LETRAS ANDINAS CON ESTILO PROPIO

Seis cuentos de Liliana Colanzi reflejan varios mundos a partir de una marca latinoamericana

 

Más que nuevos aires, un saludable ventarrón refresca a la narrativa latinoamericana, mientras academia y mercado intentan improvisar clasificaciones destinadas a encorsetar una movida que se resiste a ser marketinizada como mercadería exótica. El intento apuntó por el lado de lo barroco, el terror, cierto folk y, por fortuna, fracasó. Sirve no obstante a fin de situar los prejuicios etnocéntricos del amague, que envía a la selva irracional todo aquello que le es lejano y le resulta ajeno. Un punto medio sería referir en la lejanía al género fantástico, aunque presentado a pinceladas esporádicas para encubrir una imaginería popular capturada por la literatura. Construcción que —bien lo saben aquellos publicistas— no vende en los shoppings, pero garpa. Una vez más, calidad mata cantidad.

Es el caso de Liliana Colanzi (Bolivia, 1981), quien con los seis cuentos de Ustedes brillan en lo oscuro, se alzó con la séptima edición del Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, prestigioso certamen español a salvo del circuito de autobombo con que curran las multinacionales del papel impreso para promocionar a sus autores mediante concursos truchísimos. Pues ni la temática ni la escritura de Colanzi calzan dentro de los parámetros de la literatura gondolera. Locación, geografía y tiempos cronológicos para la autora boliviana constituyen personajes unitarios sobre los cuales transcurre la acción más o menos azarosa de seres que en algunas oportunidades se aproximan al humano. O, más bien, resultan reconocibles por su intensa humanidad, muy por encima de los rasgos observables.

 

La autora, Liliana Colanzi.

 

En “La cueva”, apertura del libro, durante menos de quince páginas se despliegan nueve capitulitos, cada uno de los cuales se sitúa en un tiempo distinto, de la recreación prehistórica en la que el parentesco y aún el lenguaje no se encuentran aún delineados, hasta un futuro mutante y mutado en que se dialoga en inclusivo básico, la decadencia consiste en mirar el pasado y los orificios corporales cuentan con ventosas. Es la caverna horadada por la naturaleza en la montaña la que deja contar su historia, la de distintos elementos vivos o latentes, animales o minerales, habitantes seculares, de todos modos esporádicos dentro de un espectro donde lo constante son larvas y esporas. Las glorias, lujurias y tragedias humanas circulan apenas al modo de ingredientes para un caldo geológico que la literatura torna parlante. Hallazgo o recreación, la estructura de esta primera historia de historias marca la tónica de todo el volumen, que bien puede ser leído en esas claves. (Y a quien afirme que Ustedes brillan… está armado como mamushkas, una dentro de otra, hay que surtirlo sin asco.)

Cuidadosa de los recursos, Colanzi se priva de reiterarlos. Conserva la multiplicidad tanto como el anclaje en la referencia concreta. Así como para el primer relato en algún momento se encarga de señalar que la cueva protagónica existe y está en el estado de Oaxaca, México, en el segundo cuento, “Atomito”, otorga las coordenadas suficientes para que aún el despistado se entere que se trata esa ciudad andina con una amplia barriada popular convertida de ciudad, El Alto, y otro cajetilla, la ciudad de Abajo, sede del poder, la represión oligárquica y la amenaza radiactiva. Enfrentamiento, resistencia cultural y violencia desatada llevan de inmediato a las jornadas de 2019 con el golpe de Estado que derrocó a Evo Morales. Sin que tal circunstancia histórica quede estampada en momento alguno, ni siquiera se mencione, el despliegue metonímico entre aquellos acontecimientos políticos y la exquisita, desopilante poética, es de un entrecruzamiento tan poderoso que soporta una trama adolescente alternada, reconfigurada sobre si misma, de prioridad intercambiada entre ambos registros. Omnipresente, el altiplano resurge en cada párrafo en función de agente dinámico de una atmósfera en la que la montaña deja de ser estática, como se disfraza para el ojo pérfido occidental, el del colonizador. Tampoco la autora se amilana en revelar el truco: la catapulta de la historia es un cuadro del siglo XVIII “que muestra a la Virgen en forma de montaña, que era la manera como los pintores indígenas se la ingeniaban para esconder el culto a la Pachamama en la iconografía cristiana”. Velado entre nubes y rayos que emanan del aura sacra, se intuyen “los contornos de un niño vestido con una capa flotante color azul cielo”. Ambientalismo al modo de consigna política y al mismo tiempo metáfora de lucha contra un poder criminal, se ocultan tras la mostración, vericueto nada novedoso por cierto aunque dotado de un virtuosismo renovador. Por chispazos, guiño e ironía latinoamericanos disuelven fronteras: “¡Volveré y seré neutrinos!”

 

 

El Alto, Bolivia.

 

 

Una deuda imposible de saldar transporta la acción a Manaos, la capital amazónica, donde la selva susurra en portuñol y el río esconde un pez cuyo miembro se corta para crecer de nuevo “más rígido y más oscuro que el original, por eso los clientes pagan mucho por comer el primer corte”. Luego, en “Los ojos más verdes”, el diablo habita en un salón de tatuajes; en persona cumple el deseo de las niñas, felices lo besan, agradecidas. Porque Satán, en la escatología andina, se despega de la figura amenazante proclamada por el catecismo, puede ser “una nube, una sombra, una ráfaga que mueve las hojas. Puede ser el cuyabo que cruza el cielo o un reflejo en el agua del río”. En “El camino angosto”, que continúa e invierte el cuento anterior, el demonio contrasta a través de la versión del invasor blanco: el dogma. Para cerrar, el relato que presta título al libro, retoma la admonición sobre la contaminación nuclear ya desde la primera escena claramente situable: “Nos metieron a todos en el Estadio Olímpico. El barrio se vació, las puertas de las casas abiertas, la comida puesta y todavía caliente sobre la mesa, los perros aullando por sus dueños en los patios”. Se reitera el enemigo, varía el lugar —ahora Goiâna, Brasil; basado en un hecho verídico de 1987—, como en la primera historia se despliegan subcapítulos unitarios, en un tiempo en que acababa “de salir de la dictadura y estábamos entrenados para olvidar”, ese veneno, la auténtica ponzoña. Más que la contaminación radiactiva: “¿Que si nos da miedo el cáncer? Amigo, antes del cáncer nos va a liquidar la policía”. Allí está “el brillo de la  muerte, la fosforescencia del pecado, el hombre que resplandece en las tinieblas”.

Doble versión para el demonio, la popular del altiplano, la privativa del cristianismo, la alianza o la huida, amplían y recorren Ustedes brillan en lo oscuro, el libro, y despliegan más allá de la región ese latinoamericanismo generoso que empapa una escritura, precisa, amorosa en su construcción, se suma a una renovación literaria incesante. El lector se reconoce, aun en los localismos con que Liliana Colanzi refuerza las diversidades que confluyen en una identidad construida al despejar las contaminaciones a medida que se aúnan los encuentros.

 

 

 

 

FICHA TÉCNICA

Ustedes brillan en lo oscuro

Liliana Colanzi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, 2022

116 páginas

 

 

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