Literatura y política

Un encuentro literario reúne a autores de obras que repasan los últimos 70 años de la Argentina

 

El hijo de un fusilado en 1956, dos biógrafos de Rodolfo Walsh, novelistas, ex militantes, periodistas e investigadores de una dictadura contemporánea a sus infancias se dieron cita para intercambiar tanto visiones, como experiencias de sus obras, en las que repasan décadas claves de la historia argentina.

El marco fue el 2° Encuentro de Literatura Política Envar Cacho El Kadri, declarado de interés municipal por el Concejo Deliberante de Quilmes, realizado durante los dos últimos fines de semana y que culminará este domingo 6 de noviembre.

Desde su apertura (en la que El Cohete fue invitado a exponer) hubo espacio para los ensayos, la novela, las investigaciones y hasta las vivencias. En este sentido, fue paradigmático el caso del hijo de Mario Brion, fusilado en José León Suárez. Daniel Brion relató: “Mi vieja, aterrorizada, nunca quiso hablar. Cuando subió Néstor Kirchner, dijo: ‘Ahora sí voy a escribir lo que siempre me pediste. Se me acabó el miedo, hay un gobierno en el que confío’”.

Autor del libro El Presidente duerme (2006), Brion recupera la memoria de algunos a la vez que exhibe su bronca contra “el fusilado que vive (en Estados Unidos)”. Brion ilustró a las nuevas generaciones acerca de que Juan Livraga no tenía militancia y fue a la reunión fatídica invitado por Vicente Rodríguez (otro de los fusilados) quien lo convocó interesado en el colectivo de aquel, útil para movilizarse.

En cambio, destacó a otro fusilado olvidado: Felipe Amatray, quien iba a tomar el Automóvil Club Argentino para difundir la proclama desde su gran antena. Iba con Miguel Mauriño, de Quilmes, creador del Comando L113 (por Lamadrid 113, donde se reunían). En el ACA fueron ametrallados. Mauriño perdió sus brazos. Mientras era operado, los uniformados irrumpieron en el quirófano para torturarlo a fin de que delatara al compañero. El delegado de la fábrica Ducilo, periodista, concejal y voluntario para levantar cosechas en tiempos de Evita, solo cantó “Viva la Patria” antes de morir.

“Amatray, con una pierna amputada desde la rodilla, se fugó con ayuda de uniformados peronistas. Vivió y murió en el barrio Obrero de Claypole. Invitado a dar charlas, se ponía una pata de palo atada con un trapo y venía en colectivos; nunca cobró un peso”, recordó Brion.

Contrapone aquel temple al de Livraga, quien “no acepta entrevistas telefónicas, hay que pagarle para que venga y critica al autor de Operación Masacre: ‘Con Walsh tuvimos desavenencias. Yo tengo mi historia. A él, contar la historia le costó la vida, pero gracias a mí pudo hacer lo que hizo, porque si yo me callaba, en la Argentina se hubiese ocultado todo y hubiera sido la historia de los militares y no de las víctimas’”.

Brion prefiere recordar actos heroicos como los del embajador de Haití, Jean Brierre, quien dio asilo a siete de los conspiradores involucrados en el alzamiento, en su residencia de Vicente López (Monasterio y San Martín), desde donde el general Domingo Quaranta los sacó para fusilarlos, de no haber mediado el escándalo armado por la esposa del diplomático, quien se sobrepuso al grito de “salí, negra de mierda”, retomó el impulso, corrió a la calle, extendió los brazos y gritó “antes, van a tener que matarme a mí”. Brion se propuso rescatar el nombre de Dilia Vieux e insistió hasta lograr que una legisladora impulsase el homenaje, con placa incluida, para recordarla. Es probable que aquel gesto de la afrodescendiente haya marcado otro de sus libros reivindicatorios: el de la «Capitana María Remedios del Valle, Madre de la Patria».

 

Fabián Domínguez y Mario Brion

 

Si es por seguir la traza histórica en el Conurbano sur, Enrique Arrosagaray ha relatado allí los prolegómenos del 17 de octubre de 1945; la resistencia del ‘56; las biografías de quienes dieron comienzo a las Fuerzas Armadas Peronistas a finales de los ‘60; la movilización para recibir a Perón en 1972 (Luche y Vuelve, Punto de Encuentro, 2022) y la biografía de Azucena Villaflor, la primera líder de Madres de Plaza de Mayo. A ese recorrido, el investigador de Avellaneda sumó dos libros acerca del periodista que unió los hitos del ‘56 al ‘76: Rodolfo Walsh, el último de los cuales ya fue reseñado en El Cohete.

 

 

El autor con Arrosagaray.

 

 

La historia de la Argentina bien puede ser relatada a partir de sus fusilamientos, como resumió Roberto Baschetti, quien enumeró los antecedentes al de Trelew, del que se cumplió medio siglo y por el que editó un libro de alta confección con 140 fotografías, 10 comunicados, 50 portadas de medios, 10 recortes periodísticos, 55 carteles o afiches y 30 volantes, además de una historieta dibujada por Carlos “Monto” González.

 

 

 

Patrich y Baschetti.

 

 

A su lado, Nora Patrich reivindicó aquella militancia guerrillera, que es la suya, y adelantó que, desde la editorial sin fines de lucro que armaron, Jirones de mi vida, está por publicar sus memorias, además de otros dos títulos: Argentinos, judíos, rebeldes y revolucionarios, con 1673 historias de vida, donde por caso se rescata la militancia anarquista del premio Nobel César Milstein, y Movimiento Villero Peronista, los condenados de la tierra dan pelea.

 

Tarruella entre el responsable de Editorial La Grieta, y el local Jorge Márquez.

 

 

El peronismo, eje unificador del Encuentro, se vio condimentado por las recopilaciones del periodista Alejandro Tarruella, de origen quilmeño, autor de libros que repasan la política en décadas recientes, aunque su exposición se basó en las Historias Secretas Del Peronismo, tal el título de su más reciente libro en Ediciones De La Grieta, que promete ser solo el primer volumen, donde repasa anécdotas desconocidas.

Su compañera, Mercedes Pérez Sabbi, autora de La Grasita, describió su breve novela en la que hace foco sobre una niña contemporánea al primer peronismo, reivindicativo de Eva Perón, con un relato que hace pie en la discriminación de clase. El libro, destinado a adolescentes, fue seleccionado por la gobernación a cargo de Axel Kicillof para ser distribuido en las escuelas bonaerenses.

 

Pérez Sabbi con la anfitriona Soledad Martínez.

 

 

Pero la sangre siempre tira. Conforme el repaso de la historia llega a la última dictadura, las masacres se imponen como objetos de investigación. Es el caso de El secreto de Fátima (3Banderas, 2021), donde Fabián Domínguez repasa cómo el 20 de agosto de 1976 la dictadura dinamitó a treinta personas en Pilar, lo que pasó a la historia como la Masacre de Fátima.

El autor relató cómo, a pesar de la censura, tal bestialidad fue tapa en Clarín y La Opinión, que publicó un plano de cómo llegar; mientras los demás diarios le dieron cobertura, aunque solo ese día. El 22 no se publicó nada más y, para el 7 de marzo siguiente, se cerró la causa.

Domínguez, con una maestría en Historia Contemporánea en la Universidad de General Sarmiento, autor de Bitácora de un clandestino, la primera biografía sobre Walsh, entre media docena de títulos, enumera los vínculos con los fusilamientos del ‘56 y los de Trelew.

Su libro recoge valiosos testimonios, como el de un agente policial que declaró en el juicio de 2008, o el de una mujer detenida en el mismo centro clandestino que las 30 víctimas y que estuvo allí esa noche. De las diez mujeres y veinte hombres detenidos en Coordinación Federal, llevados a un descampado (como en el ‘56) baleados y dinamitados, han sido identificados 25. El autor reparó en que fueran todos peronistas, a pesar de que en la sede de la Policía Federal había detenidos de varias militancias. En el Encuentro, confió en que faltan muestras de ADN pero, a partir de charlas con Maco Somigliana, del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), no cejan en la esperanza de identificación.

Como contracara, compartió un episodio inesperado: luego de una identificación, una madre que recibió la certeza de la muerte, no pudo aceptarlo y se desmayó. Al día de hoy, la familia no reconoce esa muerte.

En búsqueda de las historias de las personas dinamitadas, supo que una había estudiado en el Colegio “Estados Unidos”, que tiene tres decenas de víctimas, donde también cursó Norma Arrostito, cuyo nombre fue incluido en una placa conmemorativa. A los adultos les pareció un despropósito incluir en la escuela el nombre de la co-fundadora de Montoneros. No obstante, el alumnado se impuso en recordar a todas las víctimas que hubieran cursado.

 

Guillermo “Cuco” Ñañez presentó a Domínguez.

 

 

A partir del relato de la labor de los Antropólogos, el periodista Felipe Celesia, también autor de un libro sobre el EAAF, aportó su recuerdo: “Cuando asumieron la tarea, el juez de la causa les dijo que no tenía recursos, pero como al menos debían viajar hasta el lugar, convenció a la Policía bonaerense de que los llevase en un celular. En uno de esos viajes, los jóvenes profesionales se tomaron una foto en la que uno de ellos hace ‘cuernitos’ al vehículo en lo que sería la imagen que ilustra la tapa de su libro La muerte es el olvido (Paidós, 2019). Y como los pocos se conocen mucho, en una historia donde todo está imbricado, la hija del periodista que historió al EAAF se puso de novia con el nieto de una de las víctimas identificadas en Fátima.

Aunque no era de eso que fue a hablar Celesia, sino de su libro sobre los 40 años de la guerra, Desembarco en las Georgias (Paidós, 2022), donde Alfredo Astiz llegó a darle “cobertura” a los compatriotas que habían ido a trabajar en el negocio chatarrero de un empresario de Avellaneda que pretendía desmontar una vieja estación. En esa zona por demás fría, el único aliciente era la posibilidad de comer asado con los venados llevados por los ingleses, tanto tiempo atrás que –sin depredadores– habían proliferado hasta convertirse en pantagruélica promesa.

En algún momento, esos trabajadores colgaron una bandera argentina sin saber que eran espiados. Fueron intimados a arriarla, desarmar todo, ir a pedir un permiso formal y regresar. Se negaron. Ya habían recibido permiso desde la Embajada inglesa para viajar a comprar esos hierros viejos.

En el medio, la dictadura dispuso tomar las islas. Los obreros quedaron expuestos a posteriores tensiones, que incluyeron tiroteos. Esa perspectiva de los trabajadores es la que tomó el autor para construir el relato, muy distinto del de una producción televisiva que no tiene mucho que ver con lo que pasó. Lo que nadie contó hasta ahora es que los soldados fueron enviados en helicóptero a tomar una sede administrativa inglesa, sin avisarles que estaba protegida por una veintena de militares, lo que costó la vida de dos colimbas. Los trabajadores regresaron en un buque inglés como prisioneros de guerra y fueron entregados a los argentinos. Antes de su liberación fueron amenazados por los militares para que no contasen nada. Aquella muestra de irresponsabilidad ante los colimbas y esta de prepotencia hacia las víctimas marcaron toda la actitud de la dictadura durante la guerra, lo que no podía terminar de otro modo que en su final.

 

Márquez y Celesia.

 

 

El 2° Encuentro culminará hoy con este programa:

Laura Macek: Embajadora de la paz. La gira internacional de Eva Perón.

Claudia Cesaroni: Contra el punitivismo.

Gustavo Campana: Malvinas, 1982.

Carlos Aznarez: Rebeldes sin tierra (Brasil).

Jorge Márquez: Crónica disparejas (Quilmes).

Marcelo Pulido: El manuscrito.

Pablo Llonto: El juicio que no se vio. Una mirada testimonial sobre el Juicio a las Juntas.

 

Así como en jornadas anteriores se contó con las canciones folklóricas de Guillermo Cantero, la de hoy tendrá las melodías populares del notable compositor local Gabriel Torres. La cita es en el Centro Cultural Walsh, Av. La Plata y Lavalleja (a tres cuadras de Triunvirato), Quilmes Oeste.

 

 

 

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