Las mañas de la derecha

La lógica neoliberal contra los aumentos de salarios

 

Cada tanto, ante el aumento de los salarios de los empleados estatales o de funcionarios públicos, los medios concentrados de comunicación plantean que es un dispendio de recursos que debería ser usado para otra cosa. En ese terreno, la comparación preferida resulta ser lo que ganan con relación a los jubilados y, dentro de ese sector, los que perciben el haber mínimo. Es muy común que ante cada situación de crisis algún derechoso militante exija que los diputados y los funcionarios de mayor jerarquía se bajen los salarios. Incluso se dan casos en que ciertos burócratas o quienes aspiran a integrar un supuesto gobierno progresista, plantean que ellos y los que dependan de ellos se bajarán el sueldo como una muestra de solidaridad con los que menos tienen.

Asimismo, cuando en una paritaria los gremios más fuertes –que son los que marcan tendencia– logran incrementos salariales importantes, los medios destrozan al sindicato que lo obtuvo, debido a que consideran que es injusto que algunos logren esos buenos resultados y otros no. En general, los más vilipendiados son Camioneros y los bancarios. Son dos gremios grandes que logran incrementos altos, que están dispuestos a defender los intereses de sus afiliados y que afectan los intereses de los poderosos –en particular los de los dueños de la carne y de los granos– cuando toman una medida de acción directa. Los bancarios, además, afectan los intereses de la banca nacional y extranjera y todo el mercado financiero que lo rodea.

Ni hablar del feroz lobby mediático que se produce ante un reclamo docente. Rápidamente los dirigentes son estigmatizados y acusados de usar a los niños de rehenes. Ante una movilización docente, se les crispan los pelos y arremeten contra aquello de que quienes deberían dar el ejemplo son los que más atentan contra la convivencia. Más violenta es la reacción cuando un acuerdo salarial mejora los salarios de los trabajadores parlamentarios. Hace pocos días asistimos a un espectáculo mediático debido a un aumento acordado por los presidentes de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, y de Senadores, Cristina Fernández de Kirchner, con los gremios con representación en el Congreso. El argumento siempre es el mismo y la comparación también: una vez más, lo que ganarán los trabajadores parlamentarios contra lo poco que percibe un jubilado de la mínima.

Quizás algún despistado podrá pensar que la actitud de los medios dominantes tiene como objetivo defender los intereses de los jubilados. De tanto escuchar el daño que hacen estos aumentos podría creer, de buena fe, que lo perjudican a él o a ella, porque si ellos no ganaran tanto él o ella ganarían más. Pero los medios hegemónicos, financiados por el capital concentrado, no son tan generosos. Sólo cuidan sus intereses. Las razones son varias. La primera de ellas es que se les paran los pelos cuando el Ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán, dice que los salarios le van a ganar a la inflación y, si eso ocurre, esa diferencia entre la inflación y el salario mejorado va a tener que ponerla ellos: los empresarios. ¿En qué los afecta la mejora de los salarios de los empleados públicos, docentes incluidos? Muy simple: si crece el gasto público, ¿con qué se financia ese mayor gasto público? Con impuestos. Y ¿quién va a pagar esa diferencia, de dónde sale? De mayores impuestos o de disminución de privilegios. ¿De quiénes? Otra vez de ellos, de los dueños del capital. Porque el salario es la mejor forma de distribuir el ingreso nacional o, para decirlo de otra forma, es el modo en que se dirime con qué parte se quedan los sectores populares y con qué parte el capital.

 

Los medios alientan los argumentos de la antipolítica.

 

Voy a intentar explicarlo desde el punto de vista de la seguridad social, a ver si se entiende mejor. Primero hay que recordar que entre 2009 y 2015 rigió a pleno la ley de movilidad previsional y en ese ínterin los haberes de los beneficiarios vieron mejorados sus beneficios un 36,5% en términos reales, es decir, por encima de la inflación. Por otro lado, desde este año rige la misma ley que en aquel período, incluso mejorada porque se aplica cada tres meses. ¿Cómo funciona esa ley? El 50% depende del crecimiento de la recaudación con destino al sistema de seguridad social y el otro 50% depende del crecimiento de los salarios. Cuando los salarios de los trabajadores crecen, ese dinero va sin escalas al consumo, por una razón muy sencilla: la capacidad de ahorro de los sectores populares es muy escasa. Por otra parte, cuando crecen los salarios elevan la diferencia entre los salarios intertrimestrales. En otras palabras, cuando se incrementan los salarios empieza a girar una rueda virtuosa que mejora el consumo y, con ello, la recaudación que mejora los beneficios de la seguridad social. La mejora del salario tiene un impacto inmediato en la fórmula de movilidad, que también mejora los beneficios de la seguridad social. Así que, lejos de aceptar la lógica neoliberal de que los incrementos salariales perjudican a los que menos tienen, debemos comprender que el salario es el motor del consumo, de la mejor distribución del ingreso y de la mejora de los jubilados, los pensionados, los discapacitados y todos los demás beneficiarios de la seguridad social. Un punto que también tiene una gran trascendencia es lo que pasa con los servicios médicos, en particular con el PAMI, que recibe sus recursos de los salarios y de los jubilados y pensionados. Si los salarios y las jubilaciones y pensiones mejoran, también mejoran los servicios de salud. Es decir, las mejoras salariales son el principio de todo lo relacionado con la mejor distribución del ingreso.

Para marcar claramente cuál es la diferencia en el proceder del trabajador respecto del accionar del capital concentrado, hay que destacar que en todo aumento –desde aquel que corresponde al más humilde de los trabajadores hasta el que percibe el Presidente de la República– abonan aportes quienes lo reciben y contribuciones sus empleadores. Pero, ¿qué pasa con el capital concentrado? Sólo defiende sus privilegios, como disminuir las contribuciones patronales. Incluso se da la paradoja que quienes tanto critican los aumentos salariales, como el Grupo Clarín y el Grupo La Nación, no pagan un solo peso de contribuciones patronales. Sería bueno que en vez de llorar lágrimas de cocodrilo en defensa de los jubilados aportaran al sistema, como lo hace cualquier hijo de vecino.

La conocida frase de Rodolfo Walsh “la verdad no sólo se cuenta, se milita” viene a cuento hoy más que nunca. Es tal el desquicio informativo en este tema que tenemos la obligación moral de tomar conciencia de que hay que militar en contra de esta vieja fake new, que ha pegado tan fuerte en nuestra cultura y que tanto daño hace, respecto a que las mejoras salariales perjudican al resto de la sociedad. Los trabajadores son los socios obligados de los que menos tienen, por ello vengo insistiendo en la necesidad de realizar una alianza inquebrantable entre los trabajadores y los beneficiarios de la seguridad social que beneficie a todos.

Cuando un trabajador o miles de trabajadores salen a la calle a defender su salario, no es un enemigo que nos impide circular por una avenida de Buenos Aires, es un compañero que lucha por su salario y por nuestro beneficio. Me permitiría decir: en beneficio de todos los desprotegidos. Por ello, cada vez que nos encontremos con una marcha de trabajadores caminando con banderas y bombos, no le hagamos el caldo gordo a la derecha retrógrada. Si podemos, unámonos a la marcha, y si no podemos, al menos hagámosles un gesto de agradecimiento. Es una pequeña batalla que multiplicada por miles mueve montañas. Y si alguien los insulta, recordémosle una canción de León Gieco que dice: “Sos un imbécil que a los chicos culpás de la pobreza y la mugre que hay”. En este caso, no le eches la culpa a los trabajadores que pelean por ellos, y por vos. Merecen nuestro respeto.

 

 

 

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