Lo justo y el derecho

Esa oscura entidad que llamamos servicios de inteligencia suele moverse al margen de la ley

 

Egresé de la Universidad Nacional de Córdoba. Es la universidad más antigua del país, la fundaron los jesuitas en 1613. Soy de las últimas generaciones de abogados egresados de esa facultad que pudo cursar en la “Facultad Vieja”, el edificio original que queda entre el Colegio Monserrat y la Iglesia de la Compañía de Jesús. Los escalones de mármol desgastados por generaciones de estudiantes y profesores a lo largo de casi 400 años se sentían curvados, hundidos en el centro. Y durante los años que cursé, nunca dejó de emocionarme el detalle de esos escalones. Estaba circulando por donde había circulado la historia antes que yo.

Fue en la Facultad “vieja” que tuve mi primera clase como estudiante de la Facu de Córdoba. Era Derecho Político y aún recuerdo que la maravillosa profesora que tuve, María Teresa Piñero, comenzó diciendo “Hace pocos días fue 24 de marzo, y fue otro aniversario triste del golpe militar del ’76. Muertes, torturas, desapariciones y un estado de terror y barbarie que los argentinos no tenemos que olvidar. Y que ustedes, futuros abogados, tampoco tienen que olvidar. Porque eso que pasó no tiene que pasar nunca más”. Y yo supe que dejar San Juan había valido la pena y el dolor del desarraigo. Porque pocas veces en mi vida sentí con tanta certeza que estaba en el lugar donde quería estar. Creo que fue esa materia la que hizo que me enamorara del derecho público para siempre.

Fue en esa ciudad y en esa facultad donde un amigo egresado del Monserrat me dijo una frase maravillosa: “Como enseñaban los jesuitas, en el pecado está la penitencia”.

 

 

Ego no te absolvo

Hace unos días veía C5N y vi el informe sobre la vinculación de un periodista con los servicios de inteligencia. Ese periodista vulneró hace unos años, aduciendo el “interés público”, la intimidad de las personas, pasando escuchas telefónicas hechas en el marco de una causa judicial. De las escuchas que mostró, no se infería delito alguno de las personas que hablaban. Su transmisión sólo revelaba los diálogos de Cristina Fernández con Oscar Parrilli en la época en que Cristina había dejado de ser Presidenta. Diálogos telefónicos como cualquiera de los que podemos tener con nuestros amigos y colaboradores. Donde cuestionamos a personas que, por la coyuntura puntual, pueden fastidiarnos; donde decimos cosas que no diríamos en público. En esas charlas no había ningún interés público comprometido. Sólo la finalidad de exponer a personas publicas en su faz privada, en expresiones que pueden ser de interés apenas para quienes gozan del voyeurismo.

Más compleja resultó la transmisión de las escuchas hechas a los internos de un penal, que hizo este mismo periodista años después. Primero, porque el juez que había ordenado esas escuchas también había ordenado destruirlas. Y el camino sinuoso por el cual habían llegado al poder del periodista estaba plagado de irregularidades judiciales. El juez ordenó su destrucción, luego se las pidió otro juez en el marco de una causa que tenía como imputado a ese juez y también a un fiscal. El juez imputado, al recibir la noticia de la destrucción de las escuchas por parte del juez que las había ordenado, pidió a la Oficina de Escuchas, la DAJUDECO, que le hiciera otra copia desde el back-up que tiene con todas las escuchas del país. No consta que el juez que había ordenado las escuchas diese su autorización a que la DAJUDECO hiciese una copia y se la diese al juez imputado. Que claro, no era otro que Bonadio. Quien autorizó la entrega en violación a los reglamentos también es juez, el doctor Martin Irurzun, presidente de la Cámara de Apelaciones de Comodoro Py y Director ejecutivo de la DAJUDECO. Peor aún: Bonadio le remitió copia de esas escuchas al Consejo de la Magistratura, a requerimiento del macrismo. Y cuarenta y ocho horas después las escuchas eran trasmitidas en el programa de Luis Majul, el periodista del que estoy hablando.

 

 

En una de las escuchas está Roberto Barata en diálogo con quien era su abogado de aquel entonces, Juan Pablo Alonso. Ni el periodismo ni el Poder Judicial hicieron mucho respecto a lo sucedido y sólo Alejandro Rúa reclamó institucionalmente, al Colegio de Abogados y al Poder Judicial, que dichas escuchas fuesen destruidas. Ante esa presentación, el Colegio Público elevó una nota a la Corte Suprema denunciando los hechos y solicitando del Alto Tribunal «se extremen las medidas para poner fin de forma definitiva a tal irregularidad, violatoria de derechos constitucionales y convencionales”.

Eso generó una reacción de la propia Corte Suprema, de quien depende hoy la Oficina de Escuchas. En su Acordada 17/2019 expresó, sin dar nombres: “La interceptación de las comunicaciones entre un imputado y su abogado defensor constituye una grave violación a la garantía constitucional de defensa en juicio. Sin la garantía de la defensa en juicio, toda la población ve comprometida la vigencia del estado constitucional de derecho”.

Rúa hizo además la denuncia ante el Relator Especial para la Independencia de Jueces y Abogados de Naciones Unidas, Diego García Sayán. El 1 de noviembre de 2019 el Relator envió un pedido de informes a la Argentina, y en el último punto de su pedido de informes requirió: “Finalmente, sírvanse proporcionar información sobre las medidas adoptadas para asegurar que los abogados puedan desempeñar sus funciones profesionales sin intimidaciones, obstáculos, acosos o interferencias indebidas”. El gobierno de Macri optó por contestar impugnando al Relator. Dicha respuesta fue luego retirada de Naciones Unidas por el recién asumido Presidente, Alberto Fernández.

 

 

Servicios prestados

En la causa de espionaje en la que se presentó el Colegio de Abogados, recordando aquella presentación de Alejandro Rúa, se investiga lo que parece haber sido un plan sistemático de espionaje ilegal llevado adelante por funcionarios de Macri. Hay quienes señalan al propio Macri como aquel que ordenaba la realización del espionaje ilegal y al mismo tiempo era destinatario de la información ilegalmente obtenida.

En el marco de esa causa aparecieron una serie de chats entre los funcionarios que hacían espionaje ilegal, en los que se verifican conversaciones que dan cuenta que ellos realizaban tareas para que sus resultados fuesen emitidos en el programa de Majul.

Hubo una serie de pegatinas de afiches donde se vinculaba a Majul con la actividad que realizaba el primo de su mujer, el aun hoy Procurador de la Provincia de Buenos Aires Julio Conte Grand. Recuerdo haber visto el programa donde Majul pasó el video que daba cuenta de que los afiches los había colocado una persona con chaleco del gremio de Camioneros. En base a esas imágenes, decía que la pegatina había sido organizada por los dirigentes de Camioneros, con quienes tenía una conflictiva relación. Pero el acceso a las imágenes de videocámaras de seguridad está, según la ley de la ciudad, sólo permitido “a aquellos funcionarios que el Poder Ejecutivo individualmente determine, por razón de su función específica. Se prohíbe la cesión o copia de las imágenes salvo en los supuestos previstos en la presente ley. Cualquier persona que por razón del ejercicio de sus funciones tenga acceso a las grabaciones deberá observar la debida reserva, confidencialidad y sigilo en relación con las mismas, siéndole de aplicación, en caso contrario, lo dispuesto en la legislación penal” (Art. 10. Ley 2602. CABA).

Pero la historia de esas imágenes parece haber sido distinta. Según se desprende de los chats, fueron los espías quienes buscaron y le dieron las imágenes a Majul. No los solidarios vecinos, como dijo en su programa. Pero lo que me pareció más grave aún: los espías cuentan que era el entonces ministro de Seguridad y Justicia de CABA, Martin Ocampo, quien le editaba las imágenes de las cámaras de seguridad. ¡Que pertenecen al Sistema de Monitoreo Urbano de CABA… cuya autoridad de Aplicación es… el Ministerio de Seguridad y Justicia! Y ahí señores, ya entramos en el terreno de lo delictivo.

 

 

 

 

En el pecado esta la penitencia. En atención a que hay un funcionario publico involucrado, el tema es de interés público. En atención a que los chats fueron obtenidos en el marco de una causa judicial, tampoco podrían los afectados señalar que se inmiscuyen en su vida privada y que están alcanzados por protección constitucional alguna.

Quiero señalar que no me gusta ni comparto el periodismo que usa o se basa en la colaboración de servicios de inteligencia. Porque no me gustan ni un poquito los servicios de inteligencia. Me resulta absurdo e inexplicable que sea el propio Estado el que admita a estos servicios de inteligencia dentro de su estructura, porque esa oscura entidad que llamamos servicios de inteligencia se mueve al margen de la ley. El Estado alojando en su seno la contradicción flagrante de su razón de ser.

Las desapariciones de La Tablada, el Atentado a la AMIA y más recientemente la muerte de Nisman demuestran que los servicios de inteligencia no aportan nada a la sociedad. Desde el regreso de la democracia podrían haber revalidado su función, pero solo agregaron opacidad. Encubrieron. Hicieron cosas horribles. Murió gente.

Pero a muchos parece enamorarlos aun la romántica imagen del espía de sobretodo oscuro y sombrero en medio de la noche con niebla. A mí me divierten en las novelas, pero no en la realidad. Son imágenes de un mundo que ya dejó de existir. Lo único que existe todavía de ese mundo es la enorme concentración de riqueza en manos de unos pocos, dispuestos hacer casi cualquier cosa para sostener ese modelo tan injusto de distribución. Y la enorme desigualdad. Los servicios de inteligencia solo sirven a mantener ese mundo desigual, aun cuando ya no sean señores de sobretodos y sombrero sino mas bien señores con sobrepesos o jovencitos con acné frente a una computadora. Porque hoy el poder, además del dinero, lo da la información. Y a buscar esa información se dedican los nuevos espías.

Yo deseo que las causas donde se está investigando el plan sistemático de espionaje que llevó adelante Macri avance y ponga luz en ese mundo oscuro y corrupto de los servicios de inteligencia. Y me permito dudar de que avance, si las causas terminan en los brazos de Comodoro Py. Porque durante los cuatro años de macrismo, ellos, los “servicios”, circulaban por esos pasillos con desparpajo. Y porque buena parte de la información producida por el espionaje ilegal era utilizada por muchos jueces y fiscales de ese edificio.

Deseo con las tripas que la investigación sobre el espionaje ilegal avance poniendo verdad y luz sobre lo que pasó. Que la investigación no se base en testigos pagos, en arrepentidos a la fuerza o en prisiones preventivas basadas en doctrinas arbitrarias y por completo ilegales. Cambiar todo para que no cambie nada sería deplorable. Por eso hay que dar la pelea, para que todas las investigaciones se hagan en el pleno respeto del Estado de Derecho. Creo que la investigación bien hecha sobre el espionaje ilegal puede ser el mayor aporte a la democracia y al Estado de Derecho que hoy puede hacer el Poder Judicial. Quiero, con furia y dolor, que todo lo que pasó no pase nunca más. Porque fue horrible. Y yo no estudié abogacía para tolerar mansamente que pasen esas cosas horribles.

Y porque quiero volver a Córdoba, abrazar a mis amigos de la Facu, subir esos escalones gastados de nuevo y emocionarme otra vez y, si puedo, decirle a mi profesora de Derecho Político que no me olvidé de sus clases. Y que lo Justo y el Derecho no me son categorías olvidadas. Tampoco el valor de la Democracia y el Estado de Derecho.

 

 

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 250/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí

19 Comentarios
  1. Fernando dice

    La columna es muy creíble. Le creo Graciana. A veces peronismo y estado de derecho parece un oximoron. Mayoría automática, destitucion y renuncias de jueces de la Corte. Fayt, Oyarbide, etc etc. Y el Estado de Derecho termina allí, «si la tocan a Cristina» cuando escucho a Anibal Fernández decir en Adn, con Méndez, que cuando el era jefe de loaboolicia federa u otro la SI o la Side le pide algo a la policía federal se lo daba sin dejarlo por escrito. Y estos mamertos»… Hasta Méndez lo corrigió porque eso era ilegal. Y cuando con silvestre Dalbon mirando a la cámara dice que ellos le van permitir defenderse, y no hacer como hacían los otros wue no le permitían defenderse, porque ellos son democráticos. Y uno se preocupa, porque la ley y el estado de derecho quien nos reconoce esos derechos inalienables, que no nos dados por una voluntad sino que es una conquista de siglos de evolución constitucional. Por último me gustaría saber, para mí es imposible, si todo la documentación de inteligencia que se encontró en la casa de CFK, estaba alli o fue plantada. Hasta ahora no escuché a nadie que fuera plantada. Y en homenaje a la honestidad intelectual que le adjudico pueda dercinos algo al respecto.

  2. gustavo roleri dice

    muy buena nota, Gracianita. El tema es complicado de verdad y desnuda lo hipócrita de un sistema perverso que promueve, avala y oculta los ilícitos de tal magnitud.
    un beso ¡¡¡

  3. HERNÁN DE ROSARIO dice

    En su excelente artículo la doctora Peñafort expresa lo siguiente: “Hace unos días veía C5N y vi el informe sobre la vinculación de un periodista con los servicios de inteligencia. Ese periodista vulneró hace unos años, aduciendo el “interés público”, la intimidad de las personas, pasando escuchas telefónicas hechas en el marco de una causa judicial. De las escuchas que mostró, no se infería delito alguno de las personas que hablaban. Su transmisión sólo revelaba los diálogos de Cristina Fernández con Oscar Parrilli en la época en que Cristina había dejado de ser Presidenta. Diálogos telefónicos como cualquiera de los que podemos tener con nuestros amigos y colaboradores. Donde cuestionamos a personas que, por la coyuntura puntual, pueden fastidiarnos; donde decimos cosas que no diríamos en público. En esas charlas no había ningún interés público comprometido. Sólo la finalidad de exponer a personas publicas en su faz privada, en expresiones que pueden ser de interés apenas para quienes gozan del voyeurismo”.

    Ese periodista no hizo más que violar la ética periodística, pulverizar los principios fundamentales que rigen la actividad del periodismo. A continuación me tomo el atrevimiento de transcribir una parte de un muy buen ensayo de Omar Raúl Martínez Sánchez titulado “Ética y autorregulación periodísticas en México” (Comisión de Derechos Humanos del distrito Federal, 2016).

    Principios medulares y valores de la ética periodística

    ¿Quién define los valores de la ética periodística? Desde luego éstos emergen a partir del trabajo y aspiraciones de las y los reporteros y editores, de los dilemas y contrariedades de las y los dueños y directivos de las empresas periodísticas, de las búsquedas de las asociaciones gremiales, y de las reflexiones y análisis de las y los académicos e investigadores. La importancia de los valores éticos radica en que despiertan cualidades que le imprimen a la vida y a la profesión un carácter más digno, además de que sin ellos se cae en la mentira –que es una manifestación del odio–, en la negación del otro y en la corrupción (Restrepo, 2004). Al enfocarnos al estudio de la ética periodística, advertimos que existe un abanico múltiple de valores que la sustentan. Por ello, tras una exhaustiva revisión y análisis tanto de diversos códigos deontológicos mexicanos como de las aportaciones en la materia de Javier Darío Restrepo (Restrepo, 2004; Restrepo y Herrán, 1992; Martínez, O. R., 2001), Hugo Aznar (1999) y Ernesto Villanueva (2002), se considera necesario distinguir cinco valores rectores a partir de los cuales se desprenden ciertos valores específicos. Los susodichos principios centrales que a continuación se exponen son: 1) el apego a la veracidad; 2) la búsqueda de independencia; 3) la asunción de responsabilidad; 4) el compromiso de integridad profesional, y 5) el afán de servicio a la comunidad.

    Apego a la veracidad

    Este valor central supone la piedra angular del periodista. Apegarse a la veracidad (más que presentar la verdad misma) significa ajustarse profesionalmente y en todo momento a la fidelidad de los hechos con exactitud, equilibrio e imparcialidad, apoyándose en la corroboración y la contextualización de las informaciones. Para asegurar la veracidad, resulta conveniente que el periodista tome en cuenta los siguientes valores: a) Honestidad. Utilizar solamente recursos justos, rectos y lícitos para obtener información o material de interés periodístico. Implica además no falsificar ni suprimir informaciones relevantes (Terrones, 1998). b) Equilibrio. El manejo equitativo o ponderado en la selección de las fuentes de información involucradas en cada cobertura. También supone el manejo ecuánime y sensato de la información al momento de procesarla y difundirla (Riva Palacio, 1995). c) Exactitud. Adherirse fiel y puntualmente a los hechos, los datos y los dichos. Se hace exigible la precisión y certidumbre en la consignación de los acontecimientos. La “disposición de un hombre a transmitir a los demás la impresión exacta de lo que experimenta” es lo que Jeremías Bentham entiende por veracidad. d) Imparcialidad. Su significado esencial apela a la justicia en el ejercicio de las funciones periodísticas, con el fin de que no interfieran filiaciones ideológicas o preferencias personales –para favorecer o perjudicar a ciertas personas, grupos o entidades– al momento de seleccionar, procesar y divulgar noticias. Para el International Center for Journalists de Estados Unidos (1998), los valores de exactitud e imparcialidad “definen la intersección donde la ética periodística se encuentra con los estándares profesionales que guían el trabajo diario de una o un reportero”. Por ende, las y los periodistas deben: • Probar la veracidad de la información por todas las fuentes y ser cuidadosos para evitar errores inadvertibles. • Buscar diligentemente personajes involucrados en las noticias para darles oportunidad de contestar a cualquier alegato de injuria.• Identificar las fuentes cuando sea esto factible. • Averiguar siempre los motivos de las fuentes, antes de prometer el anonimato. El compromiso con la veracidad pasa no sólo por la adhesión a la realidad sino también por la confirmación del contenido informativo y el aporte de la mayor contextualización posible. Ser veraz, a fin de cuentas, se traduce en reconocimiento y credibilidad hacia el medio y el informador. Por todo ello, honestidad, equilibrio, exactitud e imparcialidad son los valores que configuran y definen los estándares mínimos exigibles para lograr el apego a la veracidad, imprescindible en el quehacer informativo.

    Búsqueda de independencia

    Ésta es una aspiración deseable para describir, analizar y comentar los sucesos con veracidad y responsabilidad, evitando la intromisión o interferencia de actores políticos, intereses partidistas, empresas comerciales y organizaciones de cualquier otra índole en el proceso informativo. Lo cierto es que se trata de una búsqueda interminable pues nunca faltan personajes e intereses de todo tipo propensos a omitir, distorsionar o mutilar información que les pueda ser adversa y, en función de ello, ponen diques, lanzan amenazas o condicionan apoyos; aunque también resulta innegable que suelan presentarse posibles restricciones autoimpuestas por la misma empresa mediática como estrategia para ganar o mantener inserciones o pautas publicitarias (Herrán y Restrepo, 1992). El mayor número de casos de dilemas éticos en América Latina, asegura Javier Darío Restrepo, se vinculan con la independencia. Para construir una auténtica libertad informativa es indispensable fomentar un ejercicio independiente. Porque la independencia es al periodista lo que la vista y el pulso al cirujano. Sin independencia es imposible la verdad en los medios (Martínez, O. R., 2001). Las presiones para afectar la independencia, nos recuerda el mismo Restrepo, son de dos tipos: a) externas: la persecución o intimidación vía las leyes; el arrinconamiento o debilitamiento económico mediante la publicidad o a través del cohecho; y las amenazas a la integridad física e incluso el asesinato, y b) internas: la arrogancia y la egolatría de los periodistas, las cuales suelen servir a políticos y empresarios para inhibir la crítica o la abierta suspicacia, o para despertar gestos de gratitud o aplauso (Martínez, O. R., 2001)

    No obstante, aun frente a los escenarios adversos, en la búsqueda de independencia informativa han de tenerse presentes los siguientes valores: a) Libertad. Facultad de la o el periodista para ejercer su quehacer profesional sin restricciones y con sentido de responsabilidad, considerando en todo momento las leyes y los valores éticos. Se atiene al ejercicio de las garantías de expresión avaladas por la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 19. b) Coraje intelectual. Se refiere a la fortaleza y valor racional por defender sus creencias, acciones y decisiones destinadas a proteger los valores implícitos en la veracidad informativa. Walter Cronkite, otrora uno de los periodistas con mayor credibilidad en Norteamérica, observa la independencia periodística como una forma de coraje intelectual: Necesitamos coraje para rechazar una suerte de conformidad, de camaradería existente entre nuestros colegas. Si creemos que percibimos la verdad mientras otros a nuestro alrededor parecen ciegos a ella, necesitamos el valor de tener nuestras convicciones. Necesitamos coraje para rechazar la tibieza confortable de nuestros vecinos y para enfrentar el ostracismo social de la búsqueda de la verdad (Herrán y Restrepo, 1992). c) Dignidad profesional. Actitud de seriedad y decoro frente a circunstancias adversas relativas a la pertinencia de un periodismo responsable y crítico. d) Autonomía de criterio. Procurar la imparcialidad en la observación, el registro y el análisis de los hechos noticiosos, manteniendo la distancia respecto de los intereses involucrados en la información y favoreciendo en todo caso las más altas convicciones de integridad periodística.

    Asunción de responsabilidad

    Este valor rector hace referencia a la capacidad de respuesta racional ante las implicaciones, decisiones o consecuencias de las tareas informativas, anteponiendo el beneficio social, la defensa y promoción de los principios democráticos. La responsabilidad de la o el periodista trasciende la mera observancia de las leyes. Es decir: supone una consideración ética respecto del tratamiento de los asuntos públicos abordados en las informaciones. Asimismo, conlleva no sólo el compromiso periodístico de responder en torno a sus propios actos frente a la ciudadanía, frente a su medio informativo, frente a sus fuentes noticiosas y frente a sí mismo y su conciencia ética; también incluye la voluntad de aceptar las consecuencias de sus decisiones o conductas y, ante todo, la indeclinable voluntad de llevar a cabo su tarea profesional con la mayor calidad y entrega posibles (Bennett, 2001). Considerando tales señalamientos, es deseable que el periodista se apropie de los siguientes valores: a) Respeto. Consideración a la dignidad humana a que tiene derecho toda persona, así como acatamiento a las normas establecidas que guarda el periodista frente al sistema jurídico o la institucionalidad democrática e incluso ante los valores nacionales, universales y la diversidad de las culturas (Terrones, 1998). Niceto Blázquez (2002) amplía el espectro del respeto de la actividad informativa a múltiples valores éticos y sociales: el respeto incondicional a toda vida humana; el respeto a la verdad pública como ideal específico; el respeto a la libertad de expresión pública responsable, y el respeto a todos los derechos humanos naturales. b) Sensibilidad. Facultad del informador para soltar su percepción al sentido de humanidad, la compasión, la piedad y la ternura frente a los asuntos de interés público, lo cual tenderá a influir en la captación, el procesamiento y la divulgación informativa sin afectar el apego a la veracidad.

    A ese respecto algunos periodistas y estudiosos del tema plantean que “la empatía es la mejor aliada de la responsabilidad” (Herrán y Restrepo, 1992), y por consiguiente sugieren nunca olvidar a las y los niños ni a la familia de los actores principales de la información. c) Tolerancia. Virtud que posibilita disentir de los juicios, ideologías, decisiones o actos de las personas sin alterarse ni impacientarse al grado de que ello se manifieste en el tratamiento informativo. Tolerar, desde la mira de la ética periodística, supone no sólo aceptar las diferencias implícitas en los actores de los hechos noticiosos sino también capacidad para comprenderlas y describirlas o explicarlas en su justa dimensión. d) Principio de humanidad. Valor humano que apela, según Edmund Lambeth, al deber natural de proporcionar ayuda al prójimo en caso de necesidad, así como de no dañar en forma directa y deliberada a los demás (Lambeth, 1992). Todo tipo de comunicación genera un efecto y el periodismo pretende servir por antonomasia, sin dañar el cuerpo social. “Ser responsable –asienta Restrepo– implica ser consciente del poder del instrumento que se usa.” En esta dimensión, el reportero ha de tener en cuenta que la información puede afectar vidas humanas y que “el daño causado no puede jamás ser totalmente reparado”. e) Ecuanimidad. Cualidad que presupone pleno dominio de la razón y las emociones para observar, registrar, analizar y escribir con serenidad y equilibrio el contenido informativo. Aquí entraría un criterio insoslayable: el examen cuidadoso de las consecuencias previsibles a partir de la difusión o no del hecho noticioso. f) Espíritu de justicia. Virtud deseable del informador que lo inclina en su cotidiano quehacer a “dar a cada uno lo que corresponde o pertenece”, de acuerdo con la acepción de justicia contenida en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Ello puede entenderse como la entera disposición periodística a la búsqueda de lo veraz, lo correcto, lo bueno y lo justo al momento de reflejar la realidad social (Terrones, 1998).

    Compromiso de integridad profesional

    Suma de valores tales como la rectitud, la honradez, el profesionalismo y la probidad, entre otros, que una persona hace suyos para responder de manera asertiva y ética a la realidad que lo circunda; este conglomerado valórico cobra cuerpo en la medida que la o el periodista rechaza posturas fragmentarias, parciales o interesadas en la cobertura informativa que pudieran comprometer su independencia o poner en riesgo la veracidad informativa. Para lograr tales afanes, no pueden perderse de vista los siguientes valores: a) Profesionalismo. Involucra la permanente voluntad por fomentar el cultivo, la mejora y el desarrollo de las condiciones de orden técnico, ético y académico o intelectual que debieran tener las y los periodistas en el ejercicio de sus responsabilidades profesionales. Porque ser profesional quiere decir comprometerse a una construcción personal interminable y apelar a un intachable sentido de responsabilidad de manera que siempre se procure la más alta calidad y sustento en los materiales periodísticos. b) Congruencia. Correspondencia entre los conceptos, sentires, juicios o valores asumidos públicamente por la o el periodista y su conducta profesional en relación con los públicos, las fuentes informativas y sus colegas. c) Rectitud. Atributo del informador para enfocar su capacidad y conocimientos en los fines primigenios del periodismo y en función de los más preciados valores éticos, sin desviarse frente a posibles conflictos de interés, todo lo cual le permite obrar de manera justa, honesta y razonable.

    d) Amor propio. Autorreconocimiento de la valía propia como persona y como profesional del periodismo que se merece el respeto de los otros. Igualmente admite entenderse como autoestima personal que estimula al informador no sólo a aceptarse a sí mismo, sino especialmente a la formación y el perfeccionamiento continuo, tratando de hacer valer y defender los principios y aspiraciones que se ha autoimpuesto. e) Humildad. Aptitud para advertir y reconocer tanto las debilidades en la formación técnica o de cualquier otra índole como los equívocos en el quehacer profesional, al grado de aceptar y tolerar la crítica o la propuesta, y actuar de forma responsable frente a ello. Por desgracia no es infrecuente la queja de que las y los periodistas, quizá por arrogancia, rara vez aceptan reconocer o rectificar públicamente sus errores en el manejo de la información. El hacerlo sin ambages señalaría una franca muestra no sólo de responsabilidad sino de humildad que lo encauzaría a ganar credibilidad. f) Credibilidad. Ansiada cualidad que presupone confianza en los mensajes mediáticos por parte del público, y ratifica el compromiso de veracidad informativa asumido por el periodista en su quehacer cotidiano. Para no pocos especialistas se trata del principio más codiciado e importante, pues el que la gente “crea” lo publicado es un aval a la veracidad y profesionalismo del informador y del medio: “Toda la técnica de la profesión está dirigida a eso” (Riva Palacio, 1995; Herrán y Restrepo, 1992).

    De acuerdo con Eudoro Terrones Negrete (1998), la integridad profesional de la o el periodista contempla una serie de derechos, tales como: 1. Abstenerse de trabajar en contra de sus convicciones. 2. Negarse a revelar sus fuentes de información. 3. Participar en la toma de decisiones en los medios de comunicación donde labora. 4. La prohibición a percibir remuneración ilícita e injusta, en forma directa o indirecta. 5. Abstenerse de promover intereses privados que estén en contra del bien común. 6. Respeto a la propiedad intelectual ajena, recusando el plagio. 7. El manejo desapasionado y sin prejuicios de los temas polémicos. 8. Obligación de comunicar las noticias sin tener en cuenta intereses subalternos. 9. No dar tratamiento noticioso preferencial a sus anunciantes ni a grupos especiales de interés. 10. No distorsionar ni falsear los hechos noticiosos. 11. Respetar sus compromisos contraídos. 12. No aceptar ventajas, privilegios u otros incentivos que influyan en el desarrollo de sus deberes profesionales. 13. Negarse a aceptar invitaciones que puedan poner en riesgo su reputación como periodista libre e independiente. 14. Repudiar el soborno, el cohecho, la extorsión o el chantaje. 15. No usar su profesión para ejercer presión en provecho suyo o el de otros. 16. No explotar o negociar para beneficio personal o de terceras personas noticias no publicadas.

  4. Ricardo Martínez dice

    Como se puede decir que lo único que produce es»».

    Por favor Sr Listosella reconozca todo lo que la Doctora produce y comparte con nosotros los legos

Dejá tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.