Las ollas de la historia

Una forma nutritiva de resistencia a lo largo de más de un siglo

 

Corría diciembre de 1999. Junto a otrxs compañerxs fuimos armando las primeras ollas populares en plena Ciudad de Buenos Aires en los peores años de la crisis neoliberal. Escuchando las canciones del gran Daniel Viglietti, aprendimos que en las malas “cada niño un poco, todos tomarán, de la misma leche y del mismo pan”. [1]

 

Allá lejos y hace tiempo

La historia de las ollas populares acompaña la historia argentina y sus crisis económicas.

La olla popular tiene una fuerte simbología. En ella manyaron lxs inmigrantes que habitaron los conventillos de La Boca y San Telmo. En esas ollas también comieron los migrantes internos de la Villa Desocupación, “respaldándose unos a otros”.[2]

Con el tiempo, y viendo que la pobreza no se iba a terminar en el corto plazo, las ollas populares se fueron organizando. Primero fueron las sociedades de resistencia y de socorros mutuos; después las de fomento del conurbano bonaerense. Más tarde fue el turno de los sindicatos obreros que cumplían con el verdadero valor de la palabra compañero.

Posteriormente tomaron forma de peñas, clubes barriales, cooperadoras y organizaciones territoriales.

Las ollas populares germinaron como espacios de organización social, donde la población de bajos recursos, y a veces no tan bajos, se encontraba a socializar, charlar o resolver sus problemas más urgentes. A veces era el alimento, otras veces los servicios públicos, y más tarde las reivindicaciones políticas.

 

La reacción

Así fue hasta que la última dictadura militar mutiló la organización obrera y popular. A fuerza de 30.000 detenidxs-desaparecidxs y centros clandestinos de detención y tortura, mandaron a la gente a sus casas e impusieron un modelo económico que trajo consecuencias devastadoras para lxs trabajadorxs y el pueblo. Solo quedaron las asociaciones empresariales.

La bronca popular asomó tímidamente hacia finales de la década del ’70 para realizar las primeras ollas populares exigiendo Paz, Pan y Trabajo. También se encontraron en los vecinazos del conurbano sur de la Provincia de Buenos Aires para protestar contra los aumentos de las tasas municipales. [3]

Estas protestas, a pesar del miedo y la represión, fueron las primeras expresiones de una transición más política que económica. Se retomaba así el hilo de la historia popular.

 

Los ’80

De esta manera, en los primeros años de la recuperación democrática, con ollas mediante, surgieron las ocupaciones de tierra y las organizaciones territoriales. Pero, sin dudas, fue a fines de los ’80 cuando hizo su aparición más notoria.

La hiperinflación de Alfonsín mezcló desocupación y pobreza. Frente a esta desesperación, la autoorganización popular, esa que destruyó la dictadura, comenzaba a crecer desde abajo, como el fuego de la olla.

Ante la terrible situación socioeconómica, surgió una novedosa, terrible y peligrosa experiencia de supervivencia entre mayo y junio de 1989: los saqueos.

Estos sucesos dieron origen a un nuevo periodo de ollas populares. Lo conseguido se aportaba a esas ollas que se realizaban en capillas, plazas o sociedades de fomento. [4]

 

Y hoy…

Con el tiempo y la organización, las ollas se reconfiguraron en comedores populares. Se multiplicaron por todo el país durante la década infame neoliberal y hoy son millones de argentinxs que comen en esos espacios diariamente.

En diciembre del 2001 los comedores se multiplicaron. Y mientras algunxs ya comían en comedores, otras alertaron, con sus cacerolas vacías en plazas y esquinas, que la crisis era más profunda. Juntxs pidieron “que se vayan todos”.

Los piquetes se juntaron con las asambleas barriales. A los pobres que dejaron las anteriores crisis se le sumaron las víctimas del neoliberalismo privatizador. El 2001/2 se encontró así a una nueva generación que fue aprendiendo los valores de la solidaridad que otrxs memoriosos, como Pocho, Darío y Maxi, venían practicando desde hacía décadas.

Hoy miles de ciudadanxs revuelven esas ollas grandes y desgastadas. Lejos de las estadísticas, esos nadies, “que cuestan menos que la bala que los mata” [5], se organizan solidariamente en movimientos sociales.

Ahora son los gobiernos los que ponen los alimentos para que no se repita la rebelión del 2001.

Cuando usted lea esto, piense que en algún lugar del país hay un ciudadano prendiendo la garrafa y parando la olla. Algunxs están cortando el tomate y la cebolla. Otrxs ponen el tablón sobre los caballetes.

Los niñxs, copa de leche en mano, toman las clases de apoyo de matemática o lengua. Más tarde vendrán lxs vecinxs a recibir su siempre escasa porción de guiso de fideos, el pedacito de pan duro de la mañana y, tal vez, alguna fruta.

Y así, en comunión, practican la solidaridad e intentan resolver el problema de la alimentación; mientras los ricos, individualmente, multiplican sus ganancias.

No lo duden, cuando las políticas económicas de los gobiernos significan más pobreza, y profundizan sus políticas represivas, lejos de hacernos retroceder, nos hacen más fuertes y solidarixs.

La historia sin dudas la hacen los pueblos, a veces marchando, otras con ollas populares; pero siempre con organización. Así resistimos los embates de la oligarquía terrateniente, de la burguesía parasitaria y de los grandes grupos financieros.

Aprendimos a organizarnos y combatir la Ley de Residencia en los conventillos. Resistimos las topadoras cientos de veces en las villas. Doblegamos los caballos del Plan Conintes y los bastones incultos. Sufrimos la represión, la tortura y la muerte de miles de compañerxs; pero la solidaridad es nuestra huella y no nos la quitarán con globos amarillos inflados con deuda.

En fin, a ellos que piensan que la pobreza es un número en el presupuesto; a ellos que multiplican sus ganancias especulando con LEBACs y LELIQs; nosotrxs le respondemos con más unidad, solidaridad y lucha.

 

 

 

[1] Canción Gurisito. Visto en: https://www.musica.com/letras.asp?letra=2249115

[2] Para más información de este proceso se puede leer la novela “Villa miseria también es América” 
de Bernardo Verbitsky.

[3] Para más información ver: González Bombal, Inés. Los Vecinazos.las protestas barriales en el 
Gran Buenos Aires, 1982-83 IDES.

[4] Para más información ver: Neufeld, María Rosa y Cravino, María Cristina “Los saqueos y 
las ollas populares de 1989 en el Gran Buenos Aires. Pasado y presente de una experiencia formativa”.

[5] Poema Los Nadies de Eduardo Galeano. Visto en: http://www.losnadies.com/poem.html

2 Comentarios
  1. Javier Saggese dice

    Son peligrosas las ollas. A su alrededor se tejen lazos de empatía, de vecindad, de mirar al otro y a la otra y a le otre a los ojos, y reconocer el mismo hambre, la misma rabia u el mismo dolor.
    Huelen a revolución las ollas. Y a verdad. A esa verdad que nos quieren ocultar con topadoras, cuadernos y discursos grabados, pero que se les escapa cada vez que unas manos tienden un plato y otras manos lo llenan, y las miradas se cruzan por sobre el borde de la olla y se dicen que no, que así no, que con el hambre no sé jode y con la dignidad menos.
    Cuantas verdades gritan esas ollas que quieren callar. Cecilia Solá

  2. Esther dice

    Excelente reconto de la resitencia social frente al avance del imperialismo yanki que arrasa culturas americanas con políticas neoliberales que aplican la burguesía local. La.simbolización de la “olla” esconde más que comida o resitencia es la expresión de lucha de todes en un mismo caldo… todos revueltos, relacionandose uno con otros, sin mas que resistiendo a la opresión externa.

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