Las muertes silenciadas

El número de óbitos en Brasil supera ampliamente el registro oficial

 

Al 11 de abril, Brasil registraba oficialmente 21.040 casos de Covid-19 y 934 óbitos. Son 5,38 muertos cada millón de habitantes. Pero la situación del país, la actuación del gobierno y las evidencias muestran una sub-notificación, como reclaman organizaciones civiles, entidades, especialistas y la prensa, previendo nuevamente desapariciones, esta vez por la pandemia y la desidia del gobierno.

Aunque después del golpe blanco de los generales Bolsonaro perdió su poder real, sin perderlo formalmente, en base a su liderazgo sobre parte importante de la población, promueve y consigue la desobediencia de sus seguidores al aislamiento decretado por los gobernadores, lo que debería llevar, comparando con otros países, a un número mayor de casos y de muertes que los publicados.

Se agrega que no hubo compras anticipadas de insumos para tratamiento para atender la demanda prevista en pico. La posterior compra a China fue cancelada por las autoridades del país asiático después de las ofensas recibidas de dos ministros.

El incremento de internaciones y muertes por Síndrome Respiratorio Agudo Grave debe estar ocultando los casos de Covid-19. En las primeras 13 semanas del año hubo 23.999 internaciones, 3 veces las 7.761 de 2019. En varios estados hay aumentos mayores aún: en Minas Gerais, los óbitos del primer trimestre por problemas respiratorios pasaron de 24 en 2019 a 175 este año. También aumentaron los entierros. El primer trimestre registró oficialmente 79 muertos por Covid-19 en San Pablo, pero sólo en el cementerio Vila Formosa hubo otros 200 cuerpos con cajón lacrado por seguridad ante la sospecha, pero sin resultado del test. Los Registros Civiles informan un total de muertes por coronavirus 21% mayor que los informados por el Ministerio.

Las estadísticas sobre Covid-19 excluyen los óbitos sin resultado del test. Aunque no se quisiera ocultar, los datos reales se conocerían 20 días después, por la demora en la fila del test. El Consejo de Justicia y Ministerio de Salud resolvió que cuando no hubiera confirmación por test se debe indicar en la declaración de óbito “sospecha de Covid-19” y autorizó a los Registros Civiles a emitir el certificado en 60 días. Es previsible un salto enorme en la cantidad y nuevos “desaparecidos”: los fallecidos enterrados sin identificación, por falta de familiares o amigos al morir.

Esta pandemia ataca especialmente a la población más carenciada, trabajadores informales, personas en situación de calle. Las enormes favelas como Rocinha en Rio de Janeiro o Paraisópolis en San Pablo, con más de 100.000 habitantes y 45.000 por km2, que son campo propicio para el contagio, demandan una fuerte actuación del poder público, que no ocurre. Bolsonaro llama al pueblo a salir a la calle y volver al trabajo, promueve los cultos en iglesias, se muestra circulando entre multitudes, convoca marchas contra la cuarentena y los gobernadores. Hay masas de gente en las playas o paseando.

Se está configurando el escenario de reducción de los contactos sociales menor que 50%, en el que las proyecciones para Brasil del Imperial College London estiman 627.000 muertos.

La tragedia está en marcha y el poder hace todo por ocultarla.

 

 

 

* Especialista financiero-institucional, residió 35 años en Brasil.  Asesoró a varias gobiernos estaduales y municipales. Coordinó el Espacio Marx Sao Paulo.

 

 

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