para grandes negocios. Las energías renovables se consolidaron en el imaginario capitalista como una nueva panacea tecnológica. La ola de innovaciones liderada por las energías renovables y las tecnologías digitales, se dice, puede evitar la catástrofe ambiental, sacar al capitalismo global de la persistente anemia y hacerlo ingresar en un nuevo ciclo de prosperidad.

Hagamos la pregunta necesaria: ¿cómo pueden jugar en este tablero aquellos países no centrales que, como la Argentina, cuentan con algunas capacidades industriales y tecnológicas?

En general, el poder corporativo global difunde una concepción de la transición energética que combina ortodoxia con variables neoschumpeterianas, que se traduce en el diseño de “mercados” para una dotación reconfigurada de recursos naturales –cobre, litio, níquel, cobalto, etcétera (IEA, 2021)– y el financiamiento de un recambio de tecnologías. En este escenario, las democracias en desarrollo aparecen como testigos pasivos de disputas corporativas, de algunos recambios de fracciones de poder a escala global con impactos locales, pero que dejan intacta la estructura que produce creciente financierización, concentración de ingresos y riqueza y aumento de la desigualdad.

Desde la perspectiva de las grandes corporaciones, Newell (2021: p. 36) señala que la transición energética moviliza la capacidad de “emplear combinaciones de poder material, institucional y discursivo para garantizar que los cambios que ocurren en las configuraciones sociotécnicas no perturben las relaciones sociales predominantes y la distribución del poder político”. Este autor apela al concepto gramsciano de “trasformismo”, que describe procesos de cooptación orientados a asimilar y domesticar ideas potencialmente peligrosas ajustándolas a las políticas de la coalición dominante y así obstruir o debilitar la formación de frentes opositores organizados.

Contrapuesto a este paradigma, la complementariedad de las nociones de justicia ambiental y justicia social parece adecuada a una concepción que asigna a la crisis climática y ambiental la misma raíz que la crisis de financierización, que produce concentración, desigualdad y pobreza, y que nos interpela sobre la necesidad de otra lectura sobre el sentido y potencialidades de la transición energética.

 

 

El lugar de las periferias en las “revoluciones tecnológicas”

El modelo de cambio tecnológico de lxs economistas Carlota Pérez y Christopher Freeman asume que, desde finales del siglo XVIII, las revoluciones tecnológicas han tenido lugar, aproximadamente, una vez cada medio siglo a través de “cambios de paradigmas tecno-económicos”, cuyo despliegue presentan secuencia homólogas: irrupción de la novedad tecnológica (conjunto de innovaciones radicales); frenesí y burbuja financiera; colapso y punto de inflexión; edad de oro; madurez y pérdida de dinamismo acompañados de malestar político (Pérez, 2002).

El modelo de Pérez-Freeman presenta dos principales virtudes: (i) intenta incorporar la variable financiera a la dinámica de cambio tecnológico; y (ii) esboza la complejidad de las transformaciones institucionales, organizacionales y culturales que ocurren en las economías centrales como componentes constitutivos de los ciclos globales de cambio tecnológico.

¿Qué papel juegan las periferias según este modelo? Aparecen recién en la fase final de madurez del paradigma tecno-económico, cuando las complementariedades y sinergias tienden a disminuir y las economías centrales se ven obligadas a relocalizar sus industrias en declive.

La combinación de saturación del mercado, agotamiento tecnológico y malestar político en las sociedades centrales lleva a sus empresas a intentar diversificar las inversiones en otras industrias y áreas geográficas. Una estrategia para extender los ciclos de vida de las industrias maduras y sostener la tasa de acumulación ha sido la relocalización de la producción, especialmente en los países semiperiféricos, donde una combinación variable de menores costos comerciales, trabajadorxs calificadxs, mayor rentabilidad y reciclado de tecnologías maduras puede retrasar la obsolescencia tecnológica.

Es recién en este momento que aparecería una ventana de oportunidad para acceder a tecnologías que ingresan a su fase de madurez. Mientras las semiperiferias ingresan activamente al ciclo que se agota, simultáneamente, un nuevo grupo de innovaciones radicales comienza a dar los primeros pasos en las economías centrales hacia una nueva revolución tecnológica (Pérez, 2002, pp. 154-155). Las periferias como escala de mercado viabilizan las nuevas tecnologías.

La actual versión neoschumpeteriana se ajusta a este modelo cuando difunde la “revolución industrial verde” con vagas alusiones a cosas como un Plan Marshall para “países rezagados” (Pérez, 2016, p. 213). El mensaje es claro: “Facilitar y financiar la inversión en los países rezagados del mundo en desarrollo crearía mercados para las tecnologías ecológicas de ingeniería, infraestructura y equipamiento del mundo avanzado” (p. 204).

Las transformaciones institucionales, organizacionales y culturales, distintivas de las revoluciones tecnológicas en las economías centrales, constituyen el proceso crucial ausente en las periferias. Por el contrario, la dinámica de cambio tecnológico que impulsa el sistema económico global favorece la hibridez y la producción de desorden institucional, organizacional y cultural en las periferias.

Como un principio de entropía económica, la producción de “orden” –o de mayor complejidad organizacional e institucional– en las economías centrales durante el despliegue del nuevo paradigma tecno-económico tiende a producir “desorden” –des-institucionalización y pérdida de capacidades organizacionales– en las periferias, con un balance global de mayor desigualdad y pobreza e impacto socioambiental.

El programa Renovar del macrismo es la versión incipiente del “Green New Deal” en la semiperiferia de América Latina: negocios financieros para amigos con tecnología e industria importada llave en mano. Las dinámicas de extracción de cobre y litio, por ejemplo, completan el panorama.

Para revertir la tendencia a la destrucción de ecosistemas, cumplir los compromisos asumidos por nuestro país contra el cambio climático y, a la vez, generar un sendero que haga posible avanzar en metas de inclusión, mayor equidad, redistribución y ampliación de derechos, es necesario impulsar transformaciones sistémicas.

 

 

De la Pax Americana a la Pax Sinica

Dado que la transición energética tiene status de cambio de paradigma tecno-económico, su despliegue va a desencadenar –en los países que entiendan cómo subirse a este tren– transformaciones radicales en los patrones de producción, infraestructura, transporte, comunicación, finanzas y regulación.

A su vez, la transición energética co-evoluciona con una apertura a la multipolaridad, donde la disputa que plantea China por un proyecto global alternativo representa para la Argentina y la región una oportunidad para modificar la geopolítica del “patio trasero” y para impulsar senderos tecnológicos y productivos con mayores grados de autonomía.

Como contrapunto comparativo, podemos recordar el lugar de América Latina en el inicio de la revolución de las tecnologías de la información y de la comunicación (TICs) y los semiconductores, a mediados de los años ’70, que se inició en la Argentina con la devastación de más de dos décadas de evolución local en semiconductores, computación y electrónica de consumo, inaugurando un cuarto de siglo de desindustrialización.

El concepto clave que debe guiar la transición energética en la Argentina es el de aprendizaje colectivo coordinado por políticas públicas: en la fábrica y en el taller, en departamentos de ingeniería, en laboratorios, institutos y universidades; aprendizaje en innovación y desarrollo (I+D), asociatividad público-privada, en procesos de transferencia y en gestión de prototipos, pilotajes y escalados. Los desequilibrios territoriales deben estar en el foco de esta dinámica.

Son los procesos de aprendizaje colectivo coordinados por políticas públicas los que pueden construir una ventana de oportunidad a partir del movimiento tectónico que impulsa la transición energética, además de poner un dique al aluvión de tecnologías renovables importadas “llave en mano” que promete el rejuvenecimiento neoschumpeteriano para las economías centrales.

Así, el gran desafío para nuestro país son las transformaciones institucionales, organizacionales y culturales, que son las dimensiones ausentes en las periferias durante las revoluciones tecnológicas. Y su condición de posibilidad es un Estado con alta legitimidad política, coordinador tecnológico y productivo, con capacidad de disciplinar a los poderes fácticos y liderar procesos de alta complejidad, que involucran senderos de mediano y largo plazo donde convergen los planes de infraestructura, transporte, energía, producción, trabajo, ambiente y ciencia y tecnología.

 

 

 

Referencias

IEA, The Role of Critical Minerals in Clean Energy Transitions, World Energy Outlook Special Report, 2021.
Newell, Peter, Power Shift. The Global Political Economy Of Energy Transitions, Cambridge University Press, 2021.
Pérez, Carlota, Technological Revolutions and Financial Capital. The Dynamics of Bubbles and Golden Ages, Elgar, 2002.
Pérez, Carlota, “Capitalism, Technology and a Green Global Golden Age: The Role of History in Helping to Shape the Future”. En Jacobs y Mazzucato (eds.), Rethinking Capitalism: Economics and Policy for Sustainable and Inclusive Growth (pp. 191-217), Wiley-Blackwell, 2016.
Roger, Diego, “Una nueva matriz energética para Argentina: rentas termodinámicas y desarrollo industrial, tecnológico y científico”, Revista Realidad Económica, núm. 328, año 48, pp. 27-58, 2019.
Sala, Juan Emilio, “Desarrollo sustentable: idea-fuerza, oxímoron o agenda del capitalismo”, Nodal, 3 de junio de 2021.

 

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