Las elefantas

 

Las elefantas enloquecidas

atacan las aldeas

y arrancan los sarong

teñidos de colores brillantes

de las cuerdas donde se secan al sol

cuando el viento del Este los arremolina

como una tela de Sonia Delaunay.

Se impacientan con los géneros que flamean

como los toros bravos

esas gigantas azules,

ya sé, no son azules pero me gusta así.

Los veloces guardias forestales

les disparan dardos de sueño

pero están tan furiosas

que pisan a sus crías

y aplastan las chozas

y derriban las cercas.

Hasta agarraron a un uniformado

y lo arrojaron al aire retorcido

cayendo al polvo

como un muñeco ensangrentado;

ellas que eran tan mansas

y se desplazaban lentas

por las llanuras en fila (india)

triscando las hojitas más nuevas

de las ramas bajas

ahora galopan

(¿galopan las elefantas?

¡solamente acá galopan!)

para que todo tiemble,

para que todo retumbe,

para que todos sepan

que las elefantas están enojadas.

1 comentario
  1. Ernesto dice

    Qué hermosas son las elefantas enojadas!

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