Las madres de mayo de Brasil

Débora Da Silva, mujer de garganta nerviosa contra el terrorismo de Estado en Brasil

 

Dice que ya no es Débora, que adonde va le dicen Mãe, madre. Que tiene la “garganta nerviosa” y que es In Go Ber Na Ble. Es una de las fundadoras de Mães de Maio, o Madres de mayo, un movimiento brasileño focalizado en la violencia policial y hermano de las Madres de Plaza de mayo.

—Eh, ¡mãe de maio!— grita desde el escenario una de las oradoras del acto en San Pablo por el aniversario del asesinato de Marielle Franco. Dos días atrás se conoció la noticia de que los principales sospechosos del asesinato de la concejala de Río de Janeiro y de Anderson Gomes, el chofer que la acompañaba, fueron detenidos y que uno de ellos habitaba el mismo complejo habitacional que uno de los hijos de Jair Bolsonaro. Es por eso que el mensaje que más aparece en los carteles de la marcha es una pregunta: “¿Quién mandó a matar?”. La respuesta se sugiere.

“Ehehehehehe”, responde Débora, con la voz ronca y los ojos iluminados. El aplauso se contagia de lado a lado, la mayoría de las asistentas a la marcha son mujeres negras, como ella.

 

Débora el 14 de marzo pasado en San Pablo, durante el acto por el aniversario del asesinato de Marielle Franco y Anderson Gomes.

 

Débora María Da Silva era una mujer negra y empobrecida como cualquier otra en el Municipio de Santos, en el este del Estado de San Pablo. Era callada, no le gustaba hablar en público, “no sabía conjugar los verbos”, dice en portugués esforzado porque el mensaje llegue a destino. Ahora está sentada en un hotel en el centro paulista, “la metrópolis del fascismo”, pero antes “tenía hasta miedo de venir a San Pablo, vivo en Santos y nuestra región está dividida por un cerro, yo nunca lo había atravesado”. Antes es antes de los Crímenes de mayo.

La última vez que la Mãe vio a Rogelio, su hijo de 29 años, él cantó para ella, era el Día de la madre, 12 de mayo de 2006. Rogelio trabajaba como personal de limpieza callejera del municipio, cerca de las 23 hs. la Policía Militar lo mató en la calle. Débora se enteró esa misma noche por la radio. Los medios de comunicación y el gobierno informaban que las fuerzas de seguridad estaban actuando para proteger a la población de la violencia del Primer Comando Capital (PCC), una organización criminal que operaba en San Pablo. Cada muerto de los Crímenes de Maio recibió un promedio de 5,8 disparos.

 

¿A qué se llama Los crímenes de mayo?

Los crímenes de mayo fue una masacre extraordinaria que ocurrió en nuestro país en 2006, en una semana se mató a más de 600 jóvenes de edades entre 15 a 29 años y de color negro, de la periferia y la favela. El gobernador de San Pablo en ese momento, Geraldo Alckmin, denominó esos crímenes como “un ataque del PCC”. Esa forma de nombrar la masacre que se llevó a nuestros hijos fue lo que nos hizo levantarnos, nosotras sabemos que no fue el PCC, que fueron crímenes de Estado.

Rogelio adoraba los barriletes, según su madre, ese era su único vicio. Por eso en 2010 ella se tatuó en un brazo el dibujo de un niño negro remontando un barrilete. Como si ella también persiguiera un barrilete, Débora no se detiene desde que Rogelio fue asesinado. Hace 14 años que las mães no duermen. Aquella noche de 2006 el Estado sacó una ordenanza que prohibía los velorios, igual se acercaron varios amigos, Debora flotaba, no entendía nada de lo que pasaba, pero sí recuerda que entre la gente había desconocidos, hoy asegura que eran policías infiltrados. Después de esa noche la madre entró en un período depresivo que duró varios meses, no comía, sólo tomaba agua y fumaba. Llegó a pesar 48 kilos.

“Esta situación límite es importante para entender de dónde salieron las Madres de mayo”, aclara delante de unas 30 personas que escuchan la historia en la Casa do Povo sin poder despegar los ojos de su cuerpo compacto y ágil. Es necesario conocer la fragilidad absoluta, que nunca más Débora desplegó, para entender esta fortaleza. Gesticula, se mueve por el espacio como si el escenario fuera su lugar natural. Es imponente. “Cuando estaba en el Hospital, al que mi marido me llevó porque estaba muy débil, flaca, con hipotermia, sentí que mi hijo apareció en la habitación, al día siguiente me acordé de eso, pero no di crédito, pensé que estaba alucinando por tanta medicación, pero me vi los brazos y noté las marcas que me había dejado, porque él me había agarrado con toda la fuerza que puede tener un hombre”.

Ese día Débora se prometió que iba a ir a buscar a su hijo “hasta las profundidades del infierno”.

Mientras se recuperaba vio en la televisión a una señora que pedía justicia por su hijo asesinado, la notó calma y quiso encontrarla, no sabía que vivía a pocos metros de su casa. Esa mujer sembró la semilla de lo que hoy es Madres de mayo. Luego conoció a Vera, una mujer indígena cuyo hijo también había sido asesinado, y luego a otra, y a otra, a otra, todas mujeres amas de casa, trabajadoras del hogar, mujeres mestizas, negras o indígenas, a las que la policía militar había matado a sus hijos.

 

¿Quiénes eran los jóvenes asesinados?

Eran trabajadores empobrecidos. La mayoría eran estudiantes y trabajadores, como mi hijo, que era un carí (un limpiador de la calle). Se estima que sólo el 2% tenía antecedentes penales. El gobernador quiso hacer pasar estos crímenes como ocurridos por el PCC pero esto fue una venganza del brazo armado del Estado, que es la policía, porque en realidad los verdaderos ataques del PCC no fueron contra la población, sino contra la policía y el Estado, y fue porque habían reprimido a un grupo de presos. Los mataron aleatoriamente porque saben que en las favelas y la periferia los jóvenes y sus familias no tienen acceso a la justicia, por esos fueron a matar ahí. El Estado los mató para demostrar que estaban haciendo algo contra el crimen organizado.

 

¿Salieron a cazar jóvenes para usar esas muertes en la campaña electoral del 2006?

Sí, para demostrar que ellos tenían poder contra el crimen. ¿Por qué? porque entonces estaban en juego las elecciones de la República y la disputa era entre el gobernador del Estado de San Pablo y Lula. El ataque fue para demostrar que él tenía fuerzas contra el crimen organizado.

 

¿Y finalmente gana Lula?

Sí. Lula ofreció mandar la Guardia Nacional para reforzar la seguridad pública después de los Crímenes de mayo, pero Alkmin no aceptó porque significaba demostrar fragilidad.

 

La mãe Débora Da Silva

 

“De luto a luta (del luto a la lucha)”, como dicen ellas, las madres construyeron un movimiento que tiene representantes en varios Estados de Brasil, son mujeres amas de casa, negras en su mayoría, que tramaron una organización de víctimas que ahora trasciende a los pedidos de reparación. “Nos dimos cuenta de que nuestras lágrimas no conmovían a ningún brasileño”, dice Debora y cuando lo dice transmite ternura y fortaleza a la vez, de esa indiferencia nació también la lucha de las madres, las ingobernables. Ellas trabajan en articulación con espacios en favelas y periferias para que los jóvenes conozcan sus derechos frente a la policía. Débora se formó, hizo un curso de Promotora legal popular, buscan que los jóvenes favelados y de las periferias tengan acceso a la justicia y también pugnan por mejores condiciones carcelarias.

—Apostamos a la transformación de la juventud. Hay un rapero llamado Eduardo Cardelli que dice que las Mães de Maio hemos evitado muchos certificados de defunción. Incluso he escuchado decir que la policía para a jóvenes en la calle para mandarlos a la casa y les dice “váyanse a la casa o sus madres se van a convertir de Madres de mayo”. Cuando los jóvenes van con la remera de las Madres de mayo no los para la policía, no los torturan, nadie se mete con ellos.

“Las madres son de izquierda, pero el movimiento Madres de Maio es antipartidario. Somos jodidas, rebeldes, ingobernables”, aclara cuando la pregunta es si tienen una pertenencia partidaria. Trabajan con el alcalde de Santos, con quien lograron reducir el índice de homicidios, “aunque sea de derecha, es negro”, aclara Débora. Para las madres los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff no fueron muy auspiciosos: “Lula fue una persona que ofreció asistencia militar al Gobernador de San Pablo pero luego no hizo ningún cuestionamiento, no ahondó en los motivos por los cuales ocurrieron todas estas muertes. Dilma era nuestra esperanza como mujer, durante su gobierno para reducir los homicidios la ONU había recomendado la desmilitarización, la disolución de la policía militar, pero no lo hizo”. Sin embargo, la mayoría de las Madres son electoras del PT “porque son la esperanza de la gente”. Para ellas no hay una relación directa entre unas políticas de seguridad que protejan al pueblo y el color político de los gobiernos: “Ni siquiera vimos cambios con los gobernadores estatales que eran del PT”. Cada vez que puede, lo aclara, ellas son independientes de cualquier gobierno, de cualquier partido.

En 2016, cuando Madres de mayo cumplió 10 años se reunieron todas las madres en San Pablo y alquilaron un hotel entero. También alquilaron la parrilla que estaba enfrente. Entre ellas no hay líderes. Son mujeres organizadas buscando justicia. Su objetivo es “sacarle la máscara al fascismo” y mientras tanto también se cuidan entre ellas, Débora intenta que las madres sean feministas, que puedan salir de situaciones de violencia, que como ella no se dejen dominar por ningún hombre. Con el correr de los años las madres comenzaron morir, todas ellas sin haber podido juzgar a los asesinos de sus hijos. Y muchas de ellas han muerto por padecer cáncer en órganos ligados al sistema reproductivo. Cuando comenzaron a juntarse para tramar acciones, Vera, una de las primeras Madres de mayo, les comentó sobre las Madres de Acarí, las pioneras en generar una organización de madres de jóvenes asesinados o desaparecidos en Brasil, y les dijo “una de las madres de Acarí acaba de ser asesinada, ¿ustedes quieren terminar como ella”? No les importó, recorrieron todo el país.

—Se han creado Madres de maio en todos lados, en cualquier lugar vas a ver madres movilizadas, una de ellas es Ruthi, que está conformando Madres de mayo del nordeste de Brasil, a ella siempre le digo que tiene que ser la cara y el símbolo de quien está luchando por los desaparecidos. Este tema de los desaparecidos a mí me afecta muchísimo porque tengo un hermano desaparecido durante la Dictadura. Mi madre no hizo nada para buscarlo porque mi padre la obligó a mantener el silencio sobre eso, incluso cuando sucedió lo de mi hijo, mi padre me dijo “te van a matar por esta lucha”, yo le dije que no me importaba, que iba a salir a resistir. Esta lucha no es solo por mi hijo, es también por mi hermano, que lo desapareció a los 25 años la Dictadura, en la época del Escuadrón de la muerte.

El símbolo de las Mães de maio es la bandera de Brasil virada a negro, en símbolo de luto, y con la inscripción “Memoria, Verdad, Justicia y Libertad” en lugar del “Orden y Progreso” oficial. Las palabras escogidas tienen una vinculación indudable con las resistencias de organizaciones de familiares de desaparecidos en las dictaduras latinoamericanas.

 

 

¿Por qué modificaron la bandera y usaron esas palabras? ¿Cuál es el vínculo que tienen con las organizaciones de derechos humanos de víctimas del terrorismo de Estado de las dictaduras?

“Memoria, Verdad, Justicia y Libertad”. Esas palabras son un símbolo nacional de las personas que fueron víctimas durante la Dictadura. Las Madres de Plaza de mayo de la Argentina han servido para nosotras como un modelo, un ejemplo de lucha. Son nuestra referencia, pero el nombre no tiene que ver con ellas, ellas son de la Plaza de mayo, nosotras del mes de mayo, hijos que murieron el Día de la madre. Cuando la gente decía que la lucha de las Madres de mayo no era legítima las Madres de Plaza de mayo vinieron a conocer nuestro trabajo y nos dieron una enseñanza, una de nosotras tenía una remera que decía “contra la violencia del Estado” y una madre argentina señaló la palabra y dijo: “Terrorismo de Estado, terrorismo”. Ellas ayudaron a la gente a pensar cómo tienen que caminar, son compañeras, son parceras, no son ni más ni menos, somos iguales. También ellas nos mostraron que el memorial de las víctimas no puede ser solo un memorial, que también debía ser una resistencia activa.

Débora conoció a Norita Morales de Cortiñas en 2012, en Río+20, una conferencia de desarrollo sustentable de Naciones Unidad. Las mães perseguían un cambio legislativo que aboliera la figura de “Resistencia seguida de muerte “ o “Autos de resistencia”, una figura por la cual quedaron impunes la gran mayoría de los crímenes perpetrados por la policía en Brasil. En una de las marchas de ese encuentro en Río, Débora tuvo un forcejeo con la policía, cuando lo cuenta se pone de pie para mostrar el envión que hizo con la pierna hacia atrás para pegarle una patada a una de las rejas que protegía el Banco Nacional de Desarrollo Social. “Hice pac, pac, pac, así con la pierna para atrás y rompí la reja, ahí vino un policía y me agarró de la camisa, entonces vino un militante indígena con un arco y flecha y le apuntó al policía, soltala, soltala, le decía, y justo ahí apareció Norita, que vio todo esto. Estoy corriendo detrás tuyo, me dijo”.

 

Una de las conquistas de las Mães es haber logrado establecer el Día de las Madres de mayo (el 12 de mayo) y luego la semana que conmemora las víctimas de la violencia de Estado. Un proyecto que está pendiente es el de terminar con los “autos de resistencia”, “un acto abusivo para matar”, dice la Mãe.

—Según esta figura cualquier muerte provocada por la policía puede entenderse como que la persona murió por resistirse, que ella misma se causó la muerte. Para nosotras fue muy importante que esto no fuera visto como algo partidario, que ninguna partido sea el dueño de este proyecto de ley. Pero finalmente el proyecto fue engabetado (cajoneado). El problema fue que un diputado del PT se apropió del proyecto y no decía que era un proyecto de las Madres de mayo y la Pastoral carcelaria, una organización abolicionista de las cárceles.

Las Mães de maio avanzan contra la lluvia en la Avenida Paulista. La garganta nerviosa de Débora raspa las palabras cuando salen de su boca: “Marielle, presente, agora e sempre”, una y otra vez repite lo mismo. Junto a ellas marchan feministas, organizaciones de lesbianas, negras, travestis. Marielle Franco era amiga de las Madres de mayo, antes de morir había estado trabajando en un proyecto de ley para el reconocimiento de las madres de las víctimas en Río de Janeiro. Las Mães quieren impulsar que cuando salga esa ley, se llama “Ley Marielle”.

Maes de Maio con Marielle Franco

 

—Yo no tenía mucha intimidad con Marielle pero cada vez que nos veíamos nos saludabamos con emoción, cuando ella me veía el pelo colorado desde donde estaba me gritaba “eh mãe de maio”, porque todo el mundo me dice así, mãe, madre. Conocí a Marielle en un evento al que nos invitó que se llamó “Rock en la favela”, poco tiempo después de que ella fuera electa Concejala municipal. ¿Rock en una favela? Nos dio curiosidad y fuimos. Ese día di un discurso muy fuerte contra la policía, cuando hablo sobre un escenario no veo bien quién me escucha, lo único que veo es el odio. Yo le reclamaba a los jóvenes que no se queden quietos, que vayan a exigir a los funcionarios que les den derechos, que les den servicios públicos, y muchas cosas más, entonces cuando me bajé del camión se me acercó Marielle a saludar y yo le pregunté ¿Me escuchaste?, ella me dijo que por supuesto, ahí entonces yo le dije: Bueno, entonces ya tomaste nota.

Débora llora cuando habla de Marielle. Dice que su muerte es una muerte plural, que Marielle era un pavo real, una mujer carismática, una voz de la favela. Para las Mães fue como si volvieran a matar a sus hijos. “Una pérdida irreparable para las feministas, era una poeta, era el grito de la favela, era nuestra hija, era nuestra esperanza. Fue asesinada por su valentía. Somos huérfanas de otra hija”.

 

Madres de mayo en la marcha a un año del asesinato de Marielle Franco.

Esta entrevista se realizó en el marco de la Mostra Internacional de Teatro de San Pablo. Fue imprescindible la colaboración de Yanilda González.

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