LAS MÚLTIPLES CARAS DE LA USURA

Ajuste permanente y endeudamiento ilimitado

 

La desazón sacude al país: un video casero muestra a un Presidente arrugado por la derrota y mordiendo el polvo de un hogar humilde. Su ofensiva contra el populismo ha fracasado. Ahora promete medidas para aliviar a los que menos tienen. Este es el nuevo marketing electoral. El cinismo se cuela por los poros de un “plan de alivio” que tiene por único objetivo llegar a las elecciones de octubre. Después de eso, el alivio caerá en el agujero negro que tan laboriosamente ha construido el FMI.

Por primera vez el Presidente olfatea que puede perder el sillón de Rivadavia. Esto desata su furia: sus amigos de antaño, aquellos que desde siempre han formado los precios en el país, se han rebelado. No acatan sus directivas. No creen más en el “¡sí, podemos!” ni apuestan a las reformas estructurales que erradicarán al populismo de la faz de la tierra argentina. Simplemente han acorralado al Presidente. Se rehusan a compartir ganancias y rentas con banqueros que les chupan la sangre con tasas de interés desmadradas. Tampoco quieren absorber una dolarización de combustibles y tarifas que beneficia en forma prioritaria a las empresas del Presidente, de sus amigos y entenados. Peor aún, defienden sus feudos ante el viento de la desgracia que, soplando con fuerza desde el norte, pretende encuadernarlos por corruptos y sustituirlos por capitales que vienen de aquellas lejanas y frías latitudes. Encrespados ante un plan de ajuste que busca imponerles la paz de los cementerios, los que fueron sus amigos pelean ahora con uñas y dientes por mantener sus ganancias amenazadas por la recesión y el peligro de una devaluación permanente.

El lunes el gobierno desembolsó por primera vez los 60 millones de dólares diarios destinados a satisfacer las demandas de esa entelequia que muchos llaman mercado. Como se esperaba, el dólar retrocedió sesenta y cinco centavos para cerrar a 42, 64 pesos en el promedio minorista. Al día siguiente, sin embargo, rompía una racha de seis bajas consecutivas y levitaba con fuerza hasta llegar a los 43.37 pesos, promedio minorista. Esta vez los hilos invisibles que mueven al mercado cambiario quedaron expuestos. Un poderoso fondo de inversión decidió dolarizar el cobro de la renta obtenida con inversiones en BOTES y se alzó con la friolera de 12.000 millones de dólares (cronista.com 16 4 2019). La mayor tenencia de estos BOTES está en manos de Templeton, uno de los fondos de inversión mas poderosos del mundo. Templeton apareció a principios de 2018, luego de una misteriosa conversación telefónica entre Macri y Trump y en medio de una corrida cambiaria. A contramano de la corrida, se fue a los BOTES. Desde ese entonces Gustavo Cañonero, ex socio de Templeton y ex funcionario del FMI, ocupa la vicepresidencia del BCRA. Ahora Templeton decidió huir. No es el único que anda en esos menesteres. Esta es una tendencia últimamente de moda entre los grandes inversores extranjeros. A medida que vence el plazo en que han sido colocadas sus inversiones, se dan a la fuga. La incertidumbre política corroe la confianza en el gobierno.

Sin embargo, eso no explica todo. En efecto, el mismo martes Macri había advertido a la población sobre un “pico de inflación”. Pocas horas después, el Indec transformaba al pico inflacionario en un índice del 4.7% para el mes de marzo. Al mismo tiempo, el aliento de la inflación empujaba al BCRA a introducir correcciones en su política cambiaria que tendrán que perdurar hasta fin de año. Por ese entonces caerán, conjuntamente con la política de precios, en el agujero negro pergeñado por el FMI.

Las nuevas correcciones fijan la banda de no intervención en la flotación del dólar en un espacio comprendido entre los 39,75 y los 51,45 pesos. Su techo será inamovible hasta las próximas elecciones. Durante ese periodo, y mientras el dólar se mueva dentro de esa banda, el gobierno venderá diariamente los 60 millones de dólares del préstamo del FMI y los que obtenga del campo. Esta estrategia busca provocar un cierto atraso cambiario que permita contener a la inflación y al mismo tiempo incentivar al carry trade con el dólar durante el periodo electoral. Apunta así a calmar a los formadores de precios y a propulsar la bicicleta financiera con un dólar relativamente estable y con tasas de interés que superan lo que se conoce en el mundo.

Estas correcciones, sin embargo, no alejan el peligro de una corrida y mantienen la apertura total a la salida de capitales. En esa banda tan ancha, cualquier movimiento del dólar hacia el techo puede desatar la corrida. Si esto ocurre, los 60 millones de dólares del préstamo del FMI que el gobierno puede vender diariamente son una gota de agua en un océano. La corrida de 2018 lo demuestra. Por otra parte, si el dólar supera al techo los 150 millones del préstamo que el FMI permite usar en estos casos también serán insuficientes.

Tampoco se podrá parar una corrida cambiaria usando las reservas de libre disponibilidad del BCRA (un 20% del total de las reservas actuales) pues “después de tirar algunos tiros se agotan las balas” y el país cae en un caos que se deriva del endeudamiento contraído por este gobierno. El mismo revela un plan de guerra: el próximo gobierno tendrá que enfrentar inmediatamente vencimientos de deuda de magnitud grotescamente enorme, imposibles de pagar, con reservas del BCRA exhaustas y una sociedad carcomida por la destrucción de su tejido social y productivo.

En tres años y medio el gobierno de Macri ha endeudado al país en 187.000 millones de dólares. La mayor parte de este endeudamiento vence en los próximos tres años. Así, un collar de alambre de púas asfixia al pueblo argentino. El FMI aprieta ese collar otorgándole graciosamente un préstamo por 57.000 millones de dólares que, utilizado prácticamente en su totalidad para financiar la campaña electoral de este gobierno, deberá ser pagado íntegramente en los próximos dos años. Así se configura una arquitectura diabólica cuyo objetivo ultimo es asegurar el ajuste permanente y el endeudamiento ilimitado.

No hay nada en el plan de ajuste del FMI que permita reactivar la economía y empezar a crecer para salir del endeudamiento. Por el contrario, mantiene un estado de profunda recesión económica, impide la recaudación y conduce a la incapacidad de pago de los intereses de la deuda externa. Esto deriva en una reestructuración de deuda con capitalización de intereses. Así, por arte de magia entramos en el circulo vicioso del endeudamiento al infinito, empobrecimiento y canibalismo social creciente. La usura conduce a la desintegración social. Este es el dilema que hoy enfrentamos.

La usura ha sido condenada desde siempre. Hoy sin embargo se ha naturalizado. En esta fase del capitalismo global monopólico, el FMI es el caballo de Troya que, insertándose en las economías emergentes, reproduce a la usura por todos los intersticios de la sociedad. En vísperas electorales y en condiciones de creciente crisis de legitimidad, la usura desnuda sus dientes y nos muestra sus distintas caras. No se limita al campo de las finanzas y del endeudamiento. Aparece en un fenómeno despiadadamente natural: la inflación.

El día miércoles Macri anuncio su plan para combatirla: un rejunte de medidas cosméticas entre las cuales se cuentan el congelamiento de precios de 60 productos cuya índole todavía se desconoce. Este acuerdo es, según Dujovne, el resultado de un “pacto de caballeros” entre funcionarios del gobierno y dieciséis empresas del sector alimenticio. En el ultimo año el aumento de los precios de los alimentos ha liderado la estampida inflacionaria. En los últimos días la remarcación de precios ha sido frenética. Sin embargo, mas allá de la política de precios y sus múltiples detalles, el “espíritu” de la nueva política se sintetiza en el otorgamiento de créditos a tasas del 50% para “facilitar” el consumo de jubilados y beneficiarios de la AUH. Así se busca atrapar a los más pobres entre los pobres con un endeudamiento para comprar alimentos, pagar servicios básicos, y deudas ya contraídas. Esta es la perversa cara de la usura.

Pero no es la única. Hay otra que se agazapa bajo el mordisco despiadado de precios en estampida que chupan la sangre de los que menos tienen para recuperar la rentabilidad de los formadores de precios, perdida por la recesión y la caída del consumo. Así, mas allá de las distintas caras que asume la usura, sus filosos dientes atacan a distintos segmentos de la sociedad: desde los más vulnerables hasta fracciones de las clases medias cada vez más perjudicadas por el ajuste del FMI.

La usura no busca sólo apropiarse de los bolsillos de la población. Es también parte de una guerra abierta que busca apropiarse de la identidad nacional. Esto es lo que pretende concretar el FMI, una organización que responde a una estrategia geopolítica.

 

Coyuntura económica internacional y usura

Datos recientes muestran que en los últimos tres meses el volumen del comercio internacional ha caído un 1.8%, registrando la peor caída desde la crisis financiera de 2008 (telegraph.co.uk 15 4 2019). Esta evolución es consecuencia del crecimiento económico global más débil de los últimos diez años, un crecimiento afectado negativamente por la evolución de la producción industrial en China, Alemania, Italia y varios países europeos y asiáticos ( IMF, World Economic Outlook, Growth Slowdown, Precarious Recovery April 2019). En los Estados Unidos, el estímulo dado por Trump a la economía norteamericana con el aumento del gasto militar y la disminución de impuestos —a los más ricos y a las corporaciones— se esfuma rápidamente.

En este contexto económico global, las burbujas especulativas son cada vez más peligrosas. Hoy hay 11 billones de dólares (trillions) de deuda global en bonos con tasas de interés negativas. Esto implica que un cuarto de la deuda global en bonos tiene rendimientos negativos. A este problema global se suma el desbordante desarrollo de la banca en las sombras (shadow banking), constituida por instituciones financieras no bancarias que, con escasa o ninguna regulación, operan con derivados e instrumentos financieros altamente complejos. Esta banca en las sombras ha dado origen a una burbuja financiera con activos que ascienden a los 52 billones de dólares (trillions) (cnbc.com 11 4 2019). Un 29% de este total pertenece a los Estados Unidos y un 16% a China.

Si los bancos centrales del Primer Mundo aumentan las tasas de interés, este endeudamiento global corre peligro de estallar. Sin embargo, si las tasas de interés permanecen cercanas a cero, la banca central de los países mas desarrollados se queda sin instrumentos para reactivar la economía en caso de recesión. Esto es lo que ocurre actualmente. Esta situación ha desencadenado una ardua discusión respecto a las políticas que la Reserva Federal debe seguir para evitar una recesión sin que estallen las múltiples burbujas financieras.

La situación se complica cada vez más debido a la enorme deuda corporativa no financiera que ha llegado a niveles insostenibles en caso de recesión (R. Kaplan, Dallas Federal Reserve, bloomberg.com 5 3 2019). Esta deuda ha crecido un 86% en relación al tamaño que tenía en 2008. Con 9 billones de dólares (trillions), representa casi la mitad del PBI norteamericano. De este total, 4.88 billones de dólares (trillions) vencen entre 2019 y 2023 (Forbes.com 8 4 2019). Este endeudamiento de las corporaciones ha tenido por objetivo la compra de sus propias acciones, impulsando hacia arriba su valor. La producción ha sido sustituida por la especulación y las corporaciones consideradas zombies (muertos vivos, porque en los últimos tres años sus ingresos operativos no han podido cubrir las tasas de interés de sus deudas) representan un 14% del índice S&P 1500 (zero hedge 14 4 2019).

Esta especulación financiera tiene una contracara: el empobrecimiento de la población, los salarios estancados o a la baja y el consiguiente crecimiento de la desigualdad económica y social en los Estados Unidos. En las ultimas tres décadas, el 1% de la población con mayores ingresos aumentó su participación en el total de la riqueza en más del 14%. En el mismo periodo, el 90% de la población con menores ingresos vio caer su participación en el total de la riqueza en una proporción semejante. Esta situación se ha agudizado en los últimos tiempos por el creciente endeudamiento de los individuos. El total del endeudamiento para el consumo (autos, préstamos personales, estudio y tarjetas de crédito) asciende a 4 billones de dólares (trillions). Es el nivel más alto de endeudamiento para el consumo en la historia norteamericana (usatoday.com 12 3 2019). En este contexto, el 78% de la población vive al día, de lo que gana cada mes y sin poder enfrentar emergencias (Forbes.com 11 1 2019).

Estas circunstancias han llevado a Ray Dalio, presidente de Bridgewater —uno de los fondos de inversión mas poderosos del mundo—, a advertir que el capitalismo norteamericano es insostenible porque no redistribuye oportunidades y genera una creciente brecha entre los que más tienen y los que tienen menos. Para Dalio, «el sueño norteamericano se ha perdido… Si fuese Presidente de los Estados Unidos, reconocería que esta es un emergencia nacional”. Si esto no se reconoce, se arriesgan a terribles turbulencias institucionales “porque la desigualdad económica al final se va a resolver. La cuestión es si la solución implica reformas o si se desciende en el autoritarismo”. Para Dalio, la historia demuestra que “cuando hay tanta desigualdad económica y hay recesión, estallan los conflictos sociales… El capitalismo norteamericano es insostenible”.

Aconseja entonces reformarlo antes de que sea tarde (zerohedge.com 8 4 2019). Poco tiempo antes había advertido sobre la inminente recesión mundial y el desarrollo del populismo (zerohedge.com 22 1 2019).

Estas advertencias, que surgen de observar la descomposición social en el centro del capitalismo global monopólico, ocurren al mismo tiempo que la política exterior de Trump busca imponer el dominio hegemónico de los Estados Unidos en el mundo a partir de la generalización de la usura y de la proliferación de los conflictos sin salida que la misma engendra.

Así, las paradojas permean nuestra realidad inmediata y el mundo que nos trasciende. Las posibilidades que tenemos por delante son infinitas. Esto nos obliga a enfrentar las circunstancias que vivimos, cuestionando la desinformación, la fragmentación y el canibalismo que engendra la usura y creando espacios de interacción y articulación de intereses comunes que permitan desenmascarar las múltiples formas que la misma adopta. Solo así podremos acercarnos a ponerle un punto final.

 

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22 Comentarios
  1. Ernesto Oscar dice

    Gracias Mónica. Pensemos en lo pequeño.

  2. Luis Juan dice

    Estimada Mónica:
    Es una descripción brillante, como de costumbre.
    Naomi Klein, en “La Doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre”, cuenta una anécdota.
    “Conocí a Jamar Perry en septiembre de 2005, en el gran refugio jue la Cruz Roja había organizado en Baton Rouge, Luisiana…Nacido y criado en Nueva Orleans, había pasado una semana fuera de la ciudad inundada…Ese día corría la voz en el refugio de que Richard Baker, un destacado congresista republicano de Nueva Orleans, le había dicho a un grupo de presión: «Por fin hemos limpiado Nueva Orleans de los pisos de protección oficial. Nosotros no podíamos hacerlo, pero Dios sí».Joseph Canizaro, uno de los constructores más ricos de Nueva Orleans, también había expresado una opinión parecida: «Creo que podemos empezar de nuevo, pasando página. Y en esa página blanca tenemos grandes oportunidades».Durante toda la semana, por el parlamento estatal de Luisiana en Baton Rouge habían desfilado grupos de presión, y gente de toda ralea con influencias y ganas de aprovechar esas grandes oportunidades: menos impuestos, menos regulaciones, trabajadores con salarios más bajos y «una ciudad más pequeña y más segura», lo que en la práctica equivalía a eliminar los proyectos de pisos a precios asequibles y sustituirlos por promociones urbanísticas. Al escuchar frases y expresiones como «empezar de nuevo» y «pasar página», casi se le olvidaba a uno el hedor nocivo de los escombros, las mareas químicas y los restos humanos que se amontonaban a unos pocos kilómetros, en la autopista.”
    “…En el refugio, Jamar no podía pensar en otra cosa: «Para mí no tiene nada que ver con limpiar la ciudad. Lo que yo veo es un montón de gente del centro que ha muerto. Personas que no deberían estar muertas».”
    “Hablaba en voz baja, pero un hombre mayor que estaba en la cola, delante de nosotros, le oyó y se dio la vuelta como si le hubieran dado un latigazo: «¿Qué les pasa a esos tipejos de Baton Rouge? Esto no es una oportunidad. Es una maldita tragedia. ¿Están ciegos o qué?»
    Una madre con dos niños intervino: «No, no están ciegos. Son malvados. Tienen la vista perfectamente sana».
    Noam Chomsky, en su ensayo: Democracia y Mercados en el Nuevo Orden Mundial. Crisis Global Económica, refería:
    “Los principales factores que han conducido a la actual crisis económica global se entienden razonablemente bien. Uno es la globalización de la producción, que ha ofrecido a los empresarios el provocador prospecto de hacer retroceder las victorias en derechos humanos conquistadas por la gente trabajadora. La prensa empresarial francamente advierte a los mimados trabajadores occidentales» que tienen que abandonar sus «estilos de vida lujosos» y tales «rigideces del mercado» como seguridad del trabajo, pensiones, salud y seguridad laboral, y otras tonterías anacrónicas. Economistas enfatizan que el flujo laboral es difícil de estimar, pero ésta es una parte pequeña del problema. La amenaza es suficiente, para forzar a la gente a aceptar salarios más bajos, jornadas más largas, beneficios y seguridad reducidos y otras «inflexibilidades» de esta naturaleza. El fin de la Guerra Fría que retorna a la mayor parte de Europa del Este a su tradicional papel de servicio, pone nuevas armas en las manos de los dueños, como informa la prensa empresarial con irrestricto regocijo, General Motors y Volkswagen pueden desplazar la producción hacia un Tercer Mundo restaurado en el Este, donde pueden encontrar trabajadores a una fracción de los costos de los «mimados trabajadores occidentales», mientras se benefician con altas tarifas proteccionistas y demás amenidades que los «mercados libres realmente existentes» proveen para los ricos. Estados Unidos y Gran Bretaña conducen el proceso de pulverizar a los pobres y a la gente trabajadora, pero otros serán arrastrados, gracias a la integración global.”
    “Y mientras el ingreso familiar medio continúa su baja, aun bajo las condiciones de una recuperación lenta, la revista Fortune goza con malicia de las ganancias «deslumbrantes» de los Fortune 500, pese al «estancado» crecimiento de las ventas. La realidad de la «magra y mala era» es que el país está inundado en capital -pero en las manos correctas-. La desigualdad ha regresado a los niveles anteriores a la Segunda Guerra Mundial, si bien América Latina tiene la peor historia en el mundo, gracias a nuestra benevolente tutela. Como el Banco Mundial -entre otros- reconoce, una igualdad relativa y gastos para la salud y educación son factores significantes para el crecimiento económico (para no mencionar la calidad de vida). Pero aquél sigue actuando también, para incrementar la desigualdad y socavar el gasto social, en beneficio de los «intereses permanentes». Un segundo factor en la actual catástrofe del capitalismo de Estado que ha dejado una tercera parte de la población mundial virtualmente sin medios de subsistencia, es la gran explosión del capital financiero no regulado desde que el sistema de Bretton Woods fue desmantelado hace veinte años, con quizás un billón de dólares fluyendo diariamente. Su constitución ha cambiado también de manera radical. Antes de que el sistema fuera desmantelado por Richard Nixon, alrededor del 90% del capital en intercambios internacionales era para inversión y comercio, el 10% para especulación Alrededor de 1990, esos números se habían invertido. Un informe de la UNCTAD estima que el 95% se usa actualmente para la especulación. En 1978, cuando los efectos ya estaban a la vista, el premio Nobel en Economía, James Tobin, sugirió en su discurso presidencial a la Asociación Economistas Estadounidenses que deberían constituirse impuestos para desacelerar los flujos especulativos, que llevarían el mundo hacia una economía de escaso crecimiento, bajos salarios y altas ganancias. En la actualidad, este punto es ampliamente reconocido; un estudio dirigido por Paul Volcker, anterior jefe de la Reserva Federal, atribuye alrededor de la mitad de la desaceleración sustancial en el crecimiento económico desde los comienzos de los años setenta al incremento de la especulación. En general, el mundo está siendo movido hacia un tipo de modelo del Tercer Mundo, por una política deliberada de Estado y las corporaciones, con sectores de gran riqueza, una gran masa de miseria y una gran población superflua, desprovista de todo derecho porque no contribuye en nada a la generación de ganancias, el único valor humano. La surplus población tiene que ser mantenida ignorante, pero también debe ser controlada. Este problema es enfrentado de manera directa en los dominios del Tercer Mundo que han sido sometidos por mucho tiempo al control occidental, y, por lo tanto, reflejan los valores conductores con mayor claridad: mecanismos favorecidos incluyen el terror a gran escala, escuadrones de la muerte, la «limpieza social» y otros métodos de probada eficiencia. Aquí, el método favorito ha sido el de confinar a la gente superflua en guetos urbanos que crecientemente se parecen a campos de concentración. Si esto falla, van a las cárceles, que son la contraparte en una sociedad más rica, a los escuadrones de la muerte que nosotros entrenamos y apoyarnos en nuestros dominios. Bajo los entusiastas reaganistas del poder estatal, el número de presos en Estados Unidos casi se triplicó, dejando nuestros principales competidores, África del Sur y Rusia, muy atrás, -si bien Rusia acaba de alcanzamos, ya que empieza a dominar los valores de sus tutores estadounidenses. La «guerra de drogas», que es en gran medida fraudulenta, ha servido como un mecanismo principal para encarcelar a la población no deseada. Una nueva legislación penal debería facilitar el proceso, con sus procedimientos judiciales mucho más severos. Los nuevos y enormes gastos para prisiones también son bienvenidos como otro estímulo keynesiano a la economía. «Las empresas cobran», escribe el Wall Street Journal, reconociendo una nueva manera de ordeñar al publico en esta era «conservadora». Entre los afortunados se encuentran la industria de la construcción, consultorios legales, el floreciente y beneficioso complejo de cárceles privadas, «los nombres más elevados de las finanzas», tales como Goldman Sachs, Prudential y otros, «competiendo para asegurar la construcción de cárceles con bonds (obligaciones) privados, exentos de impuestos»; y, para no olvidarse «el establecimiento de defensa» (Westinghouse, etc.), «olfateando un nuevo campo de negocios» en la supervisión de alta tecnología y sistemas de control del tipo que Big Brother habría admirado’. No sorprende que el Contrato de Gingrich llama a la expansión de esta guerra contra los pobres. La guerra tiene como blanco primordial a los afro-estadounidenses; la estrecha correlación entre raza y clase hace el procedimiento simplemente más natural. Hombres negros son considerados como una población criminal, concluye el criminólogo William Chambliss, autor de muchos estudios, incluyendo la observación directa por parte de estudiantes y profesores en un proyecto con la policía de Washington. Esto no es exactamente correcto; se supone que los criminales tienen derechos constitucionales, pero como muestran los estudios de Chambliss y otros, esto no es verdad para las comunidades escogidas como puntos de mira, que son tratadas como una población bajo ocupación militar-. Los negros constituyen un blanco particularmente bien escogido porque están indefensos. Y la generación de miedo y odio es, por supuesto, un método estándar de control de la población, trátese de negros, judíos, homosexuales, reinas de la asistencia social o algún otro diablo designado. Éstas son las razones básicas, parece, para el crecimiento de lo que Chambliss llama «la industria de control del crimen». No es que el crimen no sea una amenaza real para la seguridad y la sobrevivencia; lo es y lo ha sido durante mucho tiempo. Pero no se enfrentan las causas; más bien, el crimen es explotado de diferentes maneras como un método de control de la población. En general, son los sectores más vulnerables, los que están siendo atacados. Los niños son otro blanco natural. El asunto ha sido tocado en varios estudios importantes, uno de ellos es un análisis de 1993 de la UNICEF, realizado por la reconocida economista estadounidense Silvia Ann Hewlett, llamado la negligencia para con niños en las sociedades ricas. Estudiando los últimos quince años, Hewlett encuentra una marcada división entre las sociedades angloamericanas y las de Europa continental y Japón. El modelo angloamericano, escribe Hewlett, es un «desastre» para niños y familias; el modelo europeo-japonés, en contraste, ha mejorado su situación considerablemente. Como otros, Hewlett, atribuye el «desastre» angloamericano a la preferencia ideológica para los «mercados libres». Pero ésta es sólo una verdad a medias, como he mencionado. Cualquier nombre que uno quisiera dar a la ideología reinante, es injusto manchar el buen nombre de «conservadurismo», aplicándolo a esta forma de estatismo reaccionario, violento y sin ley, con su desprecio hacia la democracia y los derechos humanos, y también a los mercados. Dejando a un lado las causas, no hay mucha duda sobre los efectos de lo que Hewlett llama «el espíritu anti-niños desatado en estas tierras», primordialmente Estados Unidos y Gran Bretaña. El «modelo angloamericano lleno de negligencia» ha privatizado en gran medida los servicios de atención a los niños, dejándolos fuera del alcance de la mayoría de la población. El resultado es un desastre para niños y familias, mientras que en el ‘modelo europeo que es mucho más asistencial», la política social ha reforzado los sistemas de apoyo para ellos. Una comisión de alto nivel de los Consejos Educativos de los estados y de la AMA ha recalcado que «nunca antes una generación de niños ha sido menos salubre, menos atendida o menos preparada para la vida que sus padres en la misma edad»; si bien es sólo en las sociedades angloamericanas, donde «un espíritu anti-niño y anti-familia» ha dominado durante quince años bajo la apariencia del «conservadurismo» y de los «valores familiares», un triunfo doctrinal que cualquier dictador admiraría. En parte, el desastre es simplemente un resultado de los salarios decrecientes. Para una gran parte de la población, ambos padres tienen que trabajar tiempo extra simplemente para proveer lo necesario. Y la eliminación de las «rigideces del mercado» significa que tienes que trabajar horas extras por salarios más bajos -si no, las consecuencias son imprevisibles-. El tiempo en que padres y niños están en contacto se ha reducido radicalmente. Hay un fuerte incremento en el uso de la televisión para la supervisión de los niños, niños encerrados, alcoholismo infantil y uso de drogas, criminalidad, violencia de y contra niños, y otros efectos evidentes sobre la salud, la educación y la capacidad de participar en una sociedad democrática -o, siquiera, la sobrevivencia-. Éstas no son, nuevamente, leyes de la naturaleza, pero sí políticas sociales conscientemente diseñadas con un objetivo particular: enriquecer a los Fortune 500 (los 500 más ricos que menciona la revista Fortune-H.D.), exactamente lo que sucede, mientras Gingrich y sus semejantes predican impunemente «valores familiares», con la ayuda de aquellos que la prensa obrera de] siglo XIX llamaba «el sacerdocio comprado». Algunas consecuencias de la guerra contra niños y familias, sí reciben gran atención, en una manera que es ilustradora. En las últimas semanas, importantes revistas han puesto amplia atención en nuevos libros preocupados con decrecientes coeficientes de inteligencia (IQ) y aprendizajes escolares. El New York Times Book Review dedicó un artículo desusualmente largo a este tópico, escrito por su redactor de ciencias, Macolm Browne, quien lo inicia con la advertencia de que gobiernos y sociedades que ignoren los tópicos tematizados por estos libros «lo harán a su propio riesgo». No hay ninguna mención del estudio de la UNICEF, y tampoco he visto ninguna reseña en otra parte -o de hecho- de cualquier estudio que se ocupara de la guerra contra los niños y familias en las sociedades angloamericanas. Entonces, ¿cuál es la pregunta que ignoramos a nuestro propio riesgo? Sucede que es bastante limitada: posiblemente el IQ es parcialmente heredado, y de manera más ominosa, vinculado a la raza, con negros que engendran como conejos y echan a perder la reserva genética. Quizás las madres negras no crían a sus niños porque se desarrollaron en el cálido pero altamente impredecible ambiente de África, sugiere uno de los autores de los libros reseñados. Ésta es ciencia verdadera, que ignoramos a nuestro propio peligro. Pero podemos, de hecho tenemos que ignorar las políticas sociales para los pobres y la protección estatal para los ricos -basadas en el mercado libre-, y el hecho, por ejemplo, de que en la ciudad donde aparecen estos materiales -que es la más rica en el mundo- el 40% de los niños vive debajo de la línea de pobreza, privado de la esperanza de escapar de la miseria e indigencia. ¿Podría esto tener algo que ver con el estado de los niños y sus logros? Podemos ignorar en seguida tales interrogantes -una decisión natural de los ricos y poderosos, dirigiéndose unos a los otros y buscando justificaciones para la guerra de clases que conducen y sus efectos humanos. No insultaré su inteligencia discutiendo los méritos científicos de estas contribuciones, habiéndole hecho en otros trabajos, como ya lo hicieron muchos otros. Éstas son algunas de las formas más feas de control de la población. En la variante más benigna, el populacho tiene que ser desviado hacia actividades no problemáticas por las grandes instituciones de propaganda, organizadas y dirigidas par la comunidad empresarial, medio-estadounidense, que dedica un enorme capital y energía para convertir a la gente en átomos de consumición y herramientas obedientes de producción (si tienen la suficiente suerte para encontrar trabajo) -aislados uno del otro-, carentes aun de una concepción de lo que una vida humana decente podría ser. Esto es importante. Sentimientos humanos normales tienen que ser aplastados. Son inconsistentes con una ideología acomodada a las necesidades del privilegio y poder, que celebra la ganancia privada como el valor humano supremo y niega los derechos de la gente más allá de lo que ésta puede salvar en el mercado laboral- aparte de los ricos-, que deben recibir una amplia protección por el Estado. Junto con la democracia, los mercados también son atacados. Aun dejando a un lado la masiva intervención estatal en Estados Unidos y en la economía internacional, la creciente concentración económica y el control de mercado ofrecen mecanismos infinitos para evadir y socavar la disciplina de mercado, una larga historia que no podemos abordar en este ensayo por razones de espacio. Para mencionar sólo un aspecto, alrededor del 40% del «comercio mundial» no es, realmente, comercio; consiste en operaciones internas de las corporaciones, gerenciadas de manera central por una mano altamente visible, con toda clase de mecanismos para socavar los mercados en beneficio de ganancia y poder. El sistema casi-mercantilista del capitalismo transnacional corporativo está lleno de las formas de conspiraciones de los dominantes, sobre las cuales advertía Adam Smith, para no hablar de la tradicional utilización y dependencia del poder estatal y del subsidio público. Un estudio de 1992 de la OECD concluye que la «competencia oligopólica y la interacción estratégica entre empresas y gobiernos, antes que la mano invisible de las fuerzas del mercado, condicionan en la actualidad las ventajas competitivas y la división internacional del trabajo en las industrias de alta tecnología», tales como agricultura, farmacéuticos, servicios y otras áreas importantes de la economía, en general. La gran mayoría de la población mundial, que está sujeta a la disciplina del mercado e inundada con odas a sus milagros, no debe escuchar esas palabras; y pocas veces las oye. Me temo que esto apenas toca la superficie. Es fácil de entender el estado de desesperación, ansiedad, falta de esperanza, enojo y temor que prevalece en el mundo, fuera de los sectores opulentos y privilegiados y del «sacerdocio comprado» que cantan alabanzas a nuestra magnificencia, una característica notable de nuestra «cultura contemporánea», si se puede pronunciar esta frase sin vergüenza. Hace 170 años, muy preocupado con el destino del experimento democrático, Thomas Jefferson hizo una distinción útil entre «aristócratas» y «demócratas». Los «aristócratas’ eran «quienes tienen temor y desconfianza en la gente y desean quitarles todos los poderes para ponerlos en manos de las clases altas». Los demócratas, en cambio, «se identifican con la gente, tienen confianza en ella, la elogian y la consideran el honesto y seguro depositario del interés público», si no siempre «los más sabios». Los aristócratas de sus días eran los protagonistas del naciente Estado capitalista, que Jefferson consideraba con mucha consternación, reconociendo la contradicción entre democracia y capitalismo, que es mucho más evidente en la actualidad, cuando tiranías privadas sin control adquieren un poder extraordinario sobre todos los aspectos de la vida. Como siempre en el pasado, uno puede escoger ser un demócrata en el sentido de Jefferson, o un aristócrata. El segundo camino ofrece ricas recompensas, dado el lugar de riqueza, privilegio y poder, y los fines que naturalmente busca. El otro sendero es uno de lucha, muchas veces de derrota, pero también de recompensas que no pueden ser imaginadas por aquellos que sucumben a lo que la prensa obrera denunciaba hace 150 años como «el Nuevo Espíritu de la Era»: «Gana riqueza, olvidando todo menos lo tuyo».
    “El mundo de hoy está lejos del mundo de Thomas Jefferson o de los trabajadores de mediados del siglo XIX. Pero, las alternativas que ofrece, no han cambiado en esencia.”
    Precisamente, estimada Mónica, el mayor problema es geopolítico. Los principales brazos ejecutores del poder mundial en las sombras, están a la espera de la ejecución del contrato.
    William Shakespeare, en su obra “El mercader de Venecia”, lo diría de esta manera:
    PORCIA.- Bien, este pagaré ha vencido sin ser pagado, y por las estipulaciones consignadas en él el judío puede legalmente reclamar una libra de carne, que tiene derecho a cortar lo más cerca del corazón de ese mercader. Sed compasivo, recibid tres veces el importe de la deuda; dejadme romper el pagaré.
    SHYLOCK.- Cuando haya sido abonado conforme a su tenor. Parece que sois un digno juez; conocéis la ley; vuestra exposición ha sido muy sólida. Os requiero, pues, en nombre de la ley, de la que sois una de las columnas más meritorias, a proceder a la sentencia. Juro por mi alma que no hay lengua humana que tenga bastante elocuencia para cambiar mi voluntad. Me atengo al contenido de mi contrato.
    ANTONIO.- Suplico al tribunal con todo mi corazón que tenga a bien dictar su fallo.
    PORCIA. – Pues bien; aquí está entonces. Os es preciso preparar vuestro pecho al cuchillo.
    SHYLOCK.- ¡Oh, noble juez! ¡Oh, excelente joven!
    PORCIA.- En efecto, el objeto de la ley y el fin que persigue están estrechamente en relación con la penalidad que este documento muestra que se puede reclamar.
    SHYLOCK.- Es muy verdad, ¡oh, juez sabio e íntegro! ¡Cuánto más viejo eres de lo que indica tu semblante!
    PORCIA.- En consecuencia, poned vuestro seno al desnudo.
    SHYLOCK.- Sí, su pecho; es lo que dice el pagaré, ¿no es así, noble juez? «El sitio más próximo al corazón», tales son los términos precisos.
    PORCIA.- Exactamente. ¿Hay aquí balanza para pesar la carne?
    SHYLOCK.- Tengo una dispuesta.
    PORCIA.- Shylock, ¿habéis tomado algún cirujano a vuestras expensas para vendar sus heridas, a fin de que no se desangre y muera?
    SHYLOCK.- ¿Está eso enunciado en el pagaré?
    PORCIA.- No está enunciado; pero ¿qué importa? Sería bueno que lo hicieseis por caridad.
    SHYLOCK.- ¡No veo por qué! ¡No está consignado en el pagaré!

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