La vida que queremos

Los tiempos largos de las utopías, los hilos cortos de la derecha y el consejo de CFK: “Amor y memoria”

 

La semana arrancó con fotos y videos de 2020 que esperaban estreno cerca del tiempo de las urnas. Pero las disculpas presidenciales, la muestra de unidad del Frente de Todos y el fuerte apoyo de todas sus figuras al Presidente, que en la semana estuvo acompañado en varias presentaciones públicas por la Vicepresidenta, el presidente de la Cámara de Diputados y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, parecen haber menguado los alcances del plan de esmerilado. Al menos en lo inmediato, mediciones efectuadas en Ciudad Gótica muestran que los votos siguen la lógica expuesta en semanas precedentes: el Frente de Todos con una performance más que aceptable respecto de elecciones anteriores en Ciudad de Buenos Aires, y Juntos por el Cambio viendo que algunos de sus votantes son aspirados por el representante anarco liberal Javier Milei.

En la misma semana, a propósito de juventudes visitadas por la anti-política y del peronismo como opción para la inclusión y la ampliación de derechos, una reciente despedida hace presente la pertinencia de ir hacia atrás para pensar lo que viene. Si bien vivimos momentos en los que el fragmento y el puro instante nos marcan la temporalidad de época, redes sociales mediante, vale la pena insistir y volver sobre los tiempos largos de la historia y sus continuidades. Los directores de obras audiovisuales se eternizan en la retina de muchos aun cuando hayan partido. Seguramente así sucederá con David “Coco” Blaustein, que nació el 24 de agosto de 1953 y dejó esta vida el mismo mes casi 68 años después, repletos de arte, cine y pasión política.

“La recuperación de nuestra memoria no podría ser desapasionada ni imparcial”. Así arranca Cazadores de utopías, un documental hecho y presentado a contrapelo, en un momento en que no muchos podían escuchar aquello que reconstruye y sobre lo que invita a reflexionar. Cuando todo era consumo, cuando se profetizaba sobre el fin de la historia, cuando la obediencia debida, el punto final y los indultos caracterizaban el clima de época, Blaustein se animó a hablar del peronismo, de la guerrilla, de Montoneros y de la lucha armada. Promediaba el menemismo neoliberal y la transformación social de la mano de la política –el proyecto inconcluso que relataban los entrevistados– parecía sentenciada a ser moda antigua.

Por detrás, como en un celuloide paralelo, resuena un registro discursivo sobre juventudes. Relatos de sueños y dolores que traían a un presente democrático despolitizado las aspiraciones de un bienestar colectivo que habían talado las bayonetas. Las juventudes de utopías de tiempos largos que inmortalizó “Coco” Blaustein brincan desde el pasado hacia el futuro, haciendo puente en cada presente, aunque discrepen con las fugacidades actuales que parecen insistir en no tener ayer ni mañana.

Vista desde hoy, la reflexión de 1996 sobre la derrota y el valor de la utopía actualiza deseos de construcción política de un mundo más justo, aspiraciones que permanecen ya que –como canta León Gieco– “todo está guardado en la memoria, sueño de la vida y de la historia”. El relato coral nos recuerda que la memoria es colectiva y así se transmite. Se hace de a muchos, como hicieron Madres y Abuelas. Hilvana los diferentes fragmentos y recuerdos de quienes protagonizaron y tuvieron su vivencia sobre los mismos hechos. Es un acto eminentemente grupal y político, en el honorable sentido de la palabra. Parece vital, entonces, permitir a “Coco” interpelar a los más jóvenes en una época de puro presente diluido en el mar de fragmentos, época de redes sociales, sobre la importancia de actualizar cierta tradición colectiva.

Cazadores de Utopías, en su complejidad, despliega el registro de un modo de habitar la juventud. Hombres y mujeres que reinterpretan sus años jóvenes viéndose a sí mismos constituidos en un hilo histórico, en el cual se forjaron una identidad personal en congruencia con otra colectiva, en cuyo marco protagonizaron luchas para alcanzar derechos arrebatados a un pueblo. Esas jóvenes intensidades que reconstruye el celuloide reconocen haber ido hacia atrás buscando en sus raíces la distancia suficiente para tomar carrera y saltar a cumplir anhelos y sueños que el futuro devolvería en realidades. Dicen, emotivamente, que la memoria es la posibilidad de un futuro hecho por manos propias. Algo de eso se escuchó el miércoles 18 en la ciudad de La Plata. Allí, en la alocución, se eslabonó que “la vida que queremos” hay que crearla. Una apelación a dejar flotar nuestras utopías, por más íntimas que sean, en el cauce de todos.

Días antes, en un set televisivo, la negación de memoria e historia se mostró en primer plano. El ex Presidente Mauricio Macri, emblema devaluado de la derecha argentina, expuso amnesia y deseos de reválida individual, más allá del daño que sus apariciones causan en el espacio de Juntos (pero no tanto). En la entrevista que le realizó Joaquín Morales Solá desplegó un discurso plagado de lugares comunes, se dio el gusto de falsear datos fácilmente comprobables como los del endeudamiento, cuestionó el rumbo del gobierno, cuya brújula siempre le indica un viaje sin escalas a Venezuela o Nicaragua (se olvidaron de alcanzarle el nombre de Afganistán para agregar al repertorio), y otras apelaciones vacías que buscan impactar en el instante para luego pasar “a otra cosa”. Un relato sólo posible en el marco de una politicidad ahistórica y atemporal.

En su prédica, acusó al kirchnerismo de ser una “versión salvaje y antidemocrática” del peronismo. Esta, a su entender, es la razón por la cual en el país “nadie invierte”, ya que estamos frente a “un gobierno que expulsa”. En su análisis, “es lo que estamos viendo hoy”. Pues bien, según un estudio realizado por la Cancillería sobre la base de información relevada por el INDEC, las inversiones extranjeras directas crecieron durante el primer trimestre del año un 138% interanual. Según la CEPAL, mientras entre 2015 y 2020 el país había caído en su atractivo para la inversión extranjera directa, como lo muestra la retracción del 10 al 6% sobre el total de la región, la recuperación durante 2021 es notable, al punto que si se compara el primer trimestre de este año con el de 2019 el incremento es de un 286% en dólares.

Insistente, dispuesto a que todos aceptemos que su “crecimiento invisible” era verdadero y el que hoy marcan los datos no, duplicó la apuesta declamando que “lo que la ex Presidenta llama morondanga es justamente no entender cuál es el requisito básico, inicial o suficiente para poder desarrollar el país, que es que seamos confiables, creíbles”. Mientras relataba desesperadamente ese universo paralelo, el país sumaba nuevas firmas digitales al universo de los denominados “unicornios tecnológicos”. En total hoy son once y, sorpresa, todos nacidos bajo gobiernos peronistas gracias a las políticas para el sector. Son empresas ligadas al conocimiento que superan el valor de mercado de los 1.000 millones de dólares y que articulan con el recientemente lanzado Argentina Programa, destinado a la capacitación de trabajadores para la industria digital.

Fotos, videos, datos, insistencias de relatos que buscan transformarse en votos, y la muerte de “Coco” Blaustein en el medio. Hilos, palabra de momento detrás de la cual hay intenciones virales de puestas en escena de la política. Los hilos que buscaba “Coco” eran largos, históricos, atravesaban generaciones, traían a su presente tiempos políticos que aunaban luchas y enhebraban conquistas y derechos. Los hilos de la derecha son los de Twitter: cortos, acotados, solubles en el ciberespacio, fagocitados por el inmediatamente próximo encadenamiento, hilvanados por focus group y discursos de instante. Frente a estos relatos vacuos, la Vicepresidenta insistió en la memoria, cuyo ejercicio nos puede levantar del sinsentido al que empujan esas construcciones regresivas. Dijo “siempre: amor y memoria, las dos cosas”.