Posiciones éticas de Alberto

¿Será Fernández quien ejerza el liderazgo global que pidió a gritos Yuval Noah Hahari?

 

Miramos con justificada desconfianza a cada gran crisis económica que se avecina. Aprendimos que ellas son grandes crupieres barajando y repartiendo las cartas del sistema, y que, como enseñó Naomi Kleim, las crisis son aprovechadas políticamente para polarizar aún más las diferencias económico-sociales. Es que mientras el pueblo se aboca a sobrevivir, confía y delega en quienes gobiernan, pudiendo ellos implementar políticas impopulares que en contextos regulares generarían resistencia.

Pero no es lo mismo un río revuelto que el Estado deja librado a pescadores con “mediomundos” y redes de extensión, que si el Estado limita la temporada de pesca, regula el tamaño de los anzuelos y controla el precio de la carnada. Por ello según cómo se pare cada Estado frente a esta pandemia (esto es: el cómo se controla, regula y organiza la sociedad y la economía en el contexto pandémico), promoverá diferentes valores y metas culturales consecuentes con cada posicionamiento, y sembrará prácticas sociales que desalienten o promuevan el abuso y la apatía.

Como ya sabemos, nuestro Presidente privilegió el cuidado de la salud de toda la población, reduciendo a la mayoría de nosotros a nuestras casas y sacándonos de nuestros lugares habituales de producción y servicios, distribuyendo los recursos para sostener la economía en pos de la estrategia epidemiológica, una nueva versión de la económica “con la gente adentro”. Esto no significa “frenar” la economía, sino más bien reorientarla priorizando la producción ligada a la emergencia socio-sanitaria, y redistribuyendo estratégicamente.

¿Es indistinto para una población que su Presidente priorice la salud reorientando la economía que si elige no intervenir en la economía?

Dejemos de lado los efectos en la salud y el sistema sanitario y centrémonos en si aquella elección por “la salud”, promueve o no ciertos valores por sobre otros y ciertas formas o modos de relacionarnos.

Klein sostiene: “Si estás en un sistema que sabés que no cuida de la gente y no distribuye los recursos de forma equitativa, entonces la parte que acapara de vos se reforzará”. El Presidente que opte por no intervenir la economía promoverá con su ejemplo actitudes egoístas.

Reluce casi como obviedad que quien no se compromete con la atención universal de la salud, en un país con sistema de atención sanitaria privada, deja libradas las vidas humanas a las lógicas del mercado, sabiendo que tendrán mayor posibilidad de atención quienes tengan seguros médicos. Incluso sabiendo que más allá de la atención, muchos de los “incluidos” van a morir, pero lo importante no son esas vidas, sino que la economía de mercado siga en pie.

Como podrán imaginar, la reproducción social de cada estrategia reviste diferentes complejidades y dificultades, porque la opción por la salud requiere de un trabajo de construcción colectiva, mientras que la prioridad por la economía requiere simplemente de un laissez faire intrínseco al sistema neoliberal.

Entonces, para lograr la viabilidad de nuestra opción como país se requiere del esfuerzo de todxs nosotrxs, de nuestra solidaridad, de nuestra empatía, del cumplimiento de normas de cooperación, y de la constante decisión de anteponer el bienestar general por sobre los intereses individuales. Pues, ¿de qué vale que el Presidente opte por priorizar nuestra salud si luego todos actuamos de manera egoísta no cumpliendo con las medidas de prevención? De nada.

Ahora bien, tenemos el enorme desafío de actuar colectivamente sin la posibilidad de contacto físico en pleno aislamiento social, lo cual parece casi un oxímoron. Debemos entonces acercarnos, sin hacerlo físicamente, y al hacerlo que sea para un relacionamiento constructivo y empático, solidario, no para romper los lazos sociales que con la restricción de acercamiento físico parecen fragilizarse.

“El desafío será entonces el de diseñar estrategias que puedan permitir que el necesario distanciamiento físico no se transforme en aislamiento social” dice Daniel Feierstein, y como suele suceder, da en el clavo.

Bajándolo al ruedo, el cuidado comunitario de la salud necesita como práctica el cuidado del otrx, un cuidado no sólo indirecto —cuidándonos a nosotros mismos—, sino más bien un cuidado directo y concreto sobre el otre, tendiendo lazos sociales y, por qué no, hasta afectivos. Es pensar en cómo compartir y ayudar a tus vecinos y a las personas que son más vulnerables, y actuar en consecuencia. Es hacerles el mandado, es el hablar con ellxs de balcón a balcón o telefónicamente, es contener al que flaquea, etc. Creo que si nos proponemos como tarea que cada unx de nosotrxs sepa el nombre de 5 vecinxs que antes de la pandemia no conocía, habremos dado un gran paso. Para los pequeños poblados esto resultará insignificante, pero en las grandes ciudades, que es en donde más circula el virus, llegar a conocer a tus vecinxs y ser solidarios con ellxs es todo un acto revolucionario.

 

 

 

Alberto for export

Pero nuestro Presidente no se quedó en un posicionamiento nacional, de cabotaje, sino que en su reunión virtual del G-20 instó a la conformación de un Fondo Mundial de Emergencia Humanitaria “que sirva para enfrentar, mejor equipados de insumos, el contexto que vivimos”. Habló de terminar con los bloqueos a países y de la necesidad de «un gran Pacto de Solidaridad Global”. Y resaltó que de esta pandemia «nadie se salva solo».

¿Será Fernández quien ejerza el liderazgo global que pidió a gritos Yuval Noah Hahari en su artículo publicado por el Financial Times?

El historiador israelí plantea una dicotomía –desde el plano de la geopolítica— entre las soluciones para terminar con la pandemia que proponen un aislamiento nacionalista y las que plantean la solidaridad global.

Para el pensador, la crisis económica afectará a todo el mundo por lo que la única salida es un plan global basado en la confianza y cooperación en los distintos países.

Y Hahari nos trae buenos ejemplos en su artículo, como es el compartir la información: «China puede enseñarle a Estados Unidos muchas lecciones valiosas sobre el coronavirus y cómo lidiar con él. Lo que un médico italiano descubre en Milán por la mañana bien podría salvar vidas en Teherán por la noche».

Otro ejemplo de colaboración trasnacional es el esfuerzo común para la producción y distribución de equipo médico, especialmente los test de detección y los equipamientos de respiración, como también la colaboración del personal médico: «Los países menos afectados ahora podrían enviar personal médico a las regiones más afectadas del mundo, tanto para ayudarlos en momentos de necesidad como para adquirir una experiencia valiosa. Si más adelante el foco de la epidemia cambia, la ayuda podría comenzar a fluir en la dirección opuesta». (Algunos ex funcionarios del anterior gobierno nacional deberían tomar nota de este punto y no tildar de espías a los médicos cubanos que siempre viajaron por el mundo para curar.)

Por último, «la cooperación mundial también es vital en el frente económico. Dada la naturaleza global de la economía y de las cadenas de suministro, si cada gobierno hace lo suyo sin tener en cuenta a los demás, el resultado será el caos y una crisis cada vez más profunda. Necesitamos un plan de acción mundial, y lo necesitamos rápidamente».

Esta nueva crisis, como ocurrió en 2008, vuelve a demostrar que la economía capitalista fracasa para estos contextos. Ello lo vemos reflejado en la división internacional del trabajo. El mundo globalizado ubicó sus industrias según un esquema de ventajas comparativas, sin tener en cuenta escenarios con cierre de fronteras. Por ejemplo la fabricación de mascarillas, igual que la de tantos otros productos, se externalizó a China, por lo que ahora escasean en Europa mientras en Asia su uso es generalizado. Una demostración más para nosotros como país que evidencia lo indefensos que podemos ser si asumimos exclusivamente el rol de “granero del mundo” y dejamos de producir todo lo esencial para vivir.

El desafío es claro, según Gerardo Pisarello: “Maximizar el aislamiento durante la cuarentena mientras se establecen las bases de una economía orientada a proteger la vida de manera sostenible en el tiempo. Algo para lo que hace falta atender las urgencias actuales, pero también mantener la mirada en el ecosistema productivo, comercial, energético, del día después”.

Ojala Zizek tenga razón y el coronavirus se presente como una oportunidad para tomar conciencia y reinventarnos, porque la mejor prevención de las próximas crisis será el surgimiento de una economía más social, más cooperativa, ecologista, que priorice lo público, y que esté al servicio de cuidarnos a todxs. Hacia allí parece estar yendo el capitán Beto.

 

 

 

 

* Abogado de derechos humanos

 

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