Las revolucionarias del desierto

La historia de Sultana Khaya y las mujeres saharauis que luchan por la liberación nacional

“No temo a la muerte si es por la dignidad y libertad de mi pueblo”.

Sultana Khaya, presa política saharaui

 

El 13 de noviembre de 2020 el ejército marroquí reprimió a civiles saharauis en el paso del Guerguerat, al sur del territorio del Sahara Occidental, ocupado por Marruecos desde 1975. Ese acto acabó con el alto el fuego firmado en 1991 a instancias de Naciones Unidas. El Frente Popular por la Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro (Polisario), la organización que lucha por la plena independencia de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), decidió entonces retomar la lucha armada.

Apenas cinco días después Sultana Khaya, presidenta de la Liga Saharaui para la Defensa de los Derechos Humanos y en Contra del Expolio de los Recursos Naturales, regresó de España, donde se encontraba realizando estudios médicos. Al llegar a Bojador, su ciudad, fue detenida por la policía marroquí. “Me llevaron a la comisaría donde fui sometida a todo tipo de humillaciones, cosas que no puedo ni nombrar, fui acosada sexualmente, fue la humillación en su máxima expresión”, relata en diálogo con este medio, en su primera entrevista para América Latina.

Al día siguiente la liberaron. Sin embargo, al llegar a su casa la encontró “convertida en un cuartel militar”. Vehículos policiales y del ejército de ocupación cerraban las calles y la vivienda estaba completamente rodeada. “Comencé a protestar en ese momento y los agentes marroquíes entraron con brutalidad, mi anciana madre fue golpeada en la cabeza y cayó al suelo”, recuerda. La ambulancia tardó en llegar debido al cerco policial. Pero cuando Sultana quiso ir al hospital un gendarme se le acercó y le dijo que no podía salir.

Desde ese día se encuentra en una prisión domiciliaria ilegal, ya que no hay ninguna orden judicial que sostenga su detención. Desde ese día también ha sufrido la represión constante de las fuerzas de seguridad de Marruecos. Y desde ese día, no ha dejado de luchar y denunciar el colonialismo al que es sometido su país.

Durante los diez meses que lleva detenida Sultana ha sido agredida varias veces. Por la noche cortan la electricidad e ingresan a su casa para violentarla, arrojar químicos y destrozar el mobiliario. Sin embargo, cada día sube a la terraza de su hogar y ondea la bandera saharaui como símbolo de resistencia.

 

 

Sultana Khaya en la terraza de su hogar en Bojador, Sahara Occidental ocupado, donde está bajo arresto domiciliario.

 

 

“Hemos sufrido la tortura física y psicológica, la violación sexual y todo tipo represión de forma diaria a manos de las fuerzas de ocupación marroquíes”, relató a través de audios de WhatsApp desde su hogar donde además no puede recibir ningún tipo de visita. “A quien vemos y con quién convivimos de forma diaria es a los agentes marroquíes que rodean la casa, abres la ventana y allí están nuestros violadores, que comienzan a lanzarnos líquidos tóxicos”, agrega.

En uno de los últimos ataques -que sucedió luego de esta entrevista—, los marroquíes obligaron a Sultana y su hermana Luaara a inhalar una sustancia líquida. Días después se confirmó que ambas tienen Covid-19 y aunque su estado es grave no les permiten recibir atención médica.

 

 

 

La complicidad internacional

La grave situación de Sultana ha sido denunciada de manera sistemática por grupos de solidaridad con el pueblo Saharaui en todo el mundo y hasta por Amnistía Internacional. Incluso en julio Mary Lawlor, relatora especial de la ONU sobre la situación de los defensores de los Derechos Humanos, redactó un informe en el que mencionó el caso de Sultana e instó “al Gobierno de Marruecos a dejar de atacar a los defensores de DDHH y a los periodistas y a crear un ambiente en el que puedan realizar dicho trabajo sin miedo a represalias».

Pero más allá de algunos medios de comunicación del mundo árabe y otros tantos españoles, el caso se mantiene prácticamente invisibilizado. Es que la complicidad de Naciones Unidas y, sobre todo, de la Unión Europea con la ocupación marroquí es muy grande.

En 1991, tras 16 años de guerra entre el Frente Polisario y Marruecos, se llegó a un acuerdo y se declaró un alto al fuego. Asimismo se estableció que se realizaría un referéndum por la autodeterminación donde el pueblo saharaui podría decidir sobre su independencia y se instaló la Misión de las Naciones Unidas para el referéndum en el Sahara Occidental (MINURSO).

 

Sede de la MINURSO en Al Aaiún, capital del Sahara Occidental ocupado.

 

 

No obstante, la monarquía marroquí ha bloqueado desde entonces la realización del acuerdo rechazando los padrones de personas habilitadas para votar. Tanto España, que para el derecho internacional sigue siendo de iure la potencia administradora del territorio, como Francia -antigua metrópoli de Marruecos- han actuado en connivencia con el país ocupante.

París ha logrado incluso algo único, gracias a su poder veto en el Consejo de Seguridad, la MINURSO es la única misión de la ONU que no está obligada a velar por los derechos humanos. Es por eso que en los diez meses de detención ilegal de Sultana, ni un solo miembro de esa organización se acercó a visitarla.

El gobierno de Marruecos se ha aprovechado de esta situación. “Busca proteger el statu quo porque le permite ocupar el territorio, la parte atlántica, seguir aumentando sus colonos y la explotación de los recursos sin ningún tipo de control ni impedimento”, detalló semanas atrás el ministro de Educación de la RASD, Omar Mansur, en diálogo con Reunión Podcast. Y añadió que “Naciones Unidas se quedan ahí simplemente como una presencia testimonial que no tiene absolutamente ningún tipo de papel”.

 

 

 

Breve historia del Sahara Occidental

En el marco del reparto de África por parte de las potencias europeas a fines del siglo XIX, una España golpeada por la independencia de sus colonias americanas reclamó en 1884 el territorio continental ubicado frente a las Islas Canarias. El mismo era habitado por distintas tribus beduinas que hablaban el árabe hassani (o Hassania, el idioma oficial de los saharauis) y practicaban el islam.

No obstante, no fue hasta la década de 1950 que la metrópoli comenzó a interesarse seriamente en la región con el objetivo de explotar sus yacimientos de fosfato y sus bancos pesqueros. Por eso, a pesar de que la ONU lo consideraba un territorio pendiente de descolonización, en 1961 la dictadura de Francisco Franco le dio a las regiones de Saguía el Hamra y Río de Oro el estatus de provincia española.

En paralelo, en el año 1956 acabó el protectorado de Francia sobre Marruecos y este país obtuvo su plena independencia. Inmediatamente la monarquía comenzó a esbozar su proyecto del “Gran Marruecos” que incluía la incorporación del Sahara Occidental, parte del Sahara argelino y también Mauritania.

A fines de la década de 1960 comenzaron a surgir los primeros grupos nacionalistas saharauis y en 1973 se fundó finalmente el Frente Polisario para luchar contra España por la independencia.

En 1975, con Franco en su lecho de muerte, Madrid pactó con Marruecos y Mauritania -a espaldas de los saharauis- su retirada del territorio que se concretó en febrero de 1976. Despegándose así de sus responsabilidades como potencia administradora encargada de garantizar el proceso de descolonización mediante la realización de un referéndum, tal como se había comprometido ante la ONU.

El Frente Polisario proclamó entonces la república, sin embargo Marruecos por el norte y Mauritania por el sur, invadieron el país con el objetivo de repartirse el territorio.

Así comenzó un conflicto que persiste hasta hoy. Si bien en 1979 el Polisario derrotó a las tropas mauritanas que se retiraron y reconocieron oficialmente a la RASD, la lucha continuó contra Rabat.

Durante la década de 1980 Marruecos construyó un muro de más de 2700 kilómetros para separar la zona ocupada de los territorios liberados y contener los ataques del grupo insurgente.

 

 

 

 

 

 

Las mujeres saharauis y la liberación nacional

Cuando ingresaron al Sahara Occidental en 1975 las fuerzas armadas marroquíes llevaron a cabo crímenes de lesa humanidad asesinando, torturando y atacando con armas químicas al pueblo saharaui. Muchos marcharon al exilio y en Tinduf, al oeste de Argelia, comenzaron la construcción de los campamentos de refugiados. Con la mayoría de los varones combatiendo contra Marruecos, fueron las mujeres las responsables de erigir el nuevo Estado.

“Durante los últimos 46 años que lleva el pueblo sahariano luchando por su libertad, las mujeres han desarrollado y siguen desarrollando la gestión de los campamentos de refugiados que crearon de la nada en un momento tan difícil como es el éxodo frente a una invasión militar”, reconstruye Jadiyetu El Mohtar, subdelegada saharaui en la Comunidad de Madrid y miembro de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS).

Entrevistada por este medio explicó que han sido ellas las que crearon “escuelas, guarderías y centros sanitarios”, lo que les ha permitido “formar parte del proyecto político por la liberación e independencia del Sahara Occidental en el marco de múltiples estrategias pacificadoras que han supuesto un modelo de gestión y supervivencia de gran interés en los estudios e investigaciones de los grandes organismos que trabajan por la sobre la paz y el feminismo”.

Es que a diferencia de otras sociedades, para el pueblo saharaui el respeto a las mujeres es considerado fundamental. Si bien existen hechos de violencia como en todas las culturas, es duramente castigada la violencia intrafamiliar.

“Considero que la mujer saharaui es un ejemplo para el mundo, porque supo sobrevivir y resistir a condiciones muy difíciles, hay muchas mujeres que hoy están en primera fila de lucha y resistencia, pero también hay muchas otras que murieron bajo tortura, en carceles marroquíes”, recuerda Sultana. Y asegura que en las zonas ocupadas es la mujer saharaui “la primera en salir a manifestarse contra el ocupante marroquí, es la primera que alza las banderas saharauis en las calles aún sabiendo que puede ser detenida, secuestrada, torturada, violada o asesinada”. “La mujer saharaui además de ser víctima directa de la ocupación también es la madre del preso, del mártir, del herido, es quien crió a generaciones en esta lucha contra toda adversidad”, añade.

 

 

 

 

Más allá de que no todas las mujeres organizadas se definen como feministas, su rol objetivo en la lucha de su pueblo las ha empoderado y les ha dado lugares de responsabilidad crucial. “La participación de las mujeres saharauis cuestiona algunas tesis clásicas sobre nacionalismos y género que se han elaborado sobre cómo son condicionadas y disciplinadas desde las propuestas nacionalistas”, reflexiona Jadiyetu. Y afirma que “las saharauis, con su participación social y política, han desarrollado plataformas con las que se han roto moldes” y han generado una “interacción entre lucha de liberación y género” que ha resultado muy positiva.

“Nos ha permitido participar de una plataforma de defensa contra la opresión colonial, contra la ocupación marroquí y al mismo tiempo crear las bases de una verdadera emancipación desde una perspectiva de género en unas condiciones excepcionales y que se plasma en la participación activa en todos los estamentos del Frente Polisario y en las estructuras de la RASD a través del Parlamento o el gobierno”, completa.

 

 

 

Patria o muerte

La reanudación del conflicto del Sahara Occidental en noviembre del 2020 le permitió al Frente Polisario retomar la iniciativa en la lucha por la liberación nacional, luego de 29 años donde incluso su liderazgo estuvo en juego. Toda una generación de jóvenes que creció bajo el alto el fuego y con la promesa del referéndum que nunca se llevó a cabo, comenzó a presionar a sus dirigentes.

La agresión de Marruecos en El Guerguerat fue la gota que rebalsó el vaso. Por eso desde entonces los enfrentamientos se han reanudado. “Cuando se dio esa acción, inmediatamente el 90% de los jóvenes se abalanzaron sobre las regiones militares a meterse en el combate contra Marruecos”, recuerda Mansur.

Jadiyetu coincide y señala que la juventud “se ha sentido frustrada y más que eso, engañada por la comunidad internacional”, provocando “mucho hartazgo”. Por eso se instaló el reclamo del retorno a las armas “como instrumento legítimo para recuperar el territorio”.

Ese espíritu que se vive en los campos de refugiados y el territorio liberado tiene su expresión en la zona ocupada por Marruecos. Y es Sultana Khaya hoy la principal exponente de ese sentimiento al señalar que “mientras tenga consciencia”, seguirá “resistiendo hasta la libertad o hasta perder la vida”. Y concluye: “La voluntad es inquebrantable, y mi voluntad, la de mi hermana Luaara y la de nuestro pueblo, es llegar a liberar toda nuestra tierra, porque quien no tiene una tierra libre, no tiene dignidad”.

 

 

 

 

 

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