Las preguntas de la Pandemia

Voces de intelectuales sobre los efectos que generó a nivel mundial el avance del Covid-19

 

La editorial Grupo Editorial Sur (GES) acaba de publicar un libro que es en realidad el primer cuaderno que edita en papel la revista digital La Tecla Eñe: Desafíos de pandemia. Compendio de distintas escrituras que su director Conrado Yasenza seleccionó entre las que se publicaron –digitalmente– durante 2020. Los artículos versan sobre los distintos tópicos acerca de la pandemia de coronavirus que azota al planeta.

Recordemos que La [email protected] Eñe es una revista digital creada en 2001. Su director/editor, Conrado Yasenza, es un periodista, docente y poeta que desde entonces convoca e invita a la reflexión, al debate y a incidir sobre aspectos de la realidad política y social local, con una mirada que trasciende hacia el plano global.

Por allí desfilan un elenco estable de intelectuales de diversas proveniencias: desde Dora Barrancos, Luis Bruschstein, pasando por Estela Grassi, Hernán Brienza, Angelina Uzin Olleros, Eduardo Rinesi, Ricardo Rouvier etc, etc; y sus cuatro jinetes cardinales: Ricardo Forster, Raúl Zaffaroni, Jorge Alemán y el recientemente fallecido Horacio González, quien en los últimos tiempos había elegido a La Tecla Eñe como uno de sus habituales tribunas de reflexión. Capítulo aparte merecería la consideración del texto seleccionado de Horacio González en el libro, uno de los más lúcidos de la publicación, titulado “La pandemia: memoria del presente”, y en el que, a propósito de su destino, se podría sospechar alguna cuestión vinculada a la clarividencia (la suya, por supuesto).

La generosidad de Yasenza para convocar/difundir escrituras de diverso pelaje es algo que queda a la vista no sólo por la edición de este libro sino en ese día a día, en el que las redes reproducen los ensayos que colecta incidiendo sobre la coyuntura nacional, incitando a la provocación y sirviendo como permanente caja de herramientas que permiten entender la realidad.

El libro, en todo caso, es el resultado de un recorte de aquellas notas bajo cierto orden conceptual o línea subterránea, que se desliza ante las mil complejidades que trajo aparejado el virus.

 

Sopa de Whan

Desde que se declaró la pandemia, intelectuales de la talla de Giorgio Agamben, Franco Bifo Berardi, Slavoj Zizek, Jean Luc Nancy, Judith Butler, Alan Badiou, Byun-Chun Han, etc, han sido algunos de los referentes que se han expresado sobre los efectos del coronavirus en el capitalismo y el porvenir (todos esos textos fueron recopilados aquí en la revista Sopa de Whan, de la Editorial ASPO.

Desde la órbita intelectual local aquellos ensayos fueron receptados entre paréntesis, no sólo porque fueron pensados desde/para la centralidad (y no desde la complejidad de estos parajes), sino –además– porque muchos advirtieron que esas concepciones tenían fallas o –acaso– no avizoraron problemas que recién ahora estamos viendo.

Me refiero a la discusión sobre los primeros textos de Giorgio Agamben sobre “la invención de una epidemia”, o “El coronavirus es un golpe al capitalismo” de Sizek. Hay quienes creyeron ver cumplidas sus teorías y terminaron cayendo más en una demostración de apresuramiento que un análisis cuidadoso de un fenómeno que muta hacia formas insospechadas (Jorge Aleman y Horacio González retoman en sus artículos estas polémicas).

Como bien se señala en el libro, es el Estado (como eterno campo de disputa) que se reconfigura en el momento pandémico y adopta la forma del poder de excepción, que no necesariamente es –al menos en nuestro caso– sino la manera de salvar vidas, ampliando los dispositivos de cuidado, sanitaristas y de contención (Experiencia del desastre, Claudio Véliz).

El decisionismo por motivos razonables y proporcionados (la cuarentena) no supone la suspensión de los derechos básicos, y los poderes de excepción no tienen que devenir en autoritarismo (todos los países han adoptado restricciones/protocolos ante la pandemia, algunos más, otros menos, y con eso se han salvado vidas).

Como bien dice Ricardo Aronskid en su artículo, no hay gobernabilidad posible sin autoridad política frente al problema de la salud pública; es decir, sin colocarse como Estado frente a los intereses privados, garantizando la viabilidad social, sanitaria y económica, sin pararse como mendicante en ningún tema (algo que últimamente, a la luz de sus fallos, nuestra Corte Suprema no parece haber entendido).

La cuestión parece estar en los equilibrios y en las compensaciones (donde el Estado es central a la hora de distribuir esas cargas) en un momento en el que los que tienen mejores condiciones ante la situación, aseguran y aumentan esos privilegios. Pues, si hay algo que surge en todos los artículos y en lo que todos parecen estar de acuerdo es la brecha que deja el Covid-19: un mundo donde los pobres son más pobres y ricos cada vez más ricos.

Ante esa brecha surge la pregunta por la forma que debe asumir el Estado, el llamado a la fraternidad de la que habla Rubén Dri citando Fratelli tutti. Los privilegiados deben ceder. Es la construcción de un sujeto ético, atento al cuidado de los otros, de los débiles. Al decir de Zaffaroni, un nuevo tipo de Estado neo-providente, montado sobre las ruinas del derruido Estado de Bienestar (en esto último, Hernán Brienza).

 

Libertad, control y ASPO

Una de las preguntas del libro es: ¿Por qué suponer que el rol del Estado al asumir su autoridad firme ante la peste (la cuestión de emergencia social, sanitaria y preventiva) puede convertirse en un dispositivo de control poblacional asimilable al fascismo?

El peronismo es un hecho complejo que descoloca categorías para pensar el virus desde otras latitudes. Me refiero a la forma que aquí adopta el Estado. Me refiero a la impronta de Ramón Carrillo en las políticas sanitaristas. Hay categorías foráneas que terminan siendo lineales y funcionan cual fórceps a la situación política local (El Peronismo y la Peste, Jorge Giles).

Así, cuando la derecha usa las formas de la denuncia de la izquierda para rechazar/banalizar la palabra dictadura (infectadura) en los protocolos y graduación de la ASPO. La derecha que siempre ejerció el fascismo, ahora denuncia un fascismo en la prevención.

A riesgo de las vidas que se pierden en el camino, la derecha hace su juego discursivo y teatral. Pues una cosa es el Estado panóptico, concentracionario, policial, y otra muy distinta es el que nace para cuidar vidas o neutralizar los costos sociales de la pandemia (a propósito de este punto, el filósofo Byun-Chun Han ha pretendido ver que el modelo exitoso de control y contención chino del Covid-19 es el resultado del Big Dada; sin reconocer que esos mismos mecanismos son los que usualmente utiliza, con otras sutilezas, el mundo occidental para mantener un control de cuerpos y subjetividades. El mejor ejemplo es Cambridge Analytica utilizando el algoritmo de las redes para cometer fraudes en diversos países, como en la Argentina).

Aun cuando la (neo) derecha planetaria aceche de igual modo, aquí y allá, gracias a la globalización, en este lado del mundo golpea a través de mecanismos a los que ya nos tienen acostumbrados: totalitarismo financiero (neocolonial) que no renuncia a nada y pretende no reducir sus deudas, grupos mediáticos que lavan cerebros, mafias judiciales que ejercen el law fare.

Son los reservistas del odio y el miedo: el gauchito terraplanista, el anticuarentena, los antivacunas de estas pampas (la situación tardocolonial, Raúl Zaffaroni). Y un gobierno (peronista) nacido del agotamiento de las políticas neoliberales más ortodoxas, que en este difícil contexto trata de ser piloto de tormentas mientras es acicateado por esos poderes facticos bajo la excusa de la pérdida de libertades públicas y el supuesto autoritarismo en la gestión de la pandemia (la crítica a los modos de gestión de la pandemia será utilizada para captar votos en las próximas elecciones de medio término).

 

Interfaz entre lo animal y humano (las formas del biopoder)

El problema de “la libertad” es central en el libro. Como también la discusión en torno al biopoder y su alcance; aquel concepto acuñado por Michel Foucault que más parece acercarse al origen político de los virus y el control de la vida misma a través de poderes cada vez más sofisticados que limitan la capacidad de resistencia vital (el artículo de Ricardo Forster).

Nada se escapa al poder, porque el coronavirus ha salido de algún tipo de ensayo o devastación planetaria, en el que la naturaleza nos está cobrando el estrago (“la pandemia como contraataque de la madre tierra contra un tipo de humanidad que la amenaza”, Leonardo Boff, dixit).

En la base del Covid-19, esa interfaz (dislocada) entre lo humano y animal que, como caja de pandora, desata la peste y cambia las condiciones dentro de las cuales las enfermedades evolucionan. La mutación de la vida producto de un sistema económico, productivo y biotecnológico (Forster). Una forma de administrar el aire que respiramos (Kaufman).

Es el concepto de vida aquello que aquí está en juego (la apropiación de la vida por la tecnología y sus juegos de alquimia). De allí la importancia de discutir las formas de liberación de la vida de esas asociaciones instrumentales que la manipulan y terminan generando estragos. El virus como máquina de captura capitalista, y cada forma vital –Deleuzianamente– una máquina de guerra que debe ir un paso más allá para generar anticuerpos y resistencia (la lucha contante entre mutación del virus y la geopolítica de las vacunas).

Por eso debe entenderse el rol que –como dijimos más arriba– le cabe al Estado como compensador del “dejar vivir y dejar morir”. Pues en ese “tamaño de las preguntas” en el que estamos, el desafío sería buscar un concepto de libertad vitalista (libertad positiva, de vivir en comunidad) que nos permita diferenciarnos del republicanismo ramplón, que solo pide libertad para seguir gozando y acumulando riquezas, a costa de los que sufren y pierden en el reparto (Deconstruir la libertad republicana, Angelina Olleros).

 

¿El nacimiento de nuevas subjetividades durante la pandemia?

Aquí aparece el debate sobre las nuevas subjetividades y su control. El impacto de las tecnologías como plataformas meet, zoom, skype, y los modos de relacionarse de un trabajo remoto, inmaterial, la pérdida de la experiencia y el contacto humano.

¿En qué punto estamos en términos de subjetividad? (Las dos pandemias, Fernando Fabris).

El mundo de nuestros dispositivos ha cambiado la relación con el afuera y con nosotros mismos (las formas de la intimidad). Ya no es igual o nada será igual en el tipo de socialización y el contacto de uno con los demás (los artículos de Fernando Alfón y Esteban Rodríguez Alzueta sirven para pensar este aspecto). El grado de desolación existencial que ha dejado la pandemia parece marcar un punto de no retorno que nos lleva a pensar en todo tipo de distopías.

Sin embargo, no parece ser el fin del capitalismo ni mucho menos. Una vez más, la reconversión y la reinvención de ese sistema tan bien descripto por Marx en el siglo XIX exponen la apropiación del problema. El capitalismo ha aprendido rápido del virus y sus consecuencias, por eso se renueva apropiándose de cada una de sus resistencias y subjetividades. Aquellos que sobrevivan a este contexto se la tendrán que ver con otras velocidades y dimensiones del poder sobre la vida (biológica, social y ambiental). Inventar nuevas formas de resistir.

Por eso, el tamaño de las preguntas. La pregunta leninista: ¿Qué hacer? retorna al panorama (apocalíptico) como desafío central y esperanza. Revitalizar la esperanza.

Como bien señala Luis Bruschstein (Pospandemia) “el ser humano tiene una enorme capacidad para recomponerse. La epidemia desarrolla un juego que favorece al que tiene más resto (…) La recomposición Pospandemia implicará redoblar la solidaridad activa, física, la lucha contra las injusticias… Encontrarse con uno mismo será en este caso encontrarse con los demás”.

 

Nuevas preguntas, nuevas respuestas

Seguramente para fines de 2021 tengamos nuevas preguntas y nuevas respuestas sobre la pandemia. La continuidad del debate, ante nuevos hechos en esta trama del virus. De hecho La [email protected] Eñe ha seguido juntando voces y recalienta los motores para la edición de otro cuaderno que compendie hacia nuevos interrogantes: la geopolítica de la vacunación. Pandemia, Big data y fake news. Desgaste a los gobiernos populares en la gestión de la pandemia. Las nuevas variantes del virus. La conectividad asimétrica. El fin de la era Trump y el repliegue-despliegue de las nuevas derechas. La cifra y dimensión real de las muertes. La distribución de los daños y la dimensión de una posible catástrofe.

En definitiva, un libro imprescindible para mantener la guardia alta, ejercitar el pensamiento, la crítica y avizorar las formas del porvenir.

 

Conrado Yasenza, compilador.

 

Desafíos en Pandemia

Diversos autores

Compilador: Conrado Yasenza

Editor: Grupo Editorial Sur

Se puede obtener aquí.

 

 

 

 

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