LAS PALABRAS PERFECTAS

Cuando la persona indicada conjura el texto adecuado, esa forma pura puede transformar la realidad

 

Existen pocas nociones más absolutas, más irreductibles, que la de la perfección. Una cosa perfecta no admite medias tintas: es la expresión excelsa y por ende inmodificable de una realidad, o bien de una idea. Por eso no forman parte de nuestro menú lingüístico formulaciones como medio perfecto, bastante perfecto o incluso más que perfecto: porque en sí misma la palabra es terminante y no acepta grises.

Una de las sorpresas que deparó Cristina en la Feria, durante la presentación del libro Sinceramente, fue que hablase desde un lugar inusual, por lo nuevo: aquel de autora. Muchos de sus comentarios revelaron hasta qué punto se había tomado en serio la tarea. El descubrimiento, por ejemplo, de que una cosa es lo que unx se propone al sentarse a escribir y otra muy distinta lo que termina ocurriendo. Un relato —ya sea ficcional o testimonial, como en este caso— es el fruto de un proceso orgánico: el autor o la autora lo ponen en marcha, pero nuestro control de la situación es relativo. Lo que resulta de ese proceso es apenas lo que pudimos hacer con lo que ocurrió. En algún sentido se parece a la vida, donde también hay diferencia entre lo que intentamos hacer y lo que nos sale. («Entre el movimiento y el acto / Cabe la Sombra», dice T. S. Eliot en Los hombres huecos.) Pero la ventaja del proceso creativo es que nos permite volver sobre nuestros pasos una y otra vez. Escribir es, ante todo, reescribir. La vida es pura transmisión en vivo y en directo: todo lo que pasa imprime, tanto aquello que nos salió bien como el error. El acto creativo, en cambio, nos permite poner pausa, dar un paso hacia atrás para contemplar lo hecho y corregirlo de ser necesario, hasta donde nos lo permita nuestro mix de talento y capacidad autocrítica.

Esta característica del proceso le regaló a Cristina un propósito que la experiencia en el mundo real tiende a dificultar: el de aspirar a la perfección. Escribir un texto largo supuso «la posibilidad de (perseguir) la palabra perfecta», dijo. Si tomamos por cierta la definición de la política como arte de lo posible, la escritura se le opondría por completo, en tanto arte de (pretender la perfección, y por ende) lo imposible. Escribir es crear una interfase entre lo real y el mundo de la pura abstracción: una forma pura, una representación que sin embargo cuestiona nuestro modo de ser en el mundo. Una de las palabras que repitió durante su discurso es la que subraya esta característica de la escritura: la de interpelar a cada lector/a, de enfrentarlx a un espejo virtual que le permita verse y ver si da con la talla que soñó cuando imaginaba su mejor versión.

 

 

En la cabeza de muchos de nosotros, el 9 de mayo se anticipaba como una velada perfecta: el reencuentro de la más notable política argentina de este tiempo con su gente, al calor del fenómeno editorial disparado por su libro, en el marco icónico del predio usurpado por una aristocracia que la considera su enemiga. Pero ya en horas tempranas el curso del día comenzó a torcerse. Primero fue el hecho de violencia en las inmediaciones del Congreso, sobre el cual los medios de lo que Rodolfo Walsh llamaba la cadena de desinformación se abalanzaron, felices de tener una excusa para hablar de algo que no fuese lo inevitable. Después fue la tormenta, que a la hora de la convocatoria había adquirido el carácter destemplado del aguacero. El taxista que me llevó hasta allí me dijo que la presentación se había suspendido, en signo de respeto ante el crimen del asesor del diputado. No sé si me lo dijo porque estaba mal informado o por mala leche, aunque me inclino a pensar que ambas opciones se habían organizado en combo. (Si hubiese tenido buena leche, me lo habría dicho cuando le indiqué el destino y no a una cuadra de Plaza Italia.) Alrededor de la Feria pululaban los vendedores, que se habían apurado a convertir la emergencia en oportunidad. Además de revitalizar la industria editorial por sí sola, Cristina le daba un espaldarazo a aquellxs que viven de los paraguas y los pilotines.

La cita era en la Sala Jorge Luis Borges; otra ironía deliciosa, que Cristina capitalizaría durante su alocución al convertir el clasismo del escritor en una bandera y transformar el insulto —Borges sostenía que los peronistas no eran ni buenos ni malos, sino incorregibles— en un mimo a sus seguidorxs. (¿Miraremos esa escena desde el futuro como el momento en que descubrimos que ya no nos alcanzaba con ser cabecitas negras, descamisados y choriplaneros y por eso nos colgamos la cucarda —estábamos en la Rural, después de todo— de incorregibles? ¿O acaso no suena, Los Incorregibles, como el nombre perfecto para una agrupación nueva u otro millar de unidades básicas?) Adentro, los salpicados concurrentes éramos la expresión viviente de la amplitud de la convocatoria: legisladorxs, intendentxs, gobernadorxs, gremialistas, artistas, periodistas, Madres y Abuelas, académicxs, economistas, empresarios… Para ingresar a la sala había que atravesar la cortina de agua que se desprendía del alero sobre la entrada, un improvisado rito bautismal.

 

 

El deseo que circulaba era claro: todo el mundo ansiaba que Cristina anunciase su candidatura con palabras flamígeras, que arengase al pueblo sublevado que había acudido a verla y que nos condujese a la Rosada desde la Rural, como la Libertad de Delacroix. Pero por supuesto, eso no ocurriría. Cristina es demasiado inteligente — es la única estadista con que contamos. Tenía claro que lo mejor que podía hacer era desafiar las expectativas de propios y ajenos, y a la manera de las valijitas Juliana con que mis hijas jugaban durante los ’90 (Juliana Doctora, Juliana Periodista, Juliana Veterinaria — por aquel entonces no sabíamos de Juliana Dueña de Talleres Clandestinos), probarse la piel de un nuevo personaje: Cristina Escritora.

 

 

La de la perfección es una noción absoluta, que no conoce compromisos. Por eso tendemos a olvidar cuán relativo es su valor: para que algo que parecía ordinario resulte perfecto, lo único que hace falta es que se verifique en el lugar, la circunstancia y el momento adecuados. Porque cada instante demanda una perfección diferente. Y a todas luces, Cristina Escritora entendió qué perfección demandaba esa hora —la hora de publicar su libro, la hora de presentarlo— mejor que nadie.

Por eso no hizo lo que todos, tanto amigos como enemigos, esperaban que hiciera. No retorció compulsivamente el micrófono, no alzó la voz, no dijo lo que se pretendía que dijese con las palabras que querían poner en su boca y no dio un discurso prolongado. Más bien actuó con la calma y deliberación de quien ya ha escrito (y reescrito) esa escena en su cabeza, desde la más fina comprensión del arco del personaje.

Lo que Cristina hizo fue proponer un código nuevo, otra forma de lectura. Donde no sólo importa lo que en efecto dice —como suele ocurrir en materia política, que tiende al subrayado del panfleto—, sino también cómo lo dice y hasta lo que calla. (Lo que los escritores definimos como estilo.) Y a medida que la oía entendí que en efecto estaba planteando todo lo que había que plantear —todo lo que cabía decir—, sólo que a partir de la aparente ambigüedad que caracteriza a la literatura.

Fíjense lo que hizo. A quién mencionó, aceptándolo dentro del redil. El modo en que demolió la imagen pública del oficialismo como Gran Inquisidor de los Planeros, demostrando que nadie depende de los planes más que ellos y del peor modo: convirtiendo a la población a la que han dejado a la intemperie en adicta a sus limosnas. (La ministra Stanley es lo más parecido que conozco a la Susanita de Quino en versión adulta. Esa que soñaba con banquetes en los que habría «pollo y pavo y lechón y todo eso», con los cuales recaudar fondos para «comprar a los pobres harina y sémola y fideos y esas porquerías que comen ellos».) Presten atención al rescate que hizo del empresario Ber Gelbard, que murió en el ’77 y sobre quien tantos argentinos lo desconocían todo. (Desde esa noche hasta hoy, si googleás la palabra José el sistema te tira como primera opción Ber Gelbard, lo cual revela que la inteligencia artificial responde a la frecuencia de las búsquedas sobre esa persona.)

Pero, ante todo, lo esencial fue la mención al Perón del 12 de junio del ’74. Sobre la cual volvió de forma deliberada, para subrayar que no se refería al Perón del 12 de junio por la tarde, aquel que recordamos a partir de su mención a la más maravillosa música, sino al Perón claro y concreto de la mañana, durante la cual había planteado un ultimátum. (Cristina Escritora remitía, como hacemos todos los que creamos libros, a otros textos que proporcionan la clave adecuada de lectura.)

 

 

Me refiero a aquel discurso en el que Perón dijo: «No hay que olvidar que los enemigos están preocupados por nuestras conquistas, no por nuestros problemas. Ellos se dan cuenta de que hemos nacionalizado los resortes básicos de la economía y que seguiremos en esa tarea sin fobia, pero hasta no dejar ningún engranaje decisivo en manos extranjeras». Aquel en que denunció que algunos de los firmantes del acuerdo que se había refrendado poco tiempo atrás entre «los trabajadores, los empresarios y el Estado» no estaban cumpliendo con su compromiso. Aquel en el que dijo que «el 80 ó 90 por ciento de las cosas que se andan diciendo por ahí son inventadas por los profesionales de la acción psicológica». Pero, ante todo, aquel durante el cual dijo: «Cuando acepté gobernar, lo hice pensando en que podría ser útil al país, aunque ello me implicaba un gran sacrificio personal. Pero si llego a percibir el menor indicio que haga inútil ese sacrificio, no titubearé un instante en dejar este lugar».

Y ahí entendí todo. Mediante un flashback. Que me remitió al ’73. Mi memoria es más porosa que un colador, pero el recuerdo de esa escena es fotográfico: estábamos en el living de la casa del Turco Silva, mi tío postizo, a quien todavía adoro. La televisión sonaba en algún lado, los adultos hablaban de la situación nacional —en aquel tiempo, a mis once años, yo tenía menos feeling por la política que Pedrito Rico—, y entonces mi vieja pasó delante del espejo oval yendo o viniendo de la cocina y pronunció la frase que se me quedó grabada. Hablo de mi vieja, sí, gorila e hija y hermana y prima y sobrina de gorilas, que al considerar el inminente regreso al país del tipo de casi 80 después del largo exilio europeo, se cuestionó sinceramente: ¿Para qué va a volver, si no es porque pretende hacer las cosas bien?

La que habló desde la Sala Borges de la Feria del Libro fue la Cristina Escritora que procesó sus influencias y sus lecturas y reescribió su papel para producir el eco adecuado, la intertextualidad necesaria. Por eso invocó a aquel otro estadista que aceptó volver al ruedo con «gran sacrificio personal» y consiguió borronear la frontera entre peronistas y gorilas para ganar las elecciones con el 62 % —el 62%— de los votos. Parafraseando los Evangelios, la peli de Mignogna sobre Evita y la canción de Nebbia: quien quiera oír y leer, que oiga y lea.

Por eso me fui contento. Porque me convencí de que Cristina Escritora había pronunciado, en efecto, las palabras perfectas. (Perfectas para este momento. Perfectas para esta circunstancia.) Porque entendí que cuando la persona indicada conjura el texto adecuado —el texto escrito y publicado, el texto dicho, el texto rescatado del olvido, como el mencionado discurso de Perón—, esa forma pura interpela al mundo real y lo empuja en dirección a la perfección anhelada, demandándole lo imposible.

Y también porque confirmó, dicho sea de paso, lo que vengo diciendo hace rato, tanto a través de textos como por la radio: en este mundo de hoy los mejores escritores, tanto afuera (pienso en Jennifer Egan, en Lorrie Moore, en Rachel Kushner, en Karen Russell, en Dana Spiotta, en Karen Atkinson — por mencionar apenas seis entre miles) como acá (pienso en Enríquez, Schweblin, Piñeiro, Cabezón Cámara, Guerriero y seguirían las firmas hasta el amanecer), son escritoras, che.

Y están cambiando el mundo para mejor, de a un libro por vez. Sinceramente.

 

 

53 Comentarios
  1. VÍCTOR dice

    NOTABLE¡¡¡¡

  2. Sebastian dice

    Hola marcelo, soy Sebas y te escribo desde Barcelona. Estoy leyendo el libro tuyo y del indio. son las 0:24 y esta lloviendo bastante(cosa rara en Barcelona) mientras me acompaña la lluvia estoy en la página 228 y quería preguntarte, lo siento que sea por aquí, pues no tengo otro medio para hacerlo. La casa de lito, están seguros vos y el indio que era en ese barrio? Pues nada. Quiza nunca me contestes pero vale la pena preguntar. Abrazo grande marce y gracias por estar de este lado de la mecha.

  3. Laura dice

    Muy buena nota, Marcelo.
    Pones es palabras cosas que intuía pero vos las interpretas y plasmas de una manera muy creativa y política.

  4. Marcelo Fernández dice

    Por los incorregibles que debiéramos corregir desde lo vivido y aprendido. Mas y mejor ’73, mas y mejor 2003. Volver mejores, porque necesitamos mas. Por lo menos la mitad mas uno. Gracias Marcelo, valoro el Cohete. Lo necesitamos volviendo a la tierra mas o menos en octubre. Esta vez con Cristina no alcanza. Vamos x la mitad mas ella. Abrazo.

  5. Ernesto Oscar dice

    Estimado Marcelo, no sé si Cristina es perfecta, pero es lo más cercano a la perfección en mis 85 años. En inteligencia, belleza, voluntad, coraje, resistencia, honestidad, y en todas las cualidades que se pueden considerar en una persona. Gracias por escribir.

  6. Luis Juan dice

    Estimado Marcelo:
    Reconociendo que, por lejos, fue el mejor gobierno que supimos conseguir (teniendo en cuenta circunstancias mundiales, mentalidades nativas y límites que impone el poder real, el verdadero e internacional), en algún comentario a este prestigioso medio -a pesar de reconocer que era la única opositora real-, sostenía que resultaba injusto exigirle que vuelva a exponerse a una cacería brutal a contramano de una cruzada regional de poderes demasiados grandes e impiadosos cuando de sus intereses se trata.
    La referencia a esos poderes, no es elucubraciones de teorías conspirativas, parte de lo que fueron capaces de hacer está documentado expresamente desde los años ´50 a la fecha.
    Me parecía estratégicamente mejor -dado que el odio no cedía lo suficiente y los medios de desinformación continuaban en su arremetida-, que se mantuviera como el ícono de referencia, la memoria de que otra cosa fue posible, el símbolo de la esperanza.
    Que luego de un gobierno de transición, cuando un 80% de la población la pidiera a gritos y estuviera dispuesta a hacer realidad aquel eslogan: “…si la tocan a Cristina, que quilombo se va a armar…”, aún exponiendo sus cuerpos a la ira del poder; entonces, y sólo entonces, le podríamos exigir el último sacrificio, pidiéndole además, que por favor, desde el primer día tenga decidido al mejor de los mejores para continuar con la tarea, para que nadie tenga dudas -especialmente los propios- que las políticas de Estado se continuarán y profundizarán en su ausencia. Eso sí que no revele ese nombre hasta que sea oportuno, porque si no, le podría pasar lo que a Boudou.
    De su exquisita pluma surge la revelación de la incógnita. Cristina será candidata y, en efecto, también quedó claro cuales serán las condiciones bajo las cuales se presentará, el curso que dará a su gobierno y la puesta a disposición de su renuncia si el contrato social no se cumple.
    Como coincido con usted cuando se refiere a una “estadista” y, sinceramente, lo creo desde hace demasiado tiempo -a pesar de mis ideales de izquierda-, no puedo sugerirle a ella lo que sabe analizar infinitamente mejor que nosotros.
    Por tanto, Gracias Cristina, porque Tristeza Nao Tem Fim

  7. Ph1 dice

    «If you see a bandwagon, it’s too late.» James Goldsmith

    Así es. Ya hay muchos candidatos para la Secretaría de Cultura, Derechos Humanos, INCAA, etc. De cualquier manera, vale la pena intentarlo, isn’t it?

  8. EugeGati dice

    No lo conocía Sr Marcelo. Soy poco conocedora de tantas cosas todavía. Muy buen artículo. No estuve en la presentación, la ví por TV ..y me emocioné. Orgullosa por aquellas palabras y por esos rostros amorosos y esperanzados de los paneos entre la gente afuera (circunspectos los de adentro). Los que no la quieren y no leyeron ni leerán el libro..van a imaginar su contenido.. tomarán las frases de las cadenas organizadas. Sin embargo, no tienen que quererla, sólo ver hacia dónde nos están llevando y hacia dónde no queremos ir. En el fondo saben que ella puede….aunque no es perfecta.

  9. Graciela dice

    Gracias. Realmente es una nota hermosa, que me emociono profundamente. Marina te agradece por poner en palabras lo que ella vivió estando ahí y yo que no estuve ,te agradezco que me des esta visión que me hace estar en ese lugar..en ese encuentro un poco mágico una vez mas con Cristina y con todos los que bajo la lluvia torrencial y sin ella vamos volviendo…volviendonos mejores.

  10. JOSE dice

    sos crack.,,,, y cuando hablas de la N° 1 te sale mejor….

  11. mercedes dice

    Brillante nota, Marcelo.

  12. Adriana dice

    Me encantó la reflexión. Sinceramente

    1. Ernesto dice

      Plenamente identificado con tus palabras, como buen cristinista psiquiátrico…

  13. CECILIA BARBAT dice

    excelente tu analisis marcelo….muchas gracias……

  14. Nene Bustamante dice

    CRISTINA sera considerada la mejor estadista de todos los tiempos, por que supo y sabe como lograr el equilibrio social con el concepto de inclusión para nuestro pueblo, para que lo mismo invada la patria grande por que no también los continentes, con igual fuerza e inspiración que nuestra querida EVITA, a través de la » justicia social » en franca coherencia con la visión de nuestro indiscutido líder JUAN DOMINGO PERON.

  15. Sergio dice

    Cautivante el titulo, necesarias palabras para describir lo que uno trata de entender. Gracias por hacerme disfrutar de su inteligencia.

  16. Sergio Gustavo Mendez dice

    Hermoso texto te diría…perfectas palabras, «Sinceramente» gracias por el momento que tengo y tuve con tus palabras gracias.

  17. Cristián de la Lastra dice

    Muy buena nota.

  18. Marta (Cuca) Rapoport dice

    Querido maestro, aunque estaba segura de encontrarte en lugar cercano a Cristina, no quise adelantarme a felicitarte. Coincido con vos que ella es la única estadista, que es la escritora perfecta. Maneja los tiempos ,
    estudia planes, se mueve con gracia entre papeles ininteligibles, elige quién quiere a su lado, es valiente.
    Vos, Marcelo, un escritor admirable que la entiende, que es fiel a principios que pueden sacarnos de la chatura.
    El peligro es que si se unen las corrientes de pensamiento de ella y tuyos se genera una energía tal q haga hervir las subparticulas de las neuronas de los conciudadanos.
    Cómo me tenes acostumbrada, te agradezco la luz.

  19. María José dice

    Hola Marcelo, te acordás cuando Lady Macbeth le pedía a los cielos que «no hubiera distancia entre el deseo y el acto!» ? Era el mal, sin atajos y lo contrario a la vida, como vos decís, hermoso comentario.

    1. Marcelo Figueras dice

      Tenés razón, se me había olvidado… ¡Gracias por recordármelo!

  20. Cristina dice

    Muy buena nota Felicitaciones!!!

  21. Ricardo Alberto Comeglio dice

    Marcelo: La perfección es una de las mayores disruptivas cuando analizamos «palabras», porque la subjetividad es inevitable en cualquier tema que traten los humanos. No hay nada objetivo en ningún estamento ideológico dado que es emitido por un sujeto, lo que impide la objetividad per sé.
    Tan es así que se dice que Dios es perfecto y que su obra también lo es y sin embargo vemos que esa obra perfecta está plagada de imperfecciones a las que se les intenta dotar de cualidades de perfección sólo para mantener aquella apreciación de la perfección divina.
    Entiendo que del título del libro podría surgir esa utópica consideración de perfección, ya que si fue escrito con sinceridad, si su contenido es sincero con la verdad y su lectura se hace desde ese preconcepto, entonces se podría lograr el círculo perfecto que cubra al autor, la obra y el lector, poniéndolos a los tres frente a la realidad y que esa realidad se descubra por todos como la idéntica a la que cada uno consideró como tal antes de este libro.
    «Sinceramente» es una perfecta forma de encontrar la realidad perdida, de reencontrarse con lo que la vida fue para cada uno de nosotros en esos años y, también, para confirmar el odio de los que no quieren que así haya sido porque creyeron que ocurrió de otra forma. A lo mejor algunos de estos últimos pueden encontrar la punta del engaño al que fueron llevados y así volver a creer que lo vivido con Cristina sí les pasó y les pasó porque hubieron muchos que hicieron cosas para que así ocurriera.
    Ojalá «Sinceramente» repare el corazón de muchos odiadores. Con eso estaría más que bueno y sería, entonces sí, «perfecto».

    1. Ph1 dice

      Coincido. Creo que la noción de Flaubert (le mot juste) es más apropiada. La objetividad es el más subjetivo de los conceptos. Leí el libro, vi la presentación y sentí que «Parece mentira», de Homero Manzi y Francisco Canaro, cantado a los 98 años por Nelly Omar, a la intemperie del invierno puntano, con 6 grados de temperatura y sin ayudas electrónicas, con el micrófono a salvo de la lluvia de «gotículas de Flugge» era lo más ajustado a lo que estaba viendo. Para todos y para todas:

  22. lucy sartori dice

    Escuchar el discurso y entender lo conceptual. Ir mas alla. Donde ella fue para entender y hacernos entender. Gracias Marcelo

  23. Ph1 dice

    Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
    hoy llega al fondo de mi alma el sol,
    hoy la he visto…, la he visto y me ha mirado…
    ¡hoy creo en Dios!

    Gustavo Adolfo Bécquer

  24. Atilio dice

    Exquisita, como la «E» mayúscula en escritora.

  25. María Elena Castro dice

    Me lo recomendó mi compa y no se equivocó. El artículo es impecable. Nada más que agradecer.

  26. Myriam dice

    Respecto de lo que pasó el 12 de junio de 1974, muchas personas se quedaron en bola. Pero, era una charla para la Feria del Libro. A quienes estaban afuera les impulsa la pasión no el espanto. Supongo y quiero que busque qué paso en aquella fecha, cuando yo tenía 22 años y militaba. Gracias Marcelo.

    1. CARLOS HÉCTOR dice

      Myriam, el autor de esta nota, cita un párrafo de lo que dijo Perón, aquella mañana.

    2. VÍCTOR dice

      Myriam….yo tenía 20….fuí un imberbe….ahora también porque no entiendo nada….más allá de estrategias….
      Abrazo

  27. Alicia dice

    Perfecta la nota! como las palabras de Cristina. Gracias y avanti morocha!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  28. Alicia dice

    Que bello leerte!… Que amorosa y perfecta presentación de la presentación.

  29. Susana Asselle dice

    Las tuyas también hoy en Córdoba, palabras perfectas. Gracias

    1. Susana Rolon dice

      Que hermoso py agradable texto, entendible, reconforta los oidos escuchar algo asi, teniamos la pesadilla de solo escuchar las informaciones con un lexico burdo .gracias y comencemos a pensar con alegria

  30. Cristina Rivada dice

    Excelente Marcelo, placer enorme leer tú nota. Fuerte abrazo,

    Cristina

  31. Norma dice

    Estupenda nota, como siempre un placer leerte. Muchas gracias

    1. Alicia dice

      Excelente nota! Qué gusto leer aquellas palabras que expresan lo que sentí y lo que siento al leer el Libro de Cristina. Estuve ahí el 9 y creo que nunca antes ese lugar fue invadido por tanto Amor.

  32. Cristina dice

    Excelente nota.

  33. Mauro dice

    Ésta nota es perfecta.

    «Los incorregibles»

  34. Silvia H García dice

    La revolución de las mujeres / La revolución de las hijas al decir de LUCIANA PEKER. Brillante y preciso tu análisis, SINCERAMENTE vino activamente a interpelarnos .

  35. Oscar dice

    Excelente Marcelo.Con ella,mejores,VOLVEREMOS!

  36. Ana Maria Llois dice

    Me encantó

  37. Paco dice

    Guauuu….

  38. Daniel Gonella dice

    Grande Marcelo! Solo se te pasó Andruetto! Será porque no vive en Baires?

  39. claudio dice

    muy cerca entonces de lo perfecto tu nota……

  40. M dice

    La nota es exquisita.

  41. Elvira Romera dice

    Nota entrañable de algo maravilloso en tiempos tan oscuros…

  42. Marina dice

    Estuve en la Borges. Gracias por poner eso que pasó ahí en palabras. Perfectas. Y te pregunto algo ridículo: eras paciente del doctor Mohr o es un mito de mi infancia?

    1. Marcelo Figueras dice

      ¡Sí, me atendía Alejandro! ¿A vos también?

  43. Beatriz dice

    Qué hermosa nota , Marcelo. Te felicito.

    Beso,

    Beatriz

    1. Carlos Rojas dice

      Impecable análisis

  44. Pato dice

    O dejan de joder o nos hacemos todas tortas!

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