La voz de lxs residentes

Entrevista a Rodrigo Fernández Avello, jefe de residentes de Medicina General y Familiar del Hospital Álvarez

 

Los hospitales porteños suelen verse atestados de jóvenes profesionales de la salud que van de un lado para el otro con sus guardapolvos blancos. Atienden pacientes, contienen familias, dan indicaciones, curan una herida, se mueven, son muchos. Pero durante 21 días los pasillos quedaron desiertos. Todo se trastocó. Dermatología del Gutiérrez, que suele presentar un batallón de jóvenes dermatólogas prestas a sanar, se transformó en una sola médica, con años de carrera, teniendo que responder a todo y sin posibilidad de lograr el objetivo. La guardia, que siempre atiende a todo niño que se acerque, de repente señalaba: “Solo emergencias”. Había paro indeterminado de residentes y concurrentes, y se notaba. Un halo de ausencias y carteles improvisados dejaban la demanda en claro: “Trabajo sin dormir por 300 pesos la hora, ¿querés que atienda a tu hijo?”.

Rodrigo Fernández Avello es jefe de residentes de Medicina General y Familiar del Hospital Álvarez y dialogó con El Cohete.

—¿Quiénes son los residentes y los concurrentes?

—Tanto residentes como concurrentes somos profesionales, en este caso, de la salud. También hay otras profesiones que pueden entrar a un régimen de residencia, como por ejemplo sociología o arquitectura, pero en general cuando uno piensa en el régimen de residencia y concurrencia piensa en profesionales de la salud. Esto nuclea tanto a médicos como a no médicos. Incluye psicólogos, terapistas ocupacionales, fonoaudiólogos, psicopedagogos, nutricionistas, kinesiólogos y profesionales de otras ciencias de la salud que una vez que terminan su carrera de grado en la facultad deciden formarse a través de este sistema porque entienden que es la forma que más valor le da a un título de posgrado. En el caso de quienes estudiamos medicina, cuando terminás la facultad te recibís de médico y después hay diversas especialidades como pediatría, clínica, medicina general y familiar, cirugía, ginecología, traumatología, que se abordan en el marco de la residencia. En síntesis uno cuando termina el grado puede decidir trabajar sin ese título de especialista; puede buscar ese título a través de un régimen de residencias o concurrencias, u obtenerlo de forma paga a través de un posgrado que tiene que estar validado por el Ministerio de Salud o por una facultad.

—¿Qué carga horaria tiene el trabajo? ¿Qué características tiene?

—En el caso de las residencias se trata de un contrato de exclusividad, esto hace que los residentes solo podamos trabajar para el subsector en el cual hemos sido contratados, en este caso el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, pero también existen residencias de Nación, de provincia y de sectores privados. En el caso de las concurrencias, implican un contrato de dedicación no exclusiva, intermedia y por ello hay diferencia con relación a la carga horaria. Para tener un parámetro, basándonos en la última modificación de la Ley de Residentes, que es una ley del año ‘66, un residente de primer año debería ejercer no más de 64 horas semanales. Sin embargo ese número se supera ampliamente, sobre todo en los primeros dos años de la residencia en los que fácilmente se trabajan de 80 a 100 horas semanales, e incluso hasta 130 en algunos casos. A eso se llega con una jornada que empieza clásicamente a las 7 de la mañana y termina a las 5 ó 6 de la tarde, pero que muchas veces se extiende, sobre todo en invierno. Yo me he llegado a ir del trabajo a las 12 de la noche. Y hay también especialidades que entran más temprano; por ejemplo, en las residencias de cirugía lxs trabajadores pueden llegar a ingresar a las tres de la mañana a su turno. A esto se adicionan las guardias. Si bien está establecido que los residentes no deberían realizar más de seis guardias por mes, son pocas las residencias que lo cumplen. En general, un residente de primer año realiza 8, 10 o hasta 12 guardias por mes de 24 horas y en ciertos casos esas guardias pueden llegar a ser hasta de 48 horas.

Lo más importante es dejar en claro que todo esto que ocurre está fuera de la ley. Se trata de una ley muy antigua, que se ha ido modificando con ordenanzas durante la última dictadura y durante el menemismo. Hace 30 años que no tenemos una revisión seria. Pero incluso más allá de que se trata de un texto que hay que actualizar, ni siquiera esa ley se cumple. La norma, por ejemplo, dicta claramente que los residentes no pueden hacer guardias los fines de semana y lo hacen y lo hacen solos.

—¿Cómo comenzó el proceso de organización para transformar esta situación?

—En mi caso desde que entré a la residencia estamos nucleados en una asamblea autoconvocada, la Asamblea de CABA, que contiene a todos los residentes y concurrentes de la ciudad de Buenos Aires. Es un espacio apartidario que hasta ahora había tenido dos triunfos históricos. En el año 2015 se logró la semana de estrés para residentes y concurrentes que era algo que no existía. Nosotros tenemos 15 días de licencia ordinaria y hasta ese momento solo los médicos y profesionales de planta tenían este tipo de licencia. Luego, en el año 2019 hubo una ley que fue votada y aprobada de forma inconsulta, hecha a espaldas del colectivo de residentes y concurrentes. Tras nueve días de movilización y paro indeterminado sin guardias se logró que fuera vetada. Era una ley según la cual nosotros dejábamos de ser considerados profesionales trabajadores, que a su vez eliminaba la figura de los concurrentes, entre otros muchos retrocesos. Expresaba la postura que tenía en ese momento el Ministerio de Salud de la ciudad, que estaba presidido por Ana Bou Pérez, quien hoy es legisladora y presidenta de la Comisión de Salud de la ciudad de Buenos Aires.

En septiembre de este año empezamos a dialogar y a observar que compañeros de otros lugares, como por ejemplo las y los residentes de la UBA, estaban cobrando más que nosotros. Vimos también que las personas que hacían residencias en el Garrahan, que corresponde a nación, cobraban hasta 80.000 pesos más que lo que se estaba cobrando en las residencias de la ciudad. Incluso saliendo de lo que es CABA comenzamos a averiguar y resultó que los compañeros de Tierra del Fuego cobraban 290.000 pesos por mes, en Jujuy habían logrado una recomposición salarial histórica y estaban en 250.000, lo mismo con Río Negro, Rosario; en fin, estábamos muy por debajo de lo que es justo y nos dispusimos a luchar por eso.

—¿Cuáles fueron las primeras medidas que tomaron?

—El día 20 de septiembre hicimos una asamblea por Zoom y decidimos elevar nuestros reclamos y aprovechar un paro que estaba convocado por Médicos Municipales, que es nuestra asociación gremial. Ahí salimos un montón de compañeros a la calle. Hicimos una asamblea masiva y entre otras cosas le exigimos al Ministerio de Salud una rápida mesa de diálogo. Como el Ministerio no nos escuchó, llamamos a un nuevo paro; allí volvimos a elevar nuestros reclamos y el Ministerio nos convocó para unos días después, pero cuando fuimos no nos recibió. Ahí empezó una situación de bastante enojo, no nos contestaban las vías formales de comunicación, nosotros cada vez éramos más y conforme pasaban los días más convencidos estábamos acerca de la validez y la legitimidad de nuestros reclamos. Nos sentimos apoyados por la población y empezamos a establecer un plan escalonado de lucha. Cuando finalmente nos recibieron por primera vez, Quirós, que es el ministro, no estaba. Nos ofrecieron un aumento de 15.000 pesos, respecto a lo que íbamos a ganar en paritarias, a cobrar en diciembre. No nos pareció suficiente, así que nos seguimos movilizando y las ofertas siguieron siendo miserables. Además tenían una actitud que no ayudaba en nada, nos ninguneaban cada vez que hablaban en público y optamos por iniciar el paro indeterminado sin guardias. El acoplamiento de la asamblea CABA fue unánime, tuvimos mucha comprensión del personal de planta y la gremial que está ahora tuvo diálogo permanente con nosotros, a diferencia de la anterior que nunca nos recibió. Todo eso fue construyendo nuestra fuerza y la semana pasada pudimos hacer un paro conjunto, con movilización, al que se sumaron Federación y Sutecba. Eso fue el día martes y la verdad es que fue un hecho histórico porque confluyeron en un paro masivo las tres gremiales más importantes de la salud de la ciudad de Buenos Aires, sumando también a ATE Salud, porque hay un pequeño sector del Garrahan que corresponde a la ciudad. El último paro de estas dimensiones había sido en el año 2005, es decir que hacía 17 años no se daba algo de estas características. A partir de ahí hubo un nuevo ofrecimiento por parte de la ciudad y el lunes pasado anunciamos un acuerdo.

Es muy importante señalar que el acuerdo dejó de lado a los concurrentes; y mencionar que Quirós, en la única reunión en la que estuvo, frente a los propios concurrentes, dijo que estaban mal formados y que él no se atendería por ellos, siendo él el principal responsable al respecto. Tenemos que remarcar que en esta categoría hay más de 700 profesionales que trabajan sin cobrar un peso y que ni siquiera tienen ART. Hay lugares completos de la ciudad de Buenos Aires manejados por concurrentes, como, por ejemplo, el Hospital Penna que en su área de salud mental no tiene residencia de psicología, sino solo concurrencias, o el Ameghino donde el 80 % de su personal está no pago, en la misma situación.

—¿Qué diferencia a los concurrentes de los residentes?

—Los concurrentes al igual que los residentes son profesionales que ya tienen su título de grado y que están haciendo su posgrado a través del sistema de concurrencias. Como la dedicación es no exclusiva, trabajan entre 20 y 40 horas semanales —aunque pueden llegar a las 50— y lo hacen de forma gratuita. Además se trata de cinco años de formación, en lugar de cuatro como ocurre en las residencias médicas. Muchas especialidades tienen concurrencias como por ejemplo dermatología, neurología, endocrinología, cardiología, infectología, justamente porque hay muy pocos cargos de residencia para esas especialidades. En el caso de salud mental, vos imagínate que se presentan para psicología 450 personas por año más o menos al sistema para las residencias y concurrencias, y para residencia solo hay 36 cargos.

—¿De qué forma pensás que se afecta la salud pública cuando no se reconocen los derechos de las y los residentes y concurrentes?

—La verdad es que uno termina una carrera, empieza su profesión con el deseo de seguir formándose y defendiendo la salud pública de calidad y termina teniendo que ir hacia el pluriempleo, porque no somos reconocidos salarialmente en relación a los riesgos y las responsabilidades que tiene nuestro trabajo. Verdaderamente, después de la pandemia se ve cada vez más cómo los residentes y concurrentes somos los que manejamos el hospital y los centros de salud todos los días. Estamos al lado de los pacientes, muchas veces no solo realizamos trabajo médico sino que también hacemos de enfermeros, de extraccionistas, de camilleros, administrativos, pasamos quimioterapia, cuando esto lo debería hacer un enfermero capacitado; todos los días estamos atajando penales, haciendo de médicos de planta porque no hay médico de planta a la tarde en casi ningún lugar. El vaciamiento de la salud pública en la ciudad de Buenos Aires es inmenso y creo que estas semanas de movilización han generado una llama que no se va a apagar, porque no solo concierne a residentes y concurrentes, sino a todo el colectivo de la salud. A su vez también en otros lugares empiezan a movilizarse, el jueves 17 se convocó un paro nacional de salud. Hay un fuego que se encendió porque venimos a defender la salud pública de calidad, que justamente no se puede construir a base de pluriempleo.

Nuestro conflicto agudo se resolvió porque no podemos continuar con el paro indeterminado sin guardias hasta que la salud pública sea como la de Cuba o Canadá, pero vamos a seguir acompañando todos los reclamos y las medidas que se vayan generando en los distintos efectores porque entendemos que CABA es un epicentro para eso.

—Durante mucho tiempo ha estado naturalizado que los residentes sufran diversas violencias, ¿cómo ves esto? ¿hay un cambio de paradigma?

—Yo creo que es fundamental dejar de pensar que se aprende sufriendo. Creo que tenemos que saber que cuando uno está nervioso y está tenso no aprende nada. En algunas especialidades, lamentablemente arcaicas, se sigue dando ese pensamiento, pero hace ya varios años muchas de las residencias se están replanteando esto y cada vez son más los médicos de planta y el personal de planta más joven que va reformulando estos conceptos. El sufrimiento físico y verbal que estuvo naturalizado durante mucho tiempo claramente no es didáctico; todos alguna vez pasamos maltrato en la residencia y sabemos que de ahí no sacamos nada bueno.

Todo esto tiene mucho que ver con la pregunta acerca de cómo se es docente, porque nosotros somos médicos o psicólogos, terminamos ejerciendo docencia y muchos, no hablo por mí porque yo soy docente, pero muchos no tienen las herramientas para hacerlo y tienen que adoptar ese rol. Por eso es importante señalar que la violencia no sirve para nada, este cuestionamiento está presente, sobre todo en la gente menor de 40 a 45 años. Creo que esta discusión que estamos dando viene a poner sobre la mesa todo esto, a poner en pie a la salud pública y a decir que somos trabajadores, no podemos trabajar más de 8 horas por día, es inhumano. Además, ante las responsabilidades que tiene nuestro trabajo, es insostenible que alguien piense que tiene que estar 24 horas de corrido trabajando.

 

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La salud, el trabajo, el descanso, el presupuesto, el diálogo político, la docencia: pareciera que el conflicto que residentes y concurrentes han puesto sobre la mesa desenvuelve prácticamente todos los temas de la vida pública. Algunas cosas están claras: sin estos profesionales el sistema colapsa y trabajar sin dormir no es una opción. Cada derecho que existe en algún momento ha sido una batalla librada. En todos los planos, en todos los tiempos. Y nadie se salva solo. El colectivo de trabajadoras y trabajadores de la salud es hoy un poco más fuerte y si ellos logran descansar y llegar a fin de mes, la sociedad estará, sin dudas, en mejores manos.

 

 

 

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