Le jour de gloire est arrivé!

Francia, un campeón sin brillo pero consistente

Francia fue un justo campeón. No será un equipo de época ni una referencia perdurable donde copiarse en los próximos años, pero fue un campeón consistente. Fue un equipo camaleónico, capaz de soportar el dominio de su adversario de turno tanto como de hacerse del control de juego cuando fuera necesario. Fuerte en las áreas, versátil en el mediocampo y demoledor en ataque.

Croacia fue un rival grande, lleno de sueños y energías, además de tres o cuatro jugadores en un nivel altísimo. Hace tiempo que no aparece un equipo tan rebelde y bravo. Tener que remontar un partido, disimular la inferioridad, lejos de acomplejar a Croacia, lo estimulaban a la proeza. Y cuando el partido estaba en campo emocional, le compitió a Francia de igual a igual, no solo con carácter y determinación, sino con fútbol. Si Francia y Bélgica fueron los dos mejores de la Copa, Croacia fue el más emocionante y mereció los aplausos de pie con los que dejó el estadio luego de colgarse la medalla de subcampeón.

Como en todo el torneo, Francia ganó en las áreas y encarriló primero el resultado y después el trámite. El rumbo de la final estaba sellado de no ser por Lloris que puso algo de incertidumbre con el único error que cometió en todo el certamen. Allí Pogbá, N´Zonzi, y especialmente Griezmann, se hicieron cargo del partido, mientras Varane cabeceaba todo lo que caía en su área, evitando exponer la desconfianza de su arquero. El partido se consumió como Francia quiso, sin mayores sobresaltos.

En el balance, fue un campeón un poco conservador en función de la calidad disponible, pero Deschamps buscaba desde hacía tiempo la regularidad, y finalmente la encontró resignando brillo. La riqueza individual de un plantel sobresaliente, en muchas ocasiones quedó a la sombra del interés colectivo. El símbolo de esa fórmula fue Antoine Griezmann. Él “jugó peor” para que su equipo jugara mejor. Griezmann resumió en sí mismo el espíritu de Francia. Que una estrella deponga algo de vanidad, no es tan frecuente, pero el delantero del Atlético Madrid está habituado a hacer concesiones individuales en su club, y quedó demostrado como nunca en este Mundial.

Tener un plantel con muchos grandes jugadores no siempre asegura un equipo confiable. Desde hace 3 o 4 años Francia se insinuaba como una potencia de nombres, pero con un equipo irregular. Deschamps, que además de conocer al jugador francés como pocos, tiene parte de su formación en la Juventus, “italianizó” a su selección en el plano defensivo. Nadie que pasa por el fútbol italiano sale igual que cuando llegó. En el centro de la defensa, aseguró el juego aéreo con Varane y Umtiti y lo robusteció por delante de ellos con un mediocentro como Kanté, al mejor estilo Makelele, Wilmar Barrios o el Tolo Gallego. Un viejo 5 tapón, táctico, obrero de jornada completa, atlético y sencillo.

Con ese blindaje, los laterales entonces pudieron volar, y Pogbá conducir entre Kanté y Griezmann, hasta llegar al último tercio con la promesa de una ofensiva temible con Mbappé. Giroud, que tantas veces pareció un interruptor de la fluidez del juego, estaba para otra cosa, tanto que se fue sin goles del Mundial. Al plan de juego del campeón se le pueden hacer un puñado de observaciones, pero tuvo un rasgo predominante que lo hizo fuerte y estable:  la convicción de que la simplicidad era el camino más corto para ser confiables. Y lo consiguió.

Francia no tiene una escuela tan reconocible como Holanda, Alemania o Italia, ni siquiera como España. El fútbol francés mezcla defensa con ataque, protagonismo con repliegue, pelota parada con fantasías… Nada muy exagerado, nada en cantidad. Desde hace más de 20 años Francia hizo de la mezcla su receta. Clairefontaine, su academia de fútbol, fue una coctelera de inmigrantes, hijos de inmigrantes, religiones, razas diversas y procedencias variadas. En un país agitado por estos factores, el fútbol estuvo a la vanguardia. Algunas veces, el resultado fue un vestuario explosivo e indomable como en Sudáfrica 2010 y otras, como ahora, un plantel rico, formado, unido, y campeón.