Las Categorías invertidas

Liberalismo autoritario y populismo respetuoso

 

En el reportaje que esta semana le realizó el editorialista de La Nación Joaquín Morales Solá al candidato presidencial Alberto Fernández, el relato predominante diría que un periodista democrático y liberal entrevistó a un político populista, sospechoso de estar bajo el influjo de la autoritaria Cristina Kirchner.

Pero cuando se observa con detenimiento el contenido del debate entre ambos –distó de ser un reportaje sin objetivos políticos precisos—, quien resulta ser un demócrata apegado al Estado de Derecho es el político populista, mientras que quien debiera ser el espadachín liberal de las garantías constitucionales es un vulgar justificador de la persecución política, torpemente disfrazada de cruzada anticorrupción.

Alberto Fernández trató de defender de muy buenas maneras la importancia de las garantías que nos asisten para no perder la libertad por caprichos de jueces venales, pero se estrelló con la cruzada encarceladora militante de uno de los periodistas más reputados de la Argentina.

Si miramos con atención, veremos que este entrecruzamiento de roles políticos y económicos, de etiquetas que se supone explican la realidad, aparece reiteradamente y no parece ser casual.

 

Comunismo capitalista

La grotesca descalificación de Miguel Pichetto a Axel Kicillof (“marxista”), reforzada por las declaraciones de Guillermo Nielsen, hablan de la disposición de la derecha local a apelar a cualquier distracción para no discutir en serio sobre las cuestiones importantes. La realidad es que hoy palabras como comunista o marxista tienen poco impacto en la opinión pública, salvo en la gente mayor. Se nota la lejanía de la época de la guerra fría, y esos sellos no interpelan, por sí mismos, a una amplia mayoría. Si hay que explicarlos, lo cual requiere una argumentación extensa, ya pierden eficacia descalificadora.

Lo cierto es que Cristina Kirchner decidió tomar ese mote presuntamente infamante, para afirmar que lo que rememoraba las imágenes de los países de la órbita soviética –el desabastecimiento en las tiendas, tópico muy trabajado por la propaganda occidental—, eran los supermercados de la era macrista.

Con esa operación, sacaba el debate del ámbito de la discusión sobre las ideas que eventualmente podría tener en la cabeza el popular candidato a gobernador de la Provincia de Buenos Aires y lo colocaba en el de los resultados concretos de las políticas económicas de Cambiemos, el espacio político de Pichetto. Cristina volvía sobre su tradicional argumento en cuanto a las posibilidades de consumo masivo que se abrieron durante su gestión, y sobre el grave retroceso que se verificó durante los años macristas. Lo notable es que este argumento de una líder popular tiene un fuerte tono economicista, mientras que desde el campo de Cambiemos la pésima situación económica es soslayada para hacer énfasis… ¡en los valores! Estaría en discusión “el alma de la Argentina”, según Marcos Peña.

La inversión de categorías aquí aparece en forma extraordinaria: la “líder del chavismo” local pone énfasis en la importancia económica del consumo de masas, mientras que uno de los ideólogos y dirigentes claves de una Alianza que gobernó para el 10% más rico de la población, y que sólo prioriza la acumulación privada de riqueza, habla de los valores. Para la gente espiritual, con inquietudes más elevadas y trascendentes (por ahora, un significante vacío que tendrían que llenar los intelectuales macristas), quedaría el voto a Cambiemos. Para los brutos e ignorantes que sólo piensan en comer y comprar, la opción sería Fernández-Fernández.

 

Capitalismo que extermina consumidores

Cristina señaló también que “esto no es capitalismo, capitalismo era cuando estaba Axel, que la gente compraba y consumía”. El gobierno de Cambiemos es otra forma de capitalismo, e incluso se diría que representa con más fidelidad algunas de las peores tendencias predominantes en el capitalismo global.

El capitalismo de posguerra, el que conocimos en la Argentina hasta 1976, reposaba en todo el mundo sobre la expansión constante de la producción de riqueza real. El consumo de masas era central porque permitía vender esa producción siempre en crecimiento. Fueron el peronismo y otros gobiernos sucesivos en Argentina, los republicanos y demócratas en Estados Unidos, los Laboristas en el Reino Unido, los Socialistas pero también Gaullistas en Francia, la Democracia Cristiana y los Socialistas italianos, quienes comprendían cómo funcionaba la economía capitalista: una economía mixta, con importantes roles complementarios para el Estado y el mercado.

Pero luego del quiebre de los años ’80 el capitalismo global asumió nuevas características, crecientemente alejadas del capitalismo “benévolo” de la posguerra.

La trasnacionalización de la producción y la apertura de los mercados financieros fueron la nueva norma. Pero para que se reafirmara la tendencia a la desregulación generalizada, y al descontrol de los mercados, fue crucial la desaparición de la Unión Soviética y el campo de países aliados. Ahora el capitalismo podía permitirse crisis y desequilibrios múltiples, sin el temor a una nueva expansión del comunismo. Los ’90 fueron un momento de optimismo del capitalismo contemporáneo, porque desaparecía un contendiente ideológico que mal o bien mostraba una forma de organización social alternativa y viable, y un factor de poder real y un contrapeso en la escena mundial a la hegemonía norteamericana.

Sin embargo, el capitalismo feliz de los años ’90 no fue capaz de cumplir las promesas lanzadas en ese momento de euforia: prosperidad, consumo, oportunidades para todos, de la mano de la aplicación de la tecnología y de las innovaciones financieras que promoverían el crecimiento y el bienestar.

El crecimiento mundial se desaceleró, la financiarización y la liberalización provocaron sucesivas burbujas y crisis financieras y empezó a ser mucho más rentable el negocio de la compra y venta de activos reales o imaginarios a lo largo y ancho del planeta –incluidas las privatizaciones en todas partes— que la generación de nueva riqueza.

El capitalismo global actual muestra una tendencia universal a la concentración del ingreso en reducidas minorías sociales (el 1% en Estados Unidos), y en determinadas regiones dinámicas del planeta. No sólo es incapaz de ofrecer progreso masivo en la periferia latinoamericana, sino que en los propios países centrales se manifiesta el malestar con la promesa incumplida de la globalización neoliberal. La potencia electoral de Trump no sólo se asienta en el programa pro-empresario del partido republicano, sino en la percepción de muchísimos norteamericanos de a pie de que la globalización no los tomaba en cuenta.

Este capitalismo actual se muestra sumamente agresivo frente a todo intento distributivo y descree de toda consideración social, descalificando como populistas y peligrosos a quienes conciben alguna forma benévola de capitalismo. La actual moda libertaria es otra manifestación ideológica de un capitalismo impiadoso, que se ha sacado de encima al “estado de bienestar” de la guerra fría, y que avanza hacia la construcción de un mundo sumamente desigual, similar al de fines del siglo XIX.

A pesar de la ya prolongada ofensiva contra el mundo del trabajo y los derechos de las mayorías, el capitalismo liberado de sus compromisos con las clases subalternas no logra resolver un tema fundamental: ¿a quién le venderá la multiplicidad de bienes que hoy es capaz de producir el aparato productivo mundial? ¿Fabricarán robots consumidores, para reemplazar a los humanos descartados?

 

Los viejos negocios de los innovadores

Si esa es la tendencia universal, no resulta difícil pensar qué ocurrió en la Argentina, que no se caracterizaba por contar con numerosos empresarios innovadores, ni emprendedores, ni competitivos. En nuestro país prosperaron otro tipo de capitalistas, que acudieron sistemáticamente al Estado para garantizar sus ganancias y proteger sus negocios, rechazando con creciente convicción todo horizonte de desarrollo colectivo.

De ese tipo de liderazgos surgió un gobierno como el actual, que llevó al país a una situación de crisis completamente innecesaria. Este es, sin duda, el tipo de gobierno y el tipo de capitalismo que les gusta mayoritariamente a los grandes empresarios. El capitalismo kirchnerista, redistributivo, de moderada intervención estatal, de ampliación del mercado interno, de promoción del consumo de masas, parece no satisfacer la idea que los grandes hombres de negocios tienen sobre cómo debe funcionar la economía nacional.

Apelaron, para cuestionar el modelo inclusivo, a diversos argumentos. Algunos técnicos, atendibles, sobre los desequilibrios que implicaban las políticas distributivas. En realidad, la respuesta al argumento de los desequilibrios económicos que surgieron a lo largo de los 12 años de kirchnerismo es que debería realizarse una transformación estatal hacia una gestión más eficaz, inteligente y previsora de ese tipo de situaciones, capaz de impulsar cambios necesarios en las estructuras productivas.

Pero los argumentos técnicos no parecen ser el campo donde sobresale este sector del poder. Mucho mejor le resulta la parafernalia discursiva que desplegó el macrismo, mezcla de apelaciones morales y republicanas y alusiones a un capitalismo mundial tan pujante como inexistente, soslayando la discusión sobre el modelo productivo, distributivo, científico y de inserción internacional, que como se puede ver por los resultados macristas, no es su fuerte.

Si se recorre la experiencia macrista, con un aparato estatal promotor de negocios puntuales para una serie de sectores seleccionados, se ve que retoman una vieja tradición oligárquica, muy presente las últimas décadas del siglo XIX, de usar al Estado como garante de última instancia de los rentables negocios de una minoría.

 

 

Anarco liberalismo a favor del monopolio corporativo

Pero hay más categorías invertidas. Una de las que más impresionan es la de los liberales promotores de monopolios. Tendencia ideológico-cultural que se inició en los ’80, la hostilidad del capital al Estado llegó a un punto completamente irracional en nuestra región, en la que los empresarios se empeñan en destruir a su único guardaespaldas en el ámbito internacional, para ir después desarmados y desarticulados a la batalla de la globalización.

En la actualidad, la hostilidad ideológica al Estado (que en los países centrales se limita a las políticas sociales) es un santo y seña de un empresariado que se auto-debilita, y que se dispone progresivamente a ser comprado por las grandes corporaciones globales. Además utiliza su predominancia en los medios de comunicación para educar a la sociedad contra el Estado, ideología que no tiene resultados políticos neutros en un mundo en plena disputa de poderes económicos y políticos.

El debilitamiento de las capacidades regulatorias del Estado no es otra cosa que el fortalecimiento del poder de las corporaciones. En el caso de la periferia latinoamericana, es el fortalecimiento del poder del capital extranjero sobre los principales resortes económicos de nuestros países. La prédica anti estatista no es entonces la liberación de un poder tiránico “que asfixia la economía”, sino la eliminación del único contrapeso político realmente existente al poder corporativo. Y es también una ideología neocolonial, que tiende a liquidar la ya relativa autonomía económica nacional.

 

 

Modernizaciones retrogradantes

Otra categoría invertida es la de quienes se entusiasman con los supuestos efectos modernizantes de los experimentos neoliberales. Esta semana el historiador Luis Alberto Romero ponderó a Cambiemos por sus supuestos efectos modernizantes. La teoría de la modernización hace ya tiempo que sido cuestionada en las ciencias sociales, por sus debilidades conceptuales y empíricas. Pero suponiendo que fuera cierta, es imposible sostener que los experimentos neoliberales que hemos sufrido en Argentina tienen efectos modernizantes. Por el contrario, han tenido evidentes impactos subdesarrollantes, de retrogradación de las capacidades productivas y tecnológicas públicas y privadas, y de empobrecimiento de la estructura social, con una clara involución hacia lo peor del Tercer Mundo.

Salvo que se interprete por “modernización” a las novedades tecnológicas importadas, incluidas los nuevos instrumentos de manipulación de la opinión pública, o de jaqueo a los resultados electorales. O a la adopción imitativa de nuevos estilos de consumo provenientes del centro. Importar novedades no requiere ninguna cualidad, ni siquiera dinero. El resto del planeta siempre está dispuesto a financiar –y a endeudar— a los países sin rumbo que confunden importaciones con modernizaciones.

Las categorías invertidas que hemos listado son la expresión de mutaciones en el orden global y local, que descolocan las formas en que entendemos el mundo y trastocan el significado de las palabras. Pero poco le importa al bloque de poder dominante en nuestro país bastardear las palabras, confundir las categorías, distorsionar los sentidos, empeñado como está en retener de cualquier forma el control sobre la sociedad argentina.

Precisamente del poder, quiéranlo o no, estarán hablando las argentinas y los argentinos en estas próximas semanas.

 

 

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7 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimado Ricardo:
    Una digresión.
    Estos personajes que se dicen periodistas, algunos más inteligentes que otros, pero todos funcionales al statu quo, simplemente resultan operadores políticos y/o representantes de los intereses económicos que les brinda -por sus servicios-, una inmejorable calidad de vida. En este último sentido, hasta defienden sus propios intereses económicos.
    Si el “alma de la Argentina” resultase este fascismo predador disfrazado de democrático, estamos en el Hades y somos almas perdidas por la eternidad.
    Claudio Fabian Guevara, en un artículo interesante del 9/2018 titulado “Tres metas del Nuevo Orden Mundial en el colapso económico argentino”, refiere:
    “…La administración colonial de Mauricio Macri ha puesto en marcha en forma acelerada un programa económico que aparece como un diseño premeditado para poner al país de rodillas. Cualquier economía próspera, incluso de los países desarrollados, se hubiera sumido en la parálisis productiva y la estanflación que caracteriza hoy a la Argentina…”
    “…Es evidente que el paquete de políticas conforman un claro sabotaje al país, su aparato productivo y la calidad de vida de su población. Estas NO son las recetas de ningún tipo de capitalismo productivo, que por definición demanda bajos costos de producción (crédito, tarifas y salarios baratos), protección racional frente a la competencia exterior, estabilidad monetaria, políticas de subsidios sectoriales y planes de desarrollo de las capacidades nacionales…”
    “…Cualquier estudiante de Economía sabe que la profundización de esta política solo puede agravar la espiral recesiva, acelerando el camino hacia el colapso.”
    “…Un segundo lote de políticas sugiere que es necesario el desmantelamiento por anticipado de cualquier intento de resistencia y oposición social activa. Pese a tener inicialmente un alto consenso social y gozar de una formidable protección mediática, el gobierno de Cambiemos ha impulsado sistemáticamente líneas represivas muy pronunciadas…”
    “…La pregunta de rigor es: ¿Cuál es el programa del shock que se prepara con este escenario catastrófico?”
    “…Argentina enfrenta un nuevo ataque extranjerizante de activos y mercados locales. Pero a diferencia de las crisis anteriores, que derivaban de presiones y apuestas desde el exterior, la actual es promovida por el propio gobierno de Cambiemos. Se reclama la intervención extranjera como único medio de conducir al país en esta coyuntura. La debilidad externa en la que Cambiemos ha colocado a la economía argentina es funcional a una entrega masiva de activos por parte de empresarios locales. Desde el comienzo de la crisis externa la caída combinada de los valores bursátiles y la devaluación del peso deprecia a los activos argentinos en un 70 %. La suba del dólar y la incertidumbre económica abre la puerta para que los activos del país sean rematados a precio de oferta. Techint, Aluar, Ledesma y las empresas de la patria contratista se sorprenden con sus ejecutivos encarcelados en una farsa judicial mientras las protecciones arancelarias de las que gozaban en el pasado se cancelan y las acciones de sus compañías se derriten en Wall Street. Los fondos buitre están comprando esos papeles a precios de remate. Y el deterioro promete proseguir.”
    “…El panorama actual se parece mucho al de 1989, cuando la hiperinflación que signó el fin del gobierno de Raúl Alfonsín fue la antesala de la Convertibilidad, un sistema que “rescató” la economía argentina con una paridad 1 a 1 del peso argentino con el dólar. Aunque fue presentado como una “genialidad” del entonces ministro de Economía Domingo Cavallo -un integrante del Council of Foreign Relations- la Convertibilidad fue un proyecto vendido “llave en mano” por el Citibank y el Chase Manhattan al gobierno de Menem, que contuvo la inflación e inició una década de extranjerización de la economía con fuerte crecimiento del consumo interno.”
    “…El experimento terminó en la catástrofe del Corralito de 2001, pero los planes de profundizar el modelo incluían la adopción del dólar como moneda oficial. En Diciembre de 2001 un ensayo titulado “Cómo dolarizar en Argentina”, firmado por Kurt Schuler y Steve H. Hanke, afirmaba: “Las políticas que la Argentina ha seguido han llevado a su economía a un punto muerto. La incertidumbre sobre el futuro del peso se ha transformado en el obstáculo inmediato más grande para el crecimiento económico”. ¿Alguna similitud con el escenario actual?”
    “Sin embargo, las condiciones para un reemplazo del peso argentino por el dólar requeriría de parte de Argentina de un monto de reservas internacionales que el país viene perdiendo aceleradamente en la actual crisis cambiaria. ¿Cómo financiar esa operación?”
    Esa pregunta, Ricardo, que también está contestada en la nota, tiene una respuesta casi obvia para quienes hacen análisis económicos, lamentablemente.
    Fuente: https://diariodevallarta.com/agenda-oculta-del-colapso-economico-argentino/

  2. Germinal dice

    Ricardo, gracias por tu aporte intelectual a la interpretación de la realidad.
    A bote pronto, me surgen unas observaciones que me atrevo a compartir:

    1) La mayoría de los análisis políticos asumen la caída de la URSS como el hecho fundante del capitalismo contemporáneo. Me parece que las bases del capitalismo financiero hay que ir a buscarlas a 1971, momento en que se abandona la norma del oro y se da rienda suelta a la emisión de la divisa por excelencia y a la creación de deuda. Con ese financiamiento ilimitado por parte del complejo militar-industrial norteamericano, la hegemonía sobre el bloque soviético era un efecto inevitable, más que una causa fortuita.

    2) Muchos análisis hablan también de las «promesas incumplidas del capitalismo», y por extensión, de los fracasos correspondientes. Los buenos analistas deben basarse en los hechos y no en las promesas emitidas por embaucadores sistemáticos. Lo que diga un vendedor de autos usados no debe tomarse más que como un relato marketinero que más bien nos da pistas de lo que pretende ocultarnos. Cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía. Las crisis del capitalismo son acontecimientos inducidos por las élites para deshacerse de crecientes competidores y concentrar mayor capital. Ni crisis ni fracaso.

    3) El capitalismo ya no necesita compradores, ya no depende de nadie. El capitalismo financiero es perfectamente onanista. El nuevo feudalismo corporativo se basa en la concentración y no en la expansión. En su diseño de la sociedad futura sobran 3/4 partes de la población mundial: no la necesitan ni como esclavos ni como consumidores. La inteligencia artificial y la robotización son sus súbditos perfectos. Impondrán el modelo israelita de la Franja de Gaza a nivel mundial. Los recursos naturales no alcanzan para todos.

  3. maxwellsmar dice

    En un país colonial las oligarquías son las dueñas de los diccionarios !!

  4. Delia Tedin dice

    extraordinaria nota desde el genial titulo Categorías Invertidas como liberalismo autoritario y populismo respetuoso . Leerla toda . Finísimo sentido del humor . Nada sencillo .

  5. Dario Alonso dice

    «La realidad está definida con palabras. Por lo tanto, el que controla las palabras, controla la realidad». Antonio Gramsci

  6. Daniel dice

    Con una justicia mínimamente ecuánime, para poder procesar -sin prisión- el caso Indalo, los patrones del diario de MefistoSolá deberían estar al borde de la silla eléctrica.

  7. Impecable e implacable artículo como de costumbre Ricardo. Resalto en él, dos cosas:
    1º) En el «capitalismo que extermina consumidores» destaca la célebre anécdota de Walther Reuther, dirigente del Poderoso (mas en ese entonces, años 40 del siglo pasado) Sindicato Automotor Norteamericano. De visita a una planta completamente automatizada (¡¡ya en aquella época!!) un directivo de la empresa de Henry Ford, le pregunta socarronamente mirando a los robots: «¿Cómo vas a lograr que paguen la cuota del sindicato?» La brillante respuesta: «¿Cómo vas a lograr que compren un Ford?» encaja perfectamente en tu notable y sintética explicación.
    2º) La perfecta caracterización que hacés de la mayoría de los grandes empresarios argentinos, dejando de lado obvio a los que luchan desde las PyMEs se corporiza en la imbecilidad manifiesta de personajes como Héctor Méndez que anda llorando por los rincones, anciano patético, por haber votado a Macri. Y por supuesto todos los políticos para él son lo mismo. Suena mejor el par de golpes a la mandíbula que le propinó Guillermo Calvo al «incompetente feroz» (Elisa Carrió dixit), acusándolo precisamente de no haber gestionado bien el saqueo del país en beneficio de esas minorías ultraliberales que solo piensan en sus pingües negocios.
    Como siempre gracias por artículos tan precisos, esclarecedores y contundentes los cuales tenemos el deber ciudadano de hacer llegar a todos [email protected] [email protected] que aún tienen el cerebro aletargado por el lavaje que les han hecho las cloacas goebbelianas de la desinformación naiconal.

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