Las feministas de la Posdictadura

Lazos solidarios entre feministas y organizaciones de derechos humanos durante los '80

 

Mucho antes de que las organizaciones de Derechos Humanos tomaran en cuenta los derechos humanos de las mujeres, los grupos feministas en nuestro país establecieron lazos solidarios con esas organizaciones. Y podemos decir también que algunas mujeres de los “organismos” estuvieron presentes, a título personal, en eventos feministas en los tempranos ’80.

Como se recuerda en la revista Brujas del año 2012, que conmemora los 30 años del grupo feminista ATEM, “varias de nosotras habíamos militado en la izquierda y/o teníamos alguna persona cercana desaparecida. Nuestro vínculo con el movimiento de Derechos Humanos, del que algunas participábamos, no fue producto de una determinada táctica política sino el resultado ‘natural’ de nuestras propias vidas”.

Traemos el ejemplo de ATEM 25 de noviembre porque fue el grupo que organizó por décadas las Jornadas anuales donde las feministas comenzamos a reunirnos a partir de fines del año 1982, en fechas cercanas al día contra la violencia hacia las mujeres, el 25 de noviembre.

Estas Jornadas fueron uno de los espacios donde podemos seguir de cerca la relación del feminismo con los derechos humanos en general. Por ejemplo, en 1983 se presentó la ponencia “Una perspectiva feminista frente a los Derechos Humanos” de Magui Bellotti y Nélida Koifman. En esas mismas Jornadas se resolvió la adhesión a las Madres de Plaza de Mayo y sus reclamos de “aparición con vida de los detenidos-desaparecidos, recuperación de los niños secuestrados, repudio a la ley de auto-amnistía y castigo a los responsables”. En las Jornadas de ATEM, de 1984, en el panel “Las mujeres y los Derechos Humanos”, expusieron Madres, Abuelas y Familiares y Alicia Lombardi, que formaba parte de ATEM, presentó el trabajo “Las Madres de Plaza de Mayo, un enfoque feminista”. En otro panel, “Psicoterapia y represión política”, expusieron Marta L’Hoste y Raquel Bozzolo, del Equipo de Asistencia Psicológica de Madres de Plaza de Mayo y Florinda Hara y Rosa Maciel del Movimiento Solidario de Salud Mental, organización vinculada a Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.

Quienes concurríamos a las Jornadas recordamos la presencia de ex detenidas-desaparecidas, como Ana María Careaga, en 1983, que testimonió su experiencia concentracionaria. También era habitual ver sentadas entre nosotras a algunas Madres y militantes de organismos de DDHH, a veces comprometidas en la organización de un taller como Mujeres por la Abolición del Servicio Militar Obligatorio, o a Laura Bonaparte, que públicamente se definía como feminista además de Madre de Plaza de Mayo, quien formó parte del taller pionero sobre aborto en las Jornadas de 1987, germen de la Comisión por el Derecho al Aborto, constituida un año después. Asimismo, la Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora Reneé Epelbaum participó en la mesa redonda “Mujeres y Poder”, en la Jornada de 1988.

Las Jornadas de ATEM fueron un espacio indispensable en la posdictadura, donde los lazos entre ambos ámbitos eran muy nítidos. Pero también la Multisectorial de la Mujer, formada mayoritariamente por partidos políticos pero donde las feministas demandaban insistentemente por nuestros derechos, tuvo una mirada atenta sobre los Derechos Humanos. Al mes de organizar el primer 8 de marzo en democracia, realizó el 9 de abril de 1984 un homenaje a las Abuelas, Madres y Familiares de detenidos y desaparecidos.

A partir de 1985 la Multisectorial hace suya la exigencia de “aparición con vida y restitución de los niños a sus familias legítimas”. De la manifestación del 8 de marzo de 1985 rescatamos un volante de la Multisectorial de la Mujer: “Formas específicas de violencia contra la mujer en la represión”. Allí dice, entre otras cosas, que “en el caso de las mujeres, que constituyen aproximadamente el 30% de los detenidos-desaparecidos, se agregaban tormentos adicionales: violaciones, vejámenes sexuales de todo tipo y torturas aplicadas a embarazadas con el consiguiente temor por la vida del futuro niño y sabiendo de antemano que, una vez nacido, los represores lo separarían definitivamente de ella y de su familia”.

La mirada feminista sobre la represión política fue insistente y logró imponerse después de años, gracias a la labor incansable de, por ejemplo, las mujeres de CLADEM que, en nuestro país, aliado a INSGENAR, presentaron en 2010 un amicus curiae en la causa 4012, “Riveros, Santiago Omar y otros”, sobre crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura. El objetivo de esa presentación era que en los juicios por los crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco de la represión ilegal se juzgaran los delitos contra la integridad sexual de hombres y mujeres mantenidos en cautiverio como delitos de lesa humanidad.

Pero en los años de la posdictadura todavía había mucho por hacer. Por ejemplo, lograr la libertad de Hilda Nava de Cuesta quien, para 1985, era la única presa política en la Argentina. Se pedía por ella a través de una postal enviada a personas influyentes y un cuadernillo, firmado por ATEM y Lugar de Mujer, en el que explicaban las irregularidades procesales.

Fue precisamente ese compromiso de las feministas con los Derechos Humanos y con las Madres lo que irritó a María Elena Oddone, autora en 1985 de un documento agraviante, que es ampliamente repudiado por el movimiento feminista.

La reflexión sobre el poderoso ejemplo de las Madres de Plaza de Mayo estuvo presente desde las primeras Jornadas de ATEM. Luego, en 1985, Laura Klein –en ese momento firmaba Laura Rossi– publicó en Alternativa Feminista “Las Madres de Plaza de Mayo o cómo quitarle la careta a la hipocresía burguesa”. Dos años después apareció De la casa a la plaza de Piera Oria.

En la conformación de la Junta Promotora del I Encuentro Nacional de Mujeres, que se realizó en Buenos Aires en 1986, encontramos a Nora Cortiñas y a Lita Boitano, siempre cercanas al feminismo. Aún recuerdo la emoción de Norita cuando un grupo de feministas juntamos dinero para que pudiera ir a España a comenzar una causa por genocidio contra la dictadura argentina.

En este 24 de marzo de 2020 vale la pena insistir en la recuperación de nuestra historia feminista, aunque los recuerdos de quien escribe sean fragmentarios. Traer al presente, por ejemplo, que en 1983 María Luisa Lerer, responsable de la asociación CEAS (Centro de Estudios, Educación y Asistencia en Sexualidad), afirmaba que “los derechos sexuales son derechos humanos”, una concepción de la sexualidad que se impondría años después.

Descubrir en viejas fotografías de los 8M carteles que decían “No hay democracia con presos políticos”, junto con “El placer es revolucionario”, es una buena síntesis de los deseos de emancipación humana que plantea el feminismo.

 

 

 

 

 

 

*Mónica Tarducci es directora del Instituto de Investigaciones de Estudios de Género. Facultad de Filosofía y Letras. UBA.

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