LAS DEUDAS DE LA DEMOCRACIA

 

“Alberto y Cristina se tiran con plazas”, escribió Carlos Pagni en La Nación. Asignó al Presidente la del 17 de noviembre y sostuvo que la del viernes 10 de diciembre procuró “exaltar a los Kirchner, sobre todo a la Vicepresidenta”. ¿Acaso ignora que la visita de Lula a la Argentina fue gestionada por un bastión del anticristinismo, que durante años prohibió en sus medios que se nombrara a Máximo Kirchner? ¿Que el ex Presidente de Uruguay, José Mujica, contó que venía a Buenos Aires por invitación de Alberto Fernández? ¿O lo sabe, pero, como dice el manual del periodismo realmente existente, no está dispuesto a que la realidad le estropee una buena nota?

Es cierto que la plaza del 17 de noviembre fue imaginada dos meses antes por la mesa chica de la CGT y los funcionarios del gobierno Emilio Pérsico y Fernando Navarro, como una respuesta a la carta de Cristina y a la renuncia de Wado de Pedro. Pero también es verdad que Alberto rehusó ese desatino y que el domingo 14 de noviembre anunció la cita del 17 como una iniciativa propia, lo que molestó a ambos lados de la línea: Kirchner hubiera preferido que se suspendiera, y Héctor Daer que el Presidente no desplazara el rol convocante de la CGT. En su discurso del viernes, Alberto reiteró un mensaje que repite en público y en privado, pero que no todos quienes lo acompañan quieren escuchar. Luego de enaltecer a los ex Presidentes de Uruguay y Brasil, Pepe Mujica «(modelo de conducta») y Lula, («inmenso líder latinoamericano»), se dirigió «a vos, Cristina, porque sé de tu inocencia y tu honestidad. No esperen que me pare en otro lado». Antes, durante la ceremonia en el Museo del Bicentenario en la que se entregaron los premios Azucena Villaflor a personas que defienden los derechos humanos, las madres de Plaza de Mayo Taty Almeida y Estela Carlotto habían celebrado que el Presidente y la Vicepresidenta dirimieran cualquier diferencia en unidad.

La obsesión por encontrar y/o profundizar fisuras entre ambos unifica a la oposición política y mediática y a ciertos entornos que consideran el poder como un hecho consumado y no como una construcción. Que ellos se lo pierdan no le resta potencia a la manifestación de vitalidad de la plaza del viernes 10, que dejó en ridículo las disputas de la oposición por ver quién vende la piel de un oso antes de cazarlo. La confirmación de Mario Negri al frente del interbloque cambieta, pese a que fue duplicado en votos en la interna cordobesa del UCeeRreismo, es muy útil para el aspirante Gerardo Morales, justamente porque Negri no tiene ningún poder propio, es sólo un operador eficaz en el Congreso, de cuyo presupuesto consume una porción tan ínfima que no desequilibra las cuentas públicas.

 

 

 

Papá Noel está nervioso

Pero las plazas las carga el diablo, y el 17 de noviembre Alberto afirmó su aspiración de que en 2023 “desde el último concejal hasta el Presidente de la República los elijan primero los compañeros del Frente de Todos”. El problema de las plegarias es que puedan ser atendidas. Para la entente entre los bajos salarios y los planes sociales, la confrontación que alientan con el kirchnerismo puede implicar un retroceso hacia el randazzismo de 2017, cuando la tunda alcanzó para todos. Más allá de la ironía involuntaria del cuestionamiento al dedo, el anuncio presidencial desconcertó a la facción más beligerante. “Internas, abajo. Arriba, no”, predica ahora Papa Noel, que ya una vez se quemó con leche.

 

 

 

 

Arriba y abajo es una descripción múltiple. La cuidada transmisión televisiva del acto mostró cuando hablaba la Vicepresidenta un cartelón del Movimiento Evita, cuya esforzada militancia popular ocupó en la plaza los lugares más próximos a los oradores. Pero para desazón de sus dirigentes,  esos jóvenes de los barrios pobres de la ciudad y del Conurbano se encendieron cuando la palabra de Cristina cobró volumen. Contra eso, no hay nada que hacer. La conducción carolingia no puede decir lo que piensa, porque sus bases no la acompañarían.

Ante la atenta mirada de Lula (quien había evocado la Sudamérica progresista que, simultáneamente con su mandato en Brasil, gobernaron los Kirchner en la Argentina, Tabaré Vázquez y Mugica en Uruguay, «nuestro indio Evo» en Bolivia, Michelle Bachelet en Chile, Fernando Lugo en Paraguay, Rafael Correa en Ecuador y Hugo Chávez en Venezuela), Cristina y Alberto dialogaron a cielo abierto. Ella recordó cuando el Fondo Monetario Internacional «les soltó la mano» a los dos Presidentes radicales, Raúl Alfonsín y Fernando De la Rúa, y él respondió: «Tranquila Cristina, no vamos a negociar nada que signifique poner en compromiso el crecimiento y el desarrollo social. No tengas miedo que si el FMI me suelta la mano voy a agarrarme de la de cada argentino y argentina. Como hicieron Néstor y Cristina vamos a cumplir, pero no a costa de la salud, de la educación, del salario. La Argentina del ajuste es historia, no hay más posibilidad».

Por supuesto, menudearán encuestas, análisis y opiniones sobre la clausura del ciclo del kirchnerismo, tal como sucede desde 2009, después de cada elección legislativa de medio término. En el Frente de Todos coexisten el Partido Justicialista, que Alberto preside, también a instancias del pérsicodaerismo; la Unidad Ciudadana, que Cristina puso en marcha cuando el gobierno de Maurizio Macrì intentaba trasladarla de la escena política al sistema penal; el Frente Renovador de Sergio Tomás Massa, que por entonces compartía aquel propósito imaginándose como heredero de una presunta res nullius; lo que queda del Frente Grande; la Fuerza Buenos Aires de Sergio Berni, que esta semana ejercitó en Wilde el músculo de sus grupos de choque en un taller recuperado y un jardín maternal, y en Miramar la puntería de sus tiradores contra adolescentes desarmados; varios partidos comunistas, el Nuevo Encuentro y la Patria Grande y otras fuerzas incipientes, como el flamante soberanismo. Pero en una interna no deciden las orgas sino el pueblo que vota. Las encuestas con las que se procura instalar el ocaso del kirchnerismo contienen una verdad incómoda para sus difusores: nadie en el Frente de Todos conserva más adhesiones que Cristina, y eso es lo único que vale si se trata de dirimir una disputa en las urnas. Nadie sabe mejor que el Presidente que sin ella no se puede. El baile de Cristina en el escenario con la nonagenaria madre de dos detenidos-desaparecidos, Lita Boitano, es un comentario marginal pero expresivo a esa certidumbre.

 

 

Fotos: Luis Angeletti.

 

 

Ante una consulta para esta nota, Alberto Fernández confirmó que, si se presentara otra candidatura a la presidencia, él estaría dispuesto a dirimirla en una PASO. Del dicho al hecho hay cierto trecho, pero como dicen los lingüistas, existen verbos performativos, aquellos que engendran acciones.

 

 

 

La macro y la micro

Hoy parece claro que esa posibilidad dependerá de cuál sea el desenlace de la negociación con el FMI acerca de la deuda XXXL contraída por Cambiemos, pero también de la inflación y, en especial, del precio de los alimentos. La conducción del Fondo no se privó de decir lo suyo en el día de la democracia y los derechos humanos. Al concluir una semana de encuentros con una delegación técnica del Ministerio de Economía y del Banco Central, Julie Kozack, subdirectora del Departamento del Hemisferio Occidental, y Luis Cubeddu, jefe de misión para Argentina, declararon que hubo «avances»  y «reconocieron la recuperación más fuerte de la esperada en la actividad económica y la inversión este año, y la importancia de un marco de políticas para sostener de manera duradera la recuperación económica y las mejoras en las condiciones sociales y laborales». Pero postularon «una reducción del financiamiento monetario del déficit fiscal, una política monetaria adecuada con tasas de interés reales positivas y una coordinación de precios y salarios. Esto también debe estar respaldado por políticas para acumular reservas internacionales».

Las palabras de Cristina y Alberto ratificaron que en el discurso oficial no hay diferencias internas (salvo la pifia del verborrágico diputado Leandro Santoro, propagandista de la catástrofe que sobrevendría si no se firmara el acuerdo), pero los hechos están por verse. El comunicado del Fondo evoca la Argentina del ajuste que según el Presidente ya es historia.

 

 

Leandro Santoro: hablarse encima.

 

 

La apuesta a la ruptura frentista ignora los antecedentes históricos: en el peor momento de la etapa neoliberal del peronismo, Néstor y Cristina desoyeron los cantos de sirena del Frepaso (rechazaron incluso una candidatura a la vicepresidencia, acompañando al licenciado Carlos Álvarez). Si entonces  permanecieron dentro del peronismo, nada distinto es imaginable ahora, cuando el kirchnerismo es el segmento mayoritario de la coalición gobernante, y se asienta nada menos que en la provincia de Buenos Aires. Esto es tan determinante que Fernando Navarro asistió junto con la plana mayor del PRO, al lanzamiento de un libro en el que se propugna la división del distrito bonaerense en cinco provincias. Es obvio que había otros lugares y oportunidades más convenientes para expresar simpatía personal con el autor de la obra, el ex senador Esteban Bullrich, su aliado contra Cristina en 2017. Buenos Aires ya sufre una inconstitucional merma en la cantidad de representantes que le corresponden en la Cámara de Diputados, lo mismo que el Conurbano en la Legislatura Provincial. La propuesta tupacamarización  de la provincia tiende a completar esa burla a los sectores más humildes de la sociedad, bien al estilo del gerrymandering que la derecha republicana impulsa en Estados Unidos.

 

 

Fernando Navarro y amigos: el sentido de la oportunidad.

 

 

Que no sea previsible una ruptura frentista tampoco implica que su bancada vaya a votar cualquier cosa en el Congreso. “Vos tenés 39 años. ¿Te vas a inmolar por el FMI?”, le dijo Kirchner a Martín Guzmán en uno de sus encuentros recientes. A los 44, esa tampoco es su intención.

La semana pasada, ambos volvieron a verse, durante una reunión que otro asistente calificó de “picante”, de la que también participaron Massa, Wado, los diputados Carlos Heller y Cecilia Moreau y los senadores José Mayans y Anabel Fernández Sagasti, en la que se analizaron los niveles de ejecución presupuestaria de este año y de gasto público para el próximo, y las leyes que el Ministro urge tratar al Congreso: compre argentino, industria automotriz e hidrocarburos, entre otras. Contra lo que se había planteado hasta ahora, no habrá tratamiento conjunto del presupuesto 2022 y el plan plurianual. Aprobar el presupuesto fijaría el piso que el gobierno le mostraría al FMI como aceptable. Kirchner dijo en privado lo mismo que afirma en público: además de la macroeconomía hay que pensar en la micro, porque si no llega a la gente es igual que nada. Su lema son las Tres G: para Ganar hace falta Gente y Gestión.

 

 

 

Ni se impone ni se exporta

Luego de unos días de incertidumbre, Alberto Fernández participó de la cumbre virtual de países democráticos, convocada por el Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, con un temario que versa sobre la defensa contra el autoritarismo, la lucha contra la corrupción y la promoción del respeto a los derechos humanos. En un mensaje grabado de menos de tres minutos agradeció a Biden por la invitación y a la comunidad internacional por haber elegido a la Argentina para presidir durante 2022 el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

 

 

 

 

No omitió la exclusión de “la querida república hermana de Bolivia”, por la que dudó en asistir a la cumbre. Prefirió aceptar y decir que el Presidente Evo Morales padeció “un golpe avalado por gran parte de la comunidad internacional y por la OEA, y pudo recuperar la democracia, cuya institucionalidad hoy tiene vigencia plena allí”. Agregó que Bolivia, ahora bajo la presidencia de Luis Arce, es un buen ejemplo de la importancia de la democracia, “que supone no intervención. Es la mejor garante de la paz, no se impone con sanciones ni por la fuerza. Es como la paz, no se exporta ni se impone.  Es por sobre todas las cosas, diálogo, que debe asumirse en un ámbito de convivencia, que se valida día a día y es el mejor garante de la paz mundial”. Lo cortés no quita lo valiente.

Ignoró al invitado ex presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, lo que se explica por su insignificancia, sobre todo luego de las recientes elecciones, de las que esta vez sí participó la oposición, y en las que se impuso el Presidente Nicolás Maduro. Guaidó es un problema para Estados Unidos, no para la Argentina. Cuestionar a Alberto por haber aceptado la invitación, sin tomar en cuenta los puntos que puso sobre las íes de Bolivia, es una manifestación de ceguera ideológica.

 

 

 

El rol de China

El Presidente tampoco se refirió a la invitación cursada a la provincia rebelde de Taiwan y no al gobierno de Beijing, lo cual evoca los años de la guerra fría. Pero sí lo hizo durante la Gzero Summit Latin America 2021, organizada por la consultora Euroasia, un grupo de lobby político y económico, que actúa como brazo privado de las relaciones exteriores de Estados Unidos. Dijo que con más de 1.300 millones de habitantes, que quieren crecer, desarrollar el interior de su país, hacer ingresar a la modernidad a 40 millones de personas anualmente, China lo desequilibra todo. Basta que demande un producto para que se modifique el contexto comercial del mundo. “Lo estamos viviendo en Argentina hoy con la demanda de alimentos. China se convierte en comprador de carnes y los precios se potencian de un modo increíble. China es un actor que ya nadie puede negar, es un actor de este presente”. Ese no era el momento de profundizar en el tema, pero el plan ganadero que postula el ministro Julián Domínguez, excluye el aumento de retenciones que reclamó el Secretario de Comercio Roberto Feletti, que seguirán siendo del 9% para carne apta para consumo humano y del 5% para consumo animal. En su lugar, incluye líneas de crédito por 100.000 millones de pesos a tasa subsidiada del 7% y libera la exportación de carne de las vacas categoría D, E y F (vacas de conserva y manufactura por un total de casi 1,3 millones de cabezas). A partir del mes próximo termina la cuotificación para exportar carne bovina, salvo siete cortes de consumo popular (asado, tapa de asado, vacío, matambre, falda, paleta y nalga). El problema es que China está dispuesta a duplicar el precio que se paga en el mercado interno y el Consorcio ABC que tiene el 80% de las exportaciones presiona para que se venda afuera en desmedro del mercado interno, salvo que se le pague igual que en el exterior, algo imposible para los sectores medios y bajos. Por eso el consumo per cápita  de carne bovina baja cada año (fue de 50,5 kilos el año pasado y será de 47,5 kilos este año 2021).

Alberto no ocultó su opinión sobre la “disputa claramente geopolítica de China con los Estados Unidos” y postuló que “el resto del mundo debe evitar volver a un mundo bipolar, como el que en su momento fue entre Rusia y Estados Unidos. Estados Unidos tiene una enorme preocupación porque las facilidades de China para avanzar en el contexto de las naciones, porque sus condiciones comerciales muy ventajosas para países como los latinoamericanos. Tienen condiciones para venir, invertir, generar infraestructura y financiarlo. Y esto no pasa con la economía estadounidense ni con la europea. China es una nueva realidad en el mundo y la solución no debe ser la confrontación que se propone”. Como “primera potencia del mundo”, Estados Unidos debe “saber manejar esta situación con China, que con todo derecho quiere crecer” y para lo que, además de derechos, posee los recursos necesarios. “A mí no me gusta esta idea de que se está con China o con Estados Unidos. No es así. Nosotros tenemos muchos lazos con Estados Unidos y muchos lazos crecientes, más nuevos, con China. Y son lazos respetables todos”. En consecuencia, la Argentina también decidió no adherir al boycott diplomático a los Juegos Olímpicos de invierno en China, promovido por Estados Unidos y Gran Bretaña.

 

 

Estabilidad

En ese mismo foro, el principal asesor de Biden para América Latina, el colombiano Juan Sebastián González, manifestó su esperanza en la proximidad de un “acuerdo sólido” entre el país y el FMI, que “podría ser transformador para la Argentina y para nuestras relaciones bilaterales”. González, quien ha estado en Buenos Aires con Fernández y con el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, mencionó dos libros de autores estadounidenses, críticos con la posición del Fondo ante la crisis argentina de hace veinte años, y sostuvo que “el FMI ha aprendido que no siempre se puede usar un modelo para prescribir políticas macroeconómicas en un entorno político, hay que reconocer el contexto interno, la dotación de factores, al final del día los argentinos tienen que idear un plan”. En forma más explícita dijo que “Biden habla de políticas políticamente sostenibles. Necesitamos estabilidad en la región. Brasil y Argentina son muy importantes para nosotros”. Resta por ver si el FMI aprecia más esa estabilidad política en la región o los planes de estabilización económica de su viejo manual.

 

 

¿Y por casa?

La pretensión de predicar la democracia en el mundo es ilusoria, cuando es ostensible la crisis del sistema propio. En Estados Unidos hay un problema estructural, que permitió que los dos últimos Presidentes republicanos hayan llegado al despacho oval pese a haber obtenido menos votos que sus rivales demócratas. Lo hizo más grave un Presidente que no reconoció el fracaso en su intento de ser reelecto, instigó un alzamiento armado contra el Congreso para interrumpir el escrutinio definitivo e inspiró reformas legislativas en media docena de estados para restringir el derecho de votar a los sectores de la sociedad indiferentes a sus arengas. La amenaza a la democracia no es China ni Rusia, que no se proponen exportar sus sistemas autocráticos y con las que Estados Unidos tiene una disputa geopolítica.

 

 

Patrick Chappatte, en Le Temps, de Ginebra.

 

 

La idea de que Estados Unidos debe conducir a las naciones democráticas en una batalla global contra las autocracias, suena extravagante incluso en su país, indica un estudio del Centro Pew, que desde 1990 realiza investigaciones en todo el mundo sobre política, medios, tecnología, ciencia y sociedad, religión, tendencia sociales y religiosas. La encuesta fue realizada en 16 naciones de economías avanzadas, con entrevistas telefónicas a 16.254 adultos, y en los propios Estados Unidos, donde respondieron 2.596 personas adultas, con los mismos porcentajes de la población general por género, raza, educación y afiliación política.

Entre las naciones extranjeras se registró una alta consideración por los logros tecnológicos de Estados Unidos, su cultura popular, el poderío de sus fuerzas militares y la calidad de sus universidades (decreciente en ese orden) pero una baja opinión acerca del estándar de vida de su población y, en especial, de su sistema de salud. El peor rubro fue la discriminación por motivos raciales, un problema muy serio según entre el 60 y el 81% de los entrevistados que se consideran de izquierda; del 43 al 73% de los autodefinidos como centristas y entre el 33 y el 59% de aquellos identificados con la derecha. Dentro de Estados Unidos, el 74% cree que se trata de un problema serio, repartido en matices: muy serio, 42% y bastante serio, 32%.

La imagen general de Estados Unidos mejoró con la elección de Biden en reemplazo de Donald Trump, pero, aun así, apenas una mediana del 17% cree que la democracia en Estados Unidos sea un buen modelo para otras naciones, mientras el 57% cree que lo fue en el pasado, pero no en los últimos años y un 23% opina que nunca lo fue. Dentro de Estados Unidos las cosas no son mucho mejores: sólo el 19% considera a su país un ejemplo de democracia, 72% lamentan que ya no lo sea y el 8% nunca creyó que lo fuera.

 

 

Cuando la pregunta versó sobre el estándar de vida de la población, en Canadá, Bélgica, Alemania, Suiza, Países Bajos, Australia y Nueva Zelanda más personas opinaron que era inferior al del promedio.

 

El peor rubro fue el de la atención a la salud, en el que la mayoría de los canadienses, italianos, británicos, españoles, neerlandeses, franceses, belgas, alemanes, suizos, australianos y neozelandeses respondieron que el sistema estadounidense es peor que el de los países desarrollados.

 

 

Como era de prever, el gobierno chino respondió con un informe publicado por su ministerio de Relaciones Exteriores sobre el estado de la democracia en Estados Unidos. Esta es una trampa en la que la Argentina no cayó.

Como una sarcástica alusión al Día Internacional de los Derechos Humanos, el viernes 10 el máximo tribunal de apelaciones de Londres concedió la extradición de Julián Assange solicitada por Estados Unidos, por el hackeo de bases de datos de la diplomacia y de las Fuerzas Armadas, y su difusión en todo el mundo por Wikileaks. Debido a los cargos de espionaje, podría ser condenado a 175 años de prisión. Assange pasó años asilado en la embajada de Ecuador en Londres, hasta que el presidente Lenin Moreno le revocó la protección asignada por Rafael Correa y permitió que fuera detenido en una violenta operación en su sede diplomática. Un juez  de primera instancia había rechazado el pedido de extradición, que ahora revocó la Cámara de Apelaciones.

 

Al informar del fallo, Wikileaks republicó un video terrible, filmado desde el control de un helicóptero artillado, que muestra el asesinato a sangre fría de civiles en Irak, entre ellos dos periodistas de la agencia Reuters. También dispararon sobre el vehículo que transportaba a un sobreviviente herido, en el que viajaban dos niños.

El medio hermano de Assange, Gabriel Shipton, puso las cosas en su justo término: «Me parece que el gobierno de Biden tiene un problema con esto. Está pidiendo libertad de prensa en los estados autoritarios, y no puede contestar si uno de ellos les pregunta, ¿y ustedes con Assange?».

 

La música que escuché mientras escribía.

 

 

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