La utopía posible

China y la epopeya social de cimentar una sociedad más equitativa

 

La semana pasada publiqué una nota sobre el documento “Servir al pueblo: la erradicación de la extrema pobreza en China”, publicado por el Instituto Tricontinental de Investigación Social en julio de 2021, en el cual se indica que China pasó de ser uno de los países más pobres del mundo a erradicar la pobreza en una sola generación. En el presente artículo, continuidad del anterior, explicaré cómo un país sumido en la más cruel pobreza logró sacar de esa situación a alrededor de mil millones de personas, de la mano de un fenomenal crecimiento de la economía que sorprende al mundo entero. Sin duda, el de China es el éxito económico y social más relevante de la historia de la humanidad.

Lo primero que se desprende del documento mencionado es algo que no está explícitamente escrito, y se refiere a la actitud y compromiso de un gobierno y de una sociedad para enfrentar el flagelo de la falta de recursos. Muestra el valor de las utopías y de los sueños colectivos en el marco de una revalorización de la solidaridad social. Muchas veces he mencionado, por medio de las páginas de El Cohete a la Luna, que para erradicar la pobreza es necesario construir una epopeya social donde todos los sectores populares se comprometan en la cimentación de una sociedad más equitativa. Nada debe esperarse del llamado “poder real”. Como le pasó a Mao, la mayor resistencia a la solidaridad, la equidad y la unidad nacional la tuvo de parte de los sectores “acomodados” de la sociedad, que opusieron feroz resistencia a los cambios y denotaron un gran temor a la posible pérdida de privilegios. Esta es la verdadera batalla, construir una “utopía posible” y enfrentar los avatares y las luchas que plantee cada circunstancia, hasta transformarla en realidad.

Desde hace tiempo, la sociedad sueña con un mundo idílico y con identificar la forma de gestionarse satisfactoriamente. De esos anhelos nace el uso del término utopía, la cual consiste en una teorización acerca de cómo se debería organizar de forma perfecta una sociedad, Estado, comunidad o parte de los mismos. Podemos encontrar multitud de ejemplos de utopías a lo largo de la historia. Quizás una de las más antiguas sea la utopía de Platón, en la cual la sociedad estaría dividida en tres clases asignadas por sus competencias y habilidades: la clase política, la clase militar y la clase de productores. Así, el buen funcionamiento y gestión de esas clases aseguraría una sociedad perfecta y pacífica.

Si bien el concepto de utopía es amplio y profundo, muy utilizado por filósofos, pensadores y políticos, de su planteo surge, imperiosa, la siguiente pregunta: ¿Qué utilidad tiene la creación de una sociedad perfecta en abstracto, que puede encontrarse con muchas resistencias en caso de existir un intento serio por llevarla a la realidad? Muchos podemos caer en el error de pensar que las utopías carecen de pragmatismo, o que sólo tienen una utilidad literaria o de pasatiempo, pero esto no es así. China es el mejor ejemplo: se planteó la utopía de erradicar la pobreza extrema, derribó todos los obstáculos y finalmente lo logró.

Cuenta el citado documento que el programa ejecutado por China puede sintetizarse en el slogan “un ingreso, dos seguridades y tres garantías”:

  • Un ingreso. El Estado chino garantiza un ingreso equivalente a 2,30 dólares por día, cuando el índice aceptado por las Naciones Unidas es de 1,90 dólares. Corresponde aclarar que no en todos lados se mide por el mismo valor del dólar, ya que cada cifra está ajustada por el método de PPA, que significa Por Poder Adquisitivo. Este índice es elaborado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y se utiliza para medir el desarrollo de las distintas economías mundiales.
  • Las dos seguridades son alimento y vestimenta. Cada ciudadano/a chino/a los tiene asegurados, sin importar su lugar de residencia.
  • Las tres garantías son: servicios médicos básicos, vivienda segura con agua potable y electricidad.

Llegado este punto, es central reiterar que el Programa de Reducción Focalizada de la Pobreza de China (como se conoce técnicamente) no puede abordarse únicamente mediante la distribución del ingreso, atento que adopta un enfoque multidimensional. Este concepto examina los factores complejos e interrelacionados asociados a la pobreza, los que no se identifican midiendo sólo los ingresos. El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) contiene la medición de diez indicadores en tres dimensiones: salud, educación y servicios básicos de infraestructura. El modelo de medición de la pobreza desde un abordaje multimodal parte del principio de que, aun cuando una persona perciba un ingreso básico en términos monetarios, puede ser pobre si no recibe una atención básica de salud, o si vive en entornos que no cuentan con acceso a los servicios básicos de infraestructura como luz, gas, televisión e Internet pública, o si no es dueña de una vivienda digna y, por supuesto, cuando no tiene acceso a la educación pública libre y gratuita.

 

Estudiantes regresan de la escuela en la comunidad de Wangjia, ciudad de Tongren, provincia de Guizhou, abril de 2021.

 

Como puede percibirse, el hecho de que el programa cuente con un abordaje multimodal permite asignarle a la erradicación lograda una especial valoración. La mayoría de los países, al medir la pobreza desde un enfoque de ingresos, suelen alterar o hacer una deficiente interpretación estadística de los guarismos recogidos, situación que invisibiliza grandes bolsones de pobreza estructural. Al mismo tiempo, les permite pavonearse en foros internacionales con números incompletos: muestran que la pobreza baja, aunque en verdad nada cambia, ya que el resultado de las mejoras económicas siempre quedan en las mismas pocas manos. Un buen ejemplo lo representa el caso de Chile, que “vende” su programa de pensiones privadas como “la” panacea para reducir la pobreza aunque, como vimos durante las movilizaciones populares de 2019 y 2020, lejos de ello, ese modelo agudizó la desigualdad. A pesar de la recomendación de las Naciones Unidas de usar el índice multimodal, China es el único país del mundo en utilizarlo.

Saber quiénes son pobres y conocer sus necesidades ha sido, y es hoy, una tarea gigantesca para cualquier país. Especialmente lo ha sido para China, que presenta una realidad política, cultural y demográfica de dimensiones especiales. China tiene, desde la mirada occidental, un sistema político muy complejo, con un gobierno nacional, provincias, condados y aldeas. Desde el punto de vista cultural, sobre todo en las zonas rurales y, por ende, las más pobres de China, existen infinidad de dialectos diferentes, lo que complica la comunicación. Su topografía particular es también un problema al momento de planificar una acción política integral. Allí está el macizo montañoso más alto y espectacular del planeta: el Himalaya, con un relieve que se ha visto modificado por agentes atmosféricos como el viento y la lluvia, los cursos de agua, el mar y la acción erosiva del polvo de los desiertos del norte. La combinación de estos factores ha dado como resultado una red de cadenas montañosas, entre las que se encuentran aisladas varias llanuras.

¿Cómo resolvieron todas estas complejidades? China se inclinó por un sistema de identificación de hogares, implementando una relación personal entre el pobre y un acompañante asignado para conocer a cada una de las personas pobres del país, sus condiciones y sus necesidades. Esto se hizo mediante el envío de una cantidad considerable de funcionarios a las aldeas, bajo la práctica de una democracia de base y el despliegue de tecnologías digitales. En 2014, 800.000 personas se organizaron para visitar y encuestar a todos los hogares del país, identificando 89,62 millones de personas pobres agrupadas en 29,48 millones de hogares, distribuidos en 128.000 aldeas. Luego, más de 2 millones de personas verificaron los datos, eliminando posteriormente los casos identificados incorrectamente y añadiendo otros nuevos. Esta impresionante movilización de ayudantes de los pobres logró identificar no sólo las necesidades económicas de las personas, sino también las de infraestructura y vivienda de cada pobre del país.

Estas visitas no se agotaron en conocer las necesidades, sino que se mantuvieron durante todo el proceso. Al menos una vez por semana, una persona pasaba por el domicilio del necesitado y transportaba las otras necesidades a la coordinación del programa. Incluso los acompañantes ayudaban a quienes estaban imposibilitados física o culturalmente a resolver problemas menores. Es decir, la atención a las personas necesitadas se encaró de manera integral. Las obras públicas fueron planificadas de acuerdo con las prioridades emanadas de la coordinación. En esta lucha participaron millones de personas, provenientes del Estado, de las Fuerzas Armadas e, incluso, del capital privado. En conclusión, este proyecto movilizó a la sociedad completa, cada uno en su rol, pero todos con vocación de construir una comunidad más equitativa.

 

Se introdujeron invernaderos para estimular la agricultura local en el pueblo de Danyang, distrito de Wanshan, provincia de Guizhou.

 

Un párrafo especial merece el hecho, tan discutido en nuestro “mundo occidental”, de si distribuir recursos y redistribuir los ingresos es o no perjudicial para la economía. Estamos atosigados por los medios de comunicación dominantes y hegemónicos que constantemente critican, con dureza, la implementación de políticas redistributivas. Lo cierto es que China les pone un gran mentís a esas teorías impulsadas por el neoliberalismo, por los organismos internacionales de crédito y por quienes, sabiendo que mienten, venden su alma a los dueños del poder. China se dedicó a distribuir dinero, en forma sistemática, no sólo bajo la forma de ingresos dinerarios, sino también en obras públicas y educación, logrando el más fenomenal crecimiento económico de la historia de la humanidad. Distribuir recursos es la mejor forma de potenciar la demanda, lo que permite que la producción crezca y ello motive la creación de empleo y de crecimiento integral de la economía.

Este análisis parcial será profundizado en una tercera nota en la que continuaré el estudio de esta tarea fascinante. Pero por ahora quiero apropiarme de unas palabras del informe publicado por el Instituto Tricontinental de Investigación Social: “Es muy difícil para las personas fuera de China entender la campaña de reducción de la pobreza de los últimos ocho años, y en particular cómo se organizó y sobre todo la notable movilización (…) Esta es la institución política especial de China. La sociedad china es muy diferente de las sociedades occidentales porque se basa en lo colectivo y no en lo individual. Esto se refleja en la forma de organizar la sociedad. El gobierno trabaja con organizaciones sociales, las redes políticas y sociales se funden en un todo, en una fuerza dirigente, organizada vertical y horizontalmente, que permite que todo el mundo se una en esta campaña social”.

 

 

 

 

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