LAS DOS CARRERAS

Los desafíos frente al índice de pobreza y el aumento de contagios de Covid-19

 

La línea política del gobierno, con un Presidente aislado en Olivos aunque sin descanso por la vorágine del virus, zigzaguea entre dos carreras complementarias: la recuperación de la economía y la preocupación por la segunda ola de contagios de Covid-19. El corto y el largo plazo son, desde esta perspectiva coyuntural, un permanente barajar y dar de nuevo ante el vértigo por una reinvención de la pandemia y la urgencia por construir próximos consensos.

Dos carreras, dos frentes: reactivación económica para bajar la pobreza e intensificación de la vacunación ante el aumento de casos.

El primer punto, según un estrecho diálogo que tuvo El Cohete a la Luna con asesores del Presidente Fernández, causó una notable inquietud luego de que se conocieran los últimos datos del INDEC. El índice de pobreza trepó a 42% al término del segundo semestre del año pasado, 6,5 puntos por encima del 35,5% de igual período de 2019. En ese marco, la recuperación de la industria y la construcción, que proyectaban un año de crecimiento económico a paso acelerado en materia de empleo, consumo interno y comercio, no refleja hasta el momento un alivio en los bolsillos. Y motiva reuniones a deshoras en Casa Rosada.

Así lo explica un analista avezado desde sede presidencial: “Hace nueve meses que nos estamos recuperando a un ritmo sostenido y, sin embargo, la pobreza sigue alta. La segunda ola nos agarró en el momento que la economía estaba despegando con creces en medio de negociar un buen acuerdo con el FMI. Nuestra principal preocupación ahora es aumentar salarios e ingresos para superar los índices de inflación y reducir drásticamente la pobreza. El año de pandemia nos dio la sabiduría de aprender a producir con Covid-19. En la faz industrial, por ejemplo, han existido pocos contagios en espacios fabriles porque hemos comprobado que se respetan los protocolos. Y no queremos frenar ese impulso”.

Asumido un nuevo escenario de restricciones, el mayor riesgo es que la segunda ola sea muy superior a lo esperado –como ya lo han admitido algunos funcionarios en los últimos días– y obligue al cierre masivo de actividades. Esparcimiento, gastronomía y turismo constituyen los rubros más delicados. Si bien existe confianza en los avances de la campaña de vacunación, la escalada de casos refleja un contrapunto que ha trastocado prioridades políticas. Una de ellas es descongelar la “guerra fría” con la Ciudad de Buenos Aires para articular un nuevo consenso en torno a las medidas sanitarias. Ese era el principal objetivo de la reunión que Alberto Fernández tenía pautada con el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta para la mañana del sábado 3, que se limitó a un breve encuentro virtual durante la tarde de ese día tras conocerse que el Presidente dio positivo de Covid-19. 

“Se está apelando a renovar los buenos tratos que había cimentado Ginés (González García) con (Fernán) Quirós y (Daniel) Gollán. Una mesa chica que fue fundamental para frenar la primera ola y preparar el sistema de salud con decisiones conjuntas. Y que  Carla Vizzotti jamás perdió de vista y pondrá de vuelta en práctica. Porque en la oposición una cosa es el discurso de Patricia Bullrich y otra el de Quirós”, precisó un asesor presidencial.

Los movimientos subterráneos, en efecto, empezaron a propagarse. Enio García, jefe de asesores del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, adelantó medidas más estrictas en el distrito más poblado del país, epicentro de la segunda ola. “La situación es muy preocupante, hay diferencias con respecto a la primera ola. Una positiva es que el sistema de salud está mejor preparado, triplicamos la cantidad de camas de terapia, hay más disponibilidad de equipamientos y nuestro personal no sólo está mejor capacitado sino que casi en su totalidad está vacunado. Pero, por otro lado, las actividades siguen habilitadas con un tráfico mayor de personas que la cuarentena del año pasado y entonces el virus circula y aumenta la transmisión”, explicó el funcionario, en diálogo con este medio.

Luego amplió el panorama con foco en las nuevas cepas, otro de los desvelos del corto plazo sanitario. “Estamos identificando las variantes de Manaos, de California y de Reino Unido que están generando un aumento explosivo de casos con una transmisión elevada de la enfermedad. Ese factor, sumado al cambio climático, provocó que se supere la peor de nuestras proyecciones, porque puede acelerar los contagios en las próximas semanas. Lo que aguardamos es no saturar las camas de terapia, como ocurrió en otros países, porque eso indicaría un aumento de la mortalidad no sólo por COVID-19 sino por otras enfermedades, ya que la gente no podría ser atendida ante la falta de espacios”.

El hastío social es elocuente. Los expertos del gobierno no desconocen que el personal de salud está en un limbo de agotamiento difícil de contener. Que, a pesar de estar inmunizados, aumentaron las carpetas por estrés y cansancio, no hay rotación por escasez de profesionales y los hospitales trabajan a destajo. Es un frente de enorme complejidad.

A partir de la asunción de la segunda ola nada es posible de descartar. A fines de febrero la foto representaba un escenario controlado, sin un ascenso de casos. Hoy no hay un conejo para sacar de la galera y, si la situación se tornara insostenible, tampoco queda eliminada la opción de regresar a la cuarentena, aunque con variantes distintas a la de la primera ola. Se revisan encuestas como la realizada por la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), que arrojó un alto nivel de tolerancia de la población para volver al encierro si es que el virus se desmadrara. Otro factor a tener en cuenta es la percepción del miedo, que ante la disparada de casos se convirtió en una temperatura difícil de medir.

“Donde más nos relajamos todos es en el ámbito social. En este punto no queremos cerrar las escuelas, pero si la gente no se cuida y los casos siguen aumentando, no tendremos otra alternativa. Ya ha ocurrido en Francia y otros países de Europa”, manifestó el mismo asesor presidencial.

¿Cómo se trabajará en la comunicación a partir de ahora? ¿Volverán las conferencias del Presidente?, preguntó El Cohete a la Luna. “Somos conscientes que tenemos que mejorar la comunicación. La próxima campaña apunta a dos ejes centrales: la importancia de la ventilación en espacios cerrados y que la vacuna no implica una relajación social. Este último punto es particularmente crítico. Notamos que la gente, una vez que se ha vacunado, se reúne y concurre a fiestas. Si eso sigue ocurriendo en la situación actual, es posible que se contagie fácilmente. Y eso excede al hecho de que las vacunas reducen notablemente el índice de mortalidad y los casos graves. Pedro Cahn lo dijo clarito en el Comité de Expertos: ´Sin la vacuna no se puede, pero con la vacuna tampoco alcanza´. Es urgente unir posiciones, retrasar el escenario electoral, sacar el barbijo de la grieta y cuidarnos para que el virus no nos vuelva a aislar. Lo fundamental hoy es recuperar la economía y salvar vidas”.

Sobre la seguridad de las vacunas, mientras el gobierno asegura que las dosis compradas son las de más alta efectividad en el mercado, los porcentajes de contagios en personas inoculadas siguen siendo bajísimos. Una vez confirmado el positivo de coronavirus, Alberto Fernández escribió en su cuenta personal de Twitter: “Lo que me pasó a mí demuestra que todos nos tenemos que cuidar. Yo vivo cuidándome y sin embargo me dio positivo. Eso demuestra que todos tenemos que estar alerta y respetar todo lo que es necesario para evitar el contagio”.

“Mientras tomamos restricciones, ganamos días de vacunación”, es la máxima que hoy se repite en los pasillos de Casa Rosada. Bajo el papel rector del gobierno nacional –que no descarta dictar decretos como los del año pasado–, la táctica a seguir es la implementada por la cartera de la ministra de Salud, Carla Vizzotti: restricciones transitorias en unidades geográficas mínimas, en tanto las áreas urbanas no experimenten un salto exponencial de contagios. Desde Presidencia buscan que la sociedad retorne a los cuidados del verano, cuyos resultados fueron superiores a los esperados en la campaña sanitaria. Luego del susto de fin de año, tras un aumento descomunal de casos, se había especulado con una temporada estival breve, plagada de prohibiciones. Sin embargo, ocurrió lo contrario.

 

Un complejo escenario internacional

El eje político regional, sin dudas, es Brasil. Por más que en el país se controle la situación sanitaria, si en el gigante sudamericano se agrava la crisis humanitaria por la atroz mortalidad diaria, es inevitable un efecto inmediato. “Argentina no es una isla y, llegado el caso de un cierre de las fronteras, es imposible clausurar todo de golpe, el movimiento de camiones, de barcos”, enfatizaron desde Casa Rosada. Crisis sanitaria y crisis política, dos bombas que parecen estallar en simultáneo, causarían estragos de inmenso daño en la región.

 

Brasil: crisis sanitaria y política.

 

El largo plazo es quebrar el cuello de botella para fines de mayo. Otro escenario a contemplar es hacia dónde va Brasil en los próximos meses. “Es muy difícil que nos integremos al mundo si no es con Brasil”, asumió una fuente presidencial. La expectativa es que, ante el paulatino declive del Presidente Jair Bolsonaro, Lula da Silva gane protagonismo social, luego de que las propias instituciones brasileñas reconocieran la persecución en su contra.

Brasil es un caso atípico en Latinoamérica, con una altísima producción de vacunas en manos de dos entes, la Fundación Oswaldo Cruz y el Instituto Butantan. Ambos lograron fabricarlas enfrentados a una política oficial de negación de la pandemia que constituye una amenaza global, en el contexto de la transmisión de las variantes Manaos y Río de Janeiro de la enfermedad. Los expertos temen, además, que esas cepas tengan una fuerte incidencia en población menor de 60 años, como ya se demostró en niños de 0 a 10 años en algunas zonas de la región.

Argentina se encuentra en el lugar número 20 a nivel mundial en recepción de vacunas (mejor posicionada en comparación con sus índices de PBI o de crecimiento humano) y cuarta a nivel latinoamericano después de Brasil, Chile y México, según un monitoreo realizado por la Dirección Nacional de Relaciones Internacionales del Ministerio de Salud. Mientras el número de vacunas aplicadas se aproximaba ayer a 4,2 millones, se espera que en las semanas siguientes se cubra a la totalidad de los mayores de 70 años y luego a los de 60. Esa es la primacía sanitaria.

Con los nuevos aviones que llegaron de China y Rusia, desde el gobierno confían en que se aumentará la cantidad de dosis por semana bajo una campaña de mayor intensidad. A su vez, destacan que el sistema de vacunación se ha ido perfeccionado con el paso del tiempo, de forma muy eficaz a nivel logístico. No se pierde de vista en el análisis geopolítico que la vacuna se concentra en pocos países con una desigualdad alarmante: diez países centralizan el 76% de las vacunas distribuidas y cinco de ellos, la mitad. Hay 130 países que todavía no han recibido ninguna. Otro dato brutal: el 14% de la población mundial contrató el 56% de las dosis (con algunos detalles espinosos de explicar desde una lógica razonable, por ejemplo, que Canadá adquirió diez dosis por persona). Mientras tanto, en Israel el 55% de la población ya está vacunada con dos dosis y en la lista de países que han administrado más de 45 dosis por cada 100 personas figuran Chile con el 19%, Estados Unidos con el 16% y Reino Unido con el 6%. Este último aplica la estrategia de “primeras dosis primero”, replicada en Argentina.

El rol de los intermediarios y de la burocracia es, cuanto menos, asombroso. El caso de la vacuna de AstraZeneca, desarrollada tanto en México como en Argentina, demuestra las trabas del mercado global, liderado por potencias como Estados Unidos, en relación con las manufacturas, los insumos y los envasados. En este contexto, nuestro país recibió hasta el momento sólo un 3% de las vacunas que ya compró. En China, como dato ilustrativo, están esperando 2 millones de la firma Sinopharm, que aguardan la resolución de un trámite para ser trasladadas en avión.

“Lo único que quiere este gobierno es comprar vacunas. No descarta a ningún país en la negociación. También se busca celebrar nuevos contratos con países como China, que próximamente nos darán un salto exponencial. Los expertos nos dicen que si las dosis estuvieran disponibles prontamente, en dos meses la Argentina puede vacunar a la población de mayor riesgo”, aseguró el asesor presidencial, en referencia a la apertura de nuevos frentes de compra de vacunas en Cuba y en India.

Finalmente, resta esperar que la disputa política no contamine la gestión de la pandemia, con la vacuna ganándole la carrera a la muerte, principal batalla del presente y del futuro cercano.